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A su llegada a Roma en 1570 El Greco inició un intenso contacto con el círculo del cardenal Alejandro Farnesio gracias a su estrecha relación con Giulio Clovio. Desconocemos cuáles fueron las razones argumentadas por Doménikos para abandonar Venecia, quizá el deseo de continuar su formación o la necesidad de iniciarse como artista independiente. En la Ciudad Eterna estableció una paradójica relación con la pintura de Miguel Ángel ya que realizó algunos dibujos de la Capilla Sixtina, como éste que contemplamos, e introdujo sus figuras en numerosas composiciones, dejando ver la importancia del pintor florentino en su formación. Sin embargo, parece que el concepto que tenía El Greco de la pintura miguelangelesca no era del todo favorable según nos indican las fuentes contemporáneas. Giulio Mancini nos dejó una biografía donde afirma que despreció las pinturas del Juicio Final, considerándose lo suficientemente bueno para realizar una obra de calidad superior a la original; este comentario provocaría, según Mancini, su marcha a España. Pacheco, el suegro de Velázquez, que coincidió con Doménikos en Toledo durante el año 1611, se sintió admirado al "oírle hablar con tan poco aprecio de Miguel Ángel (...) diciendo que era un buen hombre y que no supo pintar". Formado en Venecia, la patria de la luz y el color, El Greco consideró que el estilo dibujista de Miguel Ángel sería interesante en algunos momentos pero que el verdadero valor de la pintura residía en conceptos cromáticos y lumínicos. Para afianzarse en el dominio de la anatomía humana, Doménikos eligió esta sensacional figura de El Día donde exhibe su admiración por el volumen y la fuerza de las figuras monumentales y escultóricas de Buonarroti.
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El plan general de invasión de Montgomery preveía asaltar las playas situadas entre los ríos Orne y Vire y ocupar una franja de terreno que incluyera, en una segunda fase, el puerto de Cherburgo y el nudo de carreteras de Caen. El I Ejército norteamericano, a cargo de Bradley, desembarcaría al oeste en las playas que habían recibido el nombre de Utah y Omaha, operaciones dirigidas por Collins y Gerow, respectivamente. El II Ejército británico, mandado por Dempsey, desembarcaría al este, en la playa denominada Gold, operación dirigida por Bucknall. Al mismo tiempo, las dos playas restantes, Juno y Sword, serían asaltadas por los hombres de Crocker. En total, las 5 divisiones de desembarco integraban unos 50.000 hombres. La costa, defendida por cinco grandes grupos de baterías alemanas, se hallaba escasamente guarnecida por 4 divisiones de infantería, una Panzer y varios regimientos, todos ellos a las órdenes del 7? Ejército de Dollman y el 15 de Salmuth. Fijado el 5 de junio como inicio del desembarco aliado, finalmente el mal tiempo obligó a retrasarlo para el día siguiente. Entre las 4 y las 6 de la madrugada fue partiendo la flota de invasión desde el sur de Inglaterra. Mientras buques de todo tipo iban acercándose a la costa, los dragaminas despejaban las vías de acceso y globos remolcados y miles de láminas metálicas lanzadas sobre el mar despistaban a los radares alemanes. Interceptados los radares de Cherburgo y El Havre, se hizo creer una vez más a los alemanes que la flota se dirigía hacia Calais. Oleadas de aviones y barcos machacaban las defensas de artillería costera alemana. La primera oleada de la invasión consistió en el lanzamiento 3 divisiones aerotransportadas. A las 00,20 horas del 6 de junio tocaban tierra los planeadores y paracaidistas británicos y canadienses cerca de Benouville, con la misión, los primeros, de destruir los puentes del Orne y despejar la zona de Ranville, y los segundos, con la de acabar con los puentes del Dives y las baterías de Merville. Tomados los alemanes por sorpresa, por la mañana emprendía la retirada. Por su parte, la 82 y la 101 división aerotransportada norteamericana descendían cerca de Sainte-Mère-Eglise, aunque de forma demasiado dispersa y confusa, sufriendo numerosas bajas. A pesar de la resistencia alemana, ambas divisiones mantuvieron sus posiciones, facilitando el desembarco en la cercana playa Utah. En sólo dos horas, gracias a una reacción alemana prácticamente nula, se había asentado la cabeza de puente en la playa, con apenas 12 muertos, y se comenzaba a avanzar hacia el interior.
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El 5 de agosto, el general LeMay, jefe de la aviación norteamericana en el Pacífico, recibe de sus mandos superiores un mensaje cifrado que rezaba: "El 20 Escuadrón atacará los objetivos de Japón el 6 de agosto de 1945. Objetivo principal, hora 9.30, zona urbana e industrial de Hiroshima". Inmediatamente, envió la contraseña convenida de antemano a la base de North Field, establecida en la isla de Tinian, en el archipiélago de las Marianas. A las 2.07 de la madrugada del siguiente día despega del aeródromo un aparato B-29 bautizado con el nombre de Enola Gay en honor de la madre de su comandante, el coronel Paul W. Tibbets. Los miembros de la tripulación desconocían la verdadera naturaleza de la operación que iban a desarrollar, aunque las actividades de los científicos trasladados a la base y las fuertes medidas de vigilancia impuestas sobre el aparato les habían hecho comprender que se trataba de una acción de carácter diferente a las hasta entonces realizadas. La superfortaleza volante, cargada con el artefacto atómico, se elevó en el aire acompañada por otros dos aparatos iguales, dotados de cámaras e instrumentos de observación, y portadores de un grupo de observadores llegados desde Estados Unidos con este fin. Hacía ya varias horas que otros aviones sobrevolaban los tres objetivos considerados posibles: Hiroshima, Kokura y Nagasaki. Comprobaban las condiciones meteorológicas reinantes sobre ellos, lo que en definitiva decidiría el lugar elegido para efectuar la mortífera descarga. La primera de estas ciudades era la que presentaba unos cielos más despejados, por lo que fue elegida como blanco de lanzamiento y primera victoria de la aplicación de la energía nuclear como arma bélica. Hiroshima era una activa ciudad de 365.000 habitantes, sede de industrias bélicas y cuartel general del II Ejército japonés encargado de la defensa de la parte sur del archipiélago. Pocos minutos después de las 8 de la mañana, los tres aparatos se sitúan sobre la vertical del centro urbano y el Enola Gay lanzó su carga, la bomba que había sido bautizada por la tripulación como Little Boy - Muchachito. El avión se encontraba a 9.630 metros de altura y llevaba una velocidad de menos de 500 km por hora. Inmediatamente, el comandante Ferebee y el sargento Stiborik toman los mandos y dan un rápido viraje para alejarse de la zona. Cuando la bomba estalla, los tres aparatos se encuentran ya a unos veinticinco kilómetros de distancia de su objetivo. Ahora los hombres que habían participado en la acción tomaban conciencia de la magnitud de la misma y de su tremendo significado. El historiador Raymond Carr ha reconstruido de este modo el momento decisivo: "La bomba deja el avión exactamente a las 8 h. 15' 17''. Aligerado de las 10.000 libras de peso, el Enola Gay da un salto hacia el cielo. La tripulación sabe que deben transcurrir cuarenta y cinco segundos antes de la explosión y que en ese momento el aparato se encontrará a dieciocho kilómetros del punto cero. Todos cuentan: 42..., 43..., 44... Como en Alamo Gordo, un prodigioso resplandor brota del corazón de la materia, cegando a los aviadores aun yendo protegidos por gafas metálicas y herméticas. Luego, un inmenso hongo llameante se eleva y ensancha en el cielo..." Este hongo alcanzaría una altura superior a los veinte mil metros, y su volumen sería visible desde una distancia superior a los setecientos cincuenta kilómetros. La ciudad queda envuelta en un horrible fulgor y en un torbellino generador de oleadas de viento que alcanzan una velocidad media de más de 1.200 km por hora y derriba todos los edificios que encuentra a su paso en un radio de más de doce kilómetros. Viviendas, hospitales, escuelas, centros oficiales, cuarteles... todo es desintegrado por la explosión, que provoca un ciclón que se prolonga por más de seis horas. La fuerza de la explosión, equivalente a 10.000 toneladas de TNT, elevó la temperatura de la ciudad hasta 150.000.000 de grados centígrados, esto es, un nivel superior en siete veces a la del corazón del sol. Las cifras aportadas con respecto al número total de víctimas ofrecen sensibles variaciones en función de las fuentes de donde procedan, pero pueden situarse alrededor de los ochenta mil muertos, otros tantos heridos de diversa consideración y varios millares más de desaparecidos. Por otra parte, en el caso de los bombardeos atómicos las secuelas posteriores producidas por la misma naturaleza del arma afectarían fatalmente a innumerables supervivientes de la catástrofe, generando en ellos una amplia serie de enfermedades, desde cánceres de diverso tipo hasta irreversibles mutaciones genéticas. A las pocas horas, la radio oficial japonesa trataba de ocultar la realidad de los hechos, mientras que el propio emperador Hiro Hito inquiría de sus ministros y generales una información veraz de lo ocurrido en Hiroshima. Para agravar todavía más la situación, dos días más tarde, en la noche del 8 de agosto, se recibe en Tokio la noticia de la declaración de guerra de la hasta entonces aliada Unión Soviética. Esta verdadera puñalada por la espalda, cuando algunos responsables del Gobierno japonés pensaban en utilizar a Moscú como vía de acceso a un acuerdo con los occidentales, señaló el definitivo principio del fin. En aquella madrugada, al tiempo que los bombarderos norteamericanos destruyen los restos de las castigadas ciudades del archipiélago, el Ejército Rojo atraviesa las fronteras de Manchuria. Al alba del día 9, otro aparato B-29, apodado Bock's Car y comandado por el mayor Sweeney, despega de la misma base de Tinian con destino alternativo hacia las ciudades de Kokura o Nagasaki. La elección de una u otra para lanzar un nuevo artefacto atómico dependía también en esta ocasión de las condiciones meteorológicas dominantes. Estas eran más favorables en la segunda, por lo que su destino quedó sellado. A las 12 h. 1' una bomba de mayor tamaño que la anterior, denominada Fat Man -Hombre gordo- en homenaje a Winston Churchill, fue arrojada sobre Nagasaki. En número total de víctimas fue sensiblemente menor que en Hiroshima, debido ante todo a la naturaleza más accidentada de su suelo, que mitigó en cierta medida los efectos expansivos de la explosión. Ahora la tripulación del aparato sí sabía la índole de su carga, que produjo la muerte de unas cuarenta mil personas y dejó heridas a un número similar. Era el fin para Japón. Ahora ya solamente le quedaba la posibilidad de rendirse sin condiciones; los señores de la guerra habían estado a punto de conseguir la absoluta destrucción de su país. Y, por otra parte, la fuerza atómica había probado en vidas humanas todas las inmensas posibilidades de destrucción que quienes la habían ingeniado esperaban conseguir con ella.
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El día tres de agosto, las dos fuerzas en presencia ya han establecido sus objetivos de forma concreta; la ventaja numérica se sitúa del lado de Alemania, que ha pasado de contar con 587 aparatos de caza el día 30 de junio a disponer de 708. El número de pilotos germanos se ha incrementado durante el mismo tiempo desde 1.253 a un total de 1.434. Sin embargo, la escasa actividad de los bombarderos que se manifiesta durante los siguientes días ha producido un descenso en la tensión reinante entre la población británica, a pesar de que la radio de Berlín anuncia una inminente ofensiva. En la mañana del día ocho, un convoy británico es atacado en aguas del Canal por una escuadrilla alemana, siendo respondida a su vez por la aviación procedente de la isla. Llegada la noche, pueden contabilizarse los efectos del enfrentamiento: cuatro barcos hundidos, y diecinueve aviones ingleses y treinta y uno alemanes derribados. Este había sido el combate más duro hasta el momento, y serviría como inmediato prólogo a la ofensiva conocía como Día del Aguila, Esta operación -Adlertag, en lengua alemana- estaba dirigida a doblegar de forma definitiva la tenaz resistencia inglesa. En ella habían sido puestas muchas esperanzas por parte del mariscal Göring y los demás altos jefes de la Luftwaffe, que imaginaban poder terminar rápidamente con el problema planteado por medio de una acción de gran envergadura. De la importancia de la misión habla por sí misma la cifra de aparatos empleados, que suponía un setenta y cinco por ciento del total de los efectivos dispuestos desde Cherburgo hasta Noruega. Hasta aquel momento, la aviación alemana no había empleado en sus ataques más que un diez por ciento de sus efectivos. Ahora, contaba con este espacio con un total de 3.358 aviones, de los cuales 2.250 se hallan en perfecto estado y dispuestos para su utilización. La superioridad alemana en cuanto al número de aparatos no había impedido sin embargo que, hasta aquel momento, la cifra de bajas británicas hubiera sido solamente de 96 frente a las 277 sufridas por su adversario. Esta desventaja no disminuía de hecho la amenaza que se cernía sobre Inglaterra aquel día diez de agosto, fecha elegida para lanzar el ataque. Sin embargo, las condiciones climatológicas aconsejarían aquel día un aplazamiento del ataque. A lo largo de la siguiente jornada, los aviones alemanes lanzaron repetidos ataques sobre la zona de Doda en la ocupada isla británica de Guernesey. A lo largo de esa jornada, en la que los daños materiales sufridos por el territorio bombardeado son especialmente graves, se batirá el récord de salidas por ambas partes. Así, mientras la RAF efectúa un total de setecientas cincuenta y ocho, la Luftwaffe realiza cuatrocientas cuarenta. Poblaciones y convoyes marítimos sufren las consecuencias de esta acción. Por vez primera, las instalaciones de radar situadas en la costa son objeto de los ataques alemanes, ya que se ha comprendido la importancia que tiene en la lucha iniciada. Los resultados del enfrentamiento son conocidos esa misma noche, y aportan cifras que sitúan en veintidós los aviones perdidos por la RAF frente a los treinta y dos de la Luftwaffe. En este punto, la batalla de Inglaterra adquiere rasgos de gran dureza, y ya nadie es capaz de imaginar una marcha atrás en el camino emprendido. Sin embargo, la población inglesa todavía no conoce de forma clara los efectos de la batalla emprendida. En la misma mañana del día trece de agosto, elegido definitivamente para la realización del plan, los partes meteorológicos referentes al sur de Inglaterra muestran la presencia de acumulaciones de nubes y nieblas. Con todo, Göring decide que la fecha del ataque no debe ser aplazada más y lo fija para las catorce horas, a pesar de que el tiempo lluvioso no ayuda en absoluto a una óptima realización del mismo. Dado que la víspera han sido destruidas importantes estaciones de radar, los alemanes confían en poder penetrar impunemente en el cielo británico, encabezados por los Messerschmitt 110 procedentes de la base de Caen. Los ingleses, sin embargo, han puesto en funcionamiento otras instalaciones y este ariete es detectado de forma inmediata. Este primer enfrentamiento costará a los atacantes un total de cinco aparatos derribados, además de ver acribillados por las balas de ametralladora a gran número de los que han podido regresar. El balance final del Día del Aguila se establece, llegada la noche, de la siguiente forma: tres mil cuatrocientos ochenta incursiones, los alemanes han perdido cuarenta aparatos, mientras que los ingleses han visto derribar a trece de sus aviones a lo largo de sus setecientas salidas. La Luftwaffe, a pesar de todo, ha inflingido fuertes daños sobre varios aeródromos y centros de población de tamaño reducido. Aquella noche, aviones alemanes lanzan sobre las regiones del centro de Inglaterra y sur de Escocia materiales que pretenden hacer pensar en un desembarco de paracaidistas sobre las mismas. A la misma hora, una autotitulada "nueva estación británica de radiodifusión" situada en Berlín lanza una serie de fuertes amenazas dirigidas contra la población de la isla, asegurando este desembarco de soldados provistos de armas de fulminante efectividad. El día siguiente, catorce de agosto, la Luftwaffe presenta evidentes signos de agotamiento debido al esfuerzo realizado durante las cuarenta y ocho horas precedentes. Debido a ello, realiza solamente un total de cuatrocientas ochenta y nueve salidas, atacando aeródromos y poblaciones de la costa. Mientras la zona del Canal sigue cubierta por las nubes, los comandantes de los cuarteles generales alemanes, Kesselring y Sperrle, son convocados por el mariscal del Reich. A pesar de los informes que recibe del general Halder, Göring sabe que el Día del Aguila no ha obtenido siquiera mínimamente los resultados perseguidos mediante su puesta en práctica. El mal tiempo reinante se había unido a las deficiencias sufridas por la realización de la operación. Por tanto, decide la continuación de los ataques, centrándose ahora sobre dos objetivos bien definidos en exclusiva: las fuerzas aéreas enemigas y las factorías aeronáuticas situadas en suelo inglés. Al mismo tiempo, decide suspender todo ataque sobre las instalaciones de radar, dado que ninguna de las afectadas había sido puesta fuera de servicio a pesar de los desperfectos sufridos. El jueves, día quince de agosto, la totalidad de las bases situadas sobre las costas de la Europa ocupada se encuentran en estado de alerta. Incluso las localizadas en Noruega van a entrar en funcionamiento por vez primera. Las fuentes informativas de la Luftwaffe han asegurado que Gran Bretaña cuenta solamente con un total de trescientos cazas, aunque en realidad el número de estos aviones de que dispone el país es de prácticamente el doble. El territorio de la isla ha quedado dividido en tres zonas, dependientes del Mando de la Aviación de Caza. Todas ellas van a recibir en esta ocasión, en grado diferente, los efectos del ataque nazi, que en este caso pretendía hacerse presente sobre la totalidad del espacio británico. La primera oleada de aviones produce un enfrentamiento a las diez de la mañana, del que resultan derribados tres aparatos británicos y dos alemanes. En esta jornada, junto a los duros ataques realizados en el aire, varias ciudades e instalaciones industriales, y sobre todo el aeropuerto londinense de Croydon, sufren importantes destrozos. Alrededor de ochenta personas resultan ese día muertas o heridas por las bombas. Durante la noche, los bombarderos alemanes actúan eficazmente sobre Birmingham, Southampton, Bristol y otras poblaciones. En conjunto, durante el día quince la Luftwaffe ha realizado un total de mil setecientas ochenta y seis salidas, frente a las novecientas sesenta y cuatro de la RAF. Dentro de este balance, debe citarse el desastre sufrido por la Quinta Flota Aérea alemana situada en Noruega, que pierde la octava parte de sus bombarderos y un quinto de sus efectivos de caza. Los aviadores alemanes llamarán a este día schwarze Donnerstag, es decir, jueves sombrío. En Inglaterra se respira un ambiente de victoria, a pesar de que durante el día 16 los alemanes realizan varias incursiones sobre los condados de Kent, Hampshire y Surrey. Estaciones de radar, aeródromos e instalaciones industriales, además de viviendas de poblaciones civiles, son destruidas en gran cantidad. La noche siguiente observará asimismo los efectos del ataque en multitud de puntos de la costa sur de la isla. El 17, cuando ya han amainado los bombardeos de forma manifiesta, el ministro de Información anuncia a través de la BBC la definitiva derrota de la Luftwaffe. Sin embargo, al día siguiente varios oleadas de Dornier se lanzan sobre Inglaterra con ánimo de proceder ante todo a la destrucción de sus sistemas de radar. Esta rápida e inesperada incursión consigue dañar algunas instalaciones, pero muy pronto los atacantes deben volver a sus bases francesas, regresando en esta caso tan sólo cinco aparatos. Más adelante, los alemanes volverán a la carga, pero se enfrentarán con una decidida RAF, ahora estimulada por el triunfo obtenido horas antes. En ese día 18, el balance es el siguiente: las fuerzas británicas han perdido siete aviones, mientras que la Luftwaffe ha visto derribar a un total de setenta y uno de sus aparatos. Una desproporción que no se había visto hasta entonces a lo largo de la guerra. Considerando que se había llegado al punto final de este episodio de la lucha, el Ministerio del Aire británico estableció un recuento de las pérdidas sufridas entre los días que mediaron entre el ocho y el dieciocho de agosto. Durante este lapso de tiempo, habían muerto o desaparecido noventa y cuatro pilotos; de forma paralela, doscientos cuarenta aparatos habían sido irremisiblemente dañados en el aire y otros treinta sobre sus propios campos de aterrizaje. A partir de entonces, el mando de la RAF impondrá la consigna general que trata de conseguir una economía de pilotos, imprescindibles para proseguir la lucha. De hecho, el destino de decenas de millones de personas se encontraba en manos de un reducido número de hombres. Winston Churchill formuló su agradecimiento de forma bien expresiva: "La gratitud de todos los hogares, en nuestra isla, en nuestro Imperio, y hasta en el mundo -con excepción de los culpables-, va a los pilotos británicos que, intrépidos por la desproporción de las fuerzas en acción e infatigables en sus incesantes combates en lo peor del peligro, están en vías de ganar la guerra a cuenta de proezas y de abnegación. Jamás, en la historia de los conflictos humanos, una deuda tan grande ha sido contraída por tan gran número de hombres hacia tan pocos". Lo que por parte de los agresores se había pretendido que constituyese un rápido y definitivo triunfo habría de volverse en su contra de la forma más absoluta. Las instalaciones de radar, fundamentales para la supervivencia de Inglaterra, se mantenían prácticamente intactas. Y, algo mucho más importante, se elevó la moral de la población, y no disminuyó ya durante los próximos años de la guerra.
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Mientras los alemanes discutían o tomaban permisos, para los Aliados había llegado el gran día. A mediados de mayor Eisenhower había fijado el 5 de junio como posible Día-D, y el 1 del mismo mes como punto de partida de la Operación, que debía desarrollarse sin más en las fechas previstas. Un retraso de sólo dos semanas sería muy grave: ¿cómo volver atrás cuando comenzasen a superponerse las oleadas de asaltantes, una vez en camino? Todo parecía pender de un hilo, el meteorológico. Había que aprovechar las mareas cuando estuviesen relativamente bajas, para remover los obstáculos, pero no del todo bajas, pues entonces faltaría calado. Era bueno que no hubiese luna, pero ésta era necesaria para los ataques aéreos; hacían falta 40 minutos de luz solar para completar los bombardeos aéreos y artilleros. Y era necesario suficiente buen tiempo. Por ello, la operación tuvo que posponerse hasta el día siguiente, día 6 de junio de 1944. Los estadounidenses de la Fuerza U (Utah) deberían penetrar en la península de Cotentin, en la zona de Carentan, al norte del río Vire. Los de la Fuerza O (Omaha), cuyo sector se dividiría en varios subsectores, deberían tender hacia Saint-Lô, para reforzar a los británicos del II Ejército. Durante el asalto serían mandados por el general Bradley; más adelante llegaría el general Patton con el III Ejército. La Fuerza G (Gold), británica, desembarcaría en la zona de Le-Hamel-Asnelles, y se dirigiría hacia Arromanches. La Fuerza J (Juno), canadiense desembarcaría a ambos lados del río Seulles, y luego se dirigiría hacia Caen. La Fuerza S (Sword), británica, llegaría a la playa de Douvres y Quistreham y luego se movería hacia Caen. A las 2 de la madrugada del 6 de junio de 1944 se dio la orden de partida. Entre las 4 y las 6 horas fue partiendo la flota de invasión desde el sur de Inglaterra: a los cuatro años de Dunquerke. Había comenzado la Operación Overlord. Mientras iban acercándose a la costa, los dragaminas despejaban las vías de acceso (diez en total), globos remolcados y láminas metálicas lanzadas sobre la superficie del mar parecían, en los radares alemanes, barcos de un convoy. Interceptados los radares de Cherburgo y El Havre, se hizo creer, una vez más, a los alemanes que la flota se dirigía hacia Calais. Oleadas de aviones y barcos machacaban las defensas de artillería costera de los alemanes. Estos mostraban gran pasividad, y los navíos aliados destruidos o dañados lo fueron casi más por el viento y el mar que por los cañones enemigos. Los alemanes fueron cegados por los bombardeos, muchos de sus radares quedaron obstruidos y no pudieron interceptar a las tropas aerotransportadas, y la flota sólo fue detectada cuando ya estaba muy próxima a las playas. Pero la primera oleada fue la de las tropas aerotransportadas. Como dice Thompson, no se ha conseguido reconstruir un modelo coherente de cómo se llevó a cabo la acción de los grupos aislados de las divisiones aerotransportadas durante aquel día, tan complejo fue el aterrizaje de los planeadores, el descenso de los paracaidistas, el reagrupamiento de las tropas y los dispersos combates. A las 00,20 horas tocaban Francia los planeadores y los paracaidistas británicos y canadienses, con gran precisión, cerca de Bénouville, con la misión, los primeros de destruir los puentes del Orne y despejar la zona al norte de Ranville, para permitir nuevos aterrizajes de planeadores cargados con cañones, vehículos y otro equipo pesado, y los segundos, con la de destruir los puentes del Dives y las baterías de Merville y bloquear las carreteras hacia el interior. Los puentes fueron capturados intactos. La lucha sobre las orillas del Orne terminó cuando los alemanes cedieron los bajos de Ranville. Estos se hallaban en un estado de gran confusión, sin saber cuántos enemigos se les venían encima, y pensaban que era parte del desembarco de Calais. Por la mañana los alemanes se retiraban y a media tarde los británicos habían alcanzado sus objetivos y establecido una cabeza de puente en el Orne. Los canadienses, que habían caído muy dispersos, consiguieron al fin ocupar el bosque de Bavent, volar los puentes y la batería artillera de la zona. En el oeste, hacia la península de Cotentin, descendían la 101.? y la 82.? norteamericana, cerca de Sainte-Mère-Eglise, de forma demasiado dispersa y confusa, sufriendo gran número de bajas por la reacción alemana, y perdiendo casi toda la artillería aerotransportada y gran parte del equipo, pero obligando al enemigo a mantenerse a la defensiva y creando en él, asimismo, gran confusión. La 101.? debía capturar las salidas de los diques en la playa Utah, lo hizo y ocupó algunos pueblos, pero su desperdigamiento no le permitió reagruparse eficazmente, y pudo avanzar muy poco. La 82.? debía limpiar la zona al oeste del río Merderet y el vértice del Douve, y aunque cayó menos disperso, sólo un regimiento pudo entrar en combate, mientras otro ocupaba Sainte-Mére-Eglise. Su situación era precaria, por haber caído cerca de la 91.? División alemana -a cuyo jefe tuvieron la suerte de matar-. Pero la defensa alemana se había desmoronado en esta parte del frente y en el de la 101.?, lo que repercutirá positivamente en el desembarco norteamericano en Utah. La sorpresa alemana había sido total y el mando se mantuvo dudoso hasta el final, sin hacer entrar en combate a las reservas, mientras Rommel estaba lejos... y Hitler durmiendo. Fue casi una derrota alemana, y se produjeron algunas rendiciones sin lucha y conatos de desbandada.
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EL DIÁLOGO DE FLOR Y CANTO Tecayehutzin Invitación a los poetas. ¿Dónde andabas, oh poeta? Apréstese ya el florido tambor, ceñido con plumas de quetzal, entrelazadas con flores doradas. Tú darás deleite a los nobles, a los caballeros águilas y tigres. Invitación y alabanza de los príncipe poetas. Por un breve momento, por el tiempo que sea, he tomado en préstamo a los príncipes: ajorcas, piedras preciosas. Sólo con flores circundo a los nobles. Con mis cantos los reúno en el lugar de los atabales. Aquí en Huexotzinco he convocado [esta reunión. Yo el señor Tecayehuatzin, he reunido a los príncipes: piedras preciosas, plumajes de quet-[zal. Sólo con flores circundo a los nobles Respuesta de Ayocuan. El origen de la "flor y el canto". Elogio de Tecayehuatzin y de la amistad. Ayocuan Del interior del cielo vienen las bellas flores, los bellos cantos. Los afea nuestro anhelo, nuestra inventiva los echa a perder, a no ser los del príncipe chichimeca Te- [cayehuatzin. ¡Con los de él, alegraos! La amistad es lluvia de flores preciosas. Blancas vedijas de plumas de garza, se entrelazan con preciosas flores rojas: en las ramas de los árboles, bajo ellas andan y liban los señores y los nobles. Las flores y los cantos de los príncipes, ¿hablan acaso al Dador de la vida? Vuestro hermoso canto: un dorado pájaro cascabel, lo eleváis muy hermoso. Estáis en un cercado de flores. Sobre las ramas floridas cantáis. ¿Eres tú, acaso, un ave preciosa del [Dador de la vida? ¿Acaso tú al dios has hablado? Habéis visto la aurora, y os habéis puesto a cantar. Anhelo de hallar flores y cantos. Esfuércese, quiera las flores del escudo, las flores del Dador de la vida. ¿Qué podrá hacer mi corazón? En vano hemos llegado, en vano hemos brotado en la tierra. Su llegada al lugar de la música Bajó sin duda al lugar de los atabales, allí anda el poeta, despliega sus cantos preciosos, uno a uno los entrega al Dador de la [vida. "Flor y canto": el don del pájaro cascabel. Le responde el pájaro cascabel. Anda cantando, ofrece flores. Nuestras flores ofrece. Allá escucho sus voces, en verdad al Dador de la vida responde, responde el pájaro cascabel, anda cantando, ofrece flores. Nuestras flores ofrece. La poesía del príncipe Ayocuan. Como esmeraldas y plumas finas, llueven tus palabras. Así habla también Ayocuan Cuetzpaltzin, que ciertamente conoce al Dador de la [vida. Así vino a hacerlo también aquel famoso señor que con ajorcas de quetzal y con per- [fumes, deleitaba al único Dios. "Flor y canto": ¿lo único verdadero? ¿Allá lo aprueba tal vez el Dador de la [vida? ¿Es esto quizás lo único verdadero en [la tierra? "Flor y canto": recuerdo del hombre en la tierra. ¿Sólo así he de irme como las flores que perecieron? ¿Nada quedará en mi nombre? ¿Nada de mi fama aquí en la tierra? ¡Al menos flores, al menos cantos! ¿Qué podrá hacer mi corazón? En vano hemos llegado, en vano hemos brotado en la tierra. Las "flores y cantos" perduran también con el Dador de la vida. Gocemos, oh amigos, haya abrazos aquí. Ahora andamos sobre la tierra florida. Nadie hará terminar aquí las flores y los cantos, ellos perduran en la casa del Dador de [la vida. Expresión de duda: aquí es la "región del momento fugaz", ¿cómo es en el más allá? Aquí en la tierra es la región del mo- [mento fugaz. ¿También es así en el lugar donde de algún modo se vive? ¿Allá se alegra uno? ¿Hay allá amistad? ¿O sólo aquí en la tierra hemos venido a conocer nuestros ros- [tros? La respuesta de Aquiauhtzin. Aquiauhtzin Por allá he oído un canto, lo estoy escuchando, toca su flauta, sartal de flores, el Rey Ayocuan. Ya te responde, ya te contesta, desde el interior de las flores Aquiauhtzin, señor del Ayapanco La búsqueda del Dador de la vida. ¿Dónde vives, oh mi dios, Dador de la vida? Yo a ti te busco. Algunas veces, yo poeta por ti estoy triste, aunque sólo procuro alegrarte. Desde la región de las flores y las pinturas se busca al Dador de la vida. Aquí donde llueven las blancas flores, las blancas flores preciosas, en medio de la primavera, en la casa de las pinturas, yo sólo procuro alegrarte. Todos aguardan la palabra del Dador de la vida. ¡Oh, vosotros que de allá de Tlaxcala, habéis venido a cantar, al son de bri- [llantes timbales, en el lugar de los atabales! Flores fragantes: el señor Xicoténcatl de Tizatlan, Camazochitzin, quienes se alegran con [cantos y flores, aguardan la palabra del dios. Invocación insistente al Dador de la vida. En todas partes está tu casa, Dador de la vida. La estera de flores, tejida con flores por mí. Sobre ella te invocan los príncipes El pájaro cascabel, símbolo del Dador de la vida, aparece cantando. Con su venida llueven las flores. Los variados árboles floridos se yerguen en el lugar de los atabales. Tú estás allí: Con plumas finas entreveradas, hermosas flores se esparcen. Sobre la estera de la serpiente preciosa, anda el pájaro cascabel, anda cantando, sólo le responde al señor, alegra a águilas y tigres. Ya llovieron las flores, ¡comience el baile, oh amigos nues- [tros, en el lugar de los atabales! Nueva pregunta. ¿A quién se espera aquí? Se aflige nuestro corazón. El Dador de la vida se hace presente en las flores y los cantos. Sólo el dios, escucha ya aquí, ha bajado del interior del cielo, viene cantando. Ya le responden los príncipes, que llegaron a tañer sus flautas. Cuauhtecoztil Yo Cuauhténcoz, aquí estoy sufriendo. Con tristeza he adornado mi florido tambor. Las preguntas sobre la verdad de los hombres y los cantos. ¿Son acaso verdaderos los hombres? ¿Mañana será aún verdadero nuestro [canto? ¿Qué está por ventura en pie? ¿Qué es lo que viene a salir bien? Aquí vivimos, aquí estamos, pero somos indigentes, oh amigo. Si te llevara allá, allí sí estarían en pie. Motenehuatzin toma la palabra. Motenehuatzin Sólo he venido a cantar. ¿Que decís, oh amigos? ¿De qué habláis aquí? Aquí está el patio florido, a él viene, oh príncipes, el hacedor de cascabeles, con llanto, viene a cantar, en medio de la primavera. Flores desiguales, cantos desiguales, en mi casa todo es padecer Flores y cantos: lo que ahuyenta la tristeza. En verdad apenas vivimos, amargados por la tristeza. Con mis cantos, como plumas de quetzal entretejo a la [nobleza, a los señores, a los que mandan, yo, [Motenehuatzin. Oh Telpolóhuatl, oh príncipe Telpo- [lóhuatl, todos vivimos, todos andamos en medio de la prima- [vera. Flores desiguales, cantos desiguales, en mi casa todo es padecer También él, Motenehuatzin, ha oído un canto inspirado. He escuchado un canto, he visto en las aguas floridas al que anda allí en la primavera, al que dialoga con la aurora, al ave de fuego, al pájaro de las semen- [teras, al pájaro rojo: al príncipe Monencauht- [zin. De nuevo, Tecayehuatzin exhorta a todos a alegrarse. Tecayehuatzin Amigos míos, los que estáis allí, los que estáis dentro de la casa florida, del pájaro de fuego, enviado por el [dios. Venid a tomar el penacho de quetzal, que vea yo a quienes hacen reír a las flautas pre- [ciosas a quienes están dialogando con tam- [boriles floridos: Los príncipes, los señores, que hacen sonar, que resuenan los tamboriles con incrustaciones de [turquesa, en el interior de la casa de las flores. Escuchad, canta, parla en las ramas del árbol con flores, oíd cómo sacude su florido cascabel [dorado, el ave preciosa de las sonajas: el príncipe Monencauhtzin. Con su abanico dorado anda abriendo sus alas, y revolotea entre los atabales floridos. Flor y canto: riqueza y alegría de los príncipes. Monencauhtzin Brotan, brotan las flores, abren sus corolas las flores, ante el rostro del Dador de la vida. Él te responde. El ave preciosa del dios, al que tú buscaste. Cuántos se han enriquecido con tus [cantos, tú los has alegrado. ¡Las flores se mueven! Por todas partes ando, por doquiera converso yo poeta. Han llovido olorosas flores preciosas en el patio enflorado, dentro de la casa de las mariposas. Flor y canto: modo de embriagar corazones Xayacaámach Todos de allá han venido, de donde están en pie las flores. Las flores que trastornan a la gente, las flores que hacen girar los corazo- [nes, han venido a esparcirse, han venido a hacer llover guirnaldas de flores, flores que embriagan. ¿Quién está sobre la estera de flores? Ciertamente aquí es tu casa, en medio de las pinturas, habla Xayacámach. Se embriaga con el corazón de la flor [del cacao. Resuena un hermoso canto, eleva su canto Tlapalteuccitzin. Hermosas son sus flores. Se estremecen las flores, las flores del cacao. Salutación del recién llegado. Tlaplateuccitzin Oh amigos, a vosotros os ando bus- [cando. Recorro los campos floridos y al fin aquí estáis. ¡Alegraos, narrad vuestras historias! Oh amigos, ha llegado vuestro amigo. También quiere hablar acerca de las flores. ¿Acaso entre flores vengo a introducir la flor del cadillo y del muicle, las flores menos bellas? ¿Acaso soy también invitado, yo menesteroso, oh amigos? Descripción de sí mismo: "cantor de flores". ¿Yo quién soy? Volando me vivo, compongo un himno, canto las flores: mariposas de canto. Surjan de mi interior, saboréelas mi corazón. Llego junto a la gente, he bajado yo, ave de la primavera sobre la tierra extiendo mis alas, en el lugar de los atabales floridos. Sobre la tierra se levanta, brota mi can- [to. Su origen y su vida: flores y cantos. Aquí, oh amigos, repito mis cantos. Yo entre cantos he brotado. Aún se componen cantos. Con cuerdas de oro ato mi ánfora preciosa. Yo que soy vuestro pobre amigo. Sólo atisbo las flores, yo amigo vuestro, el brotar de las flores matizadas. Con flores de colores he techado mi [cabaña. Con eso me alegro, muchas son las sementeras del dios Invitación a alegrarse. ¡Haya alegría! Si de veras te alegraras en el lugar de las flores, tú, ataviado con collares, señor Teca- [yehuatzin. La vida: experiencia única. ¿Acaso de nuevo volveremos a la vida? Así lo sabe tu corazón: Sólo una vez hemos venido a vivir. Respuesta: flores y cantos deleitan al hombre y acercan al Dador de la vida. He llegado a los brazos del árbol florido, yo florido colibrí, con aroma de flores me deleito, con ellas mis labios endulzo. Oh, Dador de la vida, con flores eres invocado. Nos humillamos aquí, te damos deleite en el lugar de los floridos atabales, ¡señor Atecpanécatl! Allí guarda el tamboril, lo guarda en la casa de la primavera, allí te esperan tus amigos, Yaomanatzin, Micohuatzin, Ayocuatzin. Ya con flores suspiran los príncipes. Alabanza de Huexotzinco: no es una ciudad guerrera. Ayocuan Asediada, odiada sería la ciudad de Huexotzinco, si estuviera rodeada de dardos, Huexotzinco circundada de espinosas [flechas. Huexotzinco, casa de timbales y cantos, casa del Dador de la vida. El tímbalo, la concha de tortuga repercuten en tu casa, permanecen en Huexotzinco. Allí vigila Tecayehuatzin, el señor Quecéhuatl, allí tañe la flauta, canta, en su casa de Huexotzinco. Escuchad: hacia acá baja nuestro padre el dios. Aquí está su casa, donde se encuentra el tamboril de los [tigres. Donde han quedado prendidos los [cantos al son de los timbales. Las casas de pinturas donde mora el Dador de la vida. Como si fueran flores, allí se despliegan los mantos de quet- [zal en la casa de las pinturas. Así se venera en la tierra y el monte, así se venera al único dios. Como dardos floridos e ígneos se levantan tus casas preciosas. Mi casa dorada de las pinturas, ¡también es tu casa, único dios! La primavera llega y se va. "El sueño de una palabra ilumina: son verdaderos nuestros amigos" Tecayehuatzin Y ahora, oh amigos, oíd el sueño de una palabra: Cada primavera nos hace vivir, la dorada mazorca nos refrigera, la mazorca rojiza se nos torna un collar. ¡Sabemos que son verdaderos los corazones de nuestros amigos!38
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El Diario de a bordo El texto original del Diario de a bordo escrito por Colón se ha perdido. Lo que conocemos hoy de este documento trascendental se debe a un extracto amplio, alternando con muchos párrafos textuales, hecho por Bartolomé de Las Casas. No se sabe si el original colombino quedó en poder del descubridor o fue a parar a los Reyes. Consta, sin embargo, que los Monarcas dispusieron de un ejemplar, que probablemente les sería entregado por el Almirante cuando fue recibido por ellos en Barcelona. Lo que sí está claro es que del original se hicieron varias copias, una de las cuales fue la que sirvió a Hernando Colón para historiar el primer viaje de su padre; otra, o acaso la misma, fue la utilizada más tarde por Bartolomé de Las Casas, que tuvo acceso a la documentación de la Biblioteca colombina. El clérigo sevillano tiene ganada fama de transmisor fiable de documentos. Sus resúmenes o copias, cuando han sido contrastados con originales descubiertos posteriormente, han demostrado la honestidad con que ejerció su trabajo. Ante el manuscrito del Diario podemos lamentar que no nos transmitiera una copia textual del original colombino, pero de ninguna manera se debe pensar en ningún tipo de la falsificación o. mutilación atribuible a Las Casas. Tiene algunos errores comunes de poca monta; se percibe con claridad alguna interpolación del clérigo sevillano; pero es falsa la acusación de que Las Casas u otro cualquiera mutilaran el Diario, dice Morison, uno de los mejores conocedores del mismo. Añade más aún: Afirmamos que nadie que no sea un marino, y ningún marino que no haya seguido la ruta de Colón, puede haber forjado este documento, tan exactos son los rumbos, los cursos y las observaciones90. Ha servido de texto base para esta edición el realizado por Carlos Sanz, historiador distinguido de esta pieza colombina. Como él, hemos optado por diferenciar con letra distinta lo que consideraremos extracto lascasiano de lo que puede ser original de Colón. Se han hecho algunas modificaciones, más de puntuación que de léxico. Respecto al contenido del Diario de a bordo, no sólo es pieza insustituible para reconstruir la más grande navegación de la Historia, sino que es retrato insuperable de su protagonista, don Cristóbal Colón. Sus conocimientos y noticias, sus observaciones y deducciones personales, sus creencias, sus proyectos, sus temores, miedos y angustias, sus obsesiones, esto y mucho más está reflejado en estas páginas escritas día a día y sin retocar después. Es más, mucho más que un diario marino común. En él no podían faltar rutas, singladuras, distancias recorridas, registro meticuloso de lo observado en el mar, de tierras descubiertas y costas recorridas. Todo lo que le sorprendía, que era mucho (fauna, flora, población indígena, etc.), ha quedado reflejado magistralmente en las imperecederas páginas del Diario de a bordo.
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Al comienzo de su mandato el general Miguel Primo de Rivera describió a Benito Mussolini como el "apóstol de la campaña dirigida contra la corrupción y la anarquía". Luego, según fueron variando las circunstancias, también se produjeron cambios en su aprecio del fascismo: el aumento de las dificultades y la propia consolidación del régimen dictatorial le llevaron a aproximarse algo más al fascismo, pero siempre con indecisión, de manera tímida. En un principio se consideró que la Dictadura era un régimen temporal. Primo de Rivera dijo que duraría "dos días, tres semanas o noventa días" y que trabajando diez horas durante noventa días eran 900 horas en las que sería posible llevar a cabo esa labor de regenerar el país. La popularidad de Primo de Rivera en esos momentos iniciales viene explicada por haber sido el máximo definidor y representante de un espíritu regeneracionista que había tenido su origen en 1898 y que, a partir de aquella fecha, se había ido extendiendo hasta llegar a convertirse en un tópico. Con ello, el dictador elevaba a principio de gobierno lo que los españoles de su tiempo hablaban en las charlas de café. Primo de Rivera siempre rechazó la calificación de dictatorial atribuida a su régimen pues, según él, no había existido nunca un poder personal propiamente dicho; incluso llegó a denominarlo como una dictadura democrática. Él mismo, a pesar de ser dictador, procuraba mantener un contacto periódico con las masas populares y publicaba unas notas oficiosas sobre los más variados temas. Su gestión gubernamental fue arbitraria y en ello recordaba a la España del siglo XVIII. En su actuación mezclaba de manera confusa la moral con la política y, finalmente, acababa por no solucionar de manera efectiva casi nada. Primo de Rivera consideraba que era suficiente la bondad, la sinceridad, la laboriosidad y la propia experiencia de la vida para poder enfrentarse con éxito a los problemas del país. El dictador era completamente impermeable a toda idea jurídica y, además, pensaba que como los españoles, en el fondo, eran buenos, todo lo malo que existiera en España desaparecería en muy poco tiempo mediante sencillas soluciones. El general Primo de Rivera preconizaba una regeneración de la vida política española, algo que no era ajeno al propio sistema de la Restauración sino que, por el contrario, toda la sociedad española de su tiempo la propugnaba, tanto los políticos como los intelectuales e incluso los mismos conspiradores militares que habían tomado parte en el golpe de Estado del 13 de septiembre.