Las propiedades de este palacio construido por F. Juvara y J. B. Sachetti merecerían ser enlazadas con el planteamiento áulico del conjunto, pues permite insertar su visión en el contexto amplio y variado palacial inserto en el paisaje. La fachada oriental representa una alternativa arquitectónica italianizante que alterna con el esquema centroeuropeo que define la que se asoma al Patio de la Herradura y la más austera del Patio de Coches. La fachada convexa que cierra el núcleo de la Colegiata sintetiza las diferentes corrientes artísticas que en aquel conjunto confluyen. La oriental es prototipo de la concepción monumentalista otorgada a la fachada-jardín que, siendo interior, se resuelve con el ánimo de ser visualizada desde los aterrazamientos y bordaduras del jardín-parque. En este caso despliega un nivel significativo en cuanto a su compleja tridimensionalidad, su crescendo plástico hacia el cuerpo central y la policromía de los materiales, piedra rosa de Sepúlveda, granito de Guadarrama y mármol blanco de Carrara. Su evidente horizontalidad se aplaca con la disposición perpendicular de los órdenes, la curvatura del balconaje y el bello coronamiento del ático en el eje central, al que se ciñe el programa escultórico, el cual permite un impulso ascendente y la comprensión de esta obra en la que aflora una serie de valores de alto nivel artístico.
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obra
La idea esencial está tomada de la temática de Marly y es resultado de la ingeniosidad barroca, de su retórica espectacular, de su rica y sabia experiencia figurativa. Frémin, en unión de Thierry y de otros maestros franceses de la estatuaria, realizó las fuentes de los jardines de La Granja de San Ildefonso reorientando la tradición escultórica hispánica. Sus discursos son diversos, pero cualquiera de sus modelos ejemplifica el nuevo tratamiento estético basado en principios de armonía, de coordinación del movimiento, de persistencia en los mitos clásicos, que es prueba de una vivísima cultura de corte situada en el centro de la actividad artística borbónica. Las coordenadas geométricas del grupo no impiden el que los personajes se muevan con libertad y que la obra exprese un sentimiento efímero e inconstante, con cierta apertura emotiva que hace más comprensible su mensaje moralista. En la fuente de la Fama, en medio de un gran pilón circular, se levanta un peñasco de plomo, imitando mármol. En la cúspide encontramos a Pegaso llevando sobre sus alas a la Fama, tocando el clarín. Entre las pezuñas del caballo alado se sitúan dos guerreros vencidos mientras que dos moros yacen en el suelo. El Guadalquivir, el Duero y el Ebro se representan casi al nivel del agua.