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obra
Goya realizó este gran cartón aproximadamente entre enero y julio de 1779; su destino era, como sus compañeros la Feria de Madrid o el Cacharrero, el dormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo. De hecho, sustituyó a el Ciego de la guitarra en el lugar que éste tenía destinado, debido a los problemas de ejecución ya comentados en esa obra.Se trata de una escena de la vida cotidiana, aunque no sea una feria como los demás cartones. Las figuras vuelven a marcar ese gusto por lo popular tan de moda en la época. Entre las de primer plano destaca el fumador, mientras que es preciso observar la distorsión en las del fondo, por la lejanía. La composición está muy bien estructurada, jugando con diagonales que se chocan, como las pelotas del juego, en la enorme pared del frontón. A su lado, se nos muestra posiblemente la sierra del Guadarrama. El colorido pardo empleado hace recordar a Velázquez, con cuya obra Goya se estaba poniendo en contacto por estos años. Rembrandt, Velázquez y la Naturaleza serán los maestros de Goya, según sus propias palabras.
monumento
<p>Chichén Itza cuenta con trece Juegos de Pelota, pero hay uno que destaca por encima del resto por sus enormes dimensiones. De hecho, se trata del Juego de Pelota más grande de Mesoamérica; mide 166 m. de largo y 68 de ancho. En nahuatl se le llama teotachtli o "lugar de los dioses de juego de pelota". El nombre dado por los mayas al juego de pelota era Pok-Ta-Pok, en referencia a los sonidos que producía la pelota en sus rebotes con las paredes. En Chichén Itzá, el campo de juego era ceremonial, de ahí su tamaño gigantesco, y en él se realizaban actividades sagradas como pedir la aparición de la lluvia o los movimientos solares. El campo era de forma rectangular, delimitado en sus laterales por dos muros altos paralelos y, dentro de la cancha y a una altura de 7,50 m. de altura, se situaban los anillos por donde debía pasar la pelota. Los contendientes del juego variaban su número entre 6 y 8 y portaban un cinturón de caucho (material sagrado entre los mayas), el maxtle, para protegerse las caderas, antebrazos y rodillas, pues eran estas las partes del cuerpo con que debían introducir la pelota en el aro. El objetivo del juego era tener la pelota en movimiento permanentemente, mientras se marcaban puntos en contra del otro equipo. Se ganaba cuando la pelota era encestada en un aro de piedra o madera que existía a ambos lados del campo central y a una altura de 7,5 m. aproximadamente. El juego está asociado al culto del Sol, que debe renacer cada día abandonando las tinieblas; el campo de juego representaba la Tierra y la pelota el Sol, por lo que aquel jugador que deja caer la pelota debe ser sacrificado ya que le había impedido salir nuevamente. El aro representaba la apertura en la tierra que se le abría al Sol y cuando era traspasado exitosamente por la pelota finalizaba inmediatamente el juego. En el centro de los muros laterales hay unos bajorrelieves en piedra que reflejan a trece personajes de pie, realizando trece movimientos del Sol, desde el alba hasta el ocaso. En el centro hay personajes sin cabeza y de su cuello salen siete serpientes de cascabel, simbolizando el momento de mayor energía solar, es decir, a mediodía. La amplia superficie muraria que rodeaba el campo estaba adornada de bajorrelieves con escenas del juego y de sacrificios humanos de aquellos perdedores en él. Los espectadores de Chichén Itzá podían observar el juego gracias a dos tribunas situadas en los laterales; la norte es especialmente interesante ya que presenta una serie de bajorrelieves con el "espíritu de la Tierra" o acto de creación de árboles, animales y flores. Adosado al muro externo se construyó el templo de los Jaguares, con magníficos bajorrelieves, que por uno de sus lados se abre directamente a la plaza del Castillo, mientras la parte superior da al terreno de juego. En su parte baja poseía una cámara decorada con relieves en la que se exponía un trono de piedra en forma de jaguar. La sala superior se utilizaba como habitación ritual durante el juego.</p>
monumento
Está situado junto a la Acrópolis y la Gran Plaza. Se trata del Juego de Pelota (tlachtli) más elegante y de mayor tamaño del periodo Clásico, 28,41 m. de largo y 7 de ancho, superado posteriormente por la cancha del de Chichén Itzá. El juego de pelota de Copán pasó por tres estadios sucesivos en su construcción. El terreno de juego estaba enlosado y presentaba una inusual forma en I, cerrado en el lado norte por una amplia grada, encima de la cual se alzaba una estela. A izquierda y derecha del campo, los dos planos inclinados se hallan coronados por cuerpos largos y bajos, subdivididos en estancias de pequeñas dimensiones que constituyen un elemento anómalo en el contexto arquitectónico de los edificios dedicados al juego. El de la izquierda mira hacia el norte y es accesible por tres escaleras repartidas en tres lados. Esta cancha es privilegiada por su posición y porque conserva seis marcadores con la forma de una cabeza de guacamayo. El juego de pelota era mucho más complejo que un simple divertimento. En él se juntaban aspectos deportivos, astrológicos, místicos y simbólicos. El significado religioso del juego estaba en general unido al concepto de lucha entre los diversos astros del Universo y era un ritual donde se desarrollaban las tradiciones propias de los mayas. La figura del capitán de cada equipo era muy importante, pues era él el sacrificado en caso de salir derrotado y premiado en caso de vencer.
obra
En el sudeste del área maya, Copán y Quiriguá definen el denominado estilo del Motagua. Seguramente alentada por su relación con Tikal en el siglo V, Copán levantó sus edificios con tracita verde, construyendo su núcleo en torno a una inmensa acrópolis. La Estructura XVIII, el juego de pelota y la Escalinata Jeroglífica, que contiene la inscripción en piedra más larga en todo el territorio maya en la que se narra la historia dinástica de la ciudad durante el Clásico Tardío, son los edificios más importantes de Copán.
obra
En la España de los Austrias, un comprador podía negarse a pagar un producto cuya cantidad estuviera calculada con pesas que no hubiesen sido contrastadas. De ahí la importancia del juego de pesas de bronce que presentamos: su valor total es de 32 libras, unidad de peso establecida por los Reyes Católicos que permaneció invariable en Castilla hasta la adopción del sistema decimal en el siglo XIX. Unas pesas se alojan dentro de las otras, de forma que la más grande no alcanza su peso absoluto sin contener a las más pequeñas. Las fracciones son de 16, 8, 1 y media libra. Los sellos que las adornan se corresponden con la marca del platero toledano Pedro Vegil de Quiñones, que fue marcador mayor de Castilla; por tanto, estas pesas fueron contrastadas por este perito oficial utilizando un patrón custodiado en algún edificio de la Corona, procedimiento por el que se garantizaba que las medidas de peso expresadas por tales ejemplares eran correctas.
obra
De la miniatura persa, un apartado destacable es el que se desarrolló bajo la égida de los timuríes. Fueron dos los centros principales de este producción artística: Siraz, próxima a la costa del golfo Pérsico y Herat, donde un nieto de Tamerlán creó hacia 1420 una escuela de miniaturistas a la que pertenece esta ilustración. En ambas es notoria la influencia del paisajismo chino.