Es uno de los dibujos previos al lienzo Moisés hace manar agua de la roca, encargado por su mecenas Melchor Gillier hacia 1633, que el pintor no terminó hasta dos años más tarde. Como en todas sus obras, lo primero que hacía Poussin al recibir el encargo era documentarse a fondo sobre la cuestión, tanto en el aspecto textual como en el iconográfico. Luego, realizaba numerosos dibujos previos a partir de un pequeño escenario con figuras de cera, que iba modificando a voluntad, hasta dar con la idea definitiva, Por ello, se conservan multitud de dibujos previos de este tipo, no estudios parciales de gestos, anatomías o ropajes, como hacía el Domenichino, sino escenas completas, muy cercanas a la pintura y con escasas variantes respecto a ésta. Así, en este caso, dibujo y lienzo son casi idénticos, salvo por la adición en aquél de un pequeño grupo de personas en segundo término que permanecen ajenas a la acción principal.
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Este lienzo fue comisionado por Melchor Gillier entre 1633 y 1635. Al igual que en el lienzo del mismo título, conservado en el Ermitage, de 1649, Poussin recrea en esta obra un pasaje del Éxodo relativo a la vida de Moisés. Durante su paso por el desierto, ante la sed general, Dios envía, por medio de Moisés, el agua que salvará la vida de los israelitas. Curiosamente, esta tela presenta similitudes con el dibujo realizado como estudio previo de aquél, dado que la orientación de la escena es diferente en las dos obras.
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A su retorno de París, Poussin pintó dos Moisés niño pisa la corona del faraón, una de las cuales, esta que nos ocupa, fue realizada para su rico protector de Lyon, Jean Pointel. Pointel pudo encargarla durante su viaje a Roma en 1645, fecha casi segura. No procede del libro del Éxodo, que no recoge el suceso, sino de las "Antigüedades Judaicas" de Flavio Josefo. Como recogía en el Moisés salvado de las aguas, Moisés fue recogido del Nilo por la hija del faraón, quien le crió como a un egipcio. En la ocasión en que es presentado al monarca, éste, para satisfacer a su hija, pone la corona sobre la cabeza del niño. Sin embargo, Moisés la arroja al suelo y la pisotea. Este es el momento representado, en el que Thereupon se precipita sobre el niño con la daga desenvainada. Ante la petición de su hija, el faraón ordena envainar y salva a la criatura. Su tema es, en realidad, el tema de la gracia y el destino, muy difundido entre los artistas barrocos. Su colorido fuerte resalta la intensidad de una escena en que, fiel a su concepción de la unidad de lugar y tiempo, Poussin ha reunido varios instantes de la historia de forma simultánea.
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Este lienzo es parte del encargo del Cardenal Massimi, realizado hacia 1647, dentro del cual pintó su Moisés y Aarón delante del Faraón. El tema de Moisés niño, al igual que en la obra del mismo título de 1645, procede del historiador romano de origen judío Flavio Josefo. La disposición, similar a la de aquél, contrasta de manera poderosa los dos grupos: el de las mujeres, llenas de un afecto maternal hacia el niño, y los hombres, a la derecha, quienes, asombrados o enfurecidos, asisten a la ofensa que Moisés hace al faraón. La escena, de intenso colorido, está realizada sobre la base de diferentes tonalidades de naranja. Con todo, tanto este lienzo como su hermano padecen los efectos de la técnica preparatoria de Poussin, que ya hemos mencionado: primero aplicaba una capa de rojo, y sobre ésta una fina película de pintura negra, sobre la que realizaba la preparación en gris-verde. El afloramiento de la capa negra ha contribuido a proporcionar un tono oscuro a los lienzos, desvirtuando los colores.
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Cataluña es la que ofrece dentro de la Península Ibérica un mayor número de sarcófagos antiguos, que demuestran la existencia de relaciones directas y frecuentes con los talleres de Roma y con los de Francia. Entre ellos, se encuentran algunas piezas que tienen sus mejores paralelos en el Norte de África, pero éstos son, en cualquier caso, inferiores en número y calidad a los españoles, con lo que se plantea la duda de dónde puede localizarse el taller común. El sarcófago de Leocadio de Tarragona es obra de un taller que también dejó otras obras en Cartago, pero en él se contiene una excepción iconográfica muy significativa: el rollo de la ley que recibe Moisés de la mano divina está abierto en el extremo y sobre él se ha grabado un crismón, con el sentido de reunir en una misma transmisión la ley mosaica y la de Jesucristo.
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Dios llamó a Moisés al monte Sinaí donde procedió a darle las tablas del testimonio escritas por su propio dedo. Cuando Moisés bajó del monte encontró a los israelitas adorando un becerro de oro que habían construido durante su ausencia por lo que, encendido en cólera, rompió las Tablas de la Ley. Este es el momento elegido por Rembrandt para la ejecución de este soberbio lienzo. La figura del profeta se presenta inconmensurable, ocupando la mayor parte del espacio, levantando las dos tablas que contienen los Diez Mandamientos escritos en hebreo - ayudado posiblemente el artista por sus amigos judíos - para proceder a su destrucción. Su rostro transmite más bien resignación o pena que rabia.La iluminación dorada característica del maestro impacta sobre la figura, resbalando por su cuerpo para crear sugerentes contrastes lumínicos que acentúan el volumen. La pincelada en esta década de 1650 se ha hecho más suelta, siguiendo la "manera áspera" que le caracteriza en su últimos años. Las tonalidades continúan siendo oscuras, en sintonía con el naturalismo aprendido de su maestro Pieter Lastman.
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En 1647 recibía Poussin el encargo de parte de Pointel, a la sazón en París, de pintar un lienzo sobre el tema de Moisés salvado de las aguas. Para ello realizó Poussin varios ensayos y estudios de composición, uno de los cuales contemplamos ahora. Aunque representa la escena completa, se encuentra por desgracia mutilado en la parte superior, lo cual viene a notarse en la falta de aguada en dicha parte. El dios Nilo aparece ya en su postura definitiva, con la cornucopia en la mano izquierda.
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Este dibujo del Louvre presenta escasas variaciones respecto a la obra definitiva, Moisés salvado de las aguas, que Poussin pintó por encargo de Pointel en 1647, aunque en su vida realizara otras dos versiones. En él se aprecia con qué meticulosidad trabajaba en la búsqueda de una composición final que satisficiera su deseo de armonía y solidez geométrica, lo cual le llevaba a realizar numerosos dibujos a veces con mínimas variaciones.
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Fue realizada en 1638, pero se desconoce quién fue el solicitante. Sí sabemos que perteneció a André Le Nôtre, maestro jardinero del rey Luis XIV, a quien lo regaló. Vuelve en él Poussin a narrar un pasaje de la vida de Moisés, como realizó en Moisés niño pisa la corona del faraón, o en otros dos Moisés salvado de las aguas. El niño Moisés, para evitar las iras del faraón, quien había ordenado la muerte de los niños hebreos, es abandonado en las aguas del Nilo por Jocabed, su madre para evitar su muerte. La cestilla del niño es encontrada por las sirvientas de la hija del faraón, quien lo adopta y lo cría como egipcio. La escena recoge el momento en que Moisés es recatado de las aguas del Nilo, representado como dios fluvial. La princesa egipcia, que aparece apoyada en una sirvienta, adopta un gesto típicamente romano. Como producto de su evolución, apunta ya en esta obra la que será la tónica en cuanto al color en el decenio siguiente: el predominio de los grises y los tonos frescos. Por otra parte, cada vez concede un papel más importante al paisaje, de un sereno equilibrio. Esta voluntad monumental ha sido calificada de "anti-barroca". Es, como postura filosófica, una reflexión sobre el Destino y los designios de la Providencia divina.