El retablo del altar mayor de la Iglesia de Santa Eulalia en Paredes de Navas, realizado por Pedro Berruguete, representa escenas de la vida de la Virgen y en la predela aparecen los magníficos retratos de los profetas David, Salomón, Esdrás, Josías y Ezequías. Todos ellos están de medio cuerpo y sobre un fondo dorado y muestran una estrecha relación con los Retratos de hombres ilustres pintados para Federico de Montefeltro.
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El futuro rey Ezequías juega con las barbas de su padre, Acaz, mientras la madre descansa en primer plano sin apartar la mirada vigilante del pequeño. El contraste entre las actitudes de los progenitores del príncipe resulta significativa, apreciándose un valor simbólico en ambos gestos. La figura de la madre ocupa las dos terceras partes del espacio, adaptándose al marco arquitectónico fingido donde está pintada, al igual que hacían los escultores clásicos en los frontones de los templos. Su anatomía es correcta, reforzada por las ceñidas telas de sus vestidos, interesado el pintor en destacar el pecho en relación con el amamantamiento del príncipe. Los colores brillantes son aplicados con maestría, destacando que Miguel Ángel sólo dedicó dos jornadas a esta escena mientras que en una tercera jornada ejecutó los desnudos broncíneos que apreciamos sobre el triángulo, resaltando la simetría del conjunto. Osías y sus padres es el triángulo que acompaña a esta escena, ubicándose en el centro la Expulsión del Paraíso.
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Situado entre Josías-Jechonías-Salathiel y Asa-Josaphat-Ioram, este luneto es uno de los más atractivos de la serie que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina. Se considera que el anciano que aparece en la zona derecha sería Manasses arrepentido, el hijo mayor de José y Asenat. En la izquierda contemplamos a una mujer acunando a un niño mientras otro duerme a sus pies en una cuna balancín, movida por la madre que parece cantar a sus hijos una nana. Se tratan de Meschuler y el pequeño Amón, pésimo rey después. Los escorzos de los dos pequeños y el gesto de intimidad que consigue Buonarroti confiere una sublime categoría a la escena, reforzada por la sensacional actitud del anciano arrepentido que agacha la cabeza. Las figuras están dotadas de una perfecta volumetría que rompe con la planitud de la pared, proyectando el maestro sombras con las que obtiene una mayor perspectiva, al igual que la proyección de algunos miembros y telas hacia el espectador. Los brillantes colores, perdidos por el humo de las velas hasta la reciente limpieza, nos han abierto un nuevo modo de comprender el arte de Miguel Ángel.
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Miguel Ángel se encontró con un enorme espacio a cubrir con sus pinturas. Las escenas no podían ocupar por sí mismas el techo sin quedar sueltas, sin coherencia, por lo que el artista decidió pintar el techo con una falsa estructura arquitectónica, entre cuyos elementos colocó ignudi (hombres fuertes desnudos), putti (angelitos y amorcillos), efebos (adolescentes), profetas y sibilas, fingiendo ser reales, es decir, vistos en escorzo como si estuvieran realmente apoyados en aquellas estructuras fingidas. En el centro, y a modo de cuadros rectangulares pegados al techo, las escenas del Antiguo Testamento y el Génesis. A un lado de la bóveda están los principales profetas del Antiguo Testamento. Ezequiel se aproxima a la llegada de Dios y ha abandonado sus textos para escuchar a los ángeles niños que le susurran la venida del Mesías y la proximidad del Juicio Final. Podemos comparar el efecto que este hecho tiene sobre otros profetas si lo comparamos con Zacarías.
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Ezequiel es el compañero de Miqueas en la serie de profetas y patriarcas que pintó Ribera para la Cartuja de San Martín entre los años 1638-1643. Ezequiel es uno de los grandes profetas de la Biblia. Era miembro de una familia sacerdotal, siendo deportado a Babilonia junto al rey Joaquín. Comenzó su ministerio profético con 30 años, cuando tuvo la famosa visión de la teofanía divina, siendo el guía moral de los deportados durante unos 22 años. Falleció en el destierro, asesinado por un príncipe de Judá al que acusó de idolatría. El centro de su libro es la caída de Jerusalén, exhortando a los judíos al arrepentimiento y a poner su confianza en Dios y no en otros pueblos. Tras la toma de la ciudad, sus promesas se dirigen a consolar a los deportados. El profeta se muestra sentado, en actitud de leer sus escritos que aparecen en un rollo que reposa sobre los libros. Ezequiel centra toda su atención en su actividad, realizando Ribera un perfecto estudio del gesto concentrado del personaje, dentro del más puro estilo naturalista. Viste un manto verdoso que no permite casi contemplar su túnica anaranjada. El empleo de efectos lumínicos que acentúan el contraste entre luces y sombras y refuerzan la volumetría de la figura recuerda al tenebrismo de los primeros trabajos de Ribera. La pincelada es rápida y empastada, como se observa en la forma de aplicar el color en los cabellos o las luces en la frente del profeta, cuyo gesto hastiado impresiona al espectador.
Personaje
Religioso
Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén la mayoría de los hombres influyentes acompañaron a Sedecías en el exilio a Babilonia. Entre ellos estaba el sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, quien sintió la llamada de Yahvé hacia 593 a.C. Una de las primeras profecías a la que hizo referencia aludía a la destrucción de Jerusalén como castigo divino, lo que no tardó en llegar. Desde ese momento, Ezequiel se dedicó a preparar la restauración espiritual y material de la nación israelí, iniciándose la época de triunfo de la influencia sacerdotal. En esta etapa de cautividad en Babilonia se producirá entre los israelíes un profundo fortalecimiento interior que permitirá resurgir de sus cenizas a este pueblo.
lugar
En la Sierra de Alaiz, en la Ruta que conduce a Compostela, se encuentra el hoy abandonado pueblo de Ezperun, un antiguo señorío de origen medieval que aparece por primera vez documentado en el siglo XI, existiendo continuas referencias -censos, diezmos, compraventas, comptos reales- hasta el siglo XIV. Posteriormente pasaría a depender de la familia de los Donamaría-Cruzat, quienes, en el siglo XVI y hasta el XIX, se convirtieron en los señores de la zona. Los Donamaría tenían el privilegio de elegir el abad de la zona, uno más de sus numerosos derechos señoriales. El palacio señorial está muy deteriorado, manteniéndose en algo mejor estado la iglesia de la Purísima Concepción. Una de las actividades más practicadas en la zona en las últimas décadas ha sido la explotación de las canteras, lo que ha provocado alguna ruina al patrimonio monumental.
fuente
El famoso Lockheed F-117 Nighthawk es un avión con la propiedad de ser invisible al radar gracias a su pintura especial que absorbe sus ondas. Normalmente va armado con dos bombas LGB guiadas por láser, además de bombas convencionales. En los últimos años ha sido utilizado en la Guerra del Golfo y en las operaciones llevadas a cabo en Kosovo por la OTAN.
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El F-14 Tomcat es un caza supersónico impulsado por dos motores y diseñado para atacar aviones enemigos. Su nombre procede de la unión entre el apelativo inicial dado por Grumman a este proyecto (CAT) y el nombre del almirante Tom Connolly, quien apadrinó el proyecto. Su desarrollo se llevó a cabo en 1967, volando por primera vez tres años después. Han participado en diferentes batallas desde su creación, como la Operación Fuerza Deliberada en Bosnia, a finales de 1995. Su radar Hughes AWG-9 puede vigilar 24 escenarios al mismo tiempo, eligiendo blancos del tamaño de un bombardero a 315 Km.
fuente
El F-15 es un eficaz cazabombardero estadounidense diseñado para enfrentarse a objetivos terrestres. Su maniobrabilidad y variedad de armamento lo convierten en uno de los mejores aviones para bombardeos tras las líneas enemigas. Su bautismo de fuego se produjo durante la Operación Tormenta del Desierto en Irak.