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El avance de los alemanes hacia el este por territorios eslavos del Báltico -fenómeno denominado por aquellos como Drang nach Osten- fue consecuencia de la conjunción de factores políticos, económicos y religiosos. Entre los primeros hay que situar la acción de los principados alemanes del cuadrante nororiental, con una línea de actuación diferente al resto de los componentes del Sacro Imperio, seguida de la importantísima trayectoria que conseguirá la "Orden de los caballeros teutónicos", en esta zona europea, a partir del primer tercio del siglo XIII. Junto a lo político-militar, la idea de cruzada -hasta entonces limitada al ámbito islámico- hará acto de presencia en la lucha contra el paganismo de estos pueblos. Su erradicación sería resultado tanto de las armas como de la labor evangelizadora de premostratenses y cistercienses. Por último, como factor económico, destacará la colonización de estas zonas por holandeses, frisones y, sobre todo, por alemanes -a instancias de la clase aristocrática, de las órdenes militares y por iniciativa de colonos y mercaderes- que paralelamente extenderán su influencia por otros países centroeuropeos como Polonia, Bohemia o Hungría. En este sentido, el germanismo obtuvo una generosa compensación en el centro y especialmente en el este, cuando, tras la batalla de Bouvines en 1214, se cerró su proyección hacia el oeste de Europa.

La marcha progresiva de los germanos hacia el este, iniciada con los carolingios, no se había interrumpido en ningún momento. Más allá del Elba, las operaciones militares efectuadas por algunos magnates, con independencia del Imperio, se fueron haciendo habituales a medida que avanzaba el siglo XII. La anarquía surgida en Polonia, después de la muerte de Boleslav III, en 1138, facilitó esta acometida, que fue protagonizada por Alberto el Oso y Enrique el León, duque de Baviera y Sajonia. Alberto el Oso ocupó Brandeburgro y se intituló margrave del mismo hacia 1150. Sus herederos proseguirían su obra engrandeciendo el margraviato mediante una expansión hacia el Báltico, en la margen derecha del bajo Oder. Por su parte, Enrique el León, intentando crear un gran Estado sajón, conquistó los territorios vendos de la costa entre el Elba y el Oder, estableció en ellos los ducados de Mecklemburgo y Pomerania y ejerció influencia en el Holstein oriental. Se instaló en Lübeck -fundada en 1143- donde fijó una sede episcopal y creó Rostock. Así, mientras Federico I Barbarroja dirigía una cruzada en Oriente, estos hombres lo hacían contra los paganos próximos a sus dominios. La idea de "cruzada contra los eslavos" seria decisiva para proseguir su avance. A la conquista seguiría la colonización, que se desarrolló de forma potente a partir de la segunda mitad del siglo XII, gracias al impulso de los príncipes. Ellos fueron los que favorecieron la inmigración masiva de caballeros, mercaderes, colonos y monjes del Císter, los cuales sentaron firmes bases para la futura germanización y cristianización del país.

Lübeck se convirtió rápidamente en un importante centro urbano que se unirá a la futura "Liga Anseática". Sus habitantes fueron responsables de la fundación de Riga en 1201 que, como nueva zona de cruzada, pronto acogió el establecimiento de los "Fratres militiae Christi", más conocidos como los "Caballeros Portaespadas", que hicieron reconocer la posesión de Livonia como nuevo feudo imperial y procuraron la atracción de nuevos contingentes de población germánica. Con anterioridad, los pueblos autóctonos de esta zona habían mantenido contactos comerciales con los nórdicos y aunque dichas relaciones habían decaído a fines del siglo XI, para no perder toda su influencia, los daneses, también con matiz cruzadista, fundaron Reval (Tallinn) en Estonia. Sin embargo, Dinamarca sólo controló el sector eclesiástico, pues la mayor parte de los cuadros socioeconómicos fueron alemanes, procedentes de Lübeck. En el siglo XIII, bajo el estímulo de reducir el paganismo, la progresión germana continuó por el Báltico oriental, sentando los cimientos de la futura Prusia. Esta nueva fase expansiva tuvo como protagonistas, de un lado, a la orden teutónica, de otro, a los pueblos baltos: prusianos (situados entre el Vístula y el Niemen), lituanos y letones (del Niemen al Dvina; los primeros, en el interior, ocupando zonas de bosques frondosos), livonios y estonios (entre los golfos de Riga y de Finlandia). La orden teutónica -así denominada por limitar sus filas exclusivamente a alemanes- nació en Acre en la segunda mitad del siglo XII.

Más tarde, desde esta posición en el Mediterráneo oriental, ampliará y trasladará su campo de acción a la Europa Báltica. El creador de su grandeza y de la nueva etapa fue Hermann von Salza, amigo personal de Federico II. De este gran monarca recibiría el titulo de "Príncipe Imperial", y su orden cuantiosos privilegios y mercedes. El maestre Hermann sacó a sus caballeros de Tierra Santa para llevarlos a una cruzada más prometedora en Hungría, pero, ante los escasos éxitos, aprovechó la oportunidad que se le ofrecía en los territorios paganos del norte de Europa. En efecto, en el ano 1226, el duque polaco Conrado de Mazovia, no pudiendo reprimir una revuelta general de los prusianos, solicitó ayuda a los teutónicos, que se embarcaron en una nueva cruzada contra los infieles. A cambio, recibirían todos los territorios que pudiesen conquistar. Derechos que fueron ratificados por el propio Federico II y que vinieron a demostrar que las disposiciones dadas a dicha orden en la "Bula de Oro de Rímini" no habían sido estériles. Las motivaciones que movieron a Conrado a efectuar el llamamiento de los caballeros germanos pudieron ser varias: poner freno a las devastaciones que los prusianos -recientemente evangelizados- efectuaban en sus dominios, o poner fin a la acción de los cistercienses que, con ayuda de los portaespadas, organizaban este territorio al margen de Polonia. Por otro lado, también se ha debatido respecto a los intereses de Federico II, si fue o no el impulsor de esta expansión, pretendiendo restar la influencia del Pontífice en este área.

De ser afirmativa la respuesta a esta última cuestión, su proyecto no triunfó, pues en 1234 la orden entregó todas sus propiedades al Papa, que se las devolvió en calidad de feudos de la Iglesia. El asentamiento de los teutónicos en Prusia se afianza con su fusión a los Hermanos Portaespadas de Livonia en 1237, unión que inaugura una nueva fase de su poderío en el Báltico. La costa oriental hasta Finlandia fue abierta a las misiones de la Iglesia, a los nobles y pobladores urbanos, que fueron los principales agentes de colonización. Allí explotaron a los pueblos autóctonos que, como campesinos, quedaron en su mayor parte sometidos a servidumbre. Los nobles recibieron feudos y formaron parte de la milicia; los pobladores de los burgos obtuvieron plena autonomía y llegaron a formar parte de la Hansa. Desde el punto de vista urbano, es la época de la fundación de ciudades: Thorn (1231), Kulm (1232), Marienburg (1233), Elgbing (1237), Memel (1252), Konigsberg (1254), Braunsberg... hasta un total de unos ochenta nuevos núcleos urbanos, a los que no se exigió ningún impuesto, salvo los aduaneros. La fuerza y el auge obtenidos por la orden hicieron concebir los ambiciosos planes de ensanchar sus dominios mediante una nueva cruzada contra los cismáticos ortodoxos del norte de Rusia. Un objetivo que les conduciría a una seria derrota junto al lago Peipus, en 1242, a manos de Alexander Nevski, príncipe de Nóvgorod y que cerraría definitivamente su expansión por Rusia.

Un año antes, la orden, junto a los polacos, había sido igualmente derrotada por los mongoles en Leignitz. Al calor de los citados descalabros, entre 1242 y 1253, tuvo lugar una revuelta prusiana, que fue sofocada con ayuda de Bohemia y Alemania Mientras tanto, mejor organizados que los prusianos, unos nuevos enemigos, los lituanos, se levantan frente a la presión teutónica. Las tribus lituanas paganas, protegidas por bosques y pantanos, se unieron bajo la jefatura de Mindovg, que logró formar un vasto imperio. Mindovg, para impedir a los caballeros el pretexto de cruzada contra ellos, se convirtió al cristianismo en 1251, recibiendo a cambio el título de príncipe real de manos de Inocencio IV. Sin embargo, pronto abdicó de la nueva fe, enemistándose con la orden, a la que derrotó en Durben en 1260. A consecuencia de este hecho, el paganismo recuperó terreno y la conversión definitiva de Lituania no llegaría hasta finales del siglo XIV. El desastre de Durben fue seguido de un nuevo levantamiento prusiano, dominado esta vez con la colaboración de Polonia. A la victoria, seguiría una exterminación sistemática y deliberada de los naturales del país. Represión que condujo de forma inevitable a la completa germanización de Prusia, que se sometió totalmente hacia 1285. Un hito importante para la orden teutónica sería la autorización papal para comerciar, en 1263. De manera que, nacida como una institución semimonástica para las cruzadas en Tierra Santa, se convirtió primero en una organización prioritariamente militar y más tarde comercial, con claros fines económicos que habría de defender frente a los intereses de las ciudades que ella misma había fundado. Su potencial y empuje quedó refrendado en 1309, fecha en que el maestre Sigfried von Fenchwagen trasladó la residencia oficial de los teutónicos desde Venecia a Marienburg, inaugurando, a partir de entonces, su periodo más brillante.

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