Desde muy pequeño se relacionó con Casiano del Prado, amigo de su padre, y a quien acompañaba en los trabajos de campo. Doctorado en farmacia y ciencias naturales, sintió verdadera afición por la geología y el estudio de los minerales. Esta inclinación le permitió relacionarse con José Macpherson y Salvador Calderón Arana. En esta época causarían sobre él gran impacto las teorías de Augusto González de Linares. Desde 1879 comienza a trabajar en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en el departamento de mineralogía. Se dedicó a la clasificación de los minerales y rocas que había traído una expedición del Pacífico en 1862. En 1865 se trasladó al Sáhara, formando parte de una expedición científica que debía realizar una prospección geológica, gracias a la cual se descubrieron nuevos datos sobre la región y se corrigieron algunos errores. Quiroga fue un estudioso de la estructura cristalina del los minerales. Gracias a sus trabajos se conocieron con más detalle las ofitas, el basalto o las propiedades de la blenda, entre otros minerales. Sus aportaciones en este campo permitieron el nacimiento de la primera cátedra europea de cristalografía en la Universidad de Madrid. También fue uno de los promotores de la Institución Libre de Enseñanza, además de apoyar la formación femenina con la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.
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Personaje
Religioso
Entre las figuras más importantes del periodo colonial en el virreinato de Nueva España destaca Vasco de Quiroga. En 1530 será nombrado por Carlos I oidor de la audiencia de México donde tomó conciencia de los sufrimientos a los que se estaba sometiendo a la población indígena. Pronto reaccionó y planteó una solución: la fundación de los pueblos-hospitales, donde se asistiera a los enfermos y necesitados, se pusiera en marcha la educación de los indígenas y la evangelización, realizándose el trabajo en común y repartiéndose equitativamente los bienes. Esta idea fue rápidamente planteada a don Carlos y aceptada. Dos años más tarde se fundaba el Hospital de Santa Fe, junto a la ciudad de México. La siguiente misión de Quiroga será la pacificación de los indios tarascos en Michoacán, donde fundaría el hospital de Santa Fe de la Laguna en 1533. La Real Cédula de 1534 por la que se permitía la esclavitud de los indios será impugnada un año después al publicar su "Información en derecho", obra fundamental en la búsqueda de la justicia en América. En 1536 Quiroga era nombrado obispo de Michoacán, fundando el colegio de San Nicolás en Pázcuaro, lugar en el que los jóvenes indios y españoles convivirían, aprenderían latín y las lenguas nativas, siendo la enseñanza gratuita y la vida comunitaria. Este foco de enseñanza permitió que los sacerdotes y religiosos salidos de San Nicolás evangelizaran en lengua indígena. Esta importante labor -junto a la fundación de curatos y pueblos de indios- le valió a Vasco de Quiroga el sobrenombre de "Tata Vasco" entre los indígenas. Falleció mientras hacía su visita canóniga.
obra
Moreau estuvo en Nápoles durante el verano de 1859. De dicha estancia proviene esta pintura. Moreau pudo visitar las excavaciones de Pompeya y Herculano, donde se habían descubierto los únicos restos de pintura conocidos hasta el momento de pintura romana. El artista copió varios frescos, entre los cuales se cuenta este Quirón y Aquiles. Es la mayor copia de todas las que realizó Moreau, que sintió una honda fascinación por los centauros como protagonistas de sus obras: realizó numerosas escenas con centauros en compañía de Apolo o Deyanira (esposa de Hércules que rechazó a Quirón). El estilo se aparta del simbolismo habitual del pintor puesto que trata de recoger minuciosamente las características de las pinturas visitadas. Así, los elementos remiten claramente a la Antigüedad y no a finales del siglo XIX europeo.
Personaje
Llegó al Río de la Plata en la expedición de Pedro de Mendoza en 1536, dentro del grupo de veinte mujeres del que hablan los cronistas. Estuvo presente en la fundación primera de Buenos Aires
Personaje
Político
Tras realizar estudios castrenses fue nombrado agregado militar en la Unión Soviética entre los años 1927 y 1929. En ese tiempo tuvo relaciones con el partido comunista noruego, pero pronto las abandonó para pasarse al Partido Agrario. Como miembro del mismo fue nombrado ministro de Defensa entre 1931 y 1933. Inspirado por el nazismo, crea el partido de Unión Nacional, Nasjonal Samling de clara índole fascista. Mientras tanto estrecha relaciones con las autoridades de Berlín. En 1939 visita Alemania y un año más tarde, al ser invadida Noruega por las fuerzas del Reich, colabora activamente con el invasor. Su partido se convierte en el único autorizado en el país y, llegado el año 1942, es nombrado jefe del Gobierno. Con el fin del conflicto, es detenido y juzgado. Condenado a muerte por el delito de alta traición es fusilado en el año 1945. Su apellido se convertiría posteriormente en sinónimo de las actitudes colaboracionistas que algunos europeos de los países ocupados mantuvieron con respecto al invasor alemán.
Personaje
Hija del inca Huayna Cápac y de Contargucho, princesa de la provincia de Huaylas y cacica de Canta. Hermana de Huáscar y Atahualpa. Tenía 18 años cuando su hermano Atahualpa la entregó en obsequio a Francisco Pizarro, tratando de halagarlo. Se casaron a la usanza indígena. Dicen los cronistas que Inés era alegre y bulliciosa. Pizarro la llamaba Pizpita. Inés acompañó a Pizarro al Cuzco y a Jauja, donde se quedó mientras él buscaba en la costa un lugar para fundar la capital. En 1534 nació su primogénita, Francisca Pizarro y Yupanqui, y a finales del 35 su segundo hijo, Gonzalo. Cuando su hermano Manco Inca se sublevó en el Cuzco en 1536, se la acusó de espionaje y de intentar robar el tesoro de la ciudad. Surgieron desavenencias entre ella y Pizarro, lo que les llevó a la separación. Pizarro no la menciona en su testamento. En 1537 se casó con Francisco de Ampuero, quien apenas tenía 17 años. Tuvieron tres hijos: Martín Alonso, Francisco e Isabel. Ampuero llegó a ser Alcalde Mayor de Lima y al morir le dejó todos sus bienes.
Personaje
Pintor
La obra de Diego Quisque está influida por los grabados nórdicos manieristas que llegaron al Perú, tomándolos como fuente única, añadiendo escasos elementos de su propia invención. Sus figuras ofrecen un cuidado detallismo y generalmente aparecen sobre paisajes repletos de flores y pájaros piando. Realizó tres series para la iglesia parroquial de su ciudad natal donde puso de manifiesto su estilo, alcanzando un importante éxito.
obra
Posiblemente sea el Quitasol uno de los cartones para tapiz más llamativos de los pintados por Goya. En él hace un bello canto a la juventud, centrando su atención en la sonrisa de la muchacha y en su gesto seductor, mirando abiertamente al espectador para hacernos partícipes del galanteo; tras ella, un joven le quita el sol con una sombrilla de color verde, en el mandil blanco de la joven se acurruca un perrillo negro con una cinta roja. El interés por la luz que demostró Goya en el Bebedor, pareja del Quitasol, vuelve a aparecer en esta escena. Aquí es la sombrilla la que sirve precisamente para sombrear diferentes zonas, haciendo la luz solar que se resalten los colores en los que incide. Los tonos cálidos empleados (amarillos) otorgan una enorme alegría a la composición, alegría reforzada por las expresiones de las dos figuras. La pincelada utilizada es bastante disuelta, como se aprecia en el perrillo. El Quitasol formaba parte de los cartones destinados a servir como modelos para los tapices que decorarían el comedor de los Príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa) en el Palacio de El Pardo.
contexto
Quito surgió como tierra intermedia entre Lima y Santa Fe y fue objeto de una buena política poblacional: a Cuenca (1557) y Baeza (1559), siguieron Ávila, Archidona y Alcalá del Río, que se sumaron a las primitivas de Quito, Puerto Viejo, Guayaquil, Loja y Zamora. En 1563, se creó su Real Audiencia en Quito y con una jurisdicción compleja, dado lo tardío de la misma. Comprendía las ciudades de Puerto Viejo, Guayaquil, Loja, Jaén, Zamora, Cuenca y Quito, las gobernaciones de Yaguarsongo y Quijos y la parte meridional de la gobernación de Popayán (su parte septentrional pertenecía a la Audiencia de Santa Fe), que tenía jurisdicciones sobre Cali, Popayán y Pasto. Por el oriente, la Audiencia de Quito tenía potestad sobre todo el territorio existente hasta la línea de Tordesillas, es decir, casi toda la Amazonía. En lo político y militar, dependía del virreinato del Perú. Eclesiásticamente, el obispado de Quito, creado en 1545 como sufragáneo de Lima, comprendía Pasto (la diócesis de Popayán era sufragánea del arzobispado de Santa Fe), el territorio propiamente quiteño y Piura, esta última integrada en la Audiencia de Lima. El Licenciado Hernando de Santillán inauguró la presidencia quiteña y con ella los problemas jurisdiccionales, derivados de lo anteriormente dicho, así como la tendencia de los presidentes quiteños por conseguir la autonomía para su región administrativa. El Reino fue saliendo adelante sin mayores traumas hasta el año 1592, cuando sobrevino la revolución de las alcabalas. El virrey del Perú ordenó implantar dicho impuesto y se produjo un verdadero motín urbano, en el que se asesinó al Procurador del Cabildo y se asaltaron las Casas Reales. Duró hasta abril de 1593, cuando las tropas enviadas desde Lima lograron restablecer el orden, efectuando una cruel represión. A comienzos del siglo XVII la presidencia quiteña estaba ya mejor delimitada. Comprendía la provincia de Quito, gobernaciones de Esmeraldas, Quijos y Yaguarsongo y los cuatro corregimientos de Guayaquil, Jaén, Loja y Cuenca, amén de la parte meridional de la gobernación de Popayán. Los presidentes quiteños siguieron chocando con los virreyes peruanos hasta mediados de siglo, y tuvieron luego buenas relaciones con los mismos. Las crisis mineras peruana y neogranadina permitieron a dichos presidentes independizarse de sus vecinos, gobernando un territorio próspero, gracias a la elaboración de paños en los obrajes. A mediados del siglo XVII, la población quiteña ascendía a unos 580.000 habitantes, divididos en unos 450.000 indígenas, unos 40.000 blancos, unos 60.000 negros, unos 20.000 mestizos y unos 10.000 mulatos. La mayor singularidad de esta población es su enorme número de indígenas. Al parecer, la catástrofe demográfica no tuvo aquí la misma incidencia que en otros lugares de América. Esto permitió mover las haciendas con el trabajo obligatorio de los tributarios (incluso mediante mita) o del yanaconaje. Su industria textil empezó a desarrollarse desde 1560 y surtió de telas burdas a los centros mineros de su entorno y del Perú. El obraje quiteño, a diferencia del mexicano, era rural y se ubicó en los pueblos de indios o en las haciendas. Tenía, además, un relativo grado de especialización en las labores de cardado, hilado, tejido, batanado, etc. El auge obrajero corresponde al período comprendido entre 1590 y 1620, entrando luego en una fase de estancamiento que llegó hasta 1680, cuando inició su declive. Hacia 1700 existían todavía 174 obrajes en el Reino, en los que trabajaban unos 10.000 indígenas, que producirían más de un millón de pesos en paños. A esto se sumó el cacao producido en la costa (Guayaquil). Se exportó a Nueva España hasta que la Corona prohibió dicho comercio, en 1631, para evitar el drenado de plata mexicana.
contexto
Quito en la base de la primera navegación por el Amazonas Si la exploración desde el Atlántico se abandonó relativamente temprano, la empresa conquistadora del altiplano andino desplazaría el epicentro de los descubrimientos por el oriente amazónico en su interés por encontrar una salida al mar desde las cordilleras. La división del imperio incaico en dos centros de poder --Cuzco y Quito-- se perpetuaría en tiempos de la dominación española. Gobernar en Quito venía a significar, de alguna manera, una suerte de independencia con respecto a Cuzco o Lima y, por tanto, una especie de legitimación de la disposición para ejercer el poder. De ahí la ambivalencia servicio rebeldía que los cargos quiteños ostentaban frente al poder constituido en la capital del virreinato. La rivalidad entre estos dos núcleos políticos se institucionalizaría, y así llegará, hasta la época republicana, aunque ya carente de sentido. Pero no deja de resultar significativo, desde el punto de vista histórico, cómo en sus reivindicaciones fronterizas frente al Perú los ecuatorianos afirman rotundamente su carácter y vocación amazónicos e incluso argumentan repetidamente su primacía en el descubrimiento de la navegabilidad del Amazonas desde las cercanías de Quito hasta el mar. Ya se ha apuntado el interés que desde tiempo prehispánico mostraron los pueblos del altiplano con los grupos que habitaban la ceja de montaña. Pero si en época incaica el dominio de las poblaciones selváticas era más fácil desde la región cuzqueña que desde Quito, al llegar los españoles la situación se invierte y la dominación del oriente ecuatoriano será una empresa netamente española. Este interés por los territorios orientales será uno de los fundamentos de la empresa descubridora de Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana. Pero resulta especialmente significativo que esa empresa surja del núcleo político quiteño, que, si bien depende política y administrativamente de Lima, manifiesta un cierto grado de autonomía, al menos como centro de colonización y encrucijada de las rutas Norte-Sur y Costa del Pacífico-Altiplano. Se trata de lo que Gil Munilla ha denominado acertadamente el Núcleo Quiteño6, que ejercerá su influencia hasta época avanzada, cuando, a partir de los viajes de los legos franciscanos, de Pedro Texeira y de Cristóbal de Acuña, se establezca la viabilidad de la navegación fluvial entre Quito y el Atlántico. Pero la situación geopolítica del núcleo quiteño no basta para explicar la fuerza de las iniciativas descubridoras que se originaron o confluyeron en Quito. Sobre todo si se piensa en la dificultad que para el reclutamiento de expedicionarios suponía el estado incipiente de la mayoría de las ciudades fundadas en esta parte del altiplano, que corrían el riesgo de despoblarse por el incremento de las empresas exploradoras. Este hecho es sustancialmente distinto de lo que sucedería en la región cuzqueña algunos años más tarde, cuando se organizaba la expedición de Ursúa a El Dorado, pues aquí existían excedentes relativos de población y, precisamente la incorporación de estos excedentes como expedicionarios, permitía vaciar las ciudades de desocupados, muchas veces propicios a la rebelión.