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Uno de los puentes más largos del Camino es el de Órbigo, en León, sobre el río del mismo nombre. Tiene 20 luces en arco de diferentes tipologías, con arquillos de aligeramiento en uno de los tramos centrales. Cerca de este puente se celebraron las justas de don Suero de Quiñones, un hombre prisionero del amor a una dama que no le correspondía. Actualmente el Río Órbigo porta mucha menos agua que en la Época Medieval, debido a las presas construidas a favor del regadío. Es uno de los puentes más espectacular del Camino, contando con 19 ojos. No obstante, los arcos más antiguos reconocidos son del siglo XIII.
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Antes de entrar en Nájera, los peregrinos se encontraban con el barrio de San Fernando, así llamado por haber tenido en él la proclamación de éste como rey de Castilla, el 1 de mayo de 1218. Se cruzaba después el río Najerilla por este puente, cuya existencia documentada más antigua se remonta al año 1020. Hasta el siglo XIX persistió un puente de piedra con siete ojos, atribuido tradicionalmente en su totalidad a san Juan de Ortega, quien debió acondicionar y, posiblemente, ampliar el ya existente, en 1152. En 1886 fue sustituido por el que contemplamos en la actualidad.
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De camino a Canfranc y sobre el río Aragón se levanta el Puente de peregrinos. Esta construcción del siglo XII consta de una sola bóveda y se conserva en perfecto estado. Su perfil en forma de "lomo de asno" atraviesa el río Aragón. Parece ser que en la parte del puente que linda con el cementerio se abría un segundo ojo.
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Integrado en Castiello de Jaca, este puente era paso obligado para el penitente que tomaba el Camino jacobeo aragonés. El continuo flujo de peregrinos potenció el desarrollo de la ingeniería civil con la proliferación de puentes y calzadas. No es de extrañar, por tanto, que del Camino de Santiago se afirme que ofrece uno de los catálogos más ricos de construcciones medievales.
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Para cruzar el río Aragón en la localidad de Villanúa se construyó un puente, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. En 1552 una crecida del río se llevó buena parte del puente, siendo encargado de restaurarlo el prestigioso maestro de obras Juan de Albistur. El tablero de madera provisional fue sustituido por una amplia arquería de piedra, tomando como referencia el Puente Bajo de Canfranc. En el siglo XIX el puente fue reconstruido y en los años sesenta del siglo XX volvió a ser modificado, tomando el aspecto que hoy podemos contemplar.