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museo
Integra, junto con el colegio y la iglesia, el complejo del Colegio del Corpus Christi también llamado del Patriarca. El edificio fue fundado por el Patriarca y Virrey San Juan de la Ribera y conserva un hermoso claustro renacentista. El Museo, formado por la Capilla de la Purísima y otras estancias adyacentes, incluye una colección pictórica de los siglos XVI y XVII y obras de Juan de Juanes, El Greco y primitivos flamencos. La iglesia conserva La última cena de Ribalta en su altar mayor y tapices flamencos en la Capilla de la Comunión.
museo
Fundado como Colegio Seminario para la formación de sacerdotes por San Juan de Ribera en 1583 y construido entre 1586 y 1615, fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1962. Cuenta con un pequeño pero interesante Museo del Colegio, con obras de El Greco, Juan de Juanes, Sariñena, Morales o Ribalta. Se compone de arte religioso de los siglos XVI y XVII y una colección de pintura flamenca.
monumento
El colegio y la iglesia de San Miguel están situados en la parte más céntrica de Espejo. Son un claro ejemplo de barroco típico. En el interior de la iglesia todavía puede visitarse la capilla de San Miguel, una de las más hermosas de toda la localidad.
monumento
Diseñado por Juan de Álava y construido por Jácome García y Alonso de Gontín, sus obras se iniciaron entre 1532 y 1534. Presenta portada renacentista, esbeltas columnas jónicas y un claustro plateresco con decoración de escudos y medallones. Aquí se asentó el Seminario de Estudios Galegos, cuyos miembros redactaron el primer anteproyecto de estatuto de autonomía de Galicia. En 1982 se instaló el primer Parlamento democrático de la Autonomía. Actual biblioteca universitaria, en su patio se alza una estatua dedicada al arzobispo Alonso III de Fonseca. Actualmente es biblioteca universitaria. Además, el Colegio Mayor Fonseca es origen de una conocida tuna estudiantil, que versa: "Triste y sola, sola se queda Fonseca..."
obra
El conjunto de la Clerecía, majestuoso y solemne tanto en el exterior como en el interior, demuestra la capacidad de Gómez de Mora para organizar espacios y manejar proporciones monumentales, y también su habilidad para crear la imagen de sólido poder deseada por la Compañía.
obra
Sólo el cuerpo bajo de la fachada es obra de Gómez de Mora; el segundo lo levantó siguiendo sus trazas el jesuita Pedro Mato, pero el resto fue finalizado ya en el XVIII por García de Quiñones, con el lenguaje decorativo y dinámico propio de esta centuria.
obra
Los cuerpos inferiores de la fachada de la Clerecía fueron construidos en el siglo XVII, interviniendo en la zona inferior Juan Gómez de Mora y en el segundo Pedro Mato. En la centuria siguiente, García de Quiñones completó la fachada, aportando el dinamismo y la elegancia propias de esta época. Las torres también son del siglo XVIII y obra de Quiñones; se levantan con dos cuerpos, el primero de planta cuadrada enmarcada por columnas corintias pareadas en las esquinas, abriéndose un ventanal en cada frente, precedido de un balcón y enmarcado por un baquetón; el segundo cuerpo es octogonal, flanqueado por cuatro obeliscos, situándose en sus pedestales estatuas de santos y padres de la Iglesia. Una balaustrada y una cúpula de media naranja con linterna coronan cada una de las torres.
obra
La planta del templo es la habitual en las construcciones jesuíticas: de una sola nave, con capillas laterales intercomunicadas y amplio crucero cubierto por gran cúpula, aunque introduce la novedad de situar el coro en la capilla mayor.
monumento
Se trata de la obra religiosa más grandiosa de Juan Gómez de Mora, fundación de la reina Margarita de Austria. En 1617 proyectó este impresionante conjunto, integrado por la iglesia, el claustro y dos grandes pabellones que enlazan los distintos sectores del Colegio, con capacidad para unos trescientos jesuitas. En 1628 Gómez de Mora dejó la dirección de los trabajos, que se prolongaron en el Colegio hasta 1642 y en el templo hasta 1665, siempre siguiendo sus diseños. El claustro y parte de las dependencias cercanas a él corresponden ya al siglo XVIII. La planta del templo es la habitual en las construcciones jesuíticas: de una sola nave, con capillas laterales intercomunicadas y amplio crucero cubierto por gran cúpula, aunque introduce la novedad de situar el coro en la capilla mayor. Sólo el cuerpo bajo de la fachada es obra suya; el segundo lo levantó siguiendo sus trazas el jesuita Pedro Mato, pero el resto fue finalizado ya en el XVIII por García de Quiñones, con el lenguaje decorativo y dinámico propio de esta centuria. El conjunto de la Clerecía, majestuoso y solemne tanto en el exterior como en el interior, demuestra la capacidad de Gómez de Mora para organizar espacios y manejar proporciones monumentales, y también su habilidad para crear la imagen de sólido poder deseada por la Compañía.