Los rusos fueron los primeros en crear una unidad autónoma de artillería, equipada con distintas piezas de varios calibres, con el objetivo de operar en un sector determinado del frente sobre el que ejercían una fuerte ofensiva y servir de apoyo a la infantería. El arma artillera fue muy promocionada por Stalin, concentrando la producción en unos pocos modelos caracterizados por su simplicidad de construcción y uso. La producción de piezas artilleras fue considerable, especialmente de morteros de 120 mm., si bien se vio por momentos frenada debido a los bombardeos alemanes sobre las fábricas.
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Excelente arma artillera debido a su alta precisión a todas las distancia, estaba proyectado para ser montado sobre el mismo afuste del cañón de 144 mm. La cadencia de tiro era de dos disparos por minuto. Para muchos se trataba de una de las mejores armas artilleras.
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Arma de baja velocidad y tiro curvo, el obús podía lanzar obuses de 7,2 kilos por encima de obstáculos o de cerros. Existían dos tipos de obuses: uno para artillería de a pie y otro para la de caballería. Las medidas de los obuses oscilaban entre los 68 y los 84 cm, con un peso de entre 762 y 1.156 kg. El alcance máximo era de 1.554 m, siendo el efectivo de 640 m. El radio de la explosión era de 23 m, aunque la trayectoria de los proyectiles era errática. En la batalla de Arapiles Wellington contó con 14 cañones de 24 libras, del total de 54 unidades de que dispuso. Cada una de las ocho baterías de campaña de seis cañones tenía un obús, existiendo además una batería de reserva angloportuguesa.
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Pieza esencial de los batallones de infantería, junto con el 105, el 70 tenía como misión apoyar con fuego artillero las operaciones de los infantes. Cada batallón de infantería portaba una batería, de dos secciones cada una y con dos piezas. Gracias a su poco peso resultaba fácil de transportar. También resultaba muy útil la facilidad de su manejo y la potencia de su disparo, pudiendo proyectar una carga relativamente pesada.
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Los planeadores aliados, como el Horsa o el Hamilcar, podían llevar consigo tanto un carro de combate ligero como el Tetrach o bien el obús norteamericano de 75 mm. Muy empleados para la realización de operaciones aerotransportadas -Sicilia, Normandía, Arnhem-, ponían sobre el terreno tanto hombres como pertrechos. El obús norteamericano de 75 mm., transportado a bordo del Horsa, tenía una cadencia de disparo de 6 proyectiles por minuto.
obra
Pintura al temple, de pigmentos minerales y emulsión de yema de huevo o goma procedente de la mastaba de Nefermaat en Meidum realizada a comienzos de la IV Dinastía. La escena la protagonizan tres parejas de gansos, naturalistas en apariencia, pero en realidad obra de fantasía, primorosamente ejecutadas e ideadas en colores y diseño. Además de pinturas, la tumba tenía muros revestidos de recortes de pastas coloreadas, una especie de puzzles, curiosísimos y de gran efecto, aunque no tuvieron gran acogida en la decoración, porque al secarse se agrietaban y desprendían.
contexto
A pesar de que China alcanza en el siglo XVIII el momento de máximo esplendor de toda su historia, en los últimos años del mismo comienzan a manifestarse los signos precursores de la crisis. Factores de descomposición interna son el visible grado de corrupción administrativa, la proliferación de sociedades secretas de talante anti-manchú y las numerosas sublevaciones causadas por disconformidad de las minorías étnicas y religiosas. El sistema en su conjunto se debilita progresivamente. Con Ch´ien-Lung, la dinastía Ching alcanzó el cenit de su desarrollo, pero la burocracia, ideológicamente conservadora y basada económicamente en la propiedad territorial, resultó incapaz de hacer frente a las necesidades que la rápida reforma exigía. Las mismas fuerzas que habían garantizado el ascenso de los Ching contribuyeron también a su ocaso. Después de 1760 la nueva moda por lo antiguo, el éxito de las teorías de Rousseau, completamente opuestas a la fuerte organización social de China en la que el individuo no cuenta para nada, fueron causas de que poco a poco disminuyera la influencia china. A fines del siglo XVIII, China y Europa seguían siendo muy extrañas una para la otra. Pero China, desarmada por la ausencia de, técnicas europeas, sólo debía su independencia y sus éxitos a las divisiones que reinaban entre los europeos y a la dispersión de sus esfuerzos. En el siglo XVIII ha pasado ya la época del gran arte chino. Sólo quedan las artes decorativas. Quizá sean la derrota, la conquista y la intrusión de un nuevo espíritu, pese a los grandes esfuerzos de los manchúes para convertirse en chinos, los responsables de ello. Cuando Chien-Lung abdicó en 1796 en un sucesor débil y corrupto, el Imperio, pese a todo su brillante potencial, llevaba ya en su seno el germen de la decadencia.