El óleo se conoce desde la Edad Media y se aplicaba normalmente en combinación con la pintura al temple o al fresco. Esto se debía a la lentitud de su proceso de secado, que se aceleraba un tanto al combinarlo con otros materiales como el temple o la témpera. Normalmente servía para retocar los detalles de los grandes paneles realizados a toda velocidad sobre el yeso fresco.La gran innovación llega con la época de los primitivos flamencos, que revolucionan con sus investigaciones esta técnica. Los descubrimientos tuvieron mucho que ver con el desarrollo de la alquimia, que dio lugar a las modernas ciencias químicas.El avance consistió en combinar los óleos, que literalmente significan aceites, no sólo con los pigmentos minerales que ofrecen el colorido, sino con productos secantes que aceleren el acabado. El más extendido fue la linaza, aunque cada maestro y cada taller de pintura tenía su fórmula secreta que se transmitía oralmente de generación en generación.Los efectos que permite el óleo son, por una parte, realizar una composición de manera más lenta que al fresco, que ha de finalizarse diariamente. También permite trabajar sobre un conjunto inacabado, en lugar de por áreas concluidas en una sesión. La técnica posibilita los retoques, es decir, se podía variar la composición, el número de figuras, los colores, etc. El detalle y la precisión aumentan con este material. Y la profundidad de la escena aumenta mediante un efecto óptico, ya que el color permanece opaco bajo capas y capas de barnices traslúcidos que además aumentan la resistencia del cuadro al paso del tiempo.El óleo puede ser utilizado sobre diversos soportes, lo que apenas varía su aspecto, pero sí la preparación de dicho soporte. A partir del siglo XV, como se ha mencionado la base más usada para el óleo será la tabla de madera, especialmente desarrollada durante la pintura flamenca. El fresco no puede considerarse una base, puesto que se aplica una vez seco el yeso para retocar los grandes fragmentos pintados a toda velocidad. Los otros soportes mayoritarios serán el lienzo y la lámina metálica.
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obra
Brueghel y Rubens colaborarían en la realización de numerosas obras, entre las que destacan la serie de los Cinco Sentidos formada por cinco tablas dedicadas cada una a un sentido concreto. En el Olfato vuelven a mostrarnos a Venus y Cupido, como también ocurría en el Oido, en esta ocasión entre flores de diferentes tamaños, tipos y variedades. Al fondo se observan algunas construcciones y árboles. Brueghel ha ocultado cualquier alusión a los malos olores, triunfando los aromas procedentes de la floresta. La mofeta que se sitúa a los pies de la diosa no daña ni al sutil olfato del perro, quien mejor puede representar este sentido. La gran afición de los flamencos a las flores está perfectamente recogida en esta tabla. De esta afición también participaban los archiduques Isabel Clara Eugenia y su esposo Alberto, quienes poseían un bello jardín con flora y fauna exótica en múltiples ocasiones visitado y representado por Brueghel. Se considera a este artista como el autor de toda la flora mientras que Rubens realizaría las figuras de Venus y Cupido y un ramo de flores que hay junto a ellos, debido a la factura más suelta empleada. La muestra de este jardín, con una delicadeza espléndida a la hora de realizar todas sus plantas, resulta totalmente ajena a toda ilusión religiosa o alegórica, por lo que invita a disfrutar de las fragancias de la naturaleza.
Personaje
Militar
Acompañando a Hernán Cortés en la conquista de México encontramos a Cristóbal de Olid, convirtiéndose en uno de los mejores capitanes. Olid será quien conquiste Michoacán (1522), siendo enviado a Honduras para impedir la ocupación de González Dávila. Este será apresado pero Olid quiso realizar la empresa de la conquista de Honduras por su cuenta, lo que motivó el envió de Francisco de las Casas por parte de Cortés. El enviado también será derrotado y hecho prisionero pero Las Casas y González Dávila se unieron y vencieron a Olid, ajusticiándole bajo la acusación de traidor.
lugar
Santuario dedicado a Zeus, en el corazón de la Élide, fue uno de los más importantes, junto con el de Dodona, dedicado a esta deidad. Los orígenes de este lugar se remontan al II milenio a.C., si bien ya desde el 2800 existe una pequeña comunidad asentada en la colina del Cronio y la zona del Altis, un pequeño bosque sagrado en cuyo alrededor se levantó el gran recinto de culto. Tan remotos orígenes hicieron que en Olimpia convergieran multitud de cultos y mitos, fundamentalmente los relacionados con Zeus, aunque también implican a Heracles, al dios-río Alfeo, al héroe Pélope o a Hera. En el santuario de Olimpa se celebraban concursos, mal llamados juegos, pues en realidad no se realizaban como espectáculo sino que tenían una función ritual, al poner en relación el mundo de los dioses con el de los humanos, pues aquéllos intervenían en la designación de los vencedores. En Olimpia fue levantado un recinto sagrado, con edificios de culto y estructuras dedicadas a acoger a los atletas, los visitantes, los peregrinos y las delegaciones. También se erigieron numerosas capillas y han sido hallados tesoros, exvotos y donaciones diseminados por el área, pertenecientes al periodo que va desde los siglos VII a.C. hasta el IV d.C., en que Teodosio I prohibió los Juegos por considerarlos paganos. Los primeros juegos se celebraron, supuestamente, en el año 776 a.C. Ya por esta fecha subsisten varios recintos sagrados de la Edad del bronce, como el pelopion, el hipodameyón y el altar de Zeus, levantado con una mezcla de agua y cenizas de los sacrificios. A partir del siglo VIII a.C. se inicia una auténtica fiebre constructiva, en la que destaca el primer heraión, que será reparado hacia el 600. En el siglo V se levantó un templo dedicado a Zeus, para el que Fidias realizó una estatua del dio, así como el pritáneo y el bouleuterion, con dos nuevos tesoros. Del siglo IV son dos pórticos que cierran el santuario, levantándose un templo a Cibeles, la madre de los dioses. Después del año 338 a.C. se erigió una rotonda, el Filipeion, mandada construir por Filipo y Alejandro tras su victoria en Queronea contra los griegos. De época helenística son muchos edificios atléticos, mientras que los romanos dejaron su huella en varias construcciones dedicadas a Zeus. Como se señalo más arriba, en Olimpia se celebraba una competición en honor a los dioses, los más tarde llamados Juegos Olímpicos. La importancia del santuario como lugar de celebración ha hecho que se hayan encontrado allí multitud de objetos, entre los que destacan una colección de bronces geométricos y arcaicos, una cabeza colosal de Hera, los cascos consagrados por Milcíades el Ateniense o por Hierón de Siracusa o la Victoria de Painoios de Mende.