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La estabilidad y tendencia a la democracia que caracterizan la historia política de los Inglaterra, Alemania y Francia -las grandes potencias de Europa occidental, durante este período- fueron también compartidas, en líneas generales, por los demás Estados de la zona. En Italia, la derecha -el antiguo partido de Cavour, cuya principal base social eran los grandes propietarios y las clases comerciales y profesionales del norte- fue sustituida en el poder por la izquierda -una coalición formada por el partido piamontés de centro izquierda y los republicanos que se habían integrado en la Monarquía, con un mayor arraigo social entre los notables terratenientes del sur, las clases medias y los artesanos urbanos-. El relevo tuvo lugar en 1876, a consecuencia de la derrota parlamentaria del gobierno en un proyecto relativo a la nacionalización de los ferrocarriles. La existencia de dos grupos bastante diferenciados por sus principios políticos, como hasta entonces, fue reemplazada por un sistema que se conoce como "trasformismo" -la transformación de los oponentes en partidarios- en el que la vida política estuvo caracterizada por la lucha entre grupos y facciones que perseguían intereses particulares. Agostino Depretis, hasta su muerte en 1887, fue la personalidad política más característica del período clásico del "trasformismo". En la última década del siglo, el protagonismo, tanto en la política interior como en la exterior, y de la expansión colonial en África, correspondió a Francesco Crispi, héroe del "Risorgimento", y una figura altamente controvertida en la historiografía italiana. En 1882 se llevó a cabo una reforma electoral que elevó el censo del 2,2 por 100 al 6.9 por 100 de la población. Frente a la legislación anterior -fue reconocía el derecho al voto a los varones mayores de veinticinco años, que supieran leer y escribir, y pagaran determinados impuestos directos-, la nueva ley extendió la franquicia electoral a todos los varones mayores de veintiún años, que supieran leer y escribir, suprimiendo prácticamente el requisito del pago de impuestos. La reforma dio una mayor influencia a la población urbana sobre la rural, y supuso un considerable aumento del número de electores del norte -con un mayor desarrollo de la educación elemental- respecto a los del sur. El primer efecto era favorable a los intereses de la izquierda, no así el segundo, que fue neutralizado manteniendo la vigente distribución territorial de la representación, favorable al sur, mediante la cual esta zona, más Sicilia y Cerdeña, proporcionaba unos 200 diputados sobre un total de 508. Durante los llamados "años negros de la depresión", entre 1888 y 1896, se sucedieron una serie de revueltas agrarias y urbanas -insurrecciones populares espontáneas derivadas de la crisis económica-, que habrían de culminar el "año terrible", 1898, con los tumultos agrarios de Toscana y el norte, y con una sublevación en Milán, en cuya represión murieron 90 personas. A la crisis económica y social se sumó, en 1896, la crisis política provocada por la derrota en Adua frente a los abisinios, y la consiguiente retirada de Crispi, crisis que habría de prolongarse hasta el comienzo de la "era giolittiana", a partir de 1901. El partido socialista, fundado en 1892, adquirió una progresiva importancia política -con 33 diputados en 1900- y una fuerte implantación social: "toda la cultura italiana de fines del siglo XIX -ha escrito Paul Guichonnet- se vincula de una u otra manera al socialismo que proporciona una alternativa ideológica a los valores patrióticos y humanitarios del "Risorgimento", debilitados por los compromisos y la corrupción de la clase política vinculada a la Monarquía". En España, la estabilidad fue precisamente el principal objetivo perseguido por el hombre fuerte de la Restauración, Antonio Cánovas del Castillo, quien pensaba que "cincuenta años de Monarquía constitucional, sin pronunciamientos, podrían hacer de nosotros (los españoles) un pueblo razonable". No era sólo la experiencia de los seis años que siguieron al destronamiento de Isabel II, en 1868, sino también la historia del reinado de esta última, lo que le llevó a idear un sistema que trataba de desplazar a los militares de la escena política haciendo de la Corona la fuente básica del poder. Conservadores y liberales se alternaron regularmente en el gobierno, al que eran llamados por el monarca, y en el que eran confirmados por elecciones invariablemente ganadas por el partido que las organizaba. Apenas había diferencia en la base social de ambos partidos, pero no así en su programa político. Frente a un partido conservador de carácter moderado, no reaccionario y que estableció la tolerancia religiosa, los liberales hicieron de los principios democráticos de 1869 su programa. La sustitución de la ley electoral conservadora de 1878, de carácter censitario, por la liberal de 1890, que restablecía el sufragio universal masculino, y que dio el derecho al voto al 24 por 100 de la población -la proporción más alta en Europa, después de Francia- significó la culminación de su política. Aunque artificial, el sistema se mostró lo suficientemente fuerte como para resistir la grave crisis nacional que siguió a la derrota frente a los Estados Unidos en 1898, y la consiguiente pérdida de los últimos restos del imperio colonial español. Para las fuerzas de oposición de distinto signo -carlistas, republicanos, anarquistas y socialistas- el "Desastre" llegó demasiado tarde o demasiado pronto; demasiado tarde para los tres primeros grupos, después de la derrota militar, el fracaso de las experiencias intentadas durante el sexenio democrático, la represión que sufrieron posteriormente, y su propia desunión; demasiado pronto para los socialistas, con escaso arraigo todavía en el país. La paz política reinó en Portugal desde el movimiento conocido como "A Regeneraçao", en 1851, hasta 1890, con la breve excepción de la crisis de 1870. El "rotativismo", la alternancia en el poder de dos partidos sin grandes diferencias entre ellos -el regenerador y el progresista- se basaba, como el "turnismo" en España, en elecciones hechas desde el gobierno. La legislación electoral portuguesa era, respecto a las condiciones fijadas para ser elector, una de las más avanzadas de Europa: según la ley de 1878, todos aquellos que supieran leer y escribir, o que demostraran ser cabezas de familia -en un sentido muy amplio- tenían derecho al voto; la población electoral, de acuerdo con estos criterios, era del 18-19 por 100 de la población total. Esta ley, sin embargo, mantuvo una distinción entre electores y elegibles que, en las últimas décadas del siglo XIX, era excepcional en Europa: para poder ser diputado era necesario disponer de unas rentas que sólo unos 100.000 varones -e1 2 por 100 de la población total- poseía. La estabilidad política fue gravemente alterada en 1890 a consecuencia de los efectos de una crisis económica y financiera y, sobre todo, del enfrentamiento colonial con Gran Bretaña, conocido como "crisis del ultimátum". En palabras de Oliveira Marques "este ultimátum causó una ola de indignación nacional contra Inglaterra y un amplio movimiento contra la Monarquía y el rey mismo, que fue acusado de no prestar la debida atención a los territorios de Ultramar, y de poner en peligro los intereses nacionales". Entre otras alteraciones del orden público, en enero de 1891, tuvo lugar la primera sublevación republicana en Oporto. A pesar de que, en 1893, se reanudó la alternancia de partidos hasta 1906, las cosas no volvieron a ser como antes. Los partidos monárquicos se dividieron y mostraron fuertes tendencias al autoritarismo. Una nueva reforma electoral, en 1895, suprimió los puestos electivos del Senado, redujo el censo electoral y alteró los límites de distritos para aumentar el peso del voto rural en relación con el urbano. En este contexto, la oposición republicana fue adquiriendo cada vez más fuerza. En Bélgica, católicos y liberales se alternaron pacíficamente en el poder. En 1892 fue elegida una Asamblea Constituyente para reformar el texto de 1831. La inicial resistencia de esta Asamblea a adoptar el sufragio universal, fue vencida parcialmente por la presión del partido socialista belga -fundado en 1885- que, en abril de 1893, utilizó por primera vez una huelga general como arma política y no revolucionaria. El sufragio censitario fue sustituido por una forma de sufragio plural, mediante el cual todos los varones mayores de veinticinco años tenían derecho al voto; además todos aquellos con determinada educación o riqueza obtuvieron votos suplementarios hasta un máximo de tres. Así los 510.000 belgas con voto plural sumaban 1.240.000 votos, por 850.000 que sólo disponían de un voto.
Personaje Político
Tras el asesinato de Alejandro I por su primo Lorenzo, Cosme II ocupaba el gobierno de Florencia al ser elegido por los ciudadanos. No pudo evitar la presencia de tropas españolas impuestas por el emperador Carlos V y defendió su poder por medio del terror, ya que la amenaza de la República -representada por los Strozzi- estuvo siempre presente durante su gobierno. Cosme intentó convertir Florencia en el centro comercial de la península italiana, por lo que no dudó en centralizar el poder político y económico. Gracias a la intervención francesa en Siena consiguió extender su dominio al conjunto de la Toscana, lo que le valió el título de gran duque de Toscana en 1569, de manos del propio Pío V. Su actividad cultural y artística es importante, al ser el responsable de la fundación de la Academia, la construcción de los Uffizi y la conversión del Palazzo Pitti en una auténtica pinacoteca, encargando a Vasari los frescos que decoran el Palazzo Vecchio.
Personaje Político
El sucesor de Lorenzo el Magnífico ocupó muy poco tiempo el poder ya que su política exterior no fue muy acertada, basada en el enfrentamiento con Francia -tradicional aliada de los florentinos- y en el apoyo a Nápoles. El rey francés Carlos VIII ocupó varias fortalezas dependientes de Florencia y los florentinos, excitados por la predicación de Savonarola y temerosos de la ocupación francesa de la ciudad, no dudaron en enviar al Médici al exilio. Pedro intentó recuperar su poder, pero su escasa fortuna y sus limitadas cualidades políticas hicieron que se convirtiera en una empresa imposible. El cardenal Juan, futuro León X, se hará cargo de la dirección familiar.
obra
La decoración del techo del Aula Magna de la nueva Universidad de Viena fue el encargo oficial más importante que tuvo Klimt. Fue un asunto prolongado en el tiempo ya que desde que se entablaron las primeras conversaciones hasta que se entregaron las pinturas pasaron quince años, durante los cuales el estilo del pintor sufrió una importante evolución.El boceto de Medicina que contemplamos presenta ya las líneas generales de la obra definitiva. Así en primer plano, podemos contemplar a Hygeia, la diosa griega de la salud e hija de Esculapio, vestida ya con una larga túnica pero no con el aspecto majestuoso del lienzo final -existe un estudio preparatorio de esta figura-. Sobre Hygeia se sitúan ya una serie de figuras entre las que se puede destacar a la Muerte y el Dolor, expresivos personajes que llaman poderosamente nuestra atención. La zona izquierda del conjunto se ocupa con una figura femenina desnuda, en una postura forzada al arquearse para mostrar su sexo al espectador, tendiendo su mano a uno de los hombres que forma parte del amasijo de cuerpos. Que duda cabe que con esta obra, Klimt no presenta la alegoría de la Medicina según el gusto oficial de la época, por lo que las críticas serán muy fuertes, tal y como se pone de manifiesto en la Filosofía, el primero de los paneles realizados. A la comisión de la Universidad no gustó la figura femenina desnuda representando a la humanidad doliente por lo que se aconsejó que se retocase para parecer "más decorosa, menos ofensiva y menos propicia a provocar chistes obscenos".
obra
Tras la polémica creada por la Filosofía y ratificado por la actitud firme del ministro de Cultura, barón Von Hartel, Klimt continuó en su trabajo y en marzo de 1901 expuso Medicina por primera vez, eligiendo la X muestra de la Secession como caja de resonancia. Nuevamente aparecieron voces a favor y en contra, solicitando el propio Fiscal del Estado el secuestro del número de "Ver Sacrum" en el que se publicaban algunos bocetos del cuadro en cuestión. La Audiencia Provincial desestimó la petición alegando que "su publicación en una revista dedicada al arte y leída por artistas y gente de la calle que se interesa por el arte y por los movimientos artísticos no puede clasificarse como impropia ni debe prohibirse". La polémica alcanzó su momento culminante cuando se llevó al Parlamento, provocando un agrio debate en el que se increpó al barón Von Hartel y se solicitó que no se comprara la pintura de Klimt, a lo que el ministro replicó que las obras ya eran propiedad del Estado. El propio Klimt hizo un comunicado y lo envió a un diario de Viena diciendo: "no tengo tiempo para enredarme en esta cuestión y no quiero pasarme los meses defendiéndola ante las masas. No me preocupa a cuántos gusta sino a quiénes gusta. Ya está bien, estoy harto".Siguiendo las líneas generales establecidas por Klimt en el boceto preparatorio, nos encontramos ante una obra donde se alude al tema del crecimiento, la madurez y la decadencia, temática que más tarde volverá a tratar el maestro austriaco en Las tres edades de la mujer. Siguiendo la perspectiva clásica del Renacimiento -de "soto in su"-, la composición esta presidida por Hygeia, la diosa de la salud y la hija de Esculapio, ataviada con una larga túnica y con una larga serpiente enroscada en su brazo derecho. Mira de frente al espectador "como si nos obligara a reconocer la visión existencial que aparece a sus espaldas" (Schorske). Tras ella observamos una serie de figuras flotando, bien enlazadas o por separado, moviéndose al azar, sin relacionarse con sus compañeras. En la zona de la izquierda observamos a un mujer desnuda, en una postura forzada al arquear su cuerpo para mostrar el sexo al espectador, extendiendo su brazo hacia el grupo al tiempo que un hombre de espaldas estira su brazo para sujetarla, pero entre los cuerpos no existe la menor comunión. Bajo los pies de la mujer se halla el cuerpo de un recién nacido envuelto en un pañal negro. El grupo de figuras está presidido por el Dolor y la Muerte, cubiertas con un sudario negro con adornos circulares, rodeadas de sensuales mujeres desnudas, ancianos, hombre y niños, destacando la mujer embarazada -antecedente directo de La esperanza- que se sitúa junto a la Muerte. Como bien dice Schorske "la humanidad está perdida en el espacio".Klimt recurre una vez más al sufrimiento humano para reseñar la separación entre la ciencia y la humanidad. Abandona la representación de la medicina, tal y como deseaban los que la ejercían, ya que uno de los críticos de "Medizinische Wochenschrift" se quejó de que el pintor ignoró las funciones principales del médico: la prevención y la cura. A través de la figura de Hygeia, proclama la "unidad entre la vida y la muerte, la interpenetración de vitalidad instintiva y disolución personal"(Schorske).Las fuertes críticas recibidas y la polémica creada alrededor del lienzo provocaron la reacción de Klimt al pintar el tercer cuadro de la serie: la Jurisprudencia.
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En 1922-1923 estudiaban esta carrera en España un total de 106 chicas, de las cuales 48 lo hacían en la Universidad Central de Madrid. En el curso académico 1924-25 eran ya 68, pero la cifra constituía sólo el 12,19% de la totalidad de la matrícula femenina en esta Universidad. Precisamente había sido Medicina la carrera cursada en el siglo XIX por las pioneras españolas. La primera universitaria (María Dolores Maseras) realizó estos estudios, y la primera doctora (Martina Castells) lo fue también en esa ciencia. Sin embargo, con el paso de los años, el número de mujeres interesadas en la Medicina fue decayendo. El motivo de este relativo abandono pudo estar en el estrecho margen profesional que le quedaba a la mujer médico: casi únicamente Ginecología, Obstetricia, Pediatría y Oftalmología. Otras especialidades como la Cirugía no parecían aptas para la sensibilidad femenina. Hubo en España, a pesar de todo, algunas mujeres médicas de relieve en los años 20. Nos encontramos, en primer lugar, con Concepción Aleixandre Ballester, doctora del Hospital de la Princesa en Madrid y activa profesional desde principios de siglo. Fue miembro de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en 1912 y ponente en 1913 de un trabajo sobre "La lactancia materna y la tuberculosis" en el segundo congreso internacional sobre este tema, celebrado en nuestro país. Trinidad Arroyo logró ser médico del cuerpo facultativo del Consultorio de Niños de Pecho, en Oftalmología. Cecilia García de la Cosa fue una de las primeras médicos por oposición de la Marina Mercante Española. Ya antes, entre 1923 y 1926 había sido nombrada alumna interna numeraria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla. Gráfico La otra mujer médico que ganó la misma oposición, en 1928, fue Elena Soriano Fisher. Maestra y Oftalmóloga, Soriano fue huérfana de madre desde la infancia y la educó su padre, el ginecólogo Soriano Surroca. Con él acudía a las visitas médicas y a los congresos. Fue la tercera mujer que estudió Medicina en la Universidad de Madrid y además realizó el doctorado. Se especializó en Oftalmología que era entonces una rama muy feminizada. Ejerció desde 1923 en el Instituto de Oftalmología de la Beneficencia. Fue además la primera mujer profesor clínico del Hospital de San Carlos en Madrid. Estuvo vinculada a organizaciones higiénicas y sociales, publicó numerosos artículos y denunció la situación discriminatoria que sufrían las mujeres médicos. Elena Soriano tuvo un papel muy activo en el movimiento universitario femenino internacional y en la vida pública española durante los años 20. En este sentido, organizó en España el XII Congreso de la International of Women University (13-25 de septiembre de 1928) Participó igualmente en política, formando parte del Partido Radical en un momento incierto de su vida, además de haber pertenecido antes a la Unión Patriótica de Primo. Fue también sufragista convencida y miembro del Lyceum Club, de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), e impulsora de la Asociación de Médicas Españolas, fundada en Madrid en 1928 con 15 mujeres y de la que fue secretaria. Podemos citar también a la doctora barcelonesa María Luisa Quadras Bordes, primera radióloga española, una especialidad que se sale de las habituales entre las mujeres licenciadas en Medicina por aquellos años. Por su parte, Marina García Escalera, también licenciada en Medicina, llegó a ser Inspectora Nacional de Sanidad y contribuyó decisivamente a la fundación de la Escuela Nacional de Puericultura. Ejerció como ginecóloga en la organización sanitaria pública. Había becaria de la Residencia de Señoritas en los años 20, durante sus estudios en la Universidad. Juana García Orcoyen fue la primera licenciada navarra en Medicina, carrera que estudió en los años 20 y que posteriormente ejerció junto a su marido, médico también, director del Sanatorio Marítimo de Malvarrosa (Valencia).
Personaje Político
Nacida en Florencia, Catalina María Rómola de Médicis se proclama reina de Francia al casar en 1533 con Enrique de Valois, rey de Francia con el nombre de Enrique II a la muerte de su padre, Francisco I, en 1547. Al morir su marido en 1559, ejerce la regencia por la enfermedad de su hijo, Francisco II. A la muerte de éste, nuevamente ejerce la regencia hasta la llegada de su tercer hijo, Enrique III, desde Polonia. Personaje poderoso e influyente, debe enfrentarse a una época repleta de dificultades debido a la turbulenta situación europea y a las guerras de religión. Catalina se muestra como la primera gobernante que acepta la libertad religiosa de sus súbditos, lo que le aporta el enfrentamiento tanto de protestantes como de católicos. Los primeros, con Isabel de Inglaterra a la cabeza, le acusan de persecución, mientras que los segundos, dirigidos por Felipe II, le acusan de tibieza y permisividad. En otro orden de cosas, hubo también que combatir por mantener su poder contra los Guisas (partido católico) y los Borbones (partido hugonote).
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Hemos hecho referencia en el apartado anterior a los médicos, en tanto que enseñantes de futuros profesionales y de su buena consideración social, entre otras razones porque su número debía ser escaso. Pero también porque la medicina era una ciencia que, si no consta que hubiese avanzado en la Antigüedad tardía, sí parece que había mantenido el legado cultural romano y era apreciada. Isidoro de Sevilla le dedica el libro IV de sus Etimologías y al final del mismo justifica que si no incluye este saber entre las llamadas artes liberales es porque: "Aquellos tratan de materias particulares, ésta (la medicina), en cambio, de todas. Pues un médico debe saber gramática, para poder comprender y exponer lo que lee. Asimismo diálectica, para, aplicando la inteligencia, averiguar las causas de las enfermedades ,y curarlas... geometría... música... astronomía... De aquí que se denomine a la medicina segunda filosofía. En efecto, pues ambas ciencias reclaman para sí al hombre entero. Pues así como por esta se cura el alma, por aquella el cuerpo". Es interesante ver cómo en ocasiones se hace mención de las medicinas aplicadas a los reyes en trance de muerte, lo que indica que en la corte se prestaba atención a la actividad de estos profesionales. Si bien, en casos concretos, como el de Sisebuto o Wamba, cabe sospechar que fue precisamente un abuso de medicamentos lo que les hizo perder el trono, por muerte el primero, por enfermedad gravísima, de la que finalmente se recuperó, el segundo. Pero es, sin duda, el texto de las Vitas sanctorum patrum Emeretensium, dentro de su tono propagandístico de elogio a la Mérida del siglo VI y a sus obispos y de su carácter hagiográfico, el que ofrece una preciosa información. Desde el ejercicio de diversos profesionales libres en la ciudad, hasta la operación que el obispo Paulo, de origen griego -tal vez un testimonio indirecto de la llegada de médicos desde Bizancio-, realizó a una mujer a la que se le había muerto en el útero el hijo que esperaba; aunque se negaba a ello por su condición de obispo, finalmente ante la impotencia declarada de los otros médicos y la insistencia del marido de la enferma y de los propios miembros de la iglesia emeritense, accedió a ello, salvándola. Por supuesto hay que añadir la noticia de la construcción del xenodochium ordenada por Masona, que tuvo una doble funcionalidad: la de asistencia médica propiamente dicha y la de acogida para viajeros y peregrinos. Pero no sólo lo mandó construir, sino que dispuso que estuviese perfectamente dotado de recursos humanos y físicos. El texto dice así (V 3, 18): "Después construyó un xinodocium y lo enriqueció con grandes patrimonios y habiéndole sido asignados servidores y médicos, ordenó que prestasen servicio a las necesidades de peregrinos y enfermos y dio orden de que todos los médicos, recorriendo ininterrumpidamente el ámbito de la ciudad, a cualquier enfermo que encontrasen, siervo o libre, cristiano o judío, cogiéndolo en brazos, lo trasladasen al xenodocium y que en lechos de paja preparados convenientemente, pusiesen allí al enfermo y le preparasen alimentos delicados y convenientes hasta que, con la ayuda de Dios, retornara la antigua salud al enfermo". De la misma ciudad de Mérida procede una inscripción relativa a un médico, cuyo nombre realmente desconocemos, aunque se ha conjeturado el de Recaredo, que murió, al parecer, a los veintinueve años de edad (ICERV 288): "(Reccare)dus medicus debito / (func)tus hoc in sepulcro quiscit / (se)curus. vixisse fertur fere/(ann(orum) vigin)ti novem". ("Recaredo (?) médico, muerto, descansa tranquilo en este sepulcro. Se dice que vivió casi veintinueve años). La medicina era una profesión libre que se ejercía fundamentalmente en las ciudades; probablemente los medios rurales estarían menos atendidos. Por otra parte, las informaciones que tenemos sobre la calidad de vida y las enfermedades, no ofrecen un panorama especialmente reconfortante.