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El doctor González Velázquez encarga en 1875 a Francisco de Cubas este edificio para albergar el Museo anatómico. El estilo clasicista del conjunto se pone de manifiesto en la fachada principal, organizada en torno a un pórtico tetrástilo de orden jónico que se corona con un frontón triangular. El interior del edificio se organiza gracias a una diagonal con el fin de obtener una perspectiva más adecuada.
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Las líneas de actuación de este Museo hasta 1982, fecha de su inauguración oficial, se centraron en una prospección exhaustiva de lo que se llamó Polígono Submarino de Cabo Palos, que comprende el área comprendida entre San Pedro del Pinatar y Cabo de Palos, así como el interior del Mar Menor. Se realizaron en estas fechas, también, dos excavaciones importantes: los barcos romanos de San Ferreol y de Punta de Algas. Además, se realizaron campañas puntuales de prospección en otras áreas del litoral murciano y almeriense. A partir de 1982, el Museo-CNIAS pasó a estar servido por funcionarios del Cuerpo Superior Facultativo de Conservadores de Museos. La primera dirección, hasta 1986, la ostentó Alicia Rodero Riaza, que continuó con la labor de prospección iniciada por Julio Mas. Entre 1986 y 1989 Víctor Antona del Val continuó con esta línea y abrió nuevas vías a través de la celebración de diversos Cursos de Buceo Profesional y de Arqueología Subacuática para Arqueólogos, los conocidos como Yacimientos-Escuela. Asimismo potenció la imagen externa del Museo a través de exposiciones temporales. Inició asimismo la trayectoria del laboratorio de tratamiento de maderas arqueológicas saturadas de agua y la investigación sobre este tema. Su sucesora, Paloma Cabrera Bonet, continuó con las tareas de prospección al mismo tiempo que potenciaba la labor de documentación del Patrimonio Arqueológico Subacuático a través de los Inventarios de Yacimientos Arqueológico Subacuáticos y de la documentación bibliográfica y cartográfica. Se continuó asimismo con la investigación sobre el tratamiento de maderas arqueológicas saturadas de agua y los cursos de formación de arqueólogos submarinistas A partir de 1993 se incorpora el equipo actual, dirigido por Iván Negueruela Martínez. Entre 1993 y 1995, al mismo tiempo que se continúa con la investigación sobre el tratamiento de maderas saturadas de agua se acometió el Proyecto Barco Fenicio: la excavación sistemática del barco fenicio de la Playa de la Isla, en Mazarrón, que concluyó con el traslado de los restos de madera del barco al Museo y Centro para su tratamiento. También de esta época es la realización de un nuevo proyecto para la nueva sede del Museo, idea ya antigua, retomada ahora con nuevos planteamientos. A partir de 1995 la investigación arqueológica subacuática que desarrolla el Museo-CNIAS se centra, fundamentalmente, en tareas de reprospección de la bahía donde se encuentra un segundo barco fenicio, a pocos metros del anterior, y la protección del mismo por medios activos y pasivos. También desde 1995 el Museo-CNIAS comienza una andadura internacional que se plasma en: la participación en diversos foros internacionales relacionados con la Arqueología Subacuática y la protección del Patrimonio Arqueológico Subacuático; en Proyectos Internacionales financiados por la UE como el Proyecto Arké, conservación de materiales orgánicos saturados de agua; Proyecto Navis, difusión del Patrimonio Arqueológico Subacuático en imágenes a través de Internet, y normalización terminológica en el ámbito de la arquitectura naval en las lenguas oficiales de la UE. De este momento es también la colaboración establecida con los Grupos Especiales de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, para la protección más efectiva del Patrimonio Arqueológico Subacuático, cuyo estadio final es el establecimiento de un nuevo grupo en Cartagena. Desde 1998 el Museo-CNIAS está desarrollando la primera fase del Proyecto Costa, junto con Universidades, Centros de Investigación y Museos españoles, financiado por la UE a través de la Fundación Séneca de la Consejería de Educación y Cultura de la Región de Murcia, que estudia evolución de las líneas de costa con las tecnologías más avanzadas en la detección y caracterización de yacimientos arqueológicos subacuáticos. Finalmente, en 1998 se va a adjudicar la construcción de la nueva sede del Museo-CNIAS, lo que acabará de configurar el inicio de una nueva época en la historia del Museo, dando cabida a las múltiples funciones que el Museo tiene encomendadas. El Museo, a través de sus salas de exposición, trata de mostrar la riqueza de nuestro Patrimonio Arqueológico Subacuático, así como su importancia como testimonio de la Historia Marítima de la Antigüedad, del comercio y tráfico marítimo, y de las relaciones económicas y sociales ligadas al mismo. Los objetos expuestos proceden del medio subacuático, bien de excavaciones y prospecciones arqueológicas, realizadas en su mayoría por el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, bien de recuperaciones o hallazgos fortuitos. Asimismo se exponen piezas de arquitectura naval, y maquetas y documentos iconográficos que ilustran diferentes tipos de embarcaciones, desde época fenicia al siglo XVIII.
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El Museo Nacional de Arte Antiguo se encuentra en la capital portuguesa, Lisboa. Es también conocido como el Museu das Janelas Verdes o "de las ventanas verdes". Es un hermoso edificio, antiguamente palacio del conde Alvor, construido en el siglo XVII sobre el solar del convento de San Alberto. Del convento tan sólo queda la capilla, que se conserva íntegramente dentro del museo, con su arquitectura y decoración originales. Al edificio histórico se han añadido recientemente un ala moderna con la entrada principal y comunicación con el jardín del palacio. Las obras más importantes del museo se dividen en tres grupos; por un lado, las obras pictóricas de la historia portuguesa, con maravillosos retablos góticos y tablas pintadas de autores poco conocidos como Nuno Gonçalves. En segundo lugar, un importante fondo de pintura europea, con artistas de la talla de El Bosco o Lucas Cranach. Por último, el tercer grupo incluye todo tipo de objetos preciosos y artes decorativas, entre los que destaca su colección de orfebrería (con la famosa platería portuguesa), cerámica ibérica, cristal, tejidos, muebles y biombos namban (ver Arte Japonés).
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El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) tiene el origen de sus colecciones en el Museo de Antigüedades de Barcelona creado en 1879, que se abrió al público un año después, y se situó en la capilla de Santa Ágata en el Palacio Real Mayor, junto a la sala conocida como el Tinell, en el centro medieval de la ciudad. Los fondos que lo integraban procedían en parte de la desamortización de 1835 de los bienes eclesiásticos. Después de la Exposición Universal de 1888, la ciudad de Barcelona dio uso a los edificios que en el recinto del Parque de la Ciudadela se habían construido para tan importante acontecimiento, de modo que en 1891 se inauguró el Museo Municipal de Bellas Artes, origen del museo actual, en el salón de la Reina Regente del Palacio de Bellas Artes de la Exposición, y el Museo de Arqueología, situado en el mismo edificio. Es este mismo año cuando crea la Biblioteca de Historia del Arte, después conocida como la Biblioteca de Museos, y que hoy constituye sin lugar a dudas una de las mejores bibliotecas especializadas existentes en el país. Es, pues, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando en el marco de la Renaixença se manifiesta la preocupación por la salvaguarda del patrimonio arqueológico y artístico catalán; primero, la Real Academia de las Buenas Letras y la Academia de Bellas Artes, y la Administración, después, reúnen colecciones y crean los primeros museos que se convertirán en el origen de los actuales. Del mismo modo la Iglesia, en torno a las sedes episcopales, comienza su labor de recuperación, dando lugar a museos como el Episcopal de Vic, creado en 1891, el Museo Diocesano de Lleida, creado en 1893, y el Museo Diocesano de Solsona, en 1896. El panorama museístico de Barcelona, y por extensión de Cataluña, adquirió un gran impulso con la constitución en 1902 de la Junta Municipal de Museos y Bellas Artes, que alcanzó su carácter definitivo en 1907. La Mancomunidad de Cataluña, unión administrativa de las cuatro provincias, se fundó en 1914 con Enric Prat de la Riba y se disolverá en 1923 con la dictadura del general Primo de Rivera. En este período recibe un fuerte impulso la creación de infraestructuras culturales y la recuperación del patrimonio cultural. Así, en 1915, se inaugura el Museo de Bellas Artes Antiguas y Modernas en el arsenal de la Ciudadela. Y en 1919 la Junta de Museos inicia la recuperación y traslado de las pinturas murales románicas de los valles pirenaicos al Museo de Barcelona; campaña que seguirá hasta 1923 y que constituirá el inicio del conjunto de pintura mural románica que caracteriza de manera fundamental al Museo; y que evitará así la dispersión de las obras en el mercado internacional. En 1924 se presentaba la colección románica en la Ciudadela. Hay pues, tanto en sus orígenes como en esta recuperación del arte medieval del Pirineo, una preocupación por la salvaguarda del patrimonio de un país que definirá la propia identidad del Museo, a diferencia de aquellos grandes museos europeos cuyos fondos proceden de colecciones reales o de los territorios ocupados por una política imperial. Después de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, el palacio central de la Muestra, el Palacio Nacional de Montjüic, que había ocupado la Exposición "El Arte en España", sería destinado a albergar las colecciones de arte. Allí se trasladarían los fondos del edificio del arsenal de la Ciudadela, ocupado en la primera República por el Parlamento de Cataluña, y en 1934 se inaugura el Museo de Arte de Cataluña. Mientras, las colecciones de arqueología se instalaban en el Palacio de las Artes Gráficas de Montjüic y las artes decorativas, en el Palacio de Pedralbes. Aquella preocupación de salvaguarda patrimonial que había caracterizado la reunión de las colecciones se reitera con la actividad adquisitiva de la Junta de Museus y por las administraciones (colección Casellas en 1911; colección Alexandre de Riquer, 1921; colección Bosch i Catarineu, 1950); así, en 1932, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña adquieren la colección Plandiura. Pero las colecciones se nutren también a partir de legados y donaciones (colección Batlló en 1914; legado Lorenzale en 1918; legado Francesc Fábregas en 1934; legado Francesc Cambó, 1949; donación Matías Muntadas, 1956; donación S. Espona, 1958; colección Bertrand, 1970; donación Joan Prats, 1973; donación Pedro Fontana, 1976) y en cuanto al arte de fines del siglo XIX y del primer tercio del siglo XX, a partir de las exposiciones generales de Bellas Artes organizadas en Barcelona, como se hacía en otras ciudades europeas, se adquieren obras de artistas que participan. Estos fondos, pues, ahora históricos, procedían de la voluntad de formar entonces un museo de arte contemporáneo. Así se adquirió tanto pintura catalana como internacional. En consecuencia, el Museo de Arte de Cataluña, inaugurado en el año 1934 bajo la dirección de Joaquim Folch i Torres en el Palacio Nacional de Montjuïc, mostraba en la planta baja las colecciones de arte románico, de arte gótico, del renacimiento y del barroco, y en el piso superior las colecciones del siglo XIX y XX. Durante la Guerra Civil, por motivos de seguridad, las obras se trasladaron a las poblaciones de Olot y Darnius, a la vez que se inauguraba en París la exposición "L'art catalan du Xéme siécle au XVéme siécle". Después de la contienda, las obras retornan a Barcelona y se instalan en el Palacio Nacional de Montjüic las obras de románico (1942) y de gótico, renacimiento y barroco (1940). En el arsenal de la Ciudadela, sede hasta entonces del Parlamento catalán, se instalan las colecciones del siglo XIX y XX, constituyendo el Museo de Arte Moderno. El discurso museológico del arte catalán se partía en dos sedes. En 1948 se nombra a Joan Ainaud de Lasarte director de los museos de arte de Barcelona. Hechos fundamentales que cabe recordar en la vida del Museo son el 1961, la exposición "El Arte Románico", promovida por el Consejo de Europa, con sede en Barcelona y Santiago de Compostela; en 1973, la nueva instalación dirigida por J. Ainaud de las salas de arte románico y en 1981, las nuevas salas de la sección de arte gótico. En 1986 el Ayuntamiento de Barcelona encarga a la arquitecta italiana Gae Aulenti, asociada con el arquitecto catalán Enric Steegmann, la remodelación del Palacio Nacional, edificio realizado para la Exposición Universal de 1929 con carácter efímero y ocupado por el Museo desde 1934. En noviembre de 1990 el Parlamento de Cataluña aprueba la "Ley de Museos", que define el Museo de Arte de Cataluña como Museo Nacional y reúne las colecciones situadas en el Palacio Nacional (del románico al barroco), las que integra el Museo de Arte Moderno (siglos XIX y XX), el Gabinete de Dibujos y Grabados, y el Gabinete Numismático. Asimismo se incorpora la Biblioteca de Museos. Comienza entonces un complejo proceso de remodelación estructural y arquitectónica, que todavía no ha terminado, para instalar de nuevo la totalidad de colecciones que definen al MNAC. Un consorcio firmado por el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña genera un órgano rector, el Patronato, en el que en breve se incorporará el Ministerio de Educación y Cultura, que participa ya en las obras de arquitectura y de instalación del Museo. En diciembre de 1995 se inauguró la nueva instalación de arte románico y, en julio de 1997, el arte gótico. La finalización de las obras conducirá a presentar las colecciones desde el arte románico hasta el arte en torno a 1950, según acuerdo tomado por la nueva Junta de Museos creada en la Ley de 1990. Antes hemos citado cómo se formaron las colecciones. En primer lugar, a partir de la preocupación por salvaguardar un patrimonio, que afectaba principalmente alas colecciones de arte medieval (románico y gótico). En segundo lugar, con una voluntad de contemporaneidad en lo que se refiere alas colecciones a partir de la segunda mitad del siglo XIX; en tercer lugar, por los procesos habituales de donaciones, legados, adquisiciones, etc. Si por el primer aspecto las colecciones están integradas por arte catalán, en cambio por los otros dos caminos se justifica, además del arte catalán, la internacionalidad de buena parte de la procedencia de los fondos del Museo. Haremos un breve recorrido por las colecciones que guarda el Museo, significando las obras que a nuestro juicio, siempre subjetivo, merecen una atención especial. Evidentemente, del período románico, lo que destaca y hace único al Museo a nivel internacional, es el conjunto de pintura mural. La pintura de los ábsides fundamentalmente, pero también de las naves de las iglesias y monasterios conservada en el museo a partir de la campaña de 1919-1923, pero con continuidad en la recuperación hasta los años sesenta dan al Museo esta unicidad en el panorama museístico europeo. De estos conjuntos murales destacamos los frescos de San Juan de Boí, fechables en torno a 1100; las pinturas de Pedret, Aneu y Burgal en torno a 1090 y hacia 1120, que representará el influjo de la pintura del Norte de Italia; y los conjuntos de San Clemente y Santa Maria de Taüll, comparables a las mejores pinturas francesas e italianas en cuanto a su nivel artístico. La pintura sobre tabla románica tiene una buena representación en obras en torno al 1200 donde la influencia bizantina se manifiesta con claridad al participar de las corrientes estéticas internacionales; las colecciones se extienden a lo largo del siglo XIII. Es notable la serie de piezas de orfebrería, la mayoría con esmaltes de manufactura de Limoges, que guarda el Museo. En su conjunto, el arte románico del Museo sobrepasa las 600 obras de pintura, escultura y artes del objeto. Más numerosa es la colección de arte gótico, en torno a las 1300 obras, también de todas las técnicas. Si bien la colección de arte románico es fundamentalmente de arte catalán, aunque con diversas obras pictóricas que proceden de otros reinos hispánicos, en el caso de las colecciones de arte gótico, éstas se internacionalizan. Así, está presente la pintura italiana, una rica colección de pintura flamenca y una serie de esculturas de procedencia diversa: París, Flandes, Northumbria, etc.; la mayoría, de temática mariana. Pero las obras más significativas pertenecen a los diversos reinos que integraban la Corona de Aragón. La colección de escultura en piedra o alabastro es importante, destacando los fragmentos de retablos policromados y las obras exentas, que abarcan desde la segunda mitad del siglo XIV hasta fines del siglo XV. En pintura puede seguirse la evolución desde el estilo lineal de influencia francesa, en el que destacan las pinturas murales que narran la conquista de Mallorca por Jaume I, procedentes del Palacio Aguilar de Barcelona, hasta la influencia italiana introducida por Ferrer Bassa cuando, después de su estancia en Italia entre 1325 y 1332, aporta a Cataluña el conocimiento directo de las obras de Giotto, de los Lorenzetti, que ha visto en Florencia y Siena. Este italianismo estará presente en el Museo en las obras de Arnau Bassa, del llamado Maestro de Baltimore, y que tendrá su difusión en el prolífico taller de los hermanos Serra, a cuyo círculo pertenecen el retablo de Santa Clara de Tortosa, el retablo de Sixena, etc. El estilo internacional, surgido de las cortes europeas, caracterizado por su refinamiento y búsqueda de las calidades, tiene sus máximos exponentes en el Museo en Joan Mates, Honorat Borrassá, Martorell -al que se dedica un espacio propio-, entre otros pintores, que representan las escuelas valenciana, aragonesa y catalana con una riqueza extraordinaria. La influencia flamenca llega con Lluís Dalmau, quien viaja a Flandes en 1431 por orden del monarca Alfonso el Magnánimo y conoce las obras de Van Eyck, Memling, etc., introduciendo la técnica de la pintura al óleo, el retrato y el paisaje en su obra maestra La Virgen de los Consejeros que guarda el Museo. La colección de obras de Jaume Huguet que conserva el MNAC procede de tres conjuntos retablísticos elaborados para iglesias de Barcelona: el retablo de San Miguel de la iglesia del Pi, el retablo de San Agustín de la capilla del Gremio de Blanquers de la iglesia de San Agustín Vell, y el retablo de San Vicente de Sarriá. Es famosa por el refinamiento y la alta calidad artística la tabla con San Jorge y la princesa. Dentro del marco de la influencia flamenca destacan las obras de los Vergós. Ya a fines del siglo XV cabe situar la obra del Maestro de La Seo de Urgell. La pintura flamenca de escuela valenciana tiene una alta representación en los dos retablos, de Santa Úrsula y de la Epifanía, de Jaume Reixac. Las artes del objeto, tanto civil como religioso, tienen su notable presencia en las colecciones del Museo, y una selección se ha instalado en las salas temáticas de la colección permanente de gótico. Hasta este momento, pues, la parte abierta del Museo hace del MNAC uno de los más notables museos europeos de arte medieval. Pero los fondos del Renacimiento y el Barroco que guarda el Museo, en torno a 800 obras de pintura y escultura y que serán expuestos a medida que el proyecto de remodelación avance, son también notables. Además de las colecciones de arte catalán que nos permite seguir la evolución a través del arte catalán con obras significativas de Aine Bru y Joan de Burgunya, y Antoni Viladomat y Francesc Pla, también la pintura española en general tiene su representación en obras de Pedro Berruguete, Francisco de Zurbarán, Velázquez, Ribera, Goya, Bayeu. La pintura europea del Renacimiento y el Barroco puede seguirse en las colecciones del MNAC; así la representación italiana es notable con obras de Vincenzo Frediani, Tintoretto, Sebastiano del Piombo, El Greco, Annibale Carracci, Andrea Vaccaro y Tiépolo. Es rica la colección de pintura del Norte de Europa de estos períodos, con obras de Quentin Metsys, Rubens, Willen Drost; y también una representación de la pintura francesa, con obras de Quentin de la Tour y Fragonard. Es, quizás, en el arte renacentista y barroco cuando las colecciones del Museo se hacen más internacionales. Recordemos que una parte de los fondos proceden del legado de la colección Cambó.
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Un magnífico edificio de estilo barroco mestizo del siglo XVIII acoge la colección del Museo Nacional de Arte de La Paz. En sus salas podemos apreciar una magnífica muestra de obras maestras del arte virreinal, entre cuyos artífices sobresalen Leonardo Flores, Melchor Pérez de Holguín y otros maestros de la escuela de La Paz. La colección se completa con ángeles y vírgenes andinas, esculturas, muebles coloniales y artistas contemporáneos con Arturo Borda y Cecilio Guzmán de Rojas a la cabeza. No sólo encontramos arte boliviano en las salas del museo que se completa con una selecta colección de arte latinoamericano.
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Originalmente residencia de la familia Errauriz Alvear, fue centro de vida social y posteriormente legado al estado argentino junto con su colección de arte para la creación de un museo. Contiene pinturas, esculturas y tapices junto con muebles de época y objetos de arte decorativo. Entre sus piezas más destacadas hay obras de El Greco, Manet, Sorolla y Rodin.
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Los fondos que posee este museo son pinturas, cerca de 400, y esculturas europeas coleccionadas y conseguidas por Matsukata Kojiro en Francia durante la última guerra. Al finalizar la campaña bélica todas las posesiones fueron declaradas por el Tratado de Paz como propiedades de Francia, aunque posteriormente fueron donadas por el Gobierno francés a Japón. El museo ha ido obteniendo nuevos fondos pictóricos propios como es el caso por ejemplo de Tintoretto, Rubens, El Greco, Hubert Robert, Ruysdael o Reynolds, así como una gama de trabajos de Picasso, Miró, Ernst y Pollock. Poseen además una colección de grabados que se va incrementando. Dentro de la colección de Matsukata hay autores franceses de principios del s. XIX como Delacroix, del que son expuestas dos obras; de Courbet hay un paisaje marino; una acuarela de Cézanne; sendas obras de Renoir y Pissarro; otra de Monet; una obra muy representativa de Gauguin... Como se ve, son obras de importante consideración en el arte francés. Por eso no es de extrañar que, además, tenga una representación de trabajos de Rodin, como son figuras o grupos en bronce o algunas de sus acuarelas. También posee obras de Maillol y Bourdelle. En cuanto a la valorización del museo en sí diremos que la calidad en general es buena, con una disposición de las obras decente que facilita la visita a los extranjeros al disponer de letreros en japonés y en inglés para los visitantes no orientales. El museo posee una política clara en cuanto a las exposiciones tanto de las permanentes como de dos grandes exposiciones temporales que realiza al año y que son mostradas junto con las otras. Una parte de los fondos de carácter "perenne" es renovado, cambiado y restaurado, dando a conocer todos los fondos que contiene.
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El Museo Nacional de Arte Romano, creado en 1.975, vino a sustituir al Museo Romano de Mérida, que se estableció por Real Orden de 26 de Marzo de 1.838. El 19 de Septiembre de 1986 se inaguraba la nueva sede del Museo, obra del arquitecto D.Rafael Moneo Vallés. El Museo es un exponente clave de la Romanización de Hispania, explicada a través de piezas singulares recuperadas en el yacimiento emeritense. Es un centro difusor de la cultura romana y en él se celebran coloquios, congresos, cursos, conferencias, exposiciones y demás actividades. Cuenta con una Biblioteca especializada con más de 10.000 volúmenes y 300 títulos de revistas. La Fundación de Estudios Romanos, creada para impulsar los estudios sobre la provincia romana de Lusitania en particular y la Hispania romana en general, radica en el Museo. Cuentan con la institución con el apoyo de la Asociación de Amigos del Museo, de la que forman parte más de 1.000 socios. Los precedentes del Museo Nacional de Arte Romano se remontan al siglo XVI (Etapa nobiliar), momento en el cual comienzan a conformarse una serie de colecciones arqueológicas que, andando el tiempo, pasarán a engrosar sus fondos. Para la organización de los fondos y la recuperación de aquéllos otros dispersos por la ciudad, se constituye en el siglo XIX la llamada Diputación o Junta Arqueológica, posteriormente Subcomisión de Monumentos que tendrá a su cargo, además, la tutela del conjunto monumental. La iglesia de Sta.Clara fue la primera sede estable de la colección. Debido a la constante aparición de vestigios arqueológicos el edificio vino a quedarse pequeño. Ya en 1933 se planteó contar con una nueva sede. En 1986 se inaguraba el Museo actual . Desde principios de siglo y hasta la fecha, distintas excavaciones arqueológicas han liberado un gran volumen de piezas, superando la colección del Museo las treinta y seis mil, todas ellas procedentes de Mérida y su comarca.