A finales de octubre de 1881 Renoir emprende un viaje con destino a Italia, visitando Venecia, Florencia, Roma y Nápoles. En la Ciudad de los Canales realizará varias vistas del Gran Canal, con las típicas góndolas en sus paradas. El estilo empleado por el maestro es absolutamente impresionista, interesándose por captar efectos de luz en un momento determinado del día, en esta ocasión el atardecer que provoca efectos anaranjados en las fachadas de los edificios, desdibujando los contornos. Las sombras son coloreadas, especialmente malvas, como observamos en el agua del canal o en los mismos edificios. El maestro emplea una pincelada rápida y empastada, aplicando el color a base de pequeños toques, como si de comas se tratara, formando una especie de puzzle. Los efectos lumínicos, atmosféricos y cromáticos predominan sobre las formas y los volúmenes, lo que motivará la cercana crisis entre los impresionistas. La Plaza de san Marcos es otra de las obras pintadas en este momento.
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Personaje
Arquitecto
Su maestrofue Blondel. Durante su estancia en la Academia francesa de Roma, estableció un estrecho vínculo con Piranesi. Completado su periodo de formación, regresa a Francia y se instala en París para trabajar al servicio del rey. Su proyecto más célebre fue la Escuela de cirugía, actualmente constituida como facultad de Medicina. En esta construcción introduce un aula magna con diseño semicircular. Este esquema sería copiado en numerosas ocasiones. Tras la revolución, Napoleón le pidió que restaurase la plaza de Vendôme. En este proyecto también colaboró con Lepère. Fue entonces cuando sustituyeron las estatua de Luis XV por una columna de bronce.
acepcion
Recipiente de bronce con forma de jarra, cuya tapa se solía rematar con la cabeza de un animal. Comenzó a emplearse en tiempos de la dinastía china Shang y servía para guardar el vino. En el Tíbet su uso estaba relacionado con los rituales para ahuyentar a los malos espíritus.
Personaje
Pintor
Su primera producción pictórica data de los años finales correspondientes a la dinastía Ming. Sin embargo, la obra de este artista se identifica con la dinastía Qing, y está considerado uno de los Ocho Maestros de Jinling. Entre sus creaciones se distingue una primera fase en la que se inspira en los paisajes de Nanjing, de acuerdo con las pautas dictadas por la Escuela Wu. En estas creaciones, concretamente en el tratamiento de la luz, queda constancia de la influencia que ejercen sobre él los grabadores europeos. Gong Xian atraviesa por una segunda etapa en la que entra a formar parte del círculo de los Ocho Maestros de Jinling. De todos ellos, fue el único que se limitó al empleo de tinta de un sólo color, que aplicaba en sucesivas capas hasta conseguir paisajes monumentales.
Personaje
Literato
Nacido en Córdoba en 1561 en el seno de una ilustre familia, es hijo de Francisco de Argote, jurista, y de Leonor de Góngora, rica propietaria de posible ascendencia judía. Cursó estudios en Salamanca y tomó los hábitos durante su juventud. Tras viajar por España, se establece en la corte madrileña de Felipe III, donde desempeñará el cargo de capellán del rey. Dedicado a la literatura, su estilo es cultivado y eminentemente culto y erudito, evolucionado a partir de Garcilaso de la Vega. La belleza es el gran tema de su obra, y su descripción y búsqueda se plasman formalmente mediante complejos recursos literarios y una rebuscada semántica conceptual, que dan lugar a la crítica a calificar su estilo de "culterano", vocablo en origen despectivo. Sus propios contemporáneos Lope de Vega y Quevedo mostraban su desprecio hacia este autor. Entre sus obras destacan la "Fábula de Polifemo y Galatea" (1612), las "Soledades" (1613) y sus sonetos y poemas endecasílabos. Es autor también de numerosos romances populares, canciones y letrillas, de carácter y forma más sencilla y menos ampulosa y en tono festivo, si bien no pierden nunca la elegancia compositiva. Otras obras suyas son el "Panegírico al duque de Lerma", "Fábula de Príamo y Tisbe" y dos dramas: "Las finezas de Isabela" y "El doctor Carlino". El menosprecio de Quevedo y Lope no evitó, sin embargo, que se vieran influidos por su obra, así como también Calderón y una multitud de autores de siglos posteriores, en especial la generación del 27. Luis de Góngora se traslada a Córdoba al final de su vida agobiado por unas deudas que no su obra literaria y su condición de capellán real no pudieron evitar, falleciendo en 1626.