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Junto con el B-17 y el P-40, el Seversky P-35 fue una de las principales víctimas de las primeras horas del ataque japonés de diciembre de 1941, perdiéndose muchos de ellos en Filipinas. El P-25 surgió como un prototipo de la Seversky Aircraft Corporation, respondiendo a una solicitud del Ejército norteamericano realizada en 1935. En ella, se solicitaba un nuevo aparato de caza, surgiendo el prototipo SEV-2XP. Rápidamente salieron de fábrica los modelos SEV-1XP, SEV-7 y AP-1, en los que se lograba un incremento de la potencia y de la maniobrabilidad. Como resultado, se decidió fabricar el modelo definitivo P-35, del que las primeras 77 unidades salieron en agosto de 1938. Sin embargo, la historia de este aparato será corta, pues será rápidamente superado por nuevos cazas con mejores prestaciones. Así, fue relegado a misiones de entrenamiento o bien destinado a la exportación, recibiéndose un pedido de 120 unidades del modelo EP-1 por parte de Suecia. No obstante, las necesidades bélicas hicieron que la mitad de ellos fuera requisada para usarlos como caza P-35A.
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Situada a orillas del Guadalquivir, Sevilla es el mayor centro comercial del sur de España gracias a que el río es navegable hasta la ciudad. La industria tradicional sevillana ha dado paso a un importante proceso industrial y de servicios que ha provocado un amplio crecimiento demográfico y urbanístico, contando según el padrón de 1998 con 701.927 habitantes. No debemos olvidar el papel cultural que cumple Sevilla con su Universidad, los numerosos museos o los edificios religiosos y civiles que el visitante puede admirar, entre los que sobresalen la Catedral con su Giralda y la Torre del Oro. La ciudad fue posiblemente por los fenicios, desarrollándose en épocas griega, cartaginesa y romana, momento último en que se denominó Hispalis. En 712 es conquistada por los musulmanes, siendo la única ciudad que pudo hacer sombra a Córdoba. La caída del califato permitió a Sevilla convertirse en la capital del imperio almohade. En 1248 es reconquistada por Fernando III el Santo. Durante el siglo de Oro español gozó de gran importancia mundial al ser la puerta para las importaciones de América, situándose allí la Casa de la Contratación. En los últimos años recobro parte de su esplendor con la celebración de la Exposición Universal de 1992 que permitió una mayor ampliación de las infraestructuras urbanas y el proyecto de creación de un parque tecnológico en el emplazamiento de la Expo que sólo ha cuajado en una pequeña parte.
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A finales del siglo XVI era la más rica y más poblada de España, con cerca de 150.000 habitantes, así como la más cosmopolita del Imperio hispánico. Estas características se debían en gran medida a que gozaba del monopolio del comercio con América por real decreto, lo que provocaba que allí existiera una rica colonia de comerciantes y mercaderes en especial flamencos y genoveses para negociar con los galeones que llegaban de las Indias. En esta interesante urbe convivían las clases sociales más dispares, desde la nobleza de alto abolengo y cultura, la clase burguesa de comerciantes y los más vividores de aquel entonces, los aventureros y pícaros que se mantenían al margen de la sociedad y llenaban con frecuencia las cárceles, inspirando obras tan célebres como algunas de las novelas ejemplares de Cervantes, así como en comedias de autores del Siglo de Oro español como Lope de Vega y Tirso de Molina e indiscutiblemente en importantes representaciones pictóricas como por ejemplo Los Borrachos de Velázquez.Pero según fue creciendo la importancia de Madrid fue decayendo la prosperidad de Sevilla, la población de la primera creció hasta superar la de la segunda, muchos aristócratas abandonaban las provincias para construir sus palacios en Madrid, y con ello también Madrid sustituyó a Sevilla en centro del mecenazgo artístico lo que atrajo a muchos pintores y artistas a la capital, muchos de ellos llamados por importantes personajes de la corte o por el mismo monarca. Velázquez y Zurbarán son algunos de los pintores que se trasladaron en aquellos momentos a Madrid.
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A orillas del Guadalquivir se alza Sevilla, la capital de Andalucía, una ciudad forjada por las numerosas culturas allí asentadas a lo largo de los tiempos. De sus remotos orígenes apenas quedan restos, restos que, aunque escasos, sí se encuentra de la época romana, cuando Julio César la refundó. La dominación musulmana nos ha dejado muchas más huellas, especialmente el símbolo de la ciudad, la Giralda, el alminar de la gran mezquita que fue derruida para alojar en sus terrenos la magnífica catedral, el templo gótico más grande del mundo. La conquista de América hará de Sevilla la puerta hacia el Nuevo Mundo. Las riquezas ultramarinas afloraron a la ciudad y este esplendor se pone de manifiesto en el amplio programa constructivo que se desarrolla desde ese momento. Edificios civiles y religiosos florecen por todo el espacio urbano, configurando una de las ciudades más importantes del reino. Y será de nuevo América, concretamente la celebración del Quinto Centenario de su descubrimiento, lo que permita recuperar a Sevilla su perdido esplendor, al convertirse en la sede de la Expo 92, ampliando sus infraestructuras y creando nuevos y emblemáticos edificios.
Personaje
Junto a Gracia Segovia, Catalina Egipto y María Egipto formó parte del grupo de mujeres que participó en el tercer viaje de Cristóbal Colón a América, que comenzó en 1498, en el que se descubrió la costa norte de América del Sur y la desembocadura del Orinoco, creyendo Colón que estaba ante el Ganges, uno de los cuatro ríos del Paraíso. Casada con el ballestero Pedro de Salamanca. Vivían en Salamanca. Iba como consorte, así que no cobraba sueldo.
Personaje Pintor
Juan de Sevilla también es conocido como Juan Hispalense o Maestro de Sigüenza. Su retablo de San Juan Bautista y Santa Catalina procedente de la catedral de Sigüenza provoca su denominación. En sus obras lleva las figuras hasta el límite de lo grotesco. Es posible que el verdadero nombre de este maestro gótico, activo en la primera mitad del siglo XV, sea Juan de Peralta.
Personaje Pintor
Juan de Sevilla Romero, pintor barroco español, nació en Granada el 17 de mayo de 1643. Estamos ante uno de los pintores más destacados de la escuela granadina de finales del siglo XVII. Su estilo conjuga la influencia de Alonso Cano con la pintura de Rubens - conocida a través de su maestro Pedro de Moya - y de Murillo, como podemos apreciar en su Presentación de la Virgen del Museo del Prado. Falleció en Granada en 1695.
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Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla. Con estos versos se puede resumir la belleza de la capital andaluza, ciudad asentada a orillas del viejo río Betis, que los árabes llamaron Guadalquivir. El aroma de los naranjos y el azahar inunda la urbe, haciendo de ello una seña de identidad que embriaga al viajero. Los orígenes de Sevilla se remontan al primer milenio antes de Cristo. Su fundación se debe a los tartesios, pero será Julio César quien la eleve al rango de colonia. De época romana han quedado escasos restos, destacando los monolitos que se conservan en la calle Mármoles, partes de un templo dedicado a Hércules. También se pueden apreciar las ruinas de un viejo acueducto, que trasladaba agua a Sevilla desde Caños de Carmona. Hoy en pie apenas quedan algunos de los casi 400 arcos con que contaba. En el año 712 es ocupada por Musa ibn Nusayr, pasando a denominarse Ishbaliya. Con la dominación árabe comienza una etapa de esplendor para Sevilla, conociendo un gran auge económico y cultural, especialmente cuando se convierte en capital de al-Andalus, ya en el siglo XII. No en balde, los símbolos más identificativos de la urbe aparecen en estos momentos. La Torre del Oro formaba parte del sistema de defensa de la ciudad. Levantada en 1120, tiene planta dodecagonal y se corona con almenas. Los más de seis kilómetros de murallas protegían las trescientas hectáreas que constituían la ciudad, espacio en el que el Alcázar ocupaba el lugar más importante. Esta residencia real sufrirá diversas modificaciones a lo largo de su historia, para configurar uno de los palacios más espectaculares, en los que se mezclan diferentes estilos que lo hacen, si cabe, más atractivo. "Giralda en prisma puro de Sevilla". De esta manera definió Gerardo Diego el elemento más representativo de la ciudad. La Giralda es el alminar de la antigua mezquita. El gran cuerpo se levanta en ladrillo, presentando balcones y ventanas en los cuatro frentes. El arquitecto Hernán Ruiz II llevó a cabo la renovación de la torre entre 1558 y 1568, hasta alcanzar los 93 metros de altura. El 23 de noviembre de 1248 Fernando III se adueña de Sevilla tras un prolongado sitio. La ciudad se empieza a salpicar de nuevas fundaciones eclesiásticas que ocupan, en su mayor parte, las antiguas mezquitas musulmanas. En estas nuevas iglesias se funden los estilos gótico y mudéjar para configurar unos edificios de sin par belleza. La principal construcción cristiana será la Catedral. De época almohade se conservó el Patio de los Naranjos, el antiguo shan donde los musulmanes hacían sus abluciones antes de iniciar la oración. En la edificación de la nueva seo participaron los mejores arquitectos de su tiempo, resultando un templo de colosales dimensiones, la mayor catedral gótica del mundo y el tercer templo de la cristiandad. La conquista de América en 1492 supondrá un verdadero impulso para Sevilla. Al ser elegida sede de la Casa de la Contratación se convertirá en eje del comercio ultramarino. Las riquezas que afloraban a su puerto tendrán su correspondiente reflejo en las nuevas edificaciones, encabezadas por el monumental Ayuntamiento. Diego de Riaño es el autor de esta joya del plateresco hispano, que fue reformado en el siglo XIX. Las trazas del Archivo de Indias fueron dadas por Juan de Herrera. Este edificio, antigua lonja de mercaderes, acoge desde época de Carlos III el mayor depósito de documentos relacionados con el Nuevo Mundo. También de época renacentista es el Hospital de las Cinco Llagas, construido por Martín Gainza. En la actualidad es la sede del Parlamento de Andalucía. En Sevilla se creará durante el Barroco una de las principales escuelas artísticas de la Península. Velázquez, durante los más de veinte años que pasa en su ciudad natal, pondrá las bases que posteriormente serán continuadas por Murillo, el pintor de las Inmaculadas y de la atmósfera sevillana. Valdés Leal sabrá captar en sus trabajos, de manera insuperable, la espiritualidad que impregnaba la sociedad de su tiempo. En lo que respecta a la escultura, Martínez Montañés es el jefe de filas de esta escuela, que tiene en la imaginería su principal aportación, imágenes cargadas de vida y sentimiento. En lo que a la arquitectura se refiere, este estilo también dejará su impronta en los edificios sevillanos. Leonardo de Figueroa es el arquitecto más destacado y su iglesia de San Luis de los Franceses uno de los mejores ejemplos. Pero no sólo serán edificaciones religiosas las que surjan por doquier. La nobleza rivalizará por construir suntuosos y monumentales palacios, entre los que sobresalen los de San Telmo y el Arzobispal. En el siglo XVIII se levanta otro de los edificios emblemáticos de Sevilla: la Plaza de Toros de la Real Maestranza, levantada en una curiosa forma irregular. Sevilla no vive de espaldas al río que tanto ha aportado a su riqueza. Para atravesar el Guadalquivir se construyeron en el siglo XIX una serie de puentes, encabezados por el dedicado a Isabel II, el primero que se levantó empleando exclusivamente hierro. En 1929 se celebra en Sevilla la Exposición Iberoamericana, que tiene en la Plaza de España su lugar más representativo. Aníbal González trazó un espacio semicircular de 200 metros de diámetro, simbolizando de esta manera el abrazo de España con sus antiguas colonias. De nuevo los lazos con América serán el motivo de una Exposición Universal. La Expo 92 permitió a Sevilla ampliar sus infraestructuras y dotarse de un aire cosmopolita y vanguardista gracias a los numerosos edificios que se construyeron. La Estación de Santa Justa, a la que llega el tren procedente de Madrid; los puentes que atraviesan el Guadalquivir; o los espectaculares pabellones de la muestra hicieron de la ciudad una auténtica exposición viva de la mejor arquitectura del momento. Recorrer Sevilla es una experiencia inigualable para el viajero en cualquiera de las estaciones. Sus calles y plazas son un deleite para todos los sentidos y el recuerdo de los días vividos en esta maravillosa ciudad nunca se borrará de su memoria.
contexto
La sexualidad en las sociedades primitivas está cargada de sacralidad porque es el medio de participar en la fecundidad de la Naturaleza y en el gran misterio de la continuidad de la vida. Pero ni los misioneros ni los colonizadores lo entendieron, y quedaron espantados ante lo que consideraban espantosas aberraciones de unos pueblos salvajes. Los oceánidas vieron cómo, gradual o vertiginosamente, sus actitudes y prácticas sexuales se modificaban ante el encuentro con los blancos, al tiempo que los europeos quedaban anonadados ante lo que veían sus ojos, especialmente en las islas de la Polinesia. Unos, atraídos por la belleza de las islas y de sus habitantes, creyeron encontrarse en el Paraíso; otros, ante lo que consideraban el mayor cúmulo de depravación infernal. En este sentido la isla más exaltada y denostada ha sido la de Tahití, calificada como "isla del autor, o como isla de la pasión y también la Sodoma de los Mares del Sur". Efectivamente, algunas ceremonias como las de los arioi no fueron nunca entendidas por los misioneros. Las llevaban a cabo grupos de adolescentes, socialmente institucionalizados, cuyo objetivo era la práctica festiva, itinerante, de ritos eróticos en nombre del dios Oro, personificación de la fertilidad. Los ritos incluían bailes, cánticos, y la práctica del amor libre. Los misioneros, que no llegaron a comprender el componente religioso de estas ceremonias, presentaban a los arioi como grupos de adolescentes dedicados al vagabundeo libidinoso. La prostitución no existía en Tahití cuando llegaron los europeos, pero la acogida sexual de las muchachas era extraordinaria. Para tranquilizar sus conciencias los blancos comenzaron a pagar a las indígenas por sus favores. Cuando éstas se dieron cuenta de que, lo que daban de balde y como muestra gratuita de hospitalidad podía hacerse de manera remunerada, decidieron aprovechar tan inesperada bendición del cielo: y la prostitución quedó institucionalizada. Podrían ponerse innumerables ejemplos del terrible impacto que para los oceánidas supuso la introducción del cristianismo, tan rígido en su moral sexual. En Micronesia, por ejemplo, en las islas Ellice y Gilbert, los jefes de los clanes, en determinadas circunstancias, compartían su esposa con su hermano o con un amigo. A veces tomaban como esposas secundarias a cuñadas que, por ser poco agraciadas o por cualquier otro motivo, tenían dificultad para encontrar marido. Pero los misioneros convirtieron en adúlteras a aquellas pobres y honradas mujeres, creándoles angustias infinitas. En otro orden de cosas, resulta estremecedor que los misioneros identificasen con lo pagano y lo demoníaco todo lo que para ellos era tradicional: había que suprimir cantos, danzas, ídolos y ceremonias. Algunos casos se han hecho especialmente famosos como el del Reverendo Elenowa, un misionero de la secta evangelista, que convenció a los Gogodala, tribu del Golfo de Papúa, para que hicieran una pira con todos sus fetiches diabólicos. Se contaron por miles las figuras destruidas. Por cada fgura entregada les regalaba una camisa, con lo cual llegó a la conclusión de que, como se las daban voluntariamente, ello quería decir que Dios había hablado a sus almas, y que realmente deseaban la conversión. Otro caso se dio en el valle de Baliem, en Irian Jaya, donde, en 1968, el celo misionero de un converso indujo a varios clanes a quemar sus ídolos. Al parecer, la pira fue inmensa y en ella ardieron miles de objetos representativos de la cultura material de estos pueblos y, a la vez, de su cultura espiritual. Puede imaginarse el shock que reciben, incluso en la actualidad, algunos de los nativos menos occidentalizados cuando ven venerados en los museos de los blancos sus fetiches demoníacos. Hoy la mayoría de los misioneros se muestra más prudente, sobre todo los católicos. Al igual que en la Europa postconciliar, también allí se admiten los cánticos y danzas tradicionales en los servicios religiosos. Casi todos los nativos de las islas del Pacífico pertenecen a una u otra secta cristiana, pero en los lugares más alejados de la influencia occidental continúan practicándose ritos ancestrales.