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Interesado por las teorías de Delacroix respecto al color, Van Gogh aplicará el contraste complementario en la mayoría de sus trabajos, especialmente a través de su contacto con los grupos impresionistas en la primavera de 1886. Este contraste se produce al contraponer uno de los tres colores básicos - rojo, amarillo y azul - a la mezcla resultante de los otros dos. Las diferentes combinaciones refuerzan su intensidad o se convierten en gris. De esta manera se obtiene un efecto cromático de gran belleza. Todas estas teorías son asimiladas por Vincent de manera rápida, aplicándolas a sus trabajos como en esta ocasión donde apreciamos la combinación amarillo-violeta. Una pandereta sirve de soporte a amplio ramo de pensamientos, recortados sobre un fondo grisáceo resultante de la mezcla de los colores primarios. La pincelada ha sido aplicada de manera abocetada, primando el empastamiento frente al dibujismo de otros autores. Para Van Gogh lo prioritario será el color; después tendrá su lugar el dibujo, en un puesto secundario.
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La decoración de este panel es muy repetitiva, apareciendo series de parejas de zorros, pájaros y figuras humanas danzantes, representadas sobre un fondo de arabescos, en sintonía con el diseño de tejidos. La delicada ejecución y los restos de policromía indican que nos encontramos ante una suntuosa pieza destinada a la corte.
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Las figuras de San Jerónimo y San Juan Bautista del panel izquierdo del Retablo de la cartuja de Galluzo quedan inscritas en un espacio apenas conseguido por los elementos naturalistas del suelo, lo que sitúa a los santos en un paisaje al aire libre. Pero el efecto de continuidad hacia el fondo se pierde cuando aún no hemos comenzado a contemplar la obra: algunas formas que remiten a flores y plantas y unos montículos muy acartonados similares a los conseguidos con anterioridad en la pintura por Giotto, son los únicos elementos que nos informan del lugar que ocupan los santos. Pero, al final, vuelve a aparecer el fondo de pan de oro que aumenta la bidimensionalidad de la imagen. De pie y ataviados con vestimentas de pliegues excesivamente geométricos y portando sus atributos característicos, los santos dirigen su mirada hacia la escena del panel central, donde se sitúa la Virgen con el Niño. El Bautista y San Jerónimo quedan separados a su vez por la compartimentación de los arcos apuntados del remate. Más arriba, entre un arco mixtilíneo muy decorativo, se sitúa el arcángel San Gabriel de la Anunciación, en una estancia apenas esbozada en su configuración espacial, que tiene su continuidad en la tabla de la derecha del tríptico. La imagen de los santos, así como todo el retablo tienen más que ver con el Trecento que con los avances figurativos del primer renacimiento de Florencia.
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El ala derecha del Retablo de la cartuja del Galluzo, al igual que su tabla compañera de la izquierda, presenta a dos santos, San Francisco de Asís y San Onofre, en actitud contemplativa hacia la Virgen y el Niño, motivo de la tabla central. El santo de Asís y San Onofre están situados en un paisaje abierto del que apenas se muestran detalles naturalistas que ayuden a configurar un efecto espacial. De esta manera, las figuras quedan casi atrapadas en el primer plano, muy deudor por tanto de la concepción estilística del último gótico: apenas unas formas vegetales, un pajarillo y unas rocas conforman la estancia. Predomina la linealidad y la planitud de la imagen más que un espacio tridimensional realista. En el arco mixtilíneo que sirve de remate a la tabla se sitúa María esperando la venida del Espíritu Santo, cuyo emisario San Gabriel se sitúa en la tabla de la izquierda. Aunque en 1428, fecha del inicio de la obra, Fra Angelico ya había dado muestras de una cierta renovación artística, se puede considerar esta tabla todavía muy cercana a las estilizaciones y elegancia de líneas del gótico final. El verdadero ensayo hacia una formulación espacial creíble será más patente en la tabla central de este tríptico, con la representación de la Madona con el Niño.
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Para la iglesia de Saint-Jacques-sur-Coudenberg de Bruselas encargó la gobernadora Isabel Clara Eugenia un tríptico con la Visión de San Ildefonso en el panel central, relegando los laterales a los comitentes. Si en el panel izquierdo se halla el archiduque Alberto de Austria, en el derecho se encuentra la propia archiduquesa, con un rosario en la mano, acompañada de su santa patrona, Isabel de Hungría, vistiendo hábito franciscano, quien porta una corona de flores y un libro. Doña Isabel viste su traje real, como la moda imperante treinta años atrás. Al fondo también se aprecian unas gruesas columnas cubiertas con pesados cortinajes que dejan ver un celaje nocturno. La atmósfera diluye los contornos gracias a la luz empleada, influencia manifiesta de la escuela veneciana.