Entre los militares más prestigiosos del reinado de los Reyes Católicos destaca don Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán. Miembro de la casa de Aguilar, entró con doce años al servicio del príncipe don Alfonso. Tras el fallecimiento del príncipe, don Gonzalo es llamado por la reina Isabel para incorporarse a su servicio. Casado con su prima Isabel de Montemayor, pronto quedará viudo y sin descendencia, dedicándose al oficio militar desde ese momento. Concretamente fueron las guerras de Granada donde se produjo su incorporación en el ejército, destacando en la toma de Illara y en el sitio de Tájara. Gracias a su amistad con Boabdil el Chico, los Reyes Católicos le encargaron las negociaciones que finalizaron con la toma de Granada el 2 de enero de 1492. El señorío de Orvija, determinadas rentas sobre la seda y la encomienda de la orden de Santiago fueron las recompensas obtenidas por los excelentes servicios prestados a la Corona. Italia sería el nuevo frente abierto tras Granada. La invasión francesa de Nápoles motivó la participación española en el conflicto en ayuda del rey napolitano, siendo don Gonzalo el militar elegido para encabezar los ejércitos. Tras dos años de lucha, Córdoba consigue una exitosa victoria, obteniendo el merecido sobrenombre de Gran Capitán así como el título de duque de Santángelo. La firma del Tratado de Granada en 1500 ponía aparentemente fin a las disputas entre España y Francia por el territorio napolitano. Ambos países se repartían el reino meridional italiano: la zona norte correspondía a los franceses mientras la sur a los españoles. Pronto se rompió el inestable equilibrio al conquistar Francia algunas plazas. El fantasma de la guerra se cernía sobre Nápoles de nuevo y don Gonzalo era enviado al frente de batalla Tras resistir algunos sitios en diferentes plazas, las tropas españolas conseguían vencer a los soldados franceses en dos míticas batallas: Ceriñola y Garellano, falleciendo en la primera de ellas el jefe de los ejércitos galos, el duque de Nemours. Nápoles quedaba definitivamente bajo influencia española gracias a la hábil estrategia de don Gonzalo quien acabó con la medieval guerra de choque al dotar de mayor responsabilidad a la infantería y emplear la táctica de defensa-ataque. Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, don Fernando y Gonzalo inician un distanciamiento que provocó la retirada de Córdoba del gobierno napolitano. Posiblemente los ligeros deseos independentistas del territorio que podían ser encabezados por el Gran Capitán llevaron al rey católico a tomar la decisión. Don Gonzalo regresó a España donde falleció en 1515, a pesar de intentar obtener en numerosas ocasiones el necesario permiso real para trasladarse al lugar donde consiguió todos sus triunfos.
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Este inmenso territorio del oeste de los Estados Unidos se caracteriza ambientalmente por disponer de un drenaje interno y por la aridez que se origina ante la escasez del régimen de lluvias. El resultado de esta situación ecológica es una dedicación orientada a la recolección y a la caza. Es precisamente en este área donde se identificó por primera vez la Tradición Cultural del Desierto, iniciada con el periodo Arcaico (7.500 a.C.), que resultó de un claro éxito adaptativo, a juzgar por su pervivencia en el tiempo y por su expansión hasta territorios de América Central. Con la retirada de los hielos, la región se hizo árida y seca, por lo que sus habitantes se especializaron en la recolección de semillas, raíces, bayas y frutos silvestres, y también en la caza de venados, conejos y una rica variedad de roedores. El instrumental utilizado por estas comunidades seminómadas fue escaso, y se fundamentó en puntas de dardo, piedras y manos de moler y en una amplia variedad de trabajos de cestería, muy adaptados a la movilidad estacional a que obligaba su sistema de subsistencia. Esta evolución, caracterizada por su continuidad, sólo se vio alterada por la intrusión Fremont, originada por la presencia de agricultores Anasazi que se establecieron en torno al lago Salado en el Estado de Utah.
obra
Es uno de los mayores exvotos del importante santuario albaceteño. Representa a una dama oferente, ataviada según la moda de las damas distinguidas de la sociedad ibérica, que sujeta en las manos el vaso de ofrenda. La Gran Dama ofrece una composición cerrada, de un emotivo hieratismo, que se concentra en el gesto de sujetar en las manos el vaso de ofrenda; pero las carencias del escultor se ponen de relieve si, al contemplarla por los lados, se acusa la colocación imposible de los pies. La espalda apenas trabajada, la escasa correlación entre los planos laterales y el frontal, demuestran una concepción de la estatua como yuxtaposición de relieves, más que como auténtica figura de bulto redondo
obra
A finales de los años sesenta y principios de los setenta Tàpies se interesa por el mundo de los objetos cotidianos como fuente de inspiración artística. Existe en su obra una predilección por la utilización de las materias más humildes, relacionadas por lo general con las empleadas por el Arte povera. En los años ochenta los especialistas perciben en su producción una vuelta a lo "pictórico". En sus cuadros la materia se hace más fluida, se utilizan las transparencias y el colorido es más luminoso. La actividad de Tàpies es incesante en todos los campos de la creación artística: pintura, escultura, obra gráfica, escritura o escenografía.
obra
Alberto Durero tenía una extraordinaria capacidad para sorprender a sus contemporáneos con el tipo de imágenes que creaba, y que aún hoy día nos asombran por la extraña combinación de elementos que podía llegar a aunar. Esta figura femenina se conoce como representación de la diosa Fortuna, llamada Gran Fortuna por el tamaño inusual de la plancha de metal donde se hizo el grabado. Pero también se la conoce como Némesis, diosa de la venganza.Durero se remite en cualquier caso a una mitología completamente italiana, dotada con los elementos y atributos que describe el romano Vitruvio. Sin embargo, su estética es predominantemente alemana, nórdica, lejos de los planteamientos renacentistas que Durero trataba de asimilar. La figura femenina está de riguroso perfil, pero renuncia al canon de belleza clasicista en pro de un canon típicamente alemán, más realista y de diferente proporción. La diosa está colocada de manera absurda sobre una esfera que sería incapaz de sostenerla ni servirle de apoyo. Sin embargo, la mujer representa un modelo de estabilidad e inmovilismo, flotando de manera sobrenatural por encima de una pequeña ciudad alpina, que se cree es Chiusa (Durero la visitó en su viaje a Venecia).La inestabilidad de la posición de la diosa se compensa con los ropajes flotando y las enormes alas, en las que podemos encontrar los estudios que Durero realizaba del natural, como es el caso del Ala de Ave que pintó en 1512.