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Fotografía cedida por el Museo Nacional de Arte Romano, Mérida. Archivo fotográfico.
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En las ruinas de una casa situada en las cercanías del Foro Provincial de Emerita Augusta se descubrió en 1983 un interesante mosaico llamado de los Siete Sabios ya que aparecen en él representados los Siete Sabios de Grecia: Chilon de Lacedomonia, Tales de Mileto, Biante de Priene, Periandros de Corinto, Cleobulos de Lindos, Solón de Atenas y Pítacos de Mitilene, cuya figura está muy perdida. Los siete sabios aparecen sentados en una habitación con las paredes decoradas en tonalidades rojizas, cada uno en actitud reflexiva. La disposición de Agamenón y Aquiles en el friso superior del pavimento invita a considerar que los sabios reflexionen sobre las funestas consecuencias de la guerra de Troya, suponiendo una clara muestra del elevado ambiente intelectual que se vivía en la Mérida del siglo IV.
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Especialmente interesante es una lauda sepulcral procedente de Itálica, en la que se documenta una primera lauda pintada, con el nombre de la difunta (María) y una decoración vegetal y figurada muy similar a la que posteriormente figuraba en la lauda definitiva, confeccionada ahora en mosaico y aplicada por encima de la anterior. Con ello parece claro que nos encontramos ante una lauda provisional, hecha quizás en un primer momento, en tanto se encargaba -o llegaba- la definitiva. En algunas de las de Tarragona existen también motivos similares, aunque en algunos casos puede llegar a representarse la figura del difunto.
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Clunia Sulpicia -en la localidad burgalesa de Coruña del Conde- era una de las ciudades romanas más importantes del norte de Hispania, llegando a tener hasta 25.000 habitantes y alcanzando la categoría de convento jurídico. En este lugar Sertorio resistió ante Pompeyo (72 a.C.) y Galba fue proclamado emperador (69 d.C.). Tras su abandono, en la ciudad no hubo un desarrollo urbano posterior, lo que nos ha permitido encontrar un buen número de construcciones como el teatro o las domus, decoradas con magníficos mosaicos como éste que contemplamos. Predominan los mosaicos de teselas polícromos, así como las composiciones geométricas, y motivos vegetales. Son piezas que decoran las estancias más nobles de los edificios ya sean públicos o privados. Su presencia es fiel testimonio de la vida, riqueza y prestigio de la sociedad cluniense.
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La llamada villa de Fortunatus, de Fraga, fue excavada en los años anteriores a la guerra civil española. La planta del edificio comprende una serie de habitaciones ordenadas en torno a un patio central o peristilo, entre las que destaca, en el ángulo occidental de la edificación, una sala de grandes proporciones que en época posterior fue transformada en basílica cristiana. Aunque la villa de Fraga se ha creído residencia de un dominus llamado Fortunato, el análisis arqueológico del edificio y el estudio de la iconografía de los mosaicos y otros restos hallados inclina a pensar que se trata de un espacio de uso religioso, probablemente un santuario dedicado a Magna Mater. Entre los mosaicos encontramos la interesante representación de los Meses, en la que los éstos se evocan bajo formas de animales, plantas y objetos que aluden a fiestas del calendario, a trabajos estacionales o divinidades paganas.
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En 1832 Cea Bermúdez hace referencia a que "hace pocos años se desenterraron (en el paraje de Benegue) los cimientos de un edificio romano y en ellos varias estancias ... con nueve pavimentos de mosaico". Parece ser que estas edificaciones corresponden a unas termas alimentadas por una fuente de aguas curativas.