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Francia

Desarrollo


Los restos pictóricos conservados son raros y, salvo excepciones, de segunda categoría, lo que no permite plantearse unas afirmaciones teóricas precisas en la definición de sus variantes y evolución estilística. Nada conservamos de las tantas veces referidas pinturas murales de Cluny, realizadas bajo el abadiato de Hugo. Entre 1085 y 1090, se decoraba con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento el refectorio de los monjes, completándose con los retratos de los fundadores. Tampoco sabemos nada de los murales de la cuenca absidal de la iglesia. Sin embargo, podemos hacemos una idea de sus formas y técnica por los frescos de la iglesia de Berzé-la-Ville y varios manuscritos ilustrados procedentes del scriptorium de la abadía. Berzé-la-Ville era un priorato cluniacense próximo al monasterio, apenas a una decena de kilómetros. Durante los últimos años de la vida de Hugo, éste solía retirarse a descansar aquí. Con una técnica muy cuidada, sobre un espeso enlucido de base, se representaba en el interior del ábside una composición en tres niveles: arriba, Cristo en majestad; en el medio, escenas relativas a los martirios de san Blas y san Lorenzo o san Vicente; abajo, una serie de bustos de santos. Ademanes y caracterización de los rostros denuncian el conocimiento de obras bizantinas. Sin embargo, es posible, como creen algunos especialistas, que el pretendido bizantinismo no corresponda a una dependencia directa, sino a algo aprendido a través de modelos italianos; seguramente, dados los estrechos contactos existentes, con Montecasino; no faltando una coincidencia en los detalles ornamentales con la misma pintura romana coetánea.

Al comparar su estilo con algunas obras miniadas procedentes del taller de Cluny, se datan los frescos en los primeros años del XII. Un tratado de san lldefonso, conservado en la Biblioteca Palatina de Parma, parece obra de la misma mano que el autor de los frescos. A la misma época corresponde el leccionario compuesto para la abadía. Mientras que las iniciales, siguiendo una norma generalizada en el escritorio, reproducen formas de la miniatura renana, cuatro escenas responden al estilo bizantinizante. Entre éstas, una representación de la Pentecostés modifica la iconografía habitual del tema, para colocar en un lugar privilegiado, inmediatamente debajo de Cristo, a san Pedro. Con esto se quiere subrayar la buena relación con el pontífice romano; era una manera de enfatizar la supremacía de la sede de san Pedro. Una nueva corriente bizantina aparece a finales del XII, en uno de los principales prioratos de Cluny, Souvigny (Allier). Aquí se componen una serie de biblias de gran formato, siendo la más importante la que lleva su nombre. La difusión de estos principios estéticos bizantinos de Souvigny se aprecia en obras tan dispares como dos ilustraciones de un sacramentario de Clermont-Ferrand y un fresco del pórtico de la catedral del Puy. En el Puy se reproduce una transfiguración, datada hacia 1200, cuyas fragmentarias figuras, además de coincidir con el arte de las biblias citadas, presenta evidentes relaciones con frescos italianos del estilo inercial de Sant'Angelo in Formis.

La misma filiación bizantina por intermediarios de modelos italianos acusa el estilo de las figuras, trazadas con un delicado grafismo, en el testero del refectorio de la abadía de Lavaudieu (Haute-Loire), obra ya del primer tercio del XIII.. En el extremo septentrional de Borgoña, en la cripta de la catedral de Auxerre, nos encontramos con un fragmento interesante pero que, por el momento, resulta de difícil catalogación. Cristo en el centro de una cruz adornada con cabujones, rodeado por cuatro caballeros inscritos en unos medallones circulares. Tema de indudable carácter apocalíptico que, pintado en una escasa gama de colores terrosos, podría representar una tendencia pictórica más enraizada en propias tradiciones.

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