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Richard Payne Knight escribía en su ensayo sobre los principios del gusto en 1805: "El mejor estilo de arquitectura que ahora se puede adoptar para casas irregulares y pintorescas es el estilo mezclado que caracteriza los cuadros de Claudio y Poussin: pues como se ha inspirado en modelos que se han ido construyendo gradualmente, durante muchas edades sucesivas y por muchas naciones diferentes, se distingue por no tener un modo especial de ejecución ni una clase de ornamentos, sino que admite de todo promiscuamente, desde una pared desnuda a un contrafuerte, de la más tosca mampostería al más elevado capitel corintio".Los criterios de la arquitectura pintoresca no sólo fueron heredados por el romanticismo histórico, sino que acabaron de afianzarse en el fin de siglo y en las primeras décadas del siglo XIX. Richard Payne Knight (1750-1824) intervino en el diseño de su propia residencia, el castillo de Downton en los años 70, que será uno de los modelos del eclecticismo de gusto medieval para realizaciones posteriores, pero destaca, sobre todo, como publicista de lo pintoresco. Fue, junto a William Gilpin (1724-1804) y Uvedale Price (1747-1829), el teórico más acreditado del pintoresquismo. Los ensayos sobre lo pintoresco en la arquitectura iban acompañados también, ocasionalmente, de repertorios de casas de campo en diversos estilos que servían de modelo a seguir y que facilitaron, de hecho, la extensión de esta moda en la arquitectura, que se impuso a la de las casas neopalladianas en el ámbito rural y doméstico.

Como dice Peter Collins, "los edificios pintorescos crecieron tan rápidamente corno la riqueza de los capitalistas".Hay que decir, con todo, que en el pintoresquismo, ni los recuerdos clasicistas italianos o antiguos, ni las recreaciones neogóticas, fueran de la procedencia que fueran, no se proponían jamás el respeto morfológico de los estilos históricos. Por ejemplo, la Fonthill Abbey (1796) es un edificio construido para el extravagante William Beckford por James Wyatt (1746-1813) que ha pasado por edificio emblemático del neogótico, pero responde más a una exaltación de las cualidades solemnes y las dimensiones sublimes de los espacios góticos -civiles y religiosos-, interpretadas por la imaginación del autor, que a una réplica de cualquier modelo específico de construcción gótica. El espacio pintoresco es lugar de ambientación arquitectónica, de vivencia romántica y de asociación de ideas, y no emblema del renacimiento de una cultura histórica.Con la misma libertad actuó James Wyatt en sus construcciones clasicistas, como la residencia del Dodington Park, realizada entre 1798 y 1808: aun siendo evidentes las citas de un clasicismo riguroso, el gusto por las asimetrías, las adiciones pintorescas y el protagonismo del invernadero podían convertir esta villa en lugar de recreo de la imaginación. Se propicia la confusión entre lo visto y lo imaginado, como requería la sensibilidad artística romántica, que no fue, insistimos, historicista en el sentido estricto del término.

Los edificios pintoresquistas eran escenarios ideales, que hacían las veces de pinturas que habían cobrado carta de naturaleza de realidad transitable. Basta con pensar en la Sezincote House levantada en torno a 1805 por S. P. Cockerell (1753-1827), de sabor oriental y de repertorio ecléctico, y que era un ámbito embellecido para las extravagancias y ensoñaciones exóticas. No es casual que estas construcciones se levantaran en medio de un entorno de gran belleza natural. Es llamativa la conexión buscada entre edificios notablemente artificiosos y la naturaleza circundante, que hace pensar que la comprensión adecuada de estos espacios radica precisamente en las transiciones entre estos dos elementos que se contrastan como en un acertijo.El gran arquitecto del pintoresquismo romántico en Inglaterra fue el ya mencionado John Nash (1752-1835). En los años 90 y en la primera década del siglo XIX realizó numerosas villas en los más diversos estilos. Estas eran especialmente medievales, pero también villas italianas asimétricas con pórticos y torreones -como la famosa de Cronkhill, de 1802-, como maestro que fue de la variedad, la complejidad y la innovación. Es cierto que la moda pintoresca tuvo su desarrollo en las construcciones en el campo que habían de configurar esa antigua ilusión de la urbs in rure y que sirvió a las utilidades de la vida doméstica. Pero Nash adecuó los principios de esta forma de hacer al diseño urbano propiamente dicho.

Esa fue su gran aportación. Sus obras más sobresalientes son proyectos suburbanos y, de forma muy destacada, la reurbanización de una importante parte del casco del West End de Londres. Dirigió la intervención desde los primeros planes de 1811 y la llevó a término en poco más de quince años. Estos trabajos de Nash lo acreditaron como maestro del planeamiento urbano en la historia del siglo XIX.La reforma de Londres que Nash llevó a cabo partió de una intervención urbanística en la zona abierta de Marylebone, una finca rústica propiedad de la Corona. A diferencia de otros proyectos, el de Nash no consistió en un espeso trazado de calles, sino en el mantenimiento de una gran zona verde, el Regents Park, que se vio surcado por algunas hileras de casas y mansiones aterrazadas, y en torno al cual se levantaron edificios de generoso diseño en calles y plazas de nuevo trazado. El planeamiento tiende a una solución radial que implica también una distribución de clases sociales, según se vean más o menos privilegiadas las residencias en la inmediatez de los accesos al Regents Park. Su viejo colaborador Humphry Repton (1752-1818) le asesoró en el tratamiento del parque y el ajardinamiento urbano. El aspecto de las casas aterrazadas se asemejaba a la de las mansiones pintorescas y los cottages, pero estas casas se diferencian en el hecho de estar destinadas a las funciones de la vida urbana.De idéntica importancia es la otra parte de este plan urbanístico: la vía de comunicación entre la parte sur del Regent´s Park -el Park Square y la subsiguiente Portland Place- y la residencia del príncipe regente, la Carlton House.

Nash trazó así un eje que atraviesa la ciudad de norte a sur que es la Regent Street, avenida de edificios representativos en la que se albergan algunas plazas como el Piccadilly Circus y el Oxford Circus.Esta amplia arteria, que ponía en relación partes muy distintas de la ciudad desde el punto de vista social y constructivo, había de ser, según la primera concepción, una gran avenida porticada, al estilo de lo realizado en el París napoleónico en la rue de Rivoli, pero esta idea quedó reducida a dibujos y su realización se limitó a algunos tramos como el cuadrante de Piccadilly. La heterogeneidad que finalmente resultó del trazado de esta intervención monumental, con gran variedad de fachadas, resultó estar mucho más cerca de los ideales pintoresquistas.El proyecto de gran número de bloques de este nuevo complejo insertado en la ciudad responde a la autoría del propio Nash y de colaboradores próximos, y, sobre todo, intervinieron arquitectos de la nueva generación con personalidad propia: Decimus Burton (1800-81), James Thomson (1800-83), el mayor responsable de lo levantado en la Chester Terrace, y otros. El papel desempeñado por Nash, para poder llevar a cabo con éxito esta ambiciosa reforma, fue el de coordinar las iniciativas de empresarios y proyectistas, y, por eso, su concepto no está muy personalizado, cosa que lo beneficia visiblemente.Aunque de dimensiones mucho más modestas, otra obra muy destacada de John Nash es el Royal Pavilion de Brighton, construido entre 1815 y 1823.

Este curioso edificio marca de forma neta la ruptura con lo que se ha dado en llamar la arquitectura clásico-romántica, aunque ésta pervivirá aún mucho tiempo. No se trata en realidad de un edificio de nueva planta, sino de la reforma de una residencia clasicista del príncipe regente construida por Henry Holland (1745-1806). La transformación no pudo ser más radical, podríamos decir que constituía un verdadero ejercicio de transformismo arquitectónico. El resultado fue una especie de escenografía para los cuentos de "Las mil y una noches": configuró un edificio de aspecto oriental con una suma de elementos heteróclitos, tan pronto chinos, como hindúes, bizantinos o sarracenos, y con repertorios de invención propia. Utilizó en algunos lugares columnas de hierro visto, y se ha admirado especialmente la solución de los elementos sustentantes en la cocina, una suerte de palmeras de hierro y cobre. Estas fantasías de Indian Revival tienen algunos precedentes. Los estudios de la arquitectura hindú publicados por Thomas Daniel (1749-1849) despertaron la curiosidad por tales manifestaciones exóticas, que fueron del interés de H. Repton, y llegaron a inspirar obras como la ya mencionada Sezincote House, construida por S. P. Cockerell en Gloucestershire, y las caballerizas del mismo Pabellón Real de Brighton, que son diseño de William Porden (h. 1755-1822) que se remonta, como el ejemplo de Cockerell, a 1805.

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