Dos focos mundiales de fuerte densidad, Europa y parte de Asia, enviaron sus emigrantes hacia cinco zonas fundamentales: América, Asia central y Siberia, África y Australia. En el caso de Europa, sus habitantes (entre 1800 y 1930) emigran en número aproximado a los 50.000.000 (según Carr Saunders en torno al 40 por 100 del crecimiento anual de la población europea), dando origen a lo que Reinhard ha denominado "Nuevas Europas". Del Reino Unido salen nada menos que 17.000.000, 10 de Alemania, 9,5 de Italia, 4,5 de Europa balcánica y danubiana, 4,4 de España, 2 de los países escandinavos, 1,6 de Portugal y 0,5 de Bélgica y Holanda. Asia, por su parte, alimenta la corriente migratoria con cerca de 10.000.000 de personas procedentes, sobre todo, de China y la India. Referencia especial merecen los 10.000.000, aproximadamente, de rusos europeos que se desplazan hacia Siberia entre 1850 y 1914. Se distinguen dos períodos de emigración en consonancia con la respectiva evolución de los países: hasta 1880 emigran especialmente británicos (suponen el 80 por 100 del total en 1850), y otros países anglosajones; desde 1880, las 4/5 partes de los emigrantes son latinos y eslavos. Como causas de esta emigración, pueden mencionarse la correlación entre presión demográfica y emigración y ciertos acontecimientos de los países receptores. Como ha demostrado Jérôme, el descubrimiento de oro en California, a partir de 1848, atrae muchos emigrantes. Por otra parte, las dificultades de este país en ciertos momentos (la Guerra de Secesión, por ejemplo), frenan la corriente migratoria. Así pues, hay que contar, positiva o negativamente, con las situaciones concretas económicas, legales y políticas de las zonas que reciben a los emigrantes. También hay que considerar la situación geográfica, tanto del país de origen como del país receptor: zonas marítimas, distancias, comunicaciones, sin olvidar la existencia de colonias pobladas anteriormente por compatriotas que actúan de reclamo para los nuevos pobladores. La llegada de emigrantes a los países receptores contribuyó al desarrollo de su economía y palió en cierto modo los efectos del desempleo en determinados países de Europa. La incidencia del fenómeno migratorio, no será, sin embargo, idéntica en cada una de las metas de esta avalancha. Los Estados Unidos de Norteamérica son un claro ejemplo de las alteraciones producidas por el movimiento migratorio. Entre 1790 y 1950, Estados Unidos recibe cerca de 40.000.000 de extranjeros. Asimismo, el ritmo de crecimiento natural de la nación es notablemente elevado, si bien el índice de natalidad no dejó de disminuir: 50 por 1.000 en 1800, 35 por 1.000 en 1880 y 26 por 1.000 en 1920. Estos cambios se debían al aumento de las ciudades, en las que la fecundidad era inferior a la del campo. Como contrapeso, la duración de la vida media aumentaba. En todo caso, los índices de crecimiento natural y, por supuesto, de inmigración eran superiores a los europeos. Ambos factores hicieron surgir una nueva potencia demográfica (4.000.000 de habitantes en 1790, más de 50 en 1880 y 100 en 1918). A pesar de este importante aumento, la densidad de población permaneció relativamente baja debido a la amplitud de territorios constantemente en progreso con la incorporación de nuevas tierras hacia el Oeste. Las migraciones interiores hacia el Oeste se vieron favorecidas por el establecimiento de los ferrocarriles transcontinentales y por la ley que regulaba la concesión de tierras. Paralelamente al ferrocarril, los colonos se establecieron a lo largo de los itinerarios creando Estados nuevos: Nevada, Montana, Arizona, Kansas, Wyoming, Nebraska, etc. También se colonizaron Texas y California. De este modo, se construían y se diferenciaban grupos humanos cuyas características subsisten todavía, pero cuyo origen y relaciones, favorecidos por las nuevas comunicaciones, permitían a la Federación mantener su unidad a pesar del espacio y de la inmigración. La inmigración se produce de manera especial entre 1860 y 1913 (más de 26.000.000 de inmigrantes). Durante este periodo, se asiste a cambios significativos en cuanto a la procedencia. Así, hasta 1880, los europeos que se asientan en Estados Unidos son en su mayoría son originarios de los países del Noroeste de Europa. A partir de esta fecha, aumenta la incorporación de eslavos y latinos, sin olvidar el ritmo creciente de los pueblos asiáticos. Esta nueva procedencia plantea problemas de adaptación, lo que provoca, desde la Primera Guerra Mundial, que se limite el contingente eslavo-latino en beneficio de los nórdicos. Estas circunstancias y las peculiaridades de Estados Unidos, hacen que afloren problemas con relación a los respectivos núcleos de población. El problema principal, más grave y de mayor entidad hasta la actualidad, es, especialmente en el área sur, el creado por la población de color (el 92,1 por 100 de los negros del país, en 1850, habita en esos Estados; en 1900 era todavía el 89,7 por 100). En la primera mitad del siglo XIX, la mayoría eran esclavos; después de la abolición, su condición social no mejoró mucho. Los negros tomaron conciencia de pertenecer a América, pero no por ello pasaron a ser verdaderos ciudadanos. El desprecio anglosajón se manifestó desde la segregación (escuelas, transportes, viviendas, etc.) hasta el linchamiento. A pesar de contar con una mayor tasa de natalidad, decrece la proporción de negros en relación al total de la población: 15,7 por 100 (3,6 millones) en 1850, 11,6 por 100 (8,7 millones) en 1900. Esta aparente contradicción se debió a que apenas si hubo emigrantes de raza negra y un índice de mortalidad mayor: en 1900, un 17,6 por 1.000 para los blancos y un 27,8 por 1.000 para los negros. La segunda raza con dificultades es la amarilla. En 1892 se había prohibido la emigración de chinos. El progreso del "problema amarillo", especialmente notorio en la zona costera estadounidense del Pacífico, entre 1871 y 1878, fue demasiado rápido y provocó la caída de salarios, al conformarse con sueldos bajos. Pese a las trabas, los japoneses siguen emigrando a EE.UU. hasta 1907, año en que se frena la emigración. Además de las motivaciones económicas y laborales, existe un motivo racial en el rechazo de la población amarilla por parte de los blancos, solucionado de momento con las cuotas establecidas por el gobierno y el nacimiento de barrios separados. Por último, por lo que respecta a la población autóctona, en 1890 había aproximadamente 240.000 indios, es decir, menos de la mitad que los que había a la llegada de los blancos. Este retroceso se explica por una eliminación sistemática, aunque muy variada en cuanto a los medios utilizados. Un proverbio indio compendia las causas de este proceso de destrucción: "El hombre blanco, el whisky, la viruela, la pólvora y las balas, la exterminación". La realidad es que para evitar que ocuparan demasiado espacio se les molestó, se les redujo a la esclavitud y se les expulsó. Los cheroquis, por ejemplo, fueron obligados a un éxodo de más de 1.000 kilómetros que fueron jalonando de cadáveres. Quedaron algunas reservas, pero fueron cada vez más escasas y reducidas. La evolución estadística de los respectivos países de América Latina no es fácil de reconstruir. Las series son incompletas, la población indígena no fue exterminada y su evaluación es sumamente difícil, al igual que los habitantes de otras zonas insertos en Latinoamérica. Esta variada población, lejos de segregarse racialmente, ha dado lugar a un innumerable conjunto de razas, grupos, categorías, etc., que llega hasta el momento presente. La inmigración es también importante, aunque menor que en EE.UU. Se estima en torno a 12.000.000 entre 1810 y 1950. Aunque, étnicamente, los pobladores de tan diverso origen no son solamente ibéricos, la civilización dominante (lengua, literatura, religión, costumbres) tiene un fondo hispano-portugués. De entre todos los países de América Latina dos son los más favorecidos por la emigración europea: Brasil (como Estados Unidos) combina una fuerte emigración con un elevado crecimiento natural, lo que le permite pasar de 3.000.000 a principios del siglo XIX a 27,3 millones en 1920. La República Argentina experimenta un movimiento parecido, pasa de 1.000.000 en 1850 a 7,5 en 1914. La inmigración procede de Italia (la mitad aproximadamente) y España (un tercio). En buena parte se instalan en las ciudades: en 1914, el 75 por 100 de los habitantes de Buenos Aires está inscrito en las estadísticas bajo la rúbrica "nacidos en el extranjero". La política populacionista en los gobiernos de ambos países contribuyó a la expansión económica y social de los mismos. Regiones del continente australiano, casi vacías aún a mediados del siglo XIX (en 1850 en torno a 400.000 habitantes), son pobladas por británicos hasta 1914. El asentamiento inglés en Australia, iniciado por Coock en 1770, progresa en la centuria siguiente y se consuma en 1870, después de fundar nuevas colonias británicas. La primera colonización se hizo con "forzados" en régimen penitenciario; a partir de 1830, Gran Bretaña cambia de política intentando atraer a los emigrantes, a los que les paga el viaje, ayudando a los colonos a establecerse en la tierra. El descubrimiento de oro (1851) en Nueva Gales del Sur y Victoria es decisivo en este sentido. Al cabo de siete años (1858), se había doblado la población: 1.000.000, que se convierte en casi cuatro en 1900. Los colonos ingleses en Nueva Zelanda disfrutan de la riqueza ganadera y minera del territorio. Las estimaciones referentes a la mayor parte de África no tienen interés para el siglo XIX, debido a la escasez de datos fiables, especialmente para el África negra. Sólo se pueden dar algunas cifras aproximadas para Sudáfrica (foco de emigración de ingleses y holandeses) que pasa de 70.000 habitantes (1850) a 6.000.000 en 1914. Otro foco de emigración es el Norte de África (Argelia y Túnez), zona de atracción de los franceses, españoles e italianos, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, aunque para los españoles fue durante largo tiempo un territorio caracterizado por la emigración temporal o "golondrina". Respecto al continente asiático, conviene llamar la atención sobre el rápido crecimiento del Japón, lo que unido a sus reducidas dimensiones insulares, contribuye a alentar un sentimiento imperialista al compás de la revolución Meiji. Japón pasa de 26 a 52.000.000 entre 1868 y 1913, de forma totalmente opuesta a Europa, pues se da una gran industrialización al tiempo que se propugna el populacionismo (su índice de crecimiento es de 6,6 por 100 en 1880 y de 13 por 100 en 1912). De las grandes masas humanas (India y China) tenemos datos muy vagos. Por lo que sabemos, experimentan un crecimiento natural debido a la diferencia entre una elevada mortalidad y una fuerte natalidad, pero esta diferencia se refiere a tales masas humanas que el aumento es impresionante. Estos países aportan contingentes notables a la emigración: chinos hacia el Pacífico e indios hacia Sudáfrica y Madagascar. Por último, Siberia se poblará entre los últimos años del siglo XIX y el siglo XX por los rusos, empeñados en una política colonizadora.
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contexto
Fue en Cataluña donde cobró mayor consistencia política la protesta social contra el estado de cosas existente, dominado por un profundo malestar ante los efectos desastrosos que la guerra estaba produciendo y por la crisis económica que afectaba a amplios sectores de población. Los campesinos se encontraban especialmente molestos por la presencia perturbadora de los soldados, enviados a tierra catalana para estar más cerca del campo de operaciones en la lucha contra Francia, lo que se unía a las ya difíciles condiciones de vida que padecían. La respuesta a todo esto fue la agitación que iniciaron, que tuvo su momento culminante tras la entrada y toma de la ciudad de Barcelona en el llamado "Corpus de Sangre" de junio de 1640, una de cuyas víctimas principales fue el virrey, marqués de Santa Coloma, que murió asesinado por las iras populares. Las masas urbanas se sumaron a la revuelta, generándose una crítica situación que alarmó a las propias autoridades locales, temerosas de la radicalización social del movimiento. Los componentes del gobierno de la Diputación catalana dudaban en la actitud a tomar, teniendo en cuenta su manifiesta oposición a las directrices emanadas del poder central, que por su parte tenía que reaccionar ante los graves disturbios que se estaban produciendo, decidiendo el envío de tropas para intentar dominar la situación. El gobierno de la Generalidad se inclinó hacia la petición de ayuda a Francia, queriendo contrarrestar de este modo la presión militar que ya se estaba ejerciendo por parte de la Corte castellana, desde donde se consideraba cada vez con mayor intranquilidad el grado de subversión que había alcanzado la revuelta de los catalanes, sobre todo una vez que éstos reconocieran a Luis XIII de Francia como soberano. Se concretaba así la separación de Cataluña de la Monarquía hispana, reafirmada con el fracaso de las tropas reales castellanas ante Barcelona, al que seguiría la pérdida de Perpiñán. La frontera quedó fijada entre Cataluña y Aragón, permaneciendo estable durante algunos años, en el transcurso de los cuales se puso de manifiesto la dominación francesa sobre Cataluña, que se haría incluso más insoportable que la sufrida hasta entonces y achacable al Gobierno de Madrid. A la subordinación política se añadirían los graves daños que las epidemias, las crisis de subsistencias y la inflación causarían, produciendo todo ello un claro deterioro en las condiciones de vida de la población catalana. Cataluña se mantuvo segregada de la Monarquía hispana hasta su definitiva reincorporación ya en los últimos años del reinado de Felipe IV. A finales del crítico año 1640, se abría otro frente de guerra con el comienzo de la independencia de Portugal, que se añadía a los enfrentamientos contra Francia y Cataluña. Precisamente por esto, el gobierno de Olivares no pudo dedicar muchas fuerzas a reprimir dicho levantamiento, ya que el grueso del ejército castellano se encontraba ocupado en la contienda del Norte. El conflicto de Portugal se prolongaría durante casi tres décadas, finalizando con la separación irreversible del territorio portugués del conjunto integrado por la Monarquía hispana, que si bien pudo recuperar posteriormente Cataluña vio cómo la tan querida y anhelada Portugal se escapaba definitivamente de sus manos. Además del país vecino se perdía su inmenso imperio colonial, a excepción de Ceuta que quedó incorporada como posesión española. Las rebeliones de Cataluña y Portugal fueron importantes en sí mismas y por las secuelas que dejaron. El poder central hispano se encontraba muy debilitado y el momento era propicio para realizar otras intentonas separatistas, aunque las que se planearon resultaron de tono menor, insuficientemente planteadas y con muy poco apoyo social, siendo abortadas sin muchas dificultades. En Andalucía fue descubierta la conspiración nobiliaria del duque de Medina Sidonia y del marqués de Ayamonte, que pretendían tomar el poder en esta zona contando con el apoyo portugués (la hermana del primero se había convertido en reina del país vecino). La suerte de ambos intrigantes fue desigual, pues mientras a Medina Sidonia le cayó una pena de destierro y la pérdida de señoríos destacados, contra el marqués de Ayamonte fue dictada pena de muerte al considerársele cabecilla de la conspiración. Su ejecución se llevó a efecto, ya desaparecido Olivares, en 1648, año en que se volvió a descubrir otra intentona de ruptura con Castilla, esta vez procedente de tierras aragonesas y cuyo protagonista era el duque de Híjar, que pretendía proclamarse rey de Aragón. Nuevas revueltas y disturbios ocurrieron por estos años y los siguientes, pero con motivaciones más sociales y económicas que políticas. Tales podrían ser considerados los levantamientos de 1646-1648 en Valencia, las rebeliones de 1647 y 1648 acaecidas en las posesiones italianas de Sicilia y Nápoles y las alteraciones andaluzas de 1647 a 1652, prueba elocuente todas ellas de la difícil situación en que se encontraba la Monarquía hispana y de los padecimientos que experimentaban las poblaciones de los territorios que la formaban. En la última fase del reinado de Felipe IV se habían producido algunos cambios significativos entre los dirigentes políticos a consecuencia de las muchas oposiciones y rechazos que el mandato de Olivares provocara. Las críticas a su gestión llegaron de todas partes hasta el punto de quedarse aislado, lo que, unido al fracaso de sus planteamientos, motivó la decisión regia de apartarlo del poder, hecho que se concretó cuando en enero de 1643 el monarca aceptaba la petición de retirada presentada por su hasta entonces hombre de confianza. A continuación, Olivares se retiraría de la Corte, pasando unos años de intenso desequilibrio y angustia hasta su muerte en 1645. Tras la caída del valido, Felipe IV pretendió asumir personalmente el gobierno aunque tardó muy poco tiempo en claudicar, ya que pronto aceptó un nuevo consejero a modo de primer ministro, don Luis Méndez de Haro, sobrino del conde-duque, quien durante casi las dos décadas que quedaba de reinado pasó a ser el nuevo hombre fuerte del Gobierno, pero sin alcanzar la elevada posición ni la influencia sobre el rey de que había gozado su tío, al que había sucedido como valido. Por otro lado, el propio monarca escuchaba con gran atención y credibilidad los consejos espirituales y políticos de la religiosa sor María de Agreda, curioso personaje que cobró importancia relevante cerca de la figura regia incidiendo sobremanera en sus decisiones. En 1661 moría el oscuro y poco definido don Luis Méndez de Haro, quedando de nuevo una especie de vacío de poder que los afanes postreros del monarca no pudieron llenar, anunciándose ya la presencia de los grupos nobiliarios que pronto se iban a disputar el control del Gobierno, pues se avecinaba un período de minoría regia que tan propicio era para ello.
Personaje
Político
Ocupó la cátedra de Derecho Civil desde 1835 y la de economía política. A comienzos de la década de los años cuarenta fue elegido alcalde de Valladolid. En esta época apoyó el levantamiento de Espartero. Desde mediados de siglo encabezó el ministerio de Fomento estando Lersundi en el poder y posteriormente con Narváez. Diez años después volvería a detentar este cargo bajo el gabinete de Arrazola. De su labor pública, hay que destacar su ley de Instrucción Pública, por la que la enseñanza primaria se hacía obligatoria.
acepcion
Relativo a los cristianos que vivían en la España musulmana hasta fines del siglo XI, conservando su religión cristiana e incluso su organización eclesiástica y judicial.
contexto
La clasificación social de trabajadores, defensores y clérigos permite englobar a todos los pobladores de los reinos hispánicos, pero la relación sería incompleta si no se tuviera en cuenta la existencia de grupos humanos que, dedicándose al cultivo de los campos, a la clerecía, a la artesanía, al comercio o a la administración, se diferencian de quienes realizan estos trabajos por su cultura, origen étnico o religión, entre los que se encuentran los mozárabes, cristianos que han vivido bajo el dominio musulmán y conservan entre los cristianos el idioma árabe y la cultura y liturgia heredada del mundo visigodo; los mudéjares, o musulmanes que han permanecido en los territorios ocupados por los cristianos, y los judíos, que mantienen sus diferencias religiosas y viven en barrios, juderías, apartados incluso físicamente de los cristianos.Los mozárabes, muy numerosos en territorio islámico hasta el siglo XII, se trasladan masivamente a territorio cristiano al aumentar la inseguridad y en muchos casos se integran de tal manera que no es posible distinguirlos de sus coterráneos o fijan su residencia en el antiguo reino de Toledo, donde los mozárabes han conservado su organización y su forma de vida por haber pasado en bloque de la taifa musulmana al reino de Castilla en 1085 al ser ocupada la ciudad, en la que tienen como fuero propio el código de época visigoda, el Liber iudiciorum o Fuero Juzgo, y jueces propios. Aunque en muchos aspectos no se diferencian del resto de los toledanos no es menos cierto que los mozárabes ofrecen, entre otras peculiaridades, la de expresarse en árabe, lengua que consideran propia y utilizan en la vida diaria y en los actos jurídicos; conocen y hablan también el romance y sus clérigos dominan el latín, la lengua litúrgica del cristianismo, lo que les permite actuar de intermediarios entre cristianos y musulmanes y actuar en muchos casos como traductores cualificados; conservan sus libros desde época visigoda y mantienen un tipo de letra, la visigótica o mozárabe, incluso en el siglo XIII, cuando en todas partes este tipo de letra ha dado paso a la carolina, símbolo de los nuevos tiempos, de la vinculación de los cristianos no al mundo visigodo sino al romano.Comunidades judías existen en todos los reinos cristianos y aunque en cada caso pueden hallarse diferencias, su situación está condicionada por las normas emanadas de la Iglesia que a partir del siglo XIII exige a los judíos -también a los musulmanes- llevar signos que los distingan claramente de los cristianos, les prohíbe ocupar cargos que les den poder sobre los seguidores de Cristo o les ordena encerrarse en sus barrios el Viernes Santo para que su presencia no sea considerada una provocación por quienes recuerdan que sus antepasados dieron muerte al Señor. Estas disposiciones serán integradas y actualizadas en las leyes civiles y en las disposiciones de concilios y sínodos, pero hasta el siglo XIV no puede hablarse de persecución sistemática de los judíos.El comercio del dinero enriqueció sobremanera a algunos judíos, que de un modo natural se convirtieron en prestamistas del monarca, en cobradores de impuestos y en administradores de la Hacienda real; de este modo, los judíos se convirtieron en funcionarios del monarca y adquirieron una autoridad que teóricamente les estaba negada por su condición de no cristianos. La animadversión que suscita en todo tiempo y lugar el recaudador de impuestos, la conciencia de que la intervención de los judíos era una de las causas del aumento de las exacciones, y los hipotéticos o reales abusos de autoridad cometidos por los hebreos en el desempeño de sus funciones son las causas directas del odio que comienza a observarse hacia los judíos en los años finales del siglo XIII, y la perfecta caracterización de los hebreos como grupo diferenciado facilitó la extensión del odio contra los recaudadores a todos los judíos, muchos de los cuales vivían del desempeño de funciones que nada tenían que ver con la recaudación: judío y recaudador-arrendador de impuestos se convirtieron en sinónimos para la gran masa de la población, y el factor diferencial religioso, prácticamente ignorado en los años anteriores, pasa a primer plano, pero el proceso es lento y las primeras protestas no se dirigen contra los judíos en general sino sólo contra los recaudadores y arrendadores.La protección a los judíos es aún más visible en Aragón, donde Jaime I llega a dar tierras a los judíos, cuenta con ellos para repoblar Mallorca y Valencia y los utiliza ampliamente en la administración pública, medidas que alterna con diversos intentos de convertirlos mediante la predicación o las disputas teológicas con los dominicos; el cambio se inicia, como en Castilla, a fines del siglo, cuando Jaime II aumenta considerablemente la presión fiscal sobre los judíos, muchos de los cuales acabarán emigrando.Los textos eclesiásticos equiparan a judíos y musulmanes cuando toman medidas para mantenerlos alejados de los cristianos, pero la situación de unos y otros es totalmente diferente: entre los primeros abundan recaudadores, prestamistas y comerciantes y los segundos son en casi su totalidad pequeños artesanos y campesinos que han permanecido en la tierra al ser ésta conquistada por los cristianos, pues aunque las capitulaciones no impiden la permanencia de los dirigentes de la sociedad, éstos no tardarían en buscar refugio en Granada o en el Norte de África. El estatuto jurídico varía en función de las capitulaciones que les permitieron mantenerse en sus tierras, pero en líneas generales puede hablarse de tolerancia y respeto a sus normas jurídicas y a su religión.
Personaje
Músico
Hijo también de compositor, recibió una esmerada educación. A los tres años ya demuestra sus increíbles dotes musicales, y los doce la corte vienesa le encarga la composición de "La finta simplice". Tras viajar por Italia durante su infancia, a los catorce años estrena la ópera "Mitrídates", y dos años más tarde "Lucio Sila". En Alemania conoce a Haydn y en 1778, durante un viaje a París con su padre, consigue grandes éxitos que le llevan a tocar para la reina María Antonieta. De regreso a Austria, se instala en la corte del arzobispo de Salzburgo en Viena y casa en 1782 con Constanza Weber. Su éxito de público y crítica continúa imparable, estrenando "Idomeneo" y Rapto en el serrallo". Pese a la gran acogida a su "Don Juan", continúa careciendo de recursos económicos, falleciendo en la miseria a los 35 años y sin haber podido concluir su "Requiem". Mozart es uncaso extraordinario de talento y precocidad musical, pues a la temprana demostración de su virtudes une el dominio sobre todas las formas compositivas. De talento majestuoso, sus fuentes de inspiración parecen inagotables y su dominio técnico es considerado modélico, recibiendo la influencia de la ópera italiana, de Bach y de la música francesa. Así, representa la síntesis del sinfonismo alemán con la ópera italiana, abriendo un camino que seguirán Wagner, Weber o Rossini, entre muchos otros. Sus innovaciones quedan como un hito en la historia de la música: en la ópera, eleva el rango de la participación femenina y cuida con mimo los aportes orquestales y vocales; en la sinfonía, realiza numerosos conciertos para instrumentos y orquesta, todos ellos dotados de una técnica depuradísima y una muy lograda expresividad; a la música de cámara otorga gran expresividad sonora y riqueza en las combinaciones instrumentales; la música religiosa la compone y ejecuta con profunda religiosidad, especialmente en las "Misas". Mozart tiene la gran habilidad de captar lo mejor de las diversas corrientes de su tiempo, situándose en lo más alto del clasicismo vienés y dotando a su música de un sentimiento y fuerza anejo al romanticismo. Entre sus obras, además de las ya citadas, destacan las óperas "Bastián y Bastiana", de 1768, "Las bodas de Fígaro", de 1786, "Cossi fan tutte", de 1790, o "La flauta mágica", de 1791. Compuso además música sinfónica, 55 sinfonías, motetes, salmos, divertimentos, sontatas y un largo etcétera.
obra
El último encargo para la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara supuso para Goya un auténtico suplicio cansado como estaba de trabajar durante 18 años en este tipo de escenas y deseoso de iniciar una nueva etapa artística. Nombrado recientemente Pintor de Cámara, se negó durante un año a ejecutar el encargo, teniendo que intervenir el propio Carlos IV amenazando al artista con la retirada del sueldo. A regañadientes inició Goya los cartones destinados a la decoración del despacho del rey en el Palacio de El Escorial que debían tratar por expreso deseo del rey sobre "cosas campestres y jocosas". Formarían parte de este conjunto - que nunca se concluiría por la enfermedad que sufrió el pintor en 1792 - obras tan llamativas como La boda o El pelele.Cuatro personajes protagonizan las Mozas del cántaro, obra en la que la figura comparte escenario con una vigorosa arquitectura y con un atractivo fondo en el que los edificios juegan un importante papel. Las figuras de las mozas están perfectamente interpretadas, mostrando quizá ese rostro estereotipado tan típico de los cartones goyescos, mientras que la mujer de más edad personaliza su expresión como ya ocurriera en el Cacharrero. Algunos especialistas piensan que estas tres figuras podrían aludir a la prostitución, siendo la más madura la celestina. Otros opinan que aludiría a las edades del ser humano. El niño en primer plano sintoniza con otras imágenes protagonizadas por pequeños como Niños inflando una vejiga o Las gigantillas. La luz es un elemento primordial en el conjunto, resaltando el volumen de los personajes y acentuando la alegría de la escena. La rápida ejecución continua siendo un signo identificativo de la manera de trabajar de Goya, anunciando estilos posteriores.
Personaje
Van Kessel el Mozo fue un artista flamenco, nacido en Amberes a mediados del siglo XVII. La gran competencia existente en su ciudad le forzó a emigrar, trasladándose a Madrid. Estuvo activo durante el período Barroco. Fue hijo de van Kessel el Viejo. Como su padre, se dedicó a la pintura decorativa, para lo cual se trasladó a España, donde existía una gran demanda por la construcción de residencias reales. Trabajó especialmente temas de bodegones y escenas de costumbres, que solían aprovecharse para pintar cartones que sirvieran de base a los tapices que colgaban en las residencias reales, adornando las paredes y resguardando las salas del frío.