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Degas se sitúa en la primera fila del patio de butacas del Teatro de la Opera para representar esta escena de danza, uno de sus temas favoritos en la década de 1870. Indirectamente nos muestra a los componentes de la orquesta, quienes aparecen en primer plano, tocando sus respectivos instrumentos musicales y pendientes de las partituras correspondientes. Tras ellos la bailarina principal saluda ante los aplausos del público, mientras que las demás bailarinas se agrupan delante de la tramoya del escenario. La luz del espectáculo ilumina lógicamente a la estrella, quedando en un espacio más ensombrecido los músicos de la orquesta, vestidos con sus elegantes trajes y sus corbatines blancos y el resto de las muchachas ataviadas con sus característicos vestidos. La perspectiva empleada por el pintor es toda una novedad, apreciándose la influencia de la fotografía. Hasta ahora nadie se atrevía a cortar los planos pictóricos y situarse en esa posición para realizar sus obras, pero Degas se interesa por todo tipo de novedades técnicas como sus compañeros impresionistas. Lo mismo ocurre con la iluminación, en este caso artificial para representar de esta manera la modernidad. Los colores empleados son bastante monótonos, abundando el negro y el blanco para crear un acentuado contraste, un recurso muy utilizado por Manet, gran amigo de Degas. Para animar la composición añade tonalidades rosas y verdes, creando un interesante ritmo cromático que se distribuye por todo el espacio a través de ese color rosa que portan las bailarinas. El gesto de la primera bailarina y el perfil del músico de la izquierda demuestran la facilidad para retratar que exhibe Degas, apreciándose el predominio del dibujo aunque la pincelada empleada sea bastante suelta, especialmente en los fondos y en los vestidos para crear el efecto vaporoso de las telas. Muy similar a la Orquesta de la Opera, demuestra el artista su especial predilección por los temas de ocio de la burguesía, de la que era un activo miembro al acudir a las representaciones de la Opera, a los hipódromos o a los ensayos de danza. Cercano pues al Realismo, Degas se sitúa dentro del naturalismo al mostrar una imagen más moderna y cotidiana de la sociedad en sus cuadros.
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La escena que contemplamos es una de las más pobladas de la serie, habiendo sido rehecha en su mayor parte en el siglo XVIII, como Prisioneros y juglares. Las figuras se presentan en diversas posturas, acentuando el efecto de movimiento; en los estandartes observamos una vez más la erudición arqueológica de Mantegna al mostrarnos diferentes estatuas clásicas que él conocía. El fondo de paisaje refuerza la perspectiva inicialmente conseguida por la disposición de los personajes en sucesivos planos.
Personaje Literato Político
Ingresa en la academia militar y estudia Ingeniería en la Universidad de Berlín. Trabajando como profesor de ingeniería en la Universidad de Stuttgart, escribe su primera novela Las tribulaciones del joven Törless (1906). Combatió en la I Guerra Mundial con el ejército imperial, y tras ésta ocupa un puesto de funcionario en Viena. En 1931, se traslada a Berlín, ciudad que tiene que abandonar con la llegada de Hitler al poder, para volver a Viena en un primer momento y, tras la ocupación nazi, instalarse definitivamente en Suiza. De entre sus obras, la más destacada es El hombre sin atributos (1930-1943), donde retrata magistralmente la elegante sociedad de Habsburgo en un tono irónico y crítico. Junto Thomas Mann y Kafka, se le considera uno de los escritores más importantes en lengua alemana del siglo XX.
fuente
Pieza de la armadura que cubría los muslos.
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