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La acción de entronque con la naturaleza que se pone de manifiesto en la Colonia Güell de Santa Coloma de Cevelló se refuerza en el Parque Guëll. Nació como una ciudad-jardín al estilo inglés encargada a Gaudí por el mecenas Eusebio Guëll y Bacigalupi, miembro de una importante familia industrial catalana cuyo emporio estaba constituido por tejidos y cemento. Se trataba de una urbanización de 15 hectáreas con sesenta casas de las que sólo se llegaron a realizar dos. El parque reúne una serie de edificaciones de aire fantasmagórico, casi de cuento infantil, que sorprende en muchos aspectos. Sobre la gran sala hipóstila destinada a mercado, libérrima interpretación de canon dórico del clasicismo, Gaudí dispuso una gran plaza limitada por el famoso banco ondulado corrido, que se ha señalado siempre como una de las piezas más acabadas del diseño arquitectónico contemporáneo. Los trabajos cerámicos que Josep Maria Jujol realizó para este lugar son una verdadera anticipación de la plástica contemporánea del collage y del abstractismo geométrico. El recubrimiento procede de materiales de derribo y su policromía, brillante ante la luz solar, le otorgan el aspecto de un animal fantástico y gigante.
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No únicamente el banco serpentea, todos los caminos del Park lo hacen, como también los pórticos y viaductos. Para su trazado se tuvieron que llevar a cabo importantes movimientos de tierras y rocas. En estas funciones se emplazaron catorce albañiles con sus respectivos ayudantes. Según Gaudí, el objetivo es aumentar y hacer más cómodas las comunicaciones de los distintos lugares del Park, utilizando únicamente los materiales propios del terreno. A la izquierda de la plaza de la Colonia se accede a tres pórticos consecutivos. El primero de ellos se prolonga por detrás de la Casa Güell (actualmente una escuela pública). En él todas las columnas son diferentes. De entre ellas destaca una conocida como La Bugadera (La Lavandera), la cual, según parece portaba antiguamente una pala para golpear la ropa. El pórtico en sí es sorprendente, las columnas exteriores se inclinan hacia el interior para soportar el peso del desnivel del terreno, formando una bóveda en piedra alargada que engloba un pasadizo casi circular. Se trataba metáfora de una gran ola que arropaba y protegía, como si de un túnel se tratara, al pueblo de Moisés, en tanto que el ejército del faraón los perseguía en el paso del Mar Rojo. Tras este primer pórtico encontramos el segundo, formado por un semicírculo de columnas, altas como remolinos helicoidales, que se asemejan a copas de brindis, propias de los Banquetes de Amistad, que se convocaban para la celebración de los solsticios de invierno y verano. Bajo éste, se encuentra el tercer pórtico, que es una alegoría a la unión que debe haber entre los hermanos y del apoyo que los más fuertes han de brindar a los más débiles. Recuerda a las torres humanas (Castellers) típicos por aquél entonces de Valls, villa del Camp de Tarragona. A través de los pórticos se retorna a la Avenida Principal, la más amplia de todas (más de diez metros). En ella se pueden contemplar una serie de piedras esféricas, que corresponden a las cuentas de un monumental rosario, unas perfectamente alineadas, y otras dispersas por el Park. Alguna de ellas ha desaparecido. En ella se encuentra la Casa-Museo Gaudí, y el primer viaducto, llamado de Abajo. Tanto éste como los restantes viaductos (el Medio y el Alto), están sostenidos por pilares cilíndricos de ladrillo revestido con piedra del lugar sin desbastar. Una vez más naturaleza y artificio se compenetran.
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También Gaudí se encargó de rehabilitar la Casa Muntaner de Dalt como vivienda de los Güell en el Parque. Presenta un porche, un arco de acceso a la capilla y un invernadero. En el salón se colocaron obras del pintor "El Vigatà", con figuras de divinidades griegas y un claro regusto neoclásico. Bien pronto se convirtió en uno de los puntos de encuentro más importantes de la ciudad. Entre sus huéspedes podíamos encontrar desde miembros de la familia real hasta menestrales y obreros. En ella falleció Eusebi Güell, el 8 de julio de 1918. El principio del fin del ambicioso proyecto que movió a ambos personajes.