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obra
Fiel al deseo de sus clientes, vuelve Poussin en esta obra de 1634 a un tema ya tratado varios años antes en un cuadro del Ermitage. Respecto a aquella recreación del pasaje del poema de Torcuato Tasso, la "Jerusalén liberada", se nota una mayor claridad expositiva, Erminia, de rodillas, procede a cortar su melena, mientras el caballero Vafrin sostiene el cuerpo exangüe de Tancredo. Si en el anterior lienzo la ejecución era más rápida, "moderna", vaporosa, los colores son en esta obra más intensos, con su habitual preferencia por el naranja, azul y rojo. Las formas están delimitadas con precisión, dentro de una composición de rigurosa armonía. Con ello, Poussin avanza en su clasicismo, su serenidad, pero pierde en lirismo, en personalidad.
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De su aprendizaje en París en el entorno de la segunda escuela de Fontainebleau le quedó a Poussin el gusto por la "Jerusalén liberada" del poeta Torcuato Tasso, cuyos personajes serán llevados una y otra vez por el artista al papel y al lienzo, como en el caso de Rinaldo y Armida, aunque ésta es la primera vez que se representa a Erminia salvando a Tancredo. Evoca el pasaje en que, tras el choque entre los guerreros Tancredo y Argante, ante la agonía del primero, llorando, se corta Erminia la cabellera para secar la sangre del héroe. Tras Erminia, el caballo blanco presenta una expresión pocas veces lograda de dolor y pena. A su espalda se encuentra, derribado en tierra, el cadáver del guerrero Argante. Respecto al Tancredo y Erminia conservado en Birmingham, el que nos ocupa presenta bastantes diferencias. La composición, barroca, es diagonal, y presenta una limpia estructura. La ejecución es sorprendente en su libertad. La ambientación está poco elaborada, así como el tratamiento de los paños, aunque quizá lo más destacable son los reflejos sobre las armaduras en un estilo que cabe relacionar con técnicas impresionistas.
Personaje
Nacida en Balinak, Kalokan, el 6 de enero de 1812. Procedía de una familia pobre, por lo que, desde muy joven se vio obligada a trabajar y nunca pudo obtener una buena educación. A pesar de eso consiguió adquirir de forma autodidacta una clara conciencia política que la llevó a afiliarse al Katipunan. Es conocida como la "madre del Katipunan" porque ya era mayor cuando se unió a la revolución. Fue testigo de excepción de los primeros movimientos de la revuelta independentista filipina. Melchora, más conocida como Tandag Sora, facilitó su almacén para las reuniones clandestinas del Katipunam. Por su colaboración con los katipuneros, Melchora fue arrestada y confinada en la isla de Guam. En 1898, tras la victoria de los Estados Unidos regresa a Filipinas. Murió absolutamente pobre, olvidada de todos, a los 107 años de edad en casa de su hija Saturnina.
termino
acepcion
Danza hindú que se realiza en honor a Shiva y representa la disolución cósmica.
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En esta decoración pictórica procedente de un sarcófago del primer periodo intermedio se muestra la libertad de trazo tanto en los personajes como en los anímales. Las figuras representan a sirvientes y pastores de tez oscura y cabello moreno con un dinamismo lejos del hieratismo típicamente egipcio.
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Esta versión del Tañedor de Laúd es prácticamente idéntica a la conservada en el Ermitage de San Petersburgo. Si en aquélla encontrábamos una alusión a los sentidos (oído, vista, tacto) en los diversos objetos que adornaban la mesa, en esta ocasión el artista se limita a recrear el oído y la música con todos los elementos de la pintura. El muchacho, de belleza misteriosa y andrógina, es el mismo que posó para la otra versión y para uno de los jóvenes del Concierto. Estos lienzos solían estar dedicados a su protector, el cardenal Francesco del Monte, que era musicólogo y amante de las artes. Están concebidos como "juvenilias", pinturas de jóvenes que muestran reuniones cultas de poetas, músicos y pintores. En la partitura del tañedor se leen versos de un famoso compositor francés de la época, dedicados al amor, que parece simbolizar la hermosa figura del modelo. La música se acompaña por el canto, por diversos instrumentos musicales esparcidos sobre la mesa y por la jaula con un ruiseñor en la esquina superior izquierda. Es, sin duda, una obra exquisita.
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Los rasgos pictóricos del joven Caravaggio están presentes en esta hermosa figura, de serena melancolía, que remeda casi literalmente al músico central del Concierto de jóvenes. El estudio de la partitura ha llevado a la conclusión de que se trata de un tenor interpretando un conocido madrigal del siglo XVI, escrito por el compositor francés Jacques Arcadelt. El primer verso del madrigal, que parece ser es el que entona el cantante dice "Voi sapete ch'io v'amo", es decir, "Vos sabéis que os amo". Teniendo en cuenta el exquisito gusto musical del cardenal del Monte, para quien Caravaggio pintó esta obra, resulta patente el homenaje que el pintor le hacía a través de su pintura a su protector. Toda la composición parece una de las "poesías" que Caravaggio y su círculo eran tan aficionados a realizar, superando con el sentido trascendental que se oculta tras los objetos la aparente banalidad de un cantante que se acompaña de su instrumento favorito. Uno de los factores que inducen a suponer un sentido más profundo que el más inmediato es la evidente androginia del modelo empleado. Aunque finalmente se ha identificado con un muchacho, sobre todo por el tono de la partitura -tenor-, los rasgos y la blandura del gesto son deliberadamente femeninos. El andrógino, aquel ser que posee las características de ambos sexos, se ha considerado desde la Antigüedad el sujeto de perfección absoluta y símbolo del amor ideal. Esta alegoría del amor perfecto va más allá del modelo y encuentra eco en el ya mencionado verso. Además, el espléndido ramo de flores que equilibra la composición a la izquierda del bello mancebo no es sino una alusión a la belleza efímera y a lo vano del amor físico, deshecho con el paso del tiempo y la decadencia de los cuerpos. Se trata, pues, de un lienzo dedicado al amor ideal y a su superioridad sobre el amor físico, lo cual no lo exime de una acusada melancolía y soledad que se supone caracteriza al amante.
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En un nuevo empeño por realizar escenas naturalistas, Manet recurrió como tema de esta obra a una figura que quizá se encontrara por la calle, aunque la modelo que posteriormente posó fue Victorine Meurent. Sería, por lo tanto, la compañera de Bebedor de absenta, en la temática moderna y en la figura callejera, tratada como una auténtica heroína. La guitarrista, a tamaño natural, se sitúa a la puerta de un cabaret y ha sido captada en el momento de comerse unas cerezas de las que lleva en el cucurucho. Viste un traje gris a la moda, aunque aparentemente parezca que estamos ante una figura de la bohemia parisina. La preocupación del pintor está en mostrar a la tañedora de la manera más realista posible, por lo que emplea un perfecto dibujo; buena prueba de ello es la delicadeza de las manos o la belleza del rostro, sin olvidar la perfección del vestido, con unos maravillosos pliegues. La tendencia a eliminar los claroscuros hace pensar que Manet se interesa por la pintura japonesa, muy extendida por aquellos años en Europa, más como elemento decorativo que como influencia artística. Al igual que en la mayor parte de las obras de esos años - Guitarrista español o Muchacho con cerezas - Manet emplea el recurso del fondo neutro para otorgar mayor volumen a la figura, aunque aquí abre las puertas del cabaret para mostrar cierta profundidad.
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Orazio Gentileschi, padre de Artemisia Gentileschi y amigo de Caravaggio, fue uno de los seguidores más fieles del estilo tenebrista de su amigo. Orazio emigró durante algunos años a Inglaterra y se supone que fue entonces cuando pintó esta tañedora de laúd, una de las obras más conocidas de su producción. Destacan dos cosas ante todo: el brillante colorido del vestido de la joven, de un amarillo limón que sin embargo encaja perfectamente con las gamas tonales del resto del lienzo; y el hecho de que esté vista desde atrás, un punto de vista poco frecuente para la época y que podremos encontrar en otro caravaggista, Terbbrughen y su Flautista. La muchacha, pelirroja, está tocando con extrema atención un laúd doble de diecinueve cuerdas, extremadamente complicado de manejar. Sobre la mesa, diversos objetos relacionados con la música: un violín, partituras, una batuta, etc. El aspecto es el de una escena de género, en el que una aficionada a la música ha sido captada en la intimidad de su estudio. Pero frente a las apariencias puede que en realidad lo que Orazio esté retratando sea la alegoría de la Armonía.