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En la cordobesa plaza Don Gome encontramos la casa señorial de los marqueses de Viana, conocida también como Museo de los Patios. Destaca tanto su número de patios, 17, como por la calidad artística de los mismos ocupando una extensión de más de 6.500 metros cuadrados.
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Situada en la plaza Don Gome, encontramos la casa señorial de los marqueses de Viana, del siglo XIV, conocida también como Museo de los Patios. Destaca tanto su número de patios, 12, como por la calidad artística de los mismos. Anteriormente, el palacio perteneció a la familia Villaseca y estuvo habitado hasta no hace demasiado tiempo; actualmente, es una ostentosa residencia convertida en museo. Ocupa una extensión de más de 6.500 metros cuadrados, la mitad de ellos de jardines y patios. Los hallazgos arqueológicos hacen pensar que el inmueble partió de la infraestructura de una construcción romana. En el palacio, austero y ostentoso, se puede apreciar la evolución de la arquitectura cordobesa desde el siglo XIV hasta hoy. El patio de entrada es del siglo XVIII y está bellamente adornado, al igual que los restantes, mediante abundantes naranjos, cipreses, surtidores y flores. En sus salones se pueden admirar excelentes pinturas, óleos de la escuela de Brueghel, colecciones únicas de armas de fuego, porcelanas, alfombras, cordobanes, guadameciles y algunos tapices de Goya. Los salones reflejan por sus nombres la utilidad que se les dio: de las Porcelanas, de las Firmas, de Tobías, del Mosaico. Las habitaciones muestran el mobiliario original y su biblioteca consta de valiosos ejemplares, hasta un número de siete mil. Por último, son también destacables los pavimentos con mosaicos romanos y la carpintería de talla y artesonados mudéjares y renacentistas. El conjunto está declarado Jardín Artístico.
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A menudo los escritores medievales, al escribir sobre residencias señoriales, se entretienen en describir las pinturas de sus paredes. Mayoritariamente, se trata de topoi y, por tanto, nada tienen que ver con la realidad. Sin embargo, el embellecimiento interior de los palacios mediante lo que puede definirse de solución temporal: los tapices, o por medio de pinturas, fue habitual. La residencia de los papas en Aviñón, conserva uno de los más delicados conjuntos de este género. La denominada Sala del ciervo, una estancia de tamaño medio, está completamente pintada y en sus paredes se simula un parque en el que se entretienen cazando y pescando un grupo de personajes. La ilusión de estar en pleno bosque que se ha pretendido crear para el espectador, así como la atmósfera refinada de las escenas, constituyen el rasgo más relevante de estas pinturas.
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En la Calle de la Rúa de Estella se alza el elegante Palacio de San Cristóbal, un edificio de estilo plateresco construido en ladrillo, excepto la sensacional portada y los dos balcones cercados por columnas abalaustradas, elementos ejecutados en piedra. Restaurado en 1970, hoy es la sede de la Casa de la Cultura dedicada a fray Diego de Estella, ilustre escritor ascético natural de la villa.
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Como la mayoría de las casas solariegas de Villafranca del Bierzo, el palacio del arzobipo Torquemada se encuentra en la calle del Agua. Se trata de una construcción del siglo XVII, realizada siguiendo el estilo barroco habitual en estas fechas.
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Vasari será el arquitecto encargado de la construcción del Palazzo degli Uffizi; su modelo de estructura lo toma de los muros interiores de la Biblioteca Laurenziana de Florencia, iniciada por Buonarroti, que él hubo de concluir. Son dos cortinas gemelas que abrazan como patio la calle que conduce desde la plaza de la Señoría a la ribera del Arno y en alzado se suceden un pórtico toscano, ventanas apaisadas, otras verticales con frontones curvos y triangulares alternantes, y una logia adintelada como ático.