Tiziano enviará a Felipe II buena parte de sus obras finales, entre ellas está espectacular imagen de Tarquino y Lucrecia que tiene una versión rigurosamente contemporánea en Viena. El tema no es ninguna novedad ya que lo había tratado en su juventud, realizando en esta etapa madura algunas versiones nuevas que carecen de la carga dramática de esta imagen que contemplamos.Lucrecia era una importante matrona romana, hija de Septimio Lucrecio Triciplino y esposa de Colatino. Sexto, hijo del monarca romano Tarquino el "Soberbio", se prendó de la belleza de la mujer y al no conseguir sus propósitos, consiguió entrar una noche en la habitación de Lucrecia para forzarla. La amenazó, si no accedía a sus deseos, con matarla y situar a su lado el cadáver de un esclavo para aumentar su deshonra. Consumada la violación, Lucrecia convocó a su familia al día siguiente para darle a conocer la terrible noticia, momento que aprovechó para suicidarse. La venganza de los Lucrecios será el origen de la caída de la Monarquía en Roma y la instauración de la República.El momento de la violación de Lucrecia está siendo reforzado tanto por la violenta diagonal en la que se inscriben las dos figuras como por la rápida y empastada pincelada empleada, cargando de tensión el momento. Los colores se han limitado al máximo -rojos, blancos y pardos- y la iluminación impacta con fuerza en los dos protagonistas -la limitación espacial también refuerza la violencia interna de la escena- creando acentuados contrastes de luz y sombra. Tiziano ha impuesto su estilo denominado "impresionismo mágico" en el que la luz, el color y las atmósferas juegan un papel crucial, frente al dibujismo de la escuela romana representada por Miguel Angel.
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Tarragona fue la primera fundación romana en ultramar y desde ella partió la romanización de Hispania, convirtiéndose en la capital de la provincia Citerior. Gracias a los estudios arqueológicos, Tarraco es hoy día una de las ciudades romanas mejor conocidas tanto en su configuración urbana como en sus monumentos públicos. El urbanismo de Tarraco se estructuró en terrazas desde lo alto de una colina hasta el puerto. El área de las viviendas se organizó en las terrazas media e inferior siguiendo trazas ortogonales, aunque se sabe todavía poco sobre las dimensiones de las insulae, conjuntos de casas, y de las viviendas privadas. En la zona inferior se ubicaba el foro colonial y el teatro y, extramuros, el anfiteatro. Este último, fechado a fines del siglo I o primera mitad del II antes de Cristo, tiene unas medidas totales de 109 por 86 metros, pudiendo albergar hasta 14.000 espectadores. Costeado por la élite de la provincia, en él se representaban combates entre gladiadores y luchas de fieras En la terraza superior se ha podido documentar un conjunto público monumental formado por el área de culto, la plaza, el foro provincial y el circo. El circo de Tarraco medía 325 metros de largo por 115 de ancho. Construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía contener 23.000 espectadores. Se trata del circo más pequeño de los conservados en la península, pero también el más refinado en su estructura. Ello se explica por su importancia oficial y política, ya que se halla vinculado directamente al foro provincial de la ciudad, y no a las afueras, como es común en este tipo de monumentos. El circo era el lugar donde se desarrollaban algunos espectáculos, como las carreras de cuadrigas.
contexto
Las primeras evidencias materiales de la presencia humana en el área de la ciudad se remontan al siglo V a. C. y consisten en una serie de habitaciones correspondientes a un asentamiento ibérico, en uso hasta finales del siglo III a. C. Todo parece indicar que el núcleo prerromano, cuyas dimensiones e importancia no podemos determinar, se hallaba en un pequeño promontorio cercano al mar y a la desembocadura del río Tulcis (actual Francolí), siendo uno más de los numerosos poblados ibéricos del litoral del nordeste peninsular. La identificación del poblado con el oppidum Kissa o Cissis, del que nos habla Tito Livio (XXI, 60) al describir los hechos acaecidos al inicio de la Segunda Guerra Púnica, parece confirmada por la acuñación en la ciudad de moneda de patrón romano, en plata y en bronce, con la leyenda Kese. Sólo las fuentes escritas nos ilustran, en cierto modo, cuál fue el papel desempeñado por Tarraco (puerto, campamento de invierno, etcétera) a lo largo de la contienda que enfrentó a romanos y cartagineses; de hecho, las primeras evidencias arqueológicas que atestiguan una presencia romana son las propias murallas de la ciudad, cuya cronología parece confirmar la famosa frase de Plinio, según la cual Tarraco fue fundada por los Escipiones. La evolución del núcleo habitado, en época republicana, es difícil de precisar tanto en sus aspectos topográficos como en lo referente al momento en que éste se convierte en una ciudad, cuyo estatuto jurídico también desconocemos. Las investigaciones realizadas al respecto parecen indicar la existencia de dos focos de atención: el praesidium militar en la parte alta de la colina y una zona de hábitat alrededor del antiguo poblado, donde, años más tarde, surgirá el foro. La gran ampliación del recinto amurallado, a mediados del siglo II a. C., podría corresponder probablemente a la unificación de ambos núcleos por una única muralla. Disponemos de diversos elementos puntuales que apoyarían una significativa actividad edilicia, en la parte baja de Tarraco, en este momento. Los datos relativos a la ciudad republicana, poco citada por las fuentes, se limitan no obstante a las dos fases de la muralla, a estratigrafías con estructuras de escasa entidad, a pocos documentos epigráficos y a algunas esculturas de tipo funerario. Con la denominación oficial de Colonia Julia Urbs Triumphalis Tarraco, tras la reforma administrativa promovida por Augusto (27 a. C.), la ciudad se convirtió en capital de una de las más extensas provincias del Imperio y cabeza de un conventus. No sabemos si Tarraco adquirió el rango de colonia en dicho período o gozaba ya de este privilegio desde época de César. El rol preponderante adquirido por la ciudad tras estos cambios se refleja en una importante actividad constructiva plenamente documentada en el foro, en el teatro, en la reforma de la red viaria, etc. A todo esto no puede ser ajena la presencia, en dos ocasiones, del propio Augusto, que residió en Tarraco en los años 26-25 a. C.La ciudad de época alto-imperial, cuya extensión ha sido calculada en unas 60 hectáreas, era una importante urbe del occidente romano ya que a la superficie citada habría que añadir amplias zonas suburbanas. A todo ello contribuyó, sin duda alguna, la construcción en época flavia del foro provincial. Como atestigua la epigrafía, Tarraco se convirtió en el centro de importantes reuniones de los delegados de más de trescientas ciudades, cuyas asambleas anuales generaban una intensa actividad. En dichas ocasiones, en el circo y, más tarde, también en el anfiteatro se celebraban atrayentes espectáculos de diversa índole. Pocos son los datos que permiten seguir la evolución urbanística de Tarraco en los últimos siglos del Imperio. Por un lado, se observa cómo ya desde el siglo IV d. C. se inicia un proceso de abandono del sector meridional de la ciudad que culminará en el siglo V. A este mismo momento corresponde un replegamiento total de la vida urbana hacia la parte alta de la misma, anteriormente ocupada por el Concilium provincial. Ello no debe inducir a pensar en una ciudad en decadencia, ya que tanto las características de algunos de los sepulcros de la necrópolis paleocristiana, como otros elementos de la cultura material, permiten hablar de una ciudad en plena actividad y cuyo puerto, al que llegaban en el siglo V d. C. manufacturas de todo el Mediterráneo, siguió en plena actividad. La reducción del perímetro urbano se mantuvo a lo largo del período visigodo hasta el abandono definitivo de la ciudad, a principios del siglo VIII d. C.
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Tarragona fue la primera fundación romana en ultramar y desde ella partió la romanización de Hispania, convirtiéndose en la capital de la provincia Citerior. El núcleo habitado estaría rodeado por una potente muralla construida en el siglo II a.C. El urbanismo de Tarraco se estructuró en tres terrazas, desde lo alto de una colina hasta el puerto, una de los elementos decisivos de la vida urbana. En la terraza inferior se situaba el foro de la ciudad, un espacio porticado en el que estaba la basílica, un templo y otros edificios. Al recinto se accedía a través de un arco triunfal. En esta terraza inferior también se hallaba el teatro, realizado en época de Augusto. Junto al edificio teatral se levantaba un ninfeo monumental. En la parte baja de la ciudad se hallaba un gran conjunto termal. Todos estos edificios se rodeaban de viviendas, ya que éstas estaban diseminadas en las terrazas media e inferior, siguiendo trazas ortogonales. En la terraza superior se construyó un gran complejo arquitectónico destinado a ser el centro religioso, político y administrativo de la Hispania Citerior: el foro provincial. Estaba formado por dos grandes plazas, situadas a diferentes niveles; en la parte baja se incluía el Circo. La plaza del nivel superior estaba destinada a recinto de culto; era un rectángulo rodeado en tres de sus lados por pórticos mientras que en el cuarto lado se alzaba majestuoso el templo dedicado a Júpiter. La segunda terraza ocupaba una amplia superficie y estaba rodeada por una compleja estructura de pórticos. En los lados menores presentaban un pórtico inferior de unos 14 metros de ancho sobre el que se situaba un segundo pórtico menos elevado que completaba el conjunto. La plaza estaría ajardinada y se articularía por una vía central que conectaba el recinto de culto con el circo. El circo de Tarraco medía 325 metros de largo por 115 de ancho. Construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía contener 23.000 espectadores. La forma del circo viene determinada por su funcionalidad: consistía en una pista alargada llamada arena, dividida por una barrera central en torno a la cual los carros de carreras daban un total de seis vueltas. La arena estaba rodeada por el graderío, donde se situaba el público. La principal fachada del circo de Tarraco corría paralela a la Vía Augusta, la principal arteria de la ciudad, por la que se podía ir al anfiteatro, situado fuera del recinto urbano, con una capacidad de 14.000 espectadores.
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Las primeras evidencias materiales de la presencia humana en el área de la ciudad se remontan al siglo V a. C. y consisten en una serie de habitaciones correspondientes a un asentamiento ibérico, en uso hasta finales del siglo III a. C. Todo parece indicar que el núcleo prerromano, cuyas dimensiones e importancia no podemos determinar, se hallaba en un pequeño promontorio cercano al mar y a la desembocadura del río Tulcis (actual Francolí), siendo uno más de los numerosos poblados ibéricos del litoral del nordeste peninsular. La identificación del poblado con el oppidum Kissa o Cissis, del que nos habla Tito Livio (XXI, 60) al describir los hechos acaecidos al inicio de la Segunda Guerra Púnica, parece confirmada por la acuñación en la ciudad de moneda de patrón romano, en plata y en bronce, con la leyenda Kese. Sólo las fuentes escritas nos ilustran, en cierto modo, cuál fue el papel desempeñado por Tarraco (puerto, campamento de invierno, etcétera) a lo largo de la contienda que enfrentó a romanos y cartagineses; de hecho, las primeras evidencias arqueológicas que atestiguan una presencia romana son las propias murallas de la ciudad, cuya cronología parece confirmar la famosa frase de Plinio, según la cual Tarraco fue fundada por los Escipiones. La evolución del núcleo habitado, en época republicana, es difícil de precisar tanto en sus aspectos topográficos como en lo referente al momento en que éste se convierte en una ciudad, cuyo estatuto jurídico también desconocemos. Las investigaciones realizadas al respecto parecen indicar la existencia de dos focos de atención: el praesidium militar en la parte alta de la colina y una zona de hábitat alrededor del antiguo poblado, donde, años más tarde, surgirá el foro. La gran ampliación del recinto amurallado, a mediados del siglo II a. C., podría corresponder probablemente a la unificación de ambos núcleos por una única muralla. Disponemos de diversos elementos puntuales que apoyarían una significativa actividad edilicia, en la parte baja de Tarraco, en este momento. Los datos relativos a la ciudad republicana, poco citada por las fuentes, se limitan no obstante a las dos fases de la muralla, a estratigrafías con estructuras de escasa entidad, a pocos documentos epigráficos y a algunas esculturas de tipo funerario. Con la denominación oficial de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco, tras la reforma administrativa promovida por Augusto (27 a. C.), la ciudad se convirtió en capital de una de las más extensas provincias del Imperio y cabeza de un conventus. No sabemos si Tarraco adquirió el rango de colonia en dicho período o gozaba ya de este privilegio desde época de César. El rol preponderante adquirido por la ciudad tras estos cambios se refleja en una importante actividad constructiva plenamente documentada en el foro, en el teatro, en la reforma de la red viaria, etc. A todo esto no puede ser ajena la presencia, en dos ocasiones, del propio Augusto, que residió en Tarraco en los años 26-25 a. C. La ciudad de época alto-imperial, cuya extensión ha sido calculada en unas 60 hectáreas, era una importante urbe del occidente romano ya que a la superficie citada habría que añadir amplias zonas suburbanas. A todo ello contribuyó, sin duda alguna, la construcción en época flavia del foro provincial. Como atestigua la epigrafía, Tarraco se convirtió en el centro de importantes reuniones de los delegados de más de trescientas ciudades, cuyas asambleas anuales generaban una intensa actividad. En dichas ocasiones, en el circo y, más tarde, también en el anfiteatro se celebraban atrayentes espectáculos de diversa índole. Pocos son los datos que permiten seguir la evolución urbanística de Tarraco en los últimos siglos del Imperio. Por un lado, se observa cómo ya desde el siglo IV d. C. se inicia un proceso de abandono del sector meridional de la ciudad que culminará en el siglo V. A este mismo momento corresponde un replegamiento total de la vida urbana hacia la parte alta de la misma, anteriormente ocupada por el Concilium provincial. Ello no debe inducir a pensar en una ciudad en decadencia, ya que tanto las características de algunos de los sepulcros de la necrópolis paleocristiana, como otros elementos de la cultura material, permiten hablar de una ciudad en plena actividad y cuyo puerto, al que llegaban en el siglo v d. C. manufacturas de todo el Mediterráneo, siguió en plena actividad. La reducción del perímetro urbano se mantuvo a lo largo del período visigodo hasta el abandono definitivo de la ciudad, a principios del siglo VIII d. C. El urbanismo de Tarraco se estructuró en terrazas desde lo alto de una colina hasta el puerto. En la terraza superior se ha podido documentar un conjunto público monumental formado por el área de culto, la plaza, el foro provincial y el circo. El caserío se organizó en las terrazas media e inferior siguiendo trazas ortogonales aunque se sabe todavía poco sobre las dimensiones de las insulae y de las viviendas privadas. En la zona inferior se ubicaba el foro colonial, y extramuros, el teatro y el anfiteatro. Gracias a los estudios arqueológicos, Tarraco es hoy día una de las ciudades romanas mejor conocidas tanto en su configuración urbana como en sus monumentos públicos.
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Gracias a los estudios arqueológicos, Tarraco es hoy día una de las ciudades romanas mejor conocidas tanto en su configuración urbana como en sus monumentos públicos. El urbanismo de Tarraco se estructuró en terrazas desde lo alto de una colina hasta el puerto. El área de las viviendas se organizó en las terrazas media e inferior siguiendo trazas ortogonales, aunque se sabe todavía poco sobre las dimensiones de las insulae, conjuntos de casas, y de las viviendas privadas. En la zona inferior se ubicaba el foro colonial y el teatro y, extramuros, el anfiteatro. Este último, fechado a fines del siglo I o primera mitad del II antes de Cristo, tiene unas medidas totales de 109 por 86 metros, pudiendo albergar hasta 14.000 espectadores. Costeado por la élite de la provincia, en él se representaban combates entre gladiadores y luchas de fieras. En la terraza superior se ha podido documentar un conjunto público monumental formado por el área de culto, la plaza, el foro provincial y el circo. El circo de Tarraco medía 325 metros de largo por 115 de ancho. Construido bajo el reinado de Domiciano, a finales del siglo I después de Cristo, podía contener 23.000 espectadores. Se trata del circo más pequeño de los conservados en la península, pero también el más refinado en su estructura. Ello se explica por su importancia oficial y política, ya que se halla vinculado directamente al foro provincial de la ciudad, y no a las afueras, como es común en este tipo de monumentos. El circo era el lugar donde se desarrollaban algunos espectáculos, como las carreras de cuadrigas. Tarragona fue la primera fundación romana en ultramar y desde ella partió la romanización de Hispania, convirtiéndose en la capital de la provincia Citerior.
Personaje
Político
Desde una fecha tan temprana como 1915 militó en el catalanismo radical. Casado con una hija de Maciá y muy joven todavía, desempeñó un papel importante en el ejecutivo catalán como consejero del Gobierno autónomo en 1931 y 1936. Su relevancia política fue, sin embargo, todavía más decisiva a partir del estallido de la Guerra Civil, momento en el que se convirtió en la pieza cardinal del Ejecutivo catalán. Exiliado tras la guerra, fue presidente de la Generalitat en el exilio a partir de los años cincuenta. La legitimidad de su cargo y su gestión resultaron muy controvertidos, pero supo convertirse en todo un símbolo, lo que explica su regreso en olor de multitud en 1977. Ejerció su cargo hasta 1980 defendiendo siempre un tratamiento específico para Cataluña, más que la difusión del proceso autonómico, y una política de unidad de los catalanes. Se retiró de la política en esta fecha y murió en 1988. Es autor de un libro titulado "Qué es la Generalitat de Catalunya".