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África

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Los fang, pueblo guerrero desde hace muchas generaciones, sienten verdadera pasión por sus antepasados, a los que cantan en interminables poemas épicos. Quizá estos relatos, como la contención de muchas de sus figuras y de todas sus máscaras, sea un resto de su lejano origen septentrional. Esta pasión por los muertos se constituye en el centro de su culto y de su arte, e incluso sus lamentos versificados son dignos de mención: "Padre, ay, ay, ¿por qué, oh padre, abandonas tu hogar?/ Un hombre te ha matado, oh padre./ Vosotros buscaréis la venganza de su muerte./ Tu sombra va a pasar a la orilla opuesta./ Oh padre, ¿por qué abandonas tu hogar, oh padre?/ El cielo se aclaró, los ojos se oscurecieron;/ el agua cayó del árbol gota a gota, la rana salió de su agujero./ Mirad, es la casa del padre./ Recoged las yerbas funerarias./ Salpicad del lado derecho, salpicad del lado izquierdo:/ un hombre ve ahora las cosas invisibles" (trad. de R. Martínez Fure). Cuando mueren un hombre o una mujer, sus hijos o sobrinos lo entierran, y meses después recogen su cráneo. Así comienza un rito semejante al de los kota, y que expondremos con las palabras de G. Tessmann, sabio estudioso de los fang (o angwe, como entonces se los llamaba a principios de nuestro siglo: "Cuando la muerte de otros parientes próximos permite completar la colección de cráneos, se prepara... un recipiente de corteza,... que se coloca en un rincón de la casa. Los cráneos y fragmentos se sitúan en el fondo, entre trozos de corteza de Copaifera y fragmentos de Prevostea africana, recortados y teñidos con paduk; esta planta trae buena suerte. Se añaden también otros talismanes. El resto del bote se llena después con hojas de banano secas, y se cierra. Sobre la tapa aparecen sentadas una o varias figuritas de madera; sus grandes ojos de hojalata contemplan con mirada ausente la vida cotidiana de la casa, como si viniesen de otro mundo y como si no pudiesen entender en absoluto los asuntos de los hombres". Poco podemos añadir a estas palabras, salvo que también, en ocasiones, simples cabezas sustituyen a las figuras enteras, y que hoy, gracias a los estudios de L. Perrois y M. Sierra, pueden dividirse estas piezas en diversos estilos regionales.

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