Busqueda de contenidos

obra
Ingres realizó abundantes versiones de esta Virgen del Velo Azul, normalmente en actitud de adorar la Hostia sagrada, como prefiguración de la muerte y resurrección de su hijo. Se trata de una de las imágenes más bellas dentro de la producción religiosa de Ingres, que solía derivar hacia los tipos popularizados en las estampas. El modelo de la Virgen proviene directamente de las madonas de Rafael, quien también usaba con frecuencia el formato redondo para sus cuadros de María. Hace pareja con otro lienzo similar, dedicado a Cristo.
obra
La pintura religiosa en tiempos de Ingres sufrió un gran impulso, que la orientó sobre todo hacia la imaginería popular y las estampas de poca calidad artística. Ingres influyó notablemente para que el nivel de calidad de estas obras se elevara sustancialmente con sus obras. Para ello, recurrió sobre todo a los pintores que mejor podían guiarle a la hora de realizar obra religiosa, como son los primitivos italianos del Quattrocento. Aparte, el modelo eterno de la obra de Ingres seguía siendo Rafael y en las Vírgenes del pintor francés siempre podemos encontrar los rasgos suaves e idealizados de las madonas rafaelescas. Esta Virgen Coronada en efecto posee la suavidad de rasgos de Rafael. Sin embargo, la fría solemnidad del gesto inexpresivo de la Virgen remite a los frescos italianos que Ingres pudo admirar durante sus estancias en Florencia.
obra
El modelo sereno y apacible que Alberto Durero ha utilizado para esta Virgen es de origen rafaelesco. El rostro tiene esa gracia que caracterizaba la obra del italiano. La Virgen se sienta tranquilamente frente a un bello paisaje con el cielo en calma. Ligeramente girada de tres cuartos, recibe el homenaje de los ángeles sin prestarles atención.
obra
Las Vírgenes sentadas en el trono se hicieron muy populares en la escultura románica riojana. Se trata de figuras con el rostro severo, que sostienen en su regazo al Niño. Entre estas Vírgenes destaca la de Castejón, de Nieva de Cameros, realizada en madera policromada pero con apliques de pedrería y estrelals labradas en su vestido.
obra
Sólo ha quedado una obra de Juan Sánchez de Castro: la Virgen de Gracia. Procedente de la iglesia de San Julián de Sevilla, en la actualidad se conserva en la catedral. Por desgracia la tabla fue mutilada y ha desaparecido gran parte de la zona inferior de la escena, donde se incluía la firma del artista y un donante arrodillado. La Virgen aparece sentada en un trono, con el Niño Jesús sentado sobre su regazo, acompañada en los laterales por san Pedro -en la izquierda- y san Jerónimo -en la derecha-, identificados gracias a sus atributos. Destacan las serenas expresiones de las figuras, el dibujismo del que hace gala el pintor y el detallismo del vestuario, especialmente los brocados.
obra
Realizada en esmalte, se trata de una excelente pieza románica conservada en la Basílica de Nuestra Señora de Jerusalén de Artajona, Navarra.
obra
En la calle principal del retablo de la Basílica de Nuestra Señora de Jerusalén de Artajona se encuentra la pequeña imagen de la patrona del templo, procedente de talleres lemosinos. Está realizada en cobre dorado, decorada con esmaltes. La Virgen está sentada en un trono con el Niño sobre su pierna izquierda, bendiciendo y portando el libro. La Virgen viste larga túnica y manto con decoración de rombos y medias lunas, cubriendo su cabeza con un velo que le llega a los hombros. El Niño viste túnica, sobrepelliz y manto que cubre sus hombros. Coronas rematadas con la flor de lis cubren sus cabezas. La figura de la Virgen es un relicario que guarda en su interior tierra procedente del Santo Sepulcro de Jerusalén.