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Aunque tuvo una estructura agropecuaria apreciable fue decayendo frente a la importancia del comercio. Esto, unido a los ataques piratas en su costa atlántica, hizo que fuera convirtiéndose en un territorio fronterizo del virreinato peruano, del que terminó dependiendo totalmente. Durante el siglo XVI, la costa atlántica fue la más importante. Portobelo, terminal de las flotas, llegó a tener 150 casas, una buena feria y excelentes fortificaciones. El hallazgo de oro en la región norte de Veraguas produjo un avance de la colonización, impulsada por el gobernador Juan Pérez de Sequeira, fundándose poblaciones como Nueva Lisboa y San Antonio de la Pradera. A comienzos del siglo XVII, los religiosos emprendieron la labor misional de la zona, fundando Atalaya, San Francisco y San Lorenzo. Incluso se pensó construir un canal interoceánico (1616-19) por la zona del golfo San Miguel y el río Tuira, pero el Consejo desestimó el proyecto por temor a que fuera utilizado por los piratas. La costa pacífica languidecía, por el contrario, a causa del agotamiento de la extracción de perlas. Sus únicos núcleos importantes eran la ciudad de Panamá y las poblaciones de la península de Azuero. La toma de Jamaica por los ingleses (1655) cambió la situación, pues la costa atlántica se vio continuamente asaltada por piratas y filibusteros, resurgiendo en cambio la economía del litoral pacífico, más protegido. Mansvelt desató una gran ofensiva en 1665. Su discípulo Morgan logró apoderarse y destruir Portobelo en 1668, y asaltó Panamá en 1671, después de cruzar el istmo. Allí capturó la plata del Perú, que iba a traspasarse a la flota española. Con ella cargó 195 mulas y abandonó la ciudad después de incendiarla. La destrucción de Panamá fue aprovechada para trasladar de sitio la ciudad (1673), ya que se encontraba en un sitio muy insalubre. Los virreyes peruanos se alarmaron y duplicaron el situado destinado a esta gobernación. En 1684 alcanzó los 406.000 pesos, cuádruple del que se enviaba en 1662 (105.150 pesos). También se envió a aguas panameñas la Flota de la Mar del Sur. La piratería se extinguió al poco, perseguida por ingleses y franceses. El siglo terminó con el intento de William Patterson de establecer una colonia escocesa en el Darién (1698). Fundó efectivamente Nueva Caledonia, pero los españoles y las fiebres les obligaron a desalojar el lugar en 1700.
termino
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Técnica aborigen de talla de la piedra, característica del sur de Australia. Destaca por el diseño de dibujos tipo espiral y ha sido frecuentemente encontrada en grutas y galerías.
termino
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Dispersión de los judíos. Colonias de judíos dispersos en el Asia anterior y región mediterránea. No obstante, este término se refiere a todas las comunidades judías que se encuentran fuera de Israel.
Personaje Militar Político
Bandolero hasta 1910, se une a la Revolución mexicana, estando presente en la mayor parte de los hechos destacados. Defendió a Madero y se enfrentó a Orozco tras la rebelión de éste. Venció a Huerta, provocando la caída de su gobierno, y tomó parte en la Convención de Aguascalientes. Junto a Zapata, entró en la ciudad de México, si bien el entendimiento entre ambos no fue completo debido a la existencia de discrepancias acerca de la solución al problema agrario. Vencido por Obregón, fusiló a varios estadounidenses en 1916 para provocar la intervención de Estados Unidos y perjudicar a Carranza. En consecuencia, se produjo la entrada en México del general Pershing, lo que aumentó la presión sobre Villa. La institucionalización de la Revolución provocó su apartamiento paulatino, haciendo que dejara las armas en 1920. Fue asesinado en 1923.
termino
acepcion
Galería de un claustro o patio.
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La Panda Este del claustro de los monasterios de monjas cistercienses incluye la Sacristía, la Sala Capitular, el Locutorio, la Sala de Monjas y el Dormitorio. La Sacristía suele ser una habitación alargada, no muy grande, con dos puertas, una que comunica con el brazo del transepto y otra con el claustro; la cubierta suele ser de cañón apuntado o de ojivas como en Las Huelgas. En su interior debía estar el armariolum, destinado para guardar los libros litúrgicos o de lectura piadosa, ya que en el muro este de los claustros de monjas no hay restos de lucillos, que era el lugar donde se colocaban los libros en los monasterios de monjes. En algunos monasterios masculinos, los viejos armariola, al construirse una importante biblioteca en otra parte del monasterio, fueron reaprovechados para lucillos funerarios. En Moreruela hay un ejemplo significativo de este caso. En los monasterios femeninos españoles que yo conozco, no conservan ni siquiera estos lucillos funerarios que nos permitan aventurar una posible existencia previa de armariola. Todo parece indicar que estuviesen en el interior de la sacristía. La Sala Capitular es el lugar de reunión de la comunidad, por lo que debían ser amplias para acoger a todas las religiosas. Rodeando los muros había bancos, de madera o piedra, donde las monjas se sentaban, por orden de antigüedad, para recibir instrucciones o hablar de los asuntos concernientes al monasterio; el asiento de la abadesa estaba en el centro del muro oriental. Las abadesas tenían el privilegio de ser enterradas en la sala capitular y en ellas podemos encontrar losas sepulcrales muy simples o sepulcros altos como los de las fundadoras de Cañas o San Andrés del Arroyo. La planta de los capítulos femeninos suele ser cuadrangular y uno de los mejores logros arquitectónicos son los abovedamientos de ojivas, mientras que en otras dependencias se sigue utilizando el cañón. La disposición interior suele variar; hay abadías donde el cuadrado es un único espacio diáfano que se cubre con una sola bóveda, como la octopartita de San Andrés del Arroyo; en otros casos se alza una columna en el centro de la estancia sobre la que voltean los nervios de las bóvedas de ojivas de los cuatro tramos, como en Cañas. Otra variante, única como la de Cañas, en monasterios femeninos es la de Las Huelgas, con cuatro columnas que compartimentan el capítulo en nueve tramos, formando tres naves. Esta última tipología es la más utilizada en los monasterios de monjes, pero sin alcanzar, en ningún momento, la esbeltez y diafaneidad del capítulo burgalés. Junto a la sala capitular se alza el locutorio, de dimensiones similares a las de la sacristía y, como ella, cubierto con bóveda de cañón apuntado; una sola puerta de comunicación con el claustro y, en el muro este, una ventana. En él la priora reunía, de forma individual, a cada monja para encargarle el trabajo del día. Junto al locutorio, el pasaje comunicaba el claustro con el huerto. Dadas las transformaciones que han sufrido los monasterios femeninos, solamente en Las Huelgas se conservan ambas estancias con sus estructuras primitivas. Lamentablemente no queda ninguna sala de monjas en los monasterios femeninos españoles; pero, si nos guiamos por las que todavía se conservan en las abadías francesas, sería la última estancia de la panda oriental. En Francia, el acceso a ella se hacía desde el pasadizo a la huerta y su disposición era un gran espacio abovedado, dividido en dos naves por una fila de columnas; en el extremo norte, una puerta comunicaba con las letrinas y, a veces, por otra en el muro oeste se accedía al calefactorio. Siguiendo esta estructura solamente podríamos reconstruir, en España, la del monasterio de Las Huelgas. A pesar de los cambios que ha sufrido en época moderna, se puede entrever que sería una gran sala rectangular, en sentido perpendicular a la iglesia, como ocurría en las de monjes, dividida en tres naves. Sin embargo, la separación de éstas no debió ser por medio de columnas, como era lo habitual, sino por unas arquerías. Aunque, como ya decía, este lugar ha sido muy transformado y ha debido tener diversas funciones, pues las religiosas hablan de que aquí hubo unas caballerizas y, hasta hace unos años, se utilizó como sala de estudios. No obstante, la posible configuración original es todavía apreciable. Al igual que la sala de monjas, el Dormitorio es otra de las dependencias claustrales cuya ubicación en los monasterios españoles ha planteado grandes problemas. Los trabajos sobre el Císter femenino siguen insistiendo en que, por la excesiva altura de los capítulos en España, se hacía imposible colocar sobre ellos el dormitorio, aunque nadie ha definido cuál sería su lugar en época medieval. Evidentemente este planteamiento es lógico si, además, a ello se añade que no hay constancia de la presencia o resto de escaleras ni en la sacristía, ni junto al capítulo que eran los lugares habituales, en los monasterios franceses, para el acceso al dormitorio. En Francia su ubicación varía según los monasterios. Así, los podemos encontrar sobre la sala capitular, dado que los capítulos no eran excesivamente altos; entonces sobre la sacristía había dos piezas que comunicaban con el dormitorio: una, hacia el claustro, que podía ser la cámara de la abadesa y otra para la sacristana y como cámara del tesoro. Otras veces el dormitorio se hacía sobre el locutorio y el pasadizo y otras, sobre la sala de monjas. En España, por la razón antes expuesta, su localización no está sobre las dependencias claustrales de la panda oriental. Sin embargo, en la parte sureste del monasterio de Cañas se conserva, aunque muy alterada, una enorme estancia rectangular que, posiblemente, correspondería a lo que era el dormitorio medieval, que debía ser el lugar más amplio del monasterio. Si éste fue el dormitorio primitivo, en origen sería una gran sala diáfana que se transformó en una construcción, sin connotaciones estilísticas, probablemente de fines del siglo mi. Consta de dos galerías con un pasillo central y, quizá, esta variación moderna hizo que el dormitorio común se modificase en celdas individuales. Testigos de esta posible variante son las ventanas que, en los muros norte y sur de la gran sala, se corresponderían con cada una de las habitaciones, así como las puertas que, desde el pasillo central, daban acceso a ellas. Sin embargo, no quedan restos de muretes de separación de las posibles celdas, ya que en los últimos años se ha dedicado este ámbito a usos domésticos del monasterio, desvirtuándose la posible compartimentación anterior. Llama la atención el hecho de que cuando, recientemente, se hicieron nuevas celdas en este monasterio, su ubicación fue sobre esta gran sala. Cuando a partir del siglo XVI a los claustros medievales femeninos se les añade un segundo piso, los dormitorios comunes irían desapareciendo para convertirse en celdas individuales y así las religiosas se trasladan al claustro alto. Actualmente esta disposición es la que se utiliza en el monasterio de Las Huelgas, donde las celdas se reparten por las pandas este, sur y oeste de dicho claustro alto. Por todo ello, y ante la ausencia de un espacio real que lo confirme, podríamos pensar que el dormitorio común de los monasterios femeninos españoles, en época medieval, se situaría próximo a la panda del capítulo, cerca de la sala de monjas o quizá sobre ella, aunque se carece de datos concretos para afirmarlo. Sin embargo, éste del monasterio de Cañas podría plantear la hipótesis de su posible ubicación.