La Real Casa de la Panadería de la Plaza Mayor sólo tenía tres plantas en la línea de fachada pero su mayor jerarquía quedaba resaltada por dos torres de flanqueo con sus respectivos chapiteles, todo ello muy discreto.
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La traza general de la plaza es de una regularidad notable, cuyo rectángulo sólo está pisado en el ángulo sur por la colegiata de San Antolín, sorprendiendo siempre la amplitud del espacio que está en proporción a la importancia de la feria o mercado y no de la población.
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La Plaza Mayor de Medina del Campo fue incendiada por las tropas de Carlos V, a raíz de los levantamientos de las Comunidades, en 1520. Se debió de rehacer su caserío prontamente y ya aparece terminada en la vista de la ciudad que nos deja Wyngaerde en 1565, con soportales de igual altura, casas de un frente de igual anchura y dos plantas de viviendas. La traza general de la plaza es de una regularidad notable, cuyo rectángulo sólo está pisado en el ángulo sur por la colegiata de San Antolín, sorprendiendo siempre la amplitud del espacio que está en proporción a la importancia de la feria o mercado y no de la población. La bien intencionada actuación última en la plaza, no ha sabido, por diseño ni mobiliario, responder a las necesidades específicas de una de las plazas más notables del Renacimiento español.
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Se trata de una amplia plaza con sus característicos soportales y edificios de dos plantas, alojando entre ellos el Palacio Ducal y el edificio de la Alhóndiga.
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Bajo la Plaza Mayor de Medinaceli, verdadero centro neurálgico de la villa, se encuentran los restos del antiguo foro romano. Se trata de una amplia plaza con sus característicos soportales y edificios de dos plantas, alojando entre ellos el Palacio Ducal, levantado en época renacentista y reformado en las centurias posteriores, y el edificio de la Alhóndiga, almacén y local de compra y venta de grano que también fue cárcel comarcal.
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Entre las plazas mayores de ámbito rural más atractivas de España sobresale la de Pedraza, un espacio irregular que presenta los típicos soportales de las plazas castellanas. A la plaza se abren los edificios más representativos de la villa como el Ayuntamiento o la Casa de la Comunidad de Villa y Tierra.
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El proyecto, cuyo principal impulsor fue el corregidor don Rodrigo Caballero, se debe al arquitecto Alberto de Churriguera quien habiéndose ausentado de la ciudad, después de terminar los dos primeros lienzos, los del Pabellón Real y de San Martín, fue sustituido en la dirección de la obra por su sobrino Manuel de Larra Churriguera.
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La plaza mayor, ese lugar ancho y espacioso donde se venden los mantenimientos y se tiene trato común... como lo definiera Covarrubias, es un hecho urbano-arquitectónico peculiar de la Edad Moderna y de especial consideración en el contexto hispánico. La obra salmantina -realizada por Alberto Churriguera entre 1729 y 1753- es una concepción racionalizada y secularizada por su planteamiento funcionalista, como solar de memorias ciudadanas, de esparcimiento, de mercado y de actividad lúdica. Es un armonioso diseño de piedra rosada en el que destaca el Pabellón Real, que se engalana con los medallones de Felipe V y de Isabel de Farnesio, y la representación de San Fernando. También se integró un compendio iconográfico dedicado a las glorias de la Historia de España. Además de ofrecer un servicio social integrado, a nivel de todo su diseño se plantea con un armazón estructural coherente y unitario. En el conjunto se integra de manera acertada el Ayuntamiento, obra de Andrés García de Quiñones.
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La Plaza Mayor por excelencia de nuestro siglo XVIII y una de las más hermosas que pudiéramos encontrar, alabada por propios y extraños ayer y hoy, es la de Salamanca. La minuciosa y compleja historia de su construcción nos es conocida merced al ejemplar análisis de A. Ceballos, que nos permite seguir el proceso desde el comienzo de las obras, en 1729, hasta su culminación, en 1755, si bien el tiempo real de ejecución fue de ocho años con un largo período intermedio de inactividad. El proyecto, cuyo principal impulsor fue el corregidor don Rodrigo Caballero, se debe al arquitecto Alberto de Churriguera quien habiéndose ausentado de la ciudad, después de terminar los dos primeros lienzos, los del Pabellón Real y de San Martín, fue sustituido en la dirección de la obra por su sobrino Manuel de Larra Churriguera. Hubo después intentos de modificar el proyecto inicial, debiendo intervenir el Consejo de Castilla que resolvió el pleito al exigir la reanudación de las obras conforme a lo ejecutado. No obstante, el edificio del Ayuntamiento, que preside la plaza desde el lado norte, se separa del resto de las fachadas con un tratamiento absolutamente diverso debido a su autor, el arquitecto Andrés García de Quiñones. Los antecedentes de la plaza salmantina nos llevarían a considerar la existencia de un extenso mercado en el que se incluía la parroquia de San Martín, fuera del núcleo viejo de la ciudad pero dentro de la nueva cerca que protegía su crecimiento en dirección norte, sobre los dos ejes importantes de los caminos de Zamora y Toro. La plaza fue conociendo varios estadios, siempre de desmañada configuración, pero muy activa y, sobre todo, de imponente superficie, contando desde la Edad Media con la presencia de las casas del Concejo. Esto, unido al hecho de celebrarse en la plaza de San Martín toros y cañas, así como el ajusticiamiento de los condenados en la horca allí colocada, según testimonio de Rosmithal (1465), va completando la serie de funciones características que desempeñaron habitualmente las Plazas Mayores. No estando en consonancia aquel lugar con la imagen de la ciudad, se pensó en la construcción de la nueva plaza atendiendo a considerandos funcionales y estéticos. Se argumentó la necesidad de proteger el comercio con soportales, de eliminar los puestos que impedían el paso de "los coches, carros y caballerías", pero sobre todo pesaba grandemente su pobre aspecto. La declaración del Deán de la catedral, como uno de los que emitieron informe positivo acerca del proyecto, resume la actitud generalizada de la ciudad: "El decoro y ornato público de que tanto carece la primera oficina de la ciudad, especialmente en las dos líneas de la Torre y de San Martín, por ser ambas indecentísimas para una ciudad tan famosa en el mundo y donde resplandecen tan insignes edificios, a cuya vista se hace muy reparable a los naturales y extranjeros lo indecoroso de su principal plaza".Para paliarlo se propone una plaza casi cuadrada, de poco más o menos de 80 metros de lado, y absolutamente cerrada en sus cuatro frentes. Las calles entran con su correspondiente dirección pero pasan bajo los arcos que componen los soportales, en todo caso con algo más de luz pero guardando la misma altura. El módulo de fachada es de un eje de huecos, es decir, arco del soportal y tres alturas encima, a excepción del arco de San Fernando en el Pabellón Real y del edificio del Ayuntamiento que guarda otra escala y composición bien distinta y más barroca en su ornamentación. Todas las fachadas son en piedra, con el balconaje muy volado y antepechos de hierro, desarrollando una original iconografía en los medallones de las enjutas de los arcos, con las efigies de monarcas españoles. Ello supone, sin duda, una evidente presencia real en esta plaza municipal, que unido al citado Pabellón en cuyo centro figura el escudo regio, la efigie del rey San Fernando y una inscripción que recuerda a Felipe V el animoso, hace pensar en lo que este programa iconográfico entraña de pleitesía hacia el monarca que encabezaba la nueva dinastía de los Borbones, presentada aquí como continuidad y no como ruptura. Finalmente cabe añadir que consta documentalmente que los artífices e impulsores de la Plaza Mayor de Salamanca barajaron los modelos de las Plazas del Ochavo de Valladolid, que ciertamente nada tiene que ver con el tipo señalado en estas páginas, la Mayor de Madrid y la Corredera de Córdoba, poniendo de manifiesto, una vez más, la coherente genealogía de las Plazas Mayores españolas donde la anterior experiencia sirvió de punto de partida para la siguiente realización.
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En el frente del Pabellón Real y Casas Consistoriales de la Plaza Mayor de Salamanca se centralizan los contenidos más importantes. En el primero presiden las Armas Reales y san Fernando como protector de la Monarquía. Los pináculos terminan en flor de lis, atributo de la monarquía borbónica. Las efigies de los monarcas aparecen sobre medallones y abarcan la serie completa de monarcas castellanos, desde Alfonso XI a Fernando VI. Los Reyes Católicos y Felipe el Hermoso con Juana la Loca aparecen emparejados. Se incluyó al final el busto de Carlos III en uno de los medallones de las Casas Consistoriales. Felipe V aparece por tres veces y también figura la reina Isabel de Farnesio.