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Desarrollo


La población de la India en el siglo XVIII giraba en torno a los 125 millones de habitantes y su organización social se basaba en un sistema de castas, desde el brahmán hasta la última categoría formada por los intocables, dedicados fundamentalmente al trabajo de la tierra. Por otra parte, ante la inexistencia de una auténtica clase media se produce una polarización social, fenómeno que se observa, sobre todo, en las ciudades, donde contrasta la opulencia de las elites y la miseria de la mayor parte del pueblo. Las castas suponían no sólo separación, sino jerarquía. La noción de impureza incluye toda una elaboración en función de las creencias, e incluso de la propia estructura social: al ser el ganado, y en particular la vaca, objeto de una especie de veneración, los que descuartizan los animales, curten las pieles y tocan la piel de los tambores, son doblemente impuros, son los intocables. El mismo hecho de comer carne entraña impureza. No faltan, pues, criterios que permitan distinguir entre superiores e inferiores y se explica que, aunque la idea de jerarquía sea muy restrictiva, resulte difícil ordenar de manera lineal las diferentes castas de una región determinada. Pero eso no es lo fundamental, lo esencial está en el principio de una polaridad jerárquica vinculada a todo criterio de distinción. El sistema de castas entraña y expresa, pues, en un lenguaje religioso una división del trabajo. En general, en cada aldea hay una casta que dispone del derecho superior sobre la tierra, reproduciendo así, a ese nivel, la función de la realeza; es la casta dominante.

El resto, arrendatarios o aparceros, especialistas y trabajadores no libres, gravita directa o indirectamente alrededor de ella, con la excepción quizá de los comerciantes o artesanos pagados en dinero, que representan la economía mercantil de la aldea. El brahmán puede ser el servidor de la casta dominante, pero todos lo respetan en el plano jerárquico y dependen estrechamente de él para sus ceremonias y se honran con mantenerlo y dotarlo, a la vez que reciben de él sus valores. La India del siglo XVIII es un mundo rural, caracterizado por la existencia de numerosas comunidades que viven por sí mismas, gobernadas por un jefe o por un consejo de ancianos. Los artesanos adscritos a la comunidad recibían, en compensación de sus servicios, una parte de la cosecha. En algunas aldeas existían también esclavos al servicio de los campesinos acomodados. La comunidad era colectivamente responsable de los impuestos y de las prestaciones que reclamaba el Estado o el señor más próximo. El impuesto servía como nexo de unión entre la ciudad y los pueblos que no carecían del poder adquisitivo necesario para demandar las mercancías que la ciudad fabricaba. Dos acontecimientos principales habían determinado la evolución socioeconómica de la India desde el siglo XVII. El primero fue que en su territorio surgió y se consolidó un imperio poderoso y centralizado, el Imperio mogol; el segundo factor fue que se establecieron agencias comerciales europeas en varias ciudades, puertos y centros del interior, y la India se vinculó aún más estrechamente con los mercados europeos.

Desde el siglo XVII las actividades de los europeos favorecieron la expansión de la demanda de algunos bienes entre los cuales se incluían en considerable proporción las artesanías y las manufacturas. En consecuencia, desde esa centuria hubo en la India una notable tendencia hacia el crecimiento de una economía monetaria. Antes incluso del establecimiento del gobierno mogol, la economía india no era, por supuesto, una simple economía natural de subsistencia. Desde tiempos muy remotos, en la India se practicaba un considerable comercio interno, así como intercambios externos con los países ubicados hacia el Occidente y el Oriente. En numerosos centros del país, la manufactura artesanal -sobre todo en los diversos tipos textiles y metales- ya era bastante especializada. Las manufacturas urbanas estaban destinadas a la exportación y en el interior solamente a la corte imperial y a la nobleza. Aunque cada población fuera autosuficiente y basara su economía en un sistema autárquico, la existencia de grandes ciudades implicaba la aparición de una considerable circulación regional de productos agrícolas; asimismo, el comercio exterior se intensificará en esta centuria por el aumento de los intercambios marítimos con Europa. Sin embargo, varios factores impedían que la economía alcanzara un mayor desarrollo: las aldeas eran casi autosuficientes y sólo satisfacían una mínima parte de sus necesidades desde el exterior; el comercio se realizaba sólo entre las grandes ciudades y estaba bastante restringido, por el costo del transporte, los malos caminos y, muchas veces, por el incumplimiento de las leyes y el desorden que reinaba en muchas partes.

Otro factor limitativo era el volumen del excedente y, en especial, del excedente en dinero del que disponía la clase dirigente, que provenía esencialmente del campesinado. En una palabra, era un ingreso inelástico y restringido por leyes tradicionales. Estos factores continuaron vigentes a lo largo de la Edad Moderna, pero desde el siglo XVII nuevas fuerzas venían influyendo sobre la sociedad: la expansión acelerada de las ciudades, la emigración de los campesinos hacia los centros urbanos, las operaciones comerciales hacia las que se orientó preferentemente la economía de la nobleza mogol. Comenzó a existir una clase urbana, ociosa, que vivía de sus rentas provenientes de propiedades urbanas y también la tierra comenzó a ser objeto de compraventa. Hay una gran cantidad de documentos que demuestran la existencia de una inequívoca tendencia hacia el crecimiento de la economía monetaria. ¿Hasta qué punto era, pues, compatible el crecimiento de la economía monetaria con el tradicional aislamiento económico o la autosuficiencia de la aldea india? Parece que si bien las bases de la organización de la sociedad aldeana india eran bastante similares en todas las zonas, no debe perderse de vista la existencia de importantes variaciones regionales y locales. Así, en algunas de ellas, como las habitadas por las castas superiores, que no tocaban el arado, debió existir una gran cantidad de trabajadores asalariados o semiserviles. Algunas aldeas se especializaban en determinadas tareas y producían productos, como el índigo, el azúcar de caña, las semillas oleaginosas, no sólo para el consumo local sino también para un amplio mercado.

No sabemos hasta qué punto el estilo de vida de las aldeas de esas regiones coincidían con el de aquellas en las que prevalecía ampliamente la agricultura de subsistencia. A medida que se desarrollaba la economía monetaria, los campesinos y artesanos de las zonas más desarrolladas iban siendo absorbidos por el torbellino del mercado mundial. También la política impositiva de los mogoles fomentó el desarrollo de la economía monetaria. En la zona central del Imperio se fijó el impuesto sobre la tierra en dinero y se exigió que así se pagara, aunque no se abandonó del todo el pago en especie. Con el crecimiento de la economía monetaria, los negociantes-comerciantes en granos comenzaron a actuar también como prestamistas y cambistas o shroff, especializados en transacciones financieras y en la compra y venta de oro y plata. Además, siempre que se hacían pagos en efectivo, se necesitaban los servicios de un cambista, pues el valor de una moneda dependía del año de su emisión, de su pureza metálica y otras consideraciones y nadie aceptaba el pago en dinero, si no estaba certificado por un shroff. Las letras emitidas por un shroff eran aceptadas en toda la India e inclusive en muchas partes de Asia. Las tasas de descuento de esas letras eran sorprendentemente bajas, lo que demuestra que se debía disponer con facilidad de dinero, y que el sistema financiero estaba muy desarrollado. Por último, hay constancia de la existencia de una clase con un considerable capital monetario, tanto en la región costera occidental de la India, vinculada sobre todo con el comercio con el Asia occidental y Europa, como en la india meridional, relacionada principalmente con el comercio con el Asia sudoriental.

Sin embargo, esos procesos no pueden considerarse fuera del contexto de los numerosos obstáculos institucionales que impedían que se desarrollara plenamente en la India una economía monetaria. Y el obstáculo principal era el sistema de castas que interponía una formidable barrera a la movilidad social. Pero la avanzada economía monetaria bien desarrollada no implicó el maquinismo industrial. La diversidad de razones, tales como la herencia del despotismo industrial y de los recurrentes ciclos de anarquía que inhibirían la acumulación y la inversión de capital y las técnicas primitivas y el espíritu de resignación, opuesto al espíritu de empresa, entre otras, serían las culpables del funcionamiento casi exclusivo de una economía de subsistencia. No faltan, no obstante, los argumentos contrarios al imperialismo, asociado a la presencia británica en la Península, que atribuyen el atraso del país, sobre todo, a los efectos estrangulantes del dominio británico, a la destrucción de las artesanías, al peso de los impuestos y a la discriminación contra la industria y el capital indio.

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