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Datos principales


Rango

Bliztkrieg

Desarrollo


Casi nadie echó en falta a la marina alemana en las brillantes victorias del verano de 1940. Más aún, tras la rendición de Francia, Gran Bretaña se encargó de mejorar la relación de fuerzas a favor de Berlín con el hundimiento de parte de la flota francesa... Ya el 17 de junio, cuando aún continuaba la lucha en Francia, Churchill comunicaba al almirante Andrew Cunningham que la flota francesa debería ser destruida si París se rendía. Y así fue. De poco sirvió que en los armisticios firmados por Francia en Rethondes con Alemania y en Villa Incisa con Italia no se contemplara la entrega de la flota a los vencedores y de que Londres tuviera constancia de que sus buques serían barrenados antes de caer en manos del Eje. El Almirantazgo británico, aún exponiendose al odio de los franceses, resolvió destruir los buques galos en las bases que tuviera al alcance de sus cañones y apoderarse de los barcos que pudieran asaltar sus comandos. Todo menos que aquellas poderosas unidades pasaran a la marina de Raeder. El 3 de junio comenzó la gran cacería. A las 16,56 la fuerza H británica, -almirante Somerville- abrió fuego sobre la base de Mers el Kebir -la antigua Mazalquibir- donde se hallaban cuatro acorazados franceses. Uno de ellos logró escapar de aquella ratonera, los otros tres se hundieron o encallaron. 1297 marinos franceses fueron inmolados ese día, sin defensa alguna posible, por sus propios aliados.

Mejor suerte tuvo la Fuerza X (un acorazado, 4 cruceros y 5 destructores) cedida por Francia a Gran Bretaña para la defensa del Mediterráneo oriental. Un pacto entre caballeros -sus almirantes Cunningham y Gogfroy- permitió que las naves francesas quedaran desarmadas y sin combustible en el puerto de Alejandría. En Dakar fue bombardeado el acorazado Richelieu, la más moderna y poderosa unidad francesa, que permaneció allí a causa de sus averías, aunque volverá a combatir contra los británicos. En Martinica no fueron atacados los buques franceses gracias a la intervención de Washington, pero en los puertos de Plymouth y Portsmouth fueron asaltados por comandos británicos los buques franceses que allí se habían refugiado. Winston Churchill, excusó todas aquellas acciones, poniendo como ejemplo la facilidad con que sus soldados tomaron los buques franceses: los alemanes hubieran podido hacer otro tanto. Lo cierto es que no fueron los alemanes, sino los ingleses quienes cometieron la iniquidad de Mers El Kebir. Los franceses les pasarían más tarde aquella cuenta y, a finales de 1942 -con la autodestrucción de su flota en Tolón- demostrarían que nunca hubieran entregado los barcos a Hitler.

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