EL REY Por cuanto por parte de vos, el gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, vecino de la ciudad de Sevilla, nos hicisteis relación diciendo que vos habíades compuesto un libro intitulado Relación de lo acaescido en las Indias en la armada de que vos íbamos por gobernador. Y que asimesmo habíades hecho componer otro intitulado Comentarios, que tratan de las condiciones de la tierra y costumbres de la gente de ella. Lo cual era obra muy provechosa para las personas que habían de pasar aquellas partes. Y porque el un libro y el otro era todo una misma cosa, y convenía que de las dos se hiciese un volumen, nos suplicastes os diésemos licencia y facultad para que por diez o doce años los pudiésedes imprimir y vender, atento el provecho y utilidad que de ello se seguía, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo, juntamente con los dichos libros que de suso se hace mención, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón; por la cual vos damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años, primeros siguientes que se cuenten del día de la fecha de esta nuestra cédula en adelante, vos, o quien vuestro poder hubiere, podáis imprimir y vender en estos nuestros reinos los dichos libros que de suso se hace mención, ambos en un volumen, siendo primeramente tasado el molde de ellos por los de nuestro Consejo; y poniéndose esta nuestra cédula con la dicha tasa al principio del dicho libro, y no en otra manera. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, ninguna persona lo pueda imprimir ni vender sin tener el dicho vuestro poder, so pena que pierda la impresión que así hiciere y vendiere, y los moldes y aparejos con que la hiciere. Y más incurra en la pena de diez mil maravedís, los cuales sean repartidos la tercera parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para la nuestra Cámara. Y mandamos a todos y cualesquier nuestras justicias, y a cada una en su jurisdicción, que guarden, cumplan y ejecuten esta dicha cédula y lo en ella contenido; y contra el tenor y forma de ella no vayan ni pasen, ni consientan ir ni pasar por alguna manera, so pena de la muestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara, a cada uno que lo contrario hiciere. Fecha en la villa de Valladolid, a veinte y un día del mes de marzo de mil y quinientos y cincuenta y cinco años. LA PRINCESA. Por mandado de Su Majestad, Su Alteza, en su nombre, Francisco de Ledesma. al serenísimo, muy alto y muy poderoso señor el INFANTE DON CARLOS, N. S., Alvar NÚñez Cabeza de Vaca, adelantado y gobernador del Río de la Plata: paz y felicidad Habiendo salido el año de XXXVII de aquella larga y trabajosa peregrinación de la Florida, donde Nuestro Señor usó conmigo tantos y tan singulares beneficios, de los cuales para testimonio de su antigua misericordia, usada siempre desde el principio del mundo con los hombres y particularmente conmigo, y Dorantes, y Castillo Maldonado, que quedamos solos de CCC hombres que habíamos entrado en la tierra con Pánfilo de Narváez; y duramos guardados y librados de los muchos peligros que en aquella tierra tan remota y con aquella gente tan bárbara por espacio de X años nos acontescieron. Y para ejemplo de que otros hombres estén ciertos y seguros que la poderosa mano de Dios (que todo lo abraza) por cualquier parte del mundo los guiara y ayudara, di cuenta a Su Majestad en la breve relación que con estos Comentarios va: porque con sus amplísimo invicto nombre, tan extendido, temido y obedescido en la mayor parte de la tierra, vaya la memoria, testimonio y ejemplo de las mercedes que Dios hizo a su súbditos. Después, queriendo Su Altísima Majestad continuar conmigo sus maravillas, movió al emperador vuestro abuelo a que me enviase el año XL, con una armada al Fío del Paraná (que llamó Solís Río de la Plata), a socorrer la gente; y proseguir el descubrimiento de don Pedro de Mendoza (que dijeron de Guadix). En lo cual pasé muy grandes peligros y trabajos, como Vuestra Alteza muy particularmente verá en estos Comentarios (que con grande diligencia y verdad escribió Pedro Fernández, secretario del Adelantamiento y Gobernación, a quien yo los encargué), los cuales van juntos con mis primeros sucesos, porque la variedad de las cosas que en la una parte y en la otra se tractan y la de mis acontescimientos detenga a Vuestra Alteza con algún gusto en esta lección. Que cierto no hay cosa que más deleite a los lectores que las variedades de las cosas y tiempos y las vueltas de la fortuna, las cuales, aunque al tiempo que se experimentan no son gustosas, cuando las traemos a la memoria y leemos son agradables. He acordado que como Nuestro Señor ha sido servido de llevar adelante conmigo su misericordia y beneficios, que sería cosa muy justa y muy debida que para el testimonio y ejemplo que arriba dije, yo también llevase adelante la memoria y alabanza de ellos y así como los primeros dirigí a Su Majestad, dirigir éstos a Vuestra Alteza, para quien Dios comienza a mostrar el señorío y predicación de tantas tierras y gentes, porque en abriendo los ojos de su niñez vea Vuestra Alteza cuán liberalmente reparte Dios su misericordia con los hombres. Y porque en esta nueva edad se comiencen a criar en Vuestra Alteza deseos de recoger con grande clemencia y amor, y costumbres cristianas, y leyes santas y piadosas, tantas gentes como Dios va sacando a la luz del Evangelio de Jesucristo, no permitiendo que estén más tiempo en las tinieblas y ceguedad y tiranía del demonio. Débese esto principalmente a Vuestra Alteza por haberse hecho el descubrimiento de que tractamos por mandado del emperador vuestro abuelo; y por ser negocio propio de reyes, cuyas fuerzas solas bastan para estas cosas, por dárselas Dios para ello muy cumplidas; y también porque así éstos como los escriptos y obras de todos se deben al grande ingenio y habilidad que habéis mostrado al mundo, el cual, todo espantado y atento, espera coger en vuestras siguientes edades de juventud, virilidad y senectud frutos de perfectísimo rey, las cuales todas Dios os concederá, pues os dio al mundo como rey necesario. Y de ver esto cumplido ninguno duda, ni aun de los muy apartados de vuestra casa, que los que cada día veen, sirven y tratan a Vuestra Alteza ya lo han comenzado a gustar; y entre sí se congratulan siempre cuando veen vuestro excelentísimo ingenio tan fácil tratable y dispuesto (que de él hiciera la naturaleza un absolutísimo varón) encomendado a dos tan singulares artífices como don Antonio de Rojas, vuestro ayo y mayordomo, y Honorato Juan, vuestro maestro, escogidos ambos para sus oficios, por manos del emperador y rey príncipe (nuestros señores), entre todos los sabios y caballeros de sus reinos con tanta diligencia, cuidado y tiempo, como Sus Majestades debían tener en elegir personas tan suficientes; como para encomendarles la persona real, crianza y enseñamiento del mayor sucesor de la tierra eran menester. Porque don Antonio de Rojas y Velasco, además de su muy antiguo y muy ilustre linaje (que tan grande ornamento es para los que están tan cerca de los reyes), su grande cristiandad, y prudencia, y modestia, y experiencia en el servicio de las casas y personas reales, con todas las otras virtudes y gracias que son necesarias en caballero a quien tan importante negocio se encomendó, y la larga experiencia que Sus Majestades de su persona y costumbres tenían por haber servido tanto tiempo y en oficio de tanta calidad al rey príncipe, vuestro padre, y la buena cuenta que siempre de todo ha dado, constriñeron a Su Majestad que le apartase de sí y le encargase la crianza de su hijo. Con el mismo celo eligieron Sus Majestades a Honorato Juan, a quien encomendaron el enseñamiento y erudición de Vuestra Alteza por tener conoscida su mucha cristiandad, virtudes y letras, de los muchos anos que en sus casas reales ha servido, y particularmente el rey príncipe. Nuestro Señor, en sus estudios, el cual, después de ser caballero muy conocido del antiguo linaje de los Juanes de Játiva; y de tener grande cumplimiento de bienes naturales, su ciencia en todo género de letras es tanta y tan cara, que todos los verdaderamente doctos de este tiempo: italianos, alemanes, franceses, flamencos, ingleses y españoles, han dado testimonio de su muy peregrino ingenio, y del mundo y hondo conocimiento que en los autores griegos y latinos, y en la filosofía natural y moral y disciplinas matemáticas, tiene. En todas las cuales, como si las hubiera deprendido en el tiempo de los antiguos (que ellas más florescieron) satisface escribiendo y hablando de ellas, con la sinceridad del estilo de los antiguos, a las particularidades que sólo en aquel su tiempo de aquellos lugares autores se podían satisfacer, con tanta llaneza y perspicuidad que los que le oyen y saben las entienden como si fuesen cosas muy vulgares y llanas y de entre manos, por lo cual su conversación es de gran gusto y utilidad para todos los que le oyen, y muy abundante de ejemplos y de erudición, porque hablando familiarmente trae cosas de autores muy aclaradas que en ellos eran muy dificultosas, y no menos ciencia que ésta tiene en los negocios humanos, en los cuales, por ser muy prudente, usa de la sustancia de las letras sin que ellas parezcan. Todo lo cual Vuestra Alteza experimentará en sus estudios y ya se comienza a ver en su aprovechamiento, y así, libre de la dificultad y aspereza de los principios por ser enseñado por maestro de tantas letras, prudencia y juicio, llegará suave y fácilmente al colmo de la cristiandad y ciencia que su dócil y excelente ingenio va y Sus Majestades desean y estos reinos han menester. Tales personas como éstas, y de las tales dotes de ingenio y ánimo convenía que a Dios diese con el tiempo que dio a Vuestra Alteza para que guiase en su persona y ánima y le compusiesen y adornasen de claras y de eternas virtudes, que os hagan rey cristiano sabio, justiciero, fuerte, verdadero, prudente, liberal, magnánimo, clemente, humano, manso, benigno y amable y aborrecedor de todo lo contrario, y obediente a Aquel que para tan grandes reinos y señoríos os crió, al que todos debemos dar infinitas gracias, pues vemos tienen asentada y firme la seguridad de estos reinos y entendemos claramente que su misericordia es con nosotros dándonos tales príncipes y sucesores, para los cuales ha descubierto tantas y tan nuevas provincias, abundantísimas de todos los bienes de naturaleza, que de innumerables pueblos y gentes y tan pobres de humanidad y de leyes malas y suaves, como son las del Evangelio que sus ministros con tanta diligencia y celo siempre procuran de enseñarle como elegidos por Dios para ejecutores e instrumentos de la predicación evangélica en todo el Occidente, donde acrecentando el reino del Evangelio se acrecienten sus reinos y señoríos, títulos y fama, la cual ha ganado inmortal por haber crecido en su tiempo y por su industria y cuidado la religión cristiana en el mundo, los españoles les debemos muchos por habernos hecho ministros y participantes de tan divina negociación y de tan singular merecimiento. Y aunque la envidia trabaje de impedir y estorbar esta tan divina y necesaria obra, la clara virtud y merecimientos de tales príncipes nos defenderá dándonos Dios la paz, sosiego y tranquilidad que en tiempos de los buenos reyes abundantísimamente pueden dar. Y así, Vuestra Alteza, sucederán reinos sosegados y pacíficos, para que tenga lugar de restituir y renovar las virtudes y buenas letras y costumbres (en que vuestro grande ingenio parece que legítimamente ha de reinar), las cuales en tiempo de discordia se destierran y huyen. ¿Quién no espera esto de la misericordia de Dios que tales príncipes nos dio, y de los efectos de la virtud y santidad y magnanimidad del emperador vuestro abuelo, el cual (como el rey Iofias en Israel) limpió en el Occidente las abominaciones y falsos sacrificios del demonio, e introdujo y confirmó la libertad evangélica, y del rey príncipe, vuestro padre, cuya memoria, juntamente con la cristiana bienaventurada reina, su mujer (como dice el Eclesiástico del mismo rey Iofias), entrará en toda la composición como cosa cordial, y en toda boca será dulce su nombre como terrón de miel, por haber restituido la antigua cristiandad de su reino de Inglaterra a Dios, abriéndoles los templos (que las ceguedades y errores habían cerrado) con las llaves de la obediencia del Sumo Pontífice, y de la grande obediencia que Vuestra Alteza tiene a Dios primeramente, y a sus ministros, y amor y respeto a vuestro ayo y maestro, y de vuestro admirable ingenio, del cual vemos frutos en esta vuestra tierna y no madura edad, en que como en la primavera los campos, suelen los ingenios de los otros florescer, con tanta perfección y madurez como se suelen coger en los años fértiles y maduro tiempo de algunos muy claros y altos sentimientos. Y viendo esto unos, y oyéndolo otros, todos están muy alegres y regocijados, y con la grande expectación que de Vuestra Alteza tienen comienzan ya a ver estos reinos tan abundantes de todo género de virtudes y letras, como Dios los hizo entre todos los del mundo señalados en cristiandad, y gente clarísima, y en todas las riquezas y bienes temporales, y la paz y sosiego y acrescentamiento que en vuestro tiempo ha de tener toda la república cristiana, y el grande temor y espanto que de las nuevas de Vuestra Alteza ahora tienen los infieles, y después tendrán de sus obras. Porque no se ha de esperar año que de tales y tan grandes principios han de salir semejantes pruebas y bienes, ni las obras de los reyes y príncipes se han de estrechar en angostos términos, sino extenderse por todas partes para el bien y provecho de todos. Y esto es lo que principalmente aconsejan y enseñan a Vuestra Alteza su ayo y su maestro (con la grande conformidad que en la cristiandad, virtud y amistad siempre tuvieron) cuando le crían e instituyen con preceptos de cristiandad, caballería y filosofía, porque saben que los que administraron sus reinos con estas tan seguras, firmes y perpetuas fuerzas, de muy angostos los dejaron muy anchos, y de muy sospechosos muy seguros, y de muy mudables muy firmes, y de muy varios muy constantes y permanescientes, y finalmente, de reyes mortales se hicieron inmortales. Mas los que sin ellas quisieron reinar, aunque con grandes fuerzas de riqueza y ejércitos, nos fueron poderosos para detener a sus contrarios, como no hiciesen en sus reinos grandes impresiones y estragos, ensangostándoselos muchos, y algunas veces mudándoselos del todo, dejando a ellos muy aborrecidos e infames. De los unos y de los otros verá Vuestra Alteza asaz ejemplos en las historias que leyere. Y como no hay cosa estable ni perpetua en el reino sino la que está atada con ligaduras de cristiandad, y principalmente de humanidad y liberalidad, que tan necesarias son en los reyes y tan amables los hacen y semejantes a Dios, del que sólo se ha de esperar la abundancia y perpetuidad de todas las cosas.
Busqueda de contenidos
contexto
COMENTARIOS Ya hemos hecho mención de cómo Alvar Núñez, tras su peregrinaje por las Floridas, fue premiado con la gobernación del Río de la Plata para buscar los restos de la expedición de Mendoza. Los Comentarios narran las aventuras de Cabeza de Vaca, en el complejo fluvial del Río de la Plata; el encuentro de los supervivientes en Asunción; la expedición exploradora hasta las fuentes del Paraguay; y, finalmente, la rebelión de los colonos, su prisión, envío a España, juicio y condena. Esto es en síntesis todo lo que acaece en esos Comentarios, que no tienen con la obra de Julio César otra semejanza que la del título. El autor Los Comentarios no son debidos a la pluma de Cabeza de Vaca, sino a la de su escribano Pero Hernández, hombre de su confianza y testigo presencial de los sucesos que narra. De este Pero Hernández poco se sabe, si exceptuamos lo que cuenta de lo que pasó a Alvar Núñez y al reducido número de sus seguidores. Indudablemente, no se debería haber olvidado el éxito de los Naufragios y el valor desplegado por su protagonista para, aprovechando este éxito, recordar una vez más las nuevas desventuras del desgraciado caballero Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Los Comentarios se escribieron, pues, como documento exculpatorio de Cabeza de Vaca y bajo su total dirección. Algo así como los negros que ponen su pluma al servicio de un famoso o famosa. Pero Hernández, si firma los Comentarios es porque Cabeza de Vaca quiere que haya otras plumas interesadas en su causa. No hay otra razón. Si Hernández es el cronista circunstancial, el protagonista real y oculto de la narración es siempre Alvar Núñez, y no sólo por ser el actor principal de la acción, sino por inspirar a veces, desgraciadamente pocas, descripciones de la tierra que atraviesan y que nos recuerdan inmediatamente el Alvar de los Naufragios. Resumiendo, podemos decir, como ya se ha apuntado, que se trata de unas memorias exculpatorias de su fracasada gobernación, firmadas por un hombre de toda su confianza. Pero los Comentarios son algo más que un simple escrito alegatorio. Es un espléndido cuadro de la vida colonial, de la incorporación y colaboración de los guaraníes a la conquista y pacificación de la tierra; y sobre todo, y aquí se ve la mano de Alvar Núñez y su preocupación indigenista, las múltiples noticias que da de las innumerables tribus con las que tuvo contacto. Todo este inmenso cuadro histórico que nos presenta ofrece un interés extraordinario por su minuciosidad, y debemos creerle por su veracidad. Porque la Historia le ha juzgado y podemos decir que también le ha exculpado.
contexto
Las actividades comerciales más relevantes se llevaron a cabo en ciudades o núcleos urbanos costero-portuarios o con puertos fluviales, donde por regla general existían comunidades de gentes de origen oriental. Hemos analizado ya el heterogéneo mapa poblacional de la Península Ibérica durante los siglos VI y VII y hemos apuntado la importancia que jugaron los orientales en la llegada de productos venidos de otras zonas del Mediterráneo. Cabe ahora tratar cómo se desarrolló este comercio y cuáles fueron las estructuras que lo hicieron posible. Este análisis es posible gracias a las fuentes textuales, la legislación escrita, así como los restos epigráficos y los materiales fruto del comercio, y muestra además que las redes de comunicación durante todo este período no desmerecen las de épocas anteriores, sino bien al contrario, perpetúan una tradición común al Mediterráneo oriental y norteafricano. El comercio de ultramar estuvo en manos de los transmarinii negotiatores, que por regla general eran judíos y, sobre todo, sirios. La organización de este comercio, basada en la institución de características orientales de los transmarinii, estaba regida por el derecho marítimo de origen romano y no por una legislación propiamente visigoda. Es decir, aunque la legislación relativa al comercio de ultramar aparezca en las Leges visigothorurn, ésta estaba ya contenida en el Codex Theodosianus. Si bien existió un amplio comercio mediterráneo establecido entre las costas orientales, norteafricanas y las occidentales debido a que la mayoría de comerciantes eran -tal como decíamos- orientales, también se sabe por los textos que existió un flujo comercial de norte a sur, establecido a partir del tráfico marítimo o la red viaria terrestre. A los mercados organizados en territorio franco acudieron también los comerciantes hispánicos. En las Etimologías (XV, 2, 45) Isidoro hace una breve descripción de estas actividades, que resulta de interés por la información que se extrae: "La denominación de mercatum deriva de commercium, pues en él se acostumbra vender y comprar cosas. Del mismo modo se llamo teloneum al lugar en que se descargan las mercancías de las naves y se paga el sueldo a los marineros. Allí se sienta el cobrador de impuestos, que fija el precio de los artículos y lo anuncia en voz alta a los vendedores". De ello y de las leyes se deduce que un papel importante en la jurisdicción lo tuvieron los telonarii, también denominados vectigalia exactores, cuya función principal era la recaudación de impuestos, pero entre sus actividades se les ha atribuido a veces la función de jueces en los litigios comerciales surgidos en estos puertos costeros o fluviales. Es muy probable que, además de las mencionadas funciones fiscales, tuviesen la carga de fijar los precios de los artículos. Un hecho importante, dentro de lo que son las actividades comerciales, es el momento de celebración del conventus mercantium, que era la reunión de mercaderes para celebrar mercado en el foro o plaza de ciudades o núcleos semiurbanos. Comerciantes y población se desplazaban desde los diferentes puntos de hábitat para participar en la compraventa. Queda ahora por saber cuáles eran los productos que, gracias a estos mercaderes orientales y las diferentes rutas marítimas, llegaban a los diversos lugares comerciales. Es muy probable que el comercio más relevante fuese el de los tejidos, particularmente las sedas bizantinas y el de los metales como el oro, la plata y el bronce, además de elementos ornamentales marmóreos. También debieron formar parte los productos de carácter secundario, es decir, aquellos que no constituían la parte principal del cargamento, como por ejemplo, las especias. El comercio en sentido inverso, es decir de Occidente a Oriente, tuvo también sus productos comerciales, como por ejemplo, el esparto, el garum o los caballos hispánicos, que tanto aprecio tuvieron a lo largo de la Antigüedad y que siguieron siendo transportados a la pars orientalis en épocas tardías. Las ciudades portuarias eran puntos neurálgicos de las actividades comerciales, pero también los otros núcleos urbanos fueron focos de atracción para la población libre especializada en diversas actividades, esencialmente artesanales. En estos ámbitos urbanos encontramos una gran cantidad de individuos libres, aunque no exclusivamente, dedicados a una profesión, originando así una gran actividad ciudadana. Cada una de estas especializaciones se reunía bajo la forma de gremio, collegiatus. Destacan los artesanos, toreutas, orfebres, herreros, arquitectos, ingenieros, escultores, canteros, picapedreros, carpinteros, chamarileros, curtidores, tejedores, tintoreros, médicos, maestros, etcétera.
contexto
Difícil resulta expresar con un único término lo que aconteció en la Europa de los siglos XIV y XV en el ámbito del comercio. ¿Hubo estancamiento? ¿Hubo, por el contrario, expansión? ¿O simplemente cabe hablar de cambios? Ciertamente, hubo un poco de todo. El impacto de la gran depresión ejerció, sin duda, una influencia negativa en el desarrollo del comercio. Los conflictos bélicos, tanto en la tierra como en el mar, causaron asimismo grandes sobresaltos en la práctica mercantil. Mas a pesar de esos obstáculos es lo cierto que el intercambio de mercancías no sólo no retrocedió a finales de la Edad Media, sino que incluso progresó. De todos modos, quizá lo más significativo de esos siglos fueran los cambios sustantivos que se produjeron. Muchos elementos, claves en el comercio de siglos anteriores, declinaron irremediablemente. ¿No fue ése el caso, por ejemplo, de las celebérrimas ferias de Champagne, durante varios siglos columna vertebral del comercio europeo de larga distancia? En cambio entraron en escena nuevos protagonistas, entre los cuales es preciso destacar instrumentos de tanta eficacia como la letra de cambio. Paulatinamente se producía una traslación del centro de gravedad de la actividad mercantil desde el Mediterráneo, la vía tradicional del comercio de la Cristiandad con los infieles y el Extremo Oriente, hacia un nuevo horizonte, el océano Atlántico, considerado durante mucho tiempo como un mar tenebroso.
contexto
La ausencia de una red viaria terrestre y los impedimentos que ponían las poleis para el transito terrestre motivaron el amplio desarrollo del comercio marítimo, que se realizó gracias a la utilización de grandes naves de carga. Incluso debemos advertir que a pesar de las diversas hegemonías políticas, la libre circulación se imponía en el ámbito naval. Desde Atenas salían continuos productos de temporada, llegando a la ciudad "cuanto las rutas del mar proporcionan la continente", en palabras de Tucídides. A la capital del Ática llegaban salazones, trigo, madera de ciprés y de cedro, objetos suntuarios, papiros para escribir y un largo etcétera de productos que hacían de esta ciudad el centro neurálgico del comercio helénico. Las rutas griegas alcanzaban todas las riberas del Mediterráneo, llegando hasta las lejanas costas ibéricas, donde realizaron numerosas fundaciones, entre las que destaca Emporion.
contexto
El dominio que ostenta la producción agraria en la organización económica y la consecuente dependencia de las actividades artesanales condiciona el carácter y el volumen del comercio, que en gran medida está constituido por productos derivados de la agricultura. No obstante, la importancia de los recursos mineros hispanos y su escasez en la península italiana favorecen el desarrollo del transporte de minerales mediante procedimientos relacionados con los distintos sistemas de propiedad y explotación de los yacimientos mineros. La relación periferia-centro, que define de forma general la posición de las provincias hispanas con respecto a Roma y a la península italiana, condiciona también el tipo de relaciones comerciales, especialmente en lo que se refiere a los productos en los que se materializa. El punto de partida está constituido por la situación colonial del período precedente; las provincias hispanas abastecen a Roma en época republicana mediante el botín de guerra y con materias primas, como minerales y cereal; en cambio, reciben de los centros itálicos productos elaborados entre los que se encuentran los derivados de la agricultura como el vino, algunas manufacturas, como la vajilla propia de las cerámicas campanienses, y determinados productos de lujo. Durante el Alto Imperio persiste esta situación de dependencia, aunque ya se producen determinadas modificaciones que reflejan una cierta inflexión en las tradicionales relaciones centro-periferia. El fenómeno se aprecia en el ámbito agrario, donde el desarrollo de la agricultura hispana fomenta un comercio en sentido contrario al del período republicano, y en las transformaciones de las actividades artesanales, que introducen los sistemas productivos itálicos y la imitación de sus productos, haciendo innecesarias algunas de las importaciones precedentes. La dinámica que se aprecia en el ámbito de la vajilla es bastante gráfica al respecto, ya que a las importaciones de fines de la República e inicios del Principado, procedentes primero de Italia y con posterioridad de la Galia, a las que conocemos respectivamente como sigillata aretina y sigillata sudgálica, le suceden desde el reinado de Tiberio o de Claudio producciones peninsulares conocidas como sigillata hispánica, que se difunden en las distintas provincias hispanas e incluso irradian a zonas más periféricas durante el siglo I d.C., como los territorios africanos. No obstante, las propias características del Principado, y especialmente la proyección a las provincias de las propiedades imperiales, condicionan la naturaleza de los intercambios entre Hispania y Roma. Concretamente, las explotaciones imperiales generan un trasvase de riquezas mediante el correspondiente aparato administrativo (procuratores, arkarii, tabularii), que en principio afecta fundamentalmente a la explotación de algunos yacimientos mineros, pero que progresivamente se extiende a otros campos que abarcan las producciones agrarias de determinadas propiedades del emperador y la coacción que se ejerce sobre los medios de transporte marítimos para el abastecimiento de Roma. Esta evolución se intensifica durante el siglo II d.C. y alcanza su máximo desarrollo con las nuevas condiciones históricas de la dinastía de los Severos. El elemento esencial que dinamiza el comercio hispano está constituido por el desarrollo del proceso de urbanización, que favorece ante todo el comercio local mediante sus propias instalaciones urbanas (tabernae, macellum), pero que asimismo canaliza, especialmente cuando las ciudades se ubican en enclaves costeros o fluviales favorables, el comercio de sus productos hacia los grandes centros de consumo del Imperio, conformados por Roma, Italia y las fronteras. A su vez, los gustos romanizados de las elites sociales que dirigen las colonias y municipios dan lugar a importaciones de productos de lujo procedentes tanto del mundo itálico como del Mediterráneo oriental. La articulación territorial de Hispania y las condiciones favorables creadas por la erradicación de la piratería, a la que alude Augusto en su testamento político (Res Gestae), constituyen elementos que favorecen la intensificación del comercio, tanto en lo que se refiere a su marco peninsular como mediterráneo y atlántico. El control territorial y la nueva articulación administrativa materializada en el organigrama de las tres provincias hispanas dinamiza la construcción de la imprescindible red viaria, que ya se había iniciado en el período republicano. En este sentido, la conquista de los pueblos del norte permite una organización sistemática de la red viaria peninsular, que en gran medida se programa en relación con las fundaciones urbanas llevadas a cabo por Augusto. El carácter específico de la red viaria hispana, en contraste con otras como la de la Galia, está constituido por su trazado periférico, que viene condicionado en líneas generales por la posición central de la Meseta y por los accesos naturales a ella. El litoral mediterráneo queda articulado mediante la Vía Augusta, que conecta a Hispania con Roma por la costa levantina, dirigiéndose en uno de sus ramales desde Carthago Nova hacia el interior en dirección a Acci (Guadix) para alcanzar el Guadalquivir y, por su cauce, la Baja Andalucía, hasta finalizar en Gades. Los territorios occidentales de la Península se relacionan mediante la llamada Vía de la Plata que une a Asturica Augusta (Astorga) con Emerita Augusta, conectando desde la capital de la Lusitania con la que se dirige hacia los centros del Bajo Guadalquivir, tales como Hispalis e Italica. Finalmente, los territorios septentrionales quedan relacionados mediante diversas vías, como la que une Asturica Augusta con Burdigalia (Burdeos) o la que articula todo el valle del Ebro. Los ejes fundamentales de articulación del territorio se complementan con otros de menor proyección tales como los que unen Bracara (Braga) con Olissipo (Lisboa), a Olissipo con Pax Iulia (Santarén), a Emerita con Caesaraugusta a través de Toletum (Toledo) y del Valle del Jalón, o a Gades con Carthago Nova por la costa a la que conocemos como Vía Hercúlea. La construcción de redes de ámbito local, que relacionan a ciudades concretas, completa la nueva articulación de la Península. Su desarrollo e incluso la importancia estratégica que poseen para el Imperio puede reconstruirse mediante la información presente en los miliarios que marcan las distancias existentes desde un determinado punto de partida, y que también indican mediante anotaciones su construcción o su restauración por determinados emperadores, a cuya propaganda contribuyen. La distribución cronológica que los miliarios ofrecen en el territorio peninsular son claramente indicativos de una mayor preocupación por las rutas del centro, sur y levante peninsular durante los primeros años del principado, que contrasta con la importancia que adquiere la red viaria del noroeste a partir de mediados del siglo I d.C. La función de la red viaria, cuya monumentalidad puede rastrearse en los puentes que han sobrevivido en Corduba, Emerita, Alcántara, etc., se relaciona más con las necesidades administrativas y militares de articulación y control territorial que con la organización del comercio. En realidad, la lentitud del transporte terrestre, derivada de la propia naturaleza de los medios empleados, en el que la tracción se realiza mediante bueyes, ya que se desconoce el atalaje que permite la collera pectoral sin oprimir la yugular o la herradura que hubiera facilitado el uso de animales de mayor rapidez, condicionan el que la red viaria favorezca esencialmente el comercio local de la ciudad con su territorio o la conexión de centros productores o consumidores con la red fluvial o costera que articula las grandes rutas comerciales.
obra
Godoy encargó a Goya cuatro tondos para decorar la antesala que precedía a la escalera de entrada de su nuevo palacio madrileño. Los temas elegidos eran característicos de la ideología de la Ilustración: el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Ciencia, hoy desaparecido. Con ellos quería representar el valido su pensamiento político y dejar constancia de lo que había intentado fomentar durante su mandato, aunque su principal preocupación fuera la política exterior.El Comercio es la mejor de las tres que quedan, ya que Goya empleó un foco de luz que penetra por la ventana, creando fuertes contrastes para crear el efecto de profundidad y la alternancia de planos. Para reconocer la actividad, ha situado un saco debajo de la mesa, junto a la cigüeña, que simboliza la confianza y el apoyo mutuo. El punto de vista utilizado es muy bajo ya que iban a ser contempladas a una altura considerable. Con estas escenas, el maestro participaría de la propaganda que se realizaba Godoy para aparecer como el mejor gobernante que podía existir para el país.
contexto
El comercio dentro del territorio bizantino hubo de ser continuo porque los campesinos intervenían en él: al menos, tenían que vender parte de sus cosechas para pagar en dinero los impuestos. Por otra parte, el abastecimiento de las grandes ciudades obligaba a tráficos importantes canalizados a través de los mismos mercados rurales donde el comercio era libre -casi nunca se intentó el abastecimiento triguero de Constantinopla por vía de monopolio, por ejemplo-. Los principales excedentes se situaban así: cereales en Asia Menor, Grecia e Italia, ganado de cerda y bovino en Tracia, ovino en Bitinia, algodón y lino en Asia Menor también, azafrán en Cilicia, alumbre en el Sur del Mar Negro, al Oeste de Trebisonda... pero no es posible conocer datos más precisos. El dominio de amplias áreas del Mediterráneo oriental y del Mar Negro y su acceso, y la potencia de la flota mercantil bizantina importaban tanto para el comercio exterior como para el interior: ambas realidades no decayeron el siglo XII y explican que el Derecho marítimo imperial (Ley de los Rodios o Nomos Rodios) haya influido sobre otros elaborados posteriormente en el ámbito mediterráneo. Constantinopla y las principales ciudades y puertos concentrarían las operaciones mercantiles de mayor volumen y los tráficos hacia o desde el exterior del Imperio, contando con su magnifica ventaja de posición: Constantinopla, dueña de los estrechos entre Mediterráneo y Mar Negro, era un nudo comercial de enorme importancia. Destacaban, además, las ferias de Tesalónica y Efeso, la capitalidad regional de plazas como Andrinópolis, Cesarea, Esmirna o Sínope, o el papel de cabecera de rutas exteriores que juegan Corinto, Melitene o Chersón. De Este a Oeste, las principales rutas y contactos exteriores del comercio bizantino eran éstas: Alejandría, Edesa y Trebisonda eran los puntos extremos del tráfico hacia el Indico pues, más allá, era inevitable utilizar intermediarios musulmanes. En cambio, la ruta terrestre hacia China por el Turquestán permaneció abierta mientras duró la alianza con los jázaros, y permitió importar oro del Cáucaso y de los Urales. Desde la segunda mitad del siglo IX los varegos descendiendo por los cursos del Dnieper, Don y Volga tomaron contacto con el espacio bizantino. Y, en lo que toca a las rutas hacia Occidente, se combinó el uso de las marítimas y de la terrestre que unía Tesalónica y Dyrrachion a través de la Vía Egnatia; la ruta del Danubio no estaría practicable hasta comienzos del siglo XI, tras las victorias sobre los búlgaros, que coincidían con la sedentarización y cristianización de los húngaros asentados en Panonia Bizancio ofrecía en aquellos tráficos comerciales manufacturas de gran calidad en metalurgia, orfebrería, esmaltes, marfiles y sedas, tintes, en especial cochinilla, resina de lentisco, tejidos de lino y algodón, vinos y frutos secos. Pero importaba más: oro, especias, perfumes, piedras preciosas, maderas finas y sederías orientales, así como pieles, madera, pescados y miel traídos por los varegos. El tráfico de esclavos tuvo notable importancia: eran eslavos, armenios, caucásicos, prisioneros de guerra y gentes de diverso origen vendidas por mercaderes varegos: aunque estaba prohibido, es evidente que Bizancio actuó como intermediaria en el envío de esclavos a países islámicos. Otros se utilizaron en el Imperio, más en las ciudades que en el ámbito rural por lo que parece. El gran comercio tuvo en la economía bizantina un papel marginal. Desde el siglo XI cayó en manos extranjeras -sobre todo italianas- al tiempo que los cambios en el mundo mediterráneo hacían que Constantinopla perdiera parte de su importancia como punto intermediario obligado, aunque lo mantuvo mientras controló el paso al Mar Negro. Fue una posibilidad poco aprovechada, a causa más de las ideas sobre un sistema económico agrario dominante en un mundo inmóvil que no de la competencia occidental, inexistente hasta bien entrado el siglo XI.