La victoria de los aliados en la guerra produjo en un breve plazo de tiempo la división de Europa. Hubo una Europa que siguió la senda del comunismo, en parte por las revoluciones que tuvieron lugar durante el período bélico, pero sobre todo debido al influjo de las armas soviéticas. En la Europa Occidental, en cambio, se reafirmaron las formas democráticas, implantándose en naciones que no las habían tenido hasta el momento y adquiriendo rasgos peculiares en las que ya las poseían, de tal modo que bien puede decirse que el sistema político y los contenidos programáticos fueron refundados. Aunque hubo disparidades importantes dependiendo de los países -la depuración, como es lógico, fue una cuestión que no se planteó en Gran Bretaña- existió una coincidencia general en el desarrollo de programas sociales y en la exigencia de la reconstrucción económica.
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En el Museo Arqueológico de Barcelona, uno de los más importantes de España para el estudio de la época romana, se expone una interesante reconstrucción de cómo debía ser una cocina de esta época. La pieza central de la cocina es el horno o figón, aobre el que se sitúa un hogar de trébedes, varias estanterías con utensilios y objetos de la época y una hornacina. El uso cotidiano y el consiguiente desgaste de los objetos utilizados en la cocina hace que estos sean fabricados en materiales corrientes y que la decoración sea mínima, caso de existir. Entre los cacharros, se pueden ver ánforas, platos o lebrillos, realizados en barro. También hay objetos de bronce, como vasijas para contener aceite, cubiertos, sartenes, coladores. Para el molido del grano se utilizaban molinos de mano.