Fotografía cedida por la Sociedade Anónima de Xestión do Plan Xacobeo
Busqueda de contenidos
obra
La magia de los paisajes de Lorena explicaría la fama que alcanzó en toda Europa durante el Barroco. Felipe IV confiaría en él para que realizara una serie de obras que decorarían la Galería de Paisajes del madrileño Palacio del Buen Retiro. El impresionante puerto de Ostia, con sus bellas construcciones y los primeros rayos de la luz del sol despuntando sobre el horizonte, atraen más la atención del espectador que el tema principal del cuadro, el embarco de Santa Paula para encontrarse con San Jerónimo en Tierra Santa. Las figuras se sitúan en primer plano, perfectamente iluminadas, formando una escena de elevada solemnidad. Pero será el efecto lumínico lo que más nos atraiga, con esa luz excelentemente estudiada, que provoca magníficos destellos en el agua. La calidad del dibujo es altísima, igual que el variado colorido. Con estas obras, es lógico que Lorena provocara la admiración en todas las cortes europeas y especialmente en la madrileña, donde el interés por la pintura rayaba la obsesión. De ahí el mecenazgo de Felipe IV hacia Velázquez o hacia Rubens. Las escenas pintadas por Lorena serían grabadas por él mismo para formar el Liber Veritatis, una manera de protegerse de futuras falsificaciones ante la importante demanda que estaban consiguiendo sus obras.
obra
Como director de las pinturas de cartones de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, Maella debía realizar bocetos que serían ampliados por otros artistas. Sabemos que diseñó 10 borrones con temas marineros para la pieza de damas del cuarto de la Princesa en el Palacio de El Pardo, realizando los cartones Zacarías González Velázquez. Esta bella estampa que contemplamos podría formar parte de este encargo al igual que Pescadores y venta de pescado. El mundo de majas y majos que puebla los cartones de Goya ha sido sustituido por una imagen más romántica y ensoñadora protagonizada por una dama de la alta nobleza que embarca en un pequeño bote que contemplamos al fondo. El castillo de la derecha acentúa la alcurnia del personaje, así como el importante número de sirvientes. Las figuras están sabiamente construidas, disponiéndose en el espacio con maestría para crear efectos de profundidad, interesándose también por el ambiente. Las iluminaciones y los colores son muy característicos de Maella destacando el toque rápido de pincel sin llegar a emborronar el lienzo.
obra
Esta obra de Watteau, emblemática del rococó francés y de cuya modernidad y complejidad iconográfica tanto se ha escrito, se convirtió en objeto de las más duras críticas por parte de intelectuales y artistas de los años centrales del siglo XVIII. Esa actitud, recuérdense los escritos antirrococós de un Diderot, ha sido entendida habitualmente como la antesala del academicismo, una especie de corte en el programa de la modernidad. Sin embargo, se reproduce en este contexto para señalar que se trata de dos vías distintas a la modernidad.
obra
El modenés Antonio Joli, especializado en vistas panorámicas de Madrid y de Aranjuez, fue el vedutista español más importante a pesar de su breve estancia en la corte. Le sucedió en el cultivo del mismo género Francesco Bartaglioli. En esta escena se representa el embarco en Nápoles del rey Carlos III, con destino a España, realizado el 6 de octubre de 1759, tal y como se muestra la vela de una lancha, en la zona de la derecha. El pintor nos muestra una vista de la escuadra dirigida por el marqués de la Victoria, apreciándose al fondo el puerto de Nápoles. La influencia de Canaletto se pone de manifiesto en la composición, de amplia perspectiva -no en balde, Joli llegó a España para sustituir a Giacomo Pavía en las tareas de pintor de perspectiva y ornamentación en el Teatro del Buen Retiro.