La primera abadía de monjas cistercienses en Europa fue la de Tart, localidad próxima a Citeaux, fundada entre 1120 y 1125 por iniciativa de Esteban Harding. Entre las primeras prioras está Humbelina, hermana de San Bernardo. Pronto las religiosas de Tart, igual que había ocurrido con los monjes, comenzaron a dispersarse para así iniciar fundaciones. Fabas -conocida también como Lume-Dieu- es una de las nuevas filiaciones en la diócesis de Comminges. Dicho monasterio tiene importancia para nosotros, ya que de él salió un grupo de religiosas que, en 1157, se establecen en Tulebras (Navarra), fundando el primer monasterio de monjas españolas. A partir de Tulebras se extenderá la rama cisterciense femenina por la Península Ibérica. Es en España donde las cistercienses van a tener un éxito considerable, ya que su primera andadura en Francia había sido problemática por las objeciones que el Capítulo General y San Bernardo ponían para su desarrollo. Las primeras filiaciones de Tulebras serán Perales (1160) y Cañas (1169), en Castilla; Gradefes (1168), en León; Vallbona (1173), en Cataluña; Trasobares (desconocida la fecha de llegada de las monjas de Tulebras al monasterio aragonés), en Aragón, y, por fin, el de Las Huelgas Reales de Burgos, que no pocos contratiempos ocasionó a la casa-madre. Hacia el año 1180, el rey Alfonso VIII de Castilla y su mujer Leonor Plantagenet, fundan el monasterio de Las Huelgas, aunque hasta 1187 no se hace carta de dotación, donde se menciona la observancia cisterciense, siendo en 1199 cuando la abadía se incorpora a la Orden del Císter y se la pone bajo la jurisdicción de la abadía de Citeaux. La primera abadesa, doña Misol, y las religiosas que constituyeron su primera comunidad, como en los casos anteriores, procedían de Tulebras. Fue Martín de Finojosa (como obispo de Sigüenza, pero fundamentalmente como monje cisterciense) quien, a petición de Alfonso VIII, viajó al monasterio navarro para pedir a su abadesa que enviase algunas de sus monjas con objeto de crear el monasterio de Las Huelgas. El soberano había escogido Las Huelgas como Panteón Real de los monarcas de Castilla. Para realzar el esplendor de su fundación, Alfonso VIII pidió al Capítulo General, a través de Martín de Finojosa, que todas las abadías femeninas de Castilla y León reconocieran a Las Huelgas como casa-madre y la facultad para poderse reunir todos los años en él a fin de celebrar capítulo general. En 1187 aquél aprueba la demanda, pero sin tomar partido para mantenerse fiel a sus principios de no ocuparse de las religiosas. Las abadías de Castilla y León eran conscientes de la actitud hostil del Capítulo General, por lo que sabían que, ante la petición del monarca, no podían contar más que con ellas mismas. Así, se instaba al monasterio navarro a anexionarse al burgalés, dándose a la abadía de Tulebras el primer puesto después de la de Las Huelgas. Las abadesas de los monasterios filiales de Tulebras se negaban a someterse al de Las Huelgas sin el consentimiento de la abadesa de su verdadera casa-madre. Por ello fue necesario que el Capítulo General extendiese otro documento, en 1188, que reiterara las disposiciones del anterior. En 1189 se reúnen por primera vez en el llamado Capítulo General de Las Huelgas. En sus actas se recoge no sólo la presencia de las abadesas, sino también la de los obispos y abades. Las abadesas asistentes se citan en el siguiente orden: María, de Perales; María, de Torquemada; Mencía, de San Andrés del Arroyo; María, de Carrizo; María, de Gradefes; Toda, de Cañas, y Urraca, de Fuencaliente. Tras la lectura de la carta del abad de Citeaux y del Capítulo General, se obligaba a todas las abadesas cistercienses de los reinos de Castilla y León a celebrar capítulo en Las Huelgas una vez al año, acudiendo a este monasterio como su casa-madre. Dicen las actas que todas las abadesas prometieron ejecutarlo y observarlo firmemente. Sin embargo, el acatamiento no fue unánime ya que dos abadesas -María, de Perales y María, de Gradefes- expresaron su deseo de que antes de tomar una decisión debían consultar con la abadesa de Tulebras, ya que sus comunidades procedían de este monasterio. Aunque en el acta sólo se hace mención a la discrepancia de dos abadesas, parece ser que también estaba unida a ellas la de Cañas, como se desprende de una carta que la abadesa de Tulebras, Urraca, escribió en 1199. El 27 de abril del mismo año de 1189 se vuelven a reunir en Las Huelgas, dispensadas por la abadesa de Tulebras, Toda Ramírez, de la obediencia que le debían. Curiosamente, en el acta redactada en esta ocasión, el orden de las abadesas ha cambiado con respecto al de la primera reunión y serán ahora las de Perales, Gradefes y Cañas las que encabezarán la lista, como filiales de Tulebras. Se acordó que todos los años las abadesas de Perales, Gradefes, Cañas y San Andrés del Arroyo harían una visita al monasterio de Las Huelgas y, si se unía la de Tulebras, ésta sería la primera visitadora. A pesar de dicho acuerdo, los monasterios cistercienses femeninos de Castilla y León siguieron manifestando su total desacuerdo a esta imposición a la que eran sometidas por Alfonso VIII. Así estuvieron las cosas durante diez años, hasta que, en 1199, el propio abad de Citeaux, Guido, viene a España y se reúne con la abadesa de Tulebras para pedirle, por escrito, que renunciase a sus filiaciones de Castilla y León. De esta manera fue cómo Urraca, abadesa de Santa María de la Caridad de Tulebras, como antes lo había hecho su antecesora, Toda Ramírez, absolvió a las abadesas de Perales, Gradefes y Cañas, y a sus respectivas casas de la obediencia que le debían, para que acatasen al Monasterio de Santa María la Real. Una vez incorporados definitivamente los siete monasterios, se unieron a ellos los de Vileña, Villamayor de los Montes, Avia, Barría y el Renuncio, siendo un total de doce abadías las afiliadas a Las Huelgas Reales.
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1. El monasterio. La economía del monasterio. Sankt Gallen: en el origen del arquetipo monasterial. 2. Monasterios burgaleses. 3. Arquitectura cisterciense en León. Las primeras construcciones. La expansión de la arquitectura cisterciense. Las dependencias monásticas. Valoración final. 4. Monasterios de monjas cistercienses. Características del monasterio cisterciense femenino. Una excepción monumental: Las Huelgas. Consecuencias inmediatas de la excepcionalidad: Gradefes y Cañas. Dispersión geográfica de la arquitectura cisterciense femenina. A modo de conclusión. 5. Arquitectura de las órdenes mendicantes. La nueva religiosidad mendicante. De la provisionalidad a la fijación de modelos templarios. La iglesia mendicante: función y símbolo. La iglesia mendicante en España. Organización del espacio conventual. Proceso crono-constructivo de la arquitectura mendicante.
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Uno de los pilares de la vida medieval fueron los monasterios. Creados en principio para rezar y alabar a Dios, funcionaron al mismo tiempo como archivo, biblioteca, tesorería, colegio y centro artesanal. El padre de la vida monástica fue San Benito de Nursia quien, en el año 529, fundó un monasterio en Monte Cassino, Italia. San Benito estableció las reglas que habían de regir las vidas de los monjes, persiguiendo un ideal de comunidad piadosa y disciplinada, aislada de las tentaciones del mundo exterior. En España los monasterios vivieron su gran expansión en época medieval. Reyes y nobles favorecieron su construcción y les otorgaron cuantiosos privilegios económicos, pues veían en ellos una herramienta para repoblar las tierras recién conquistadas a los musulmanes. Los monasterios medievales llevaron a cabo una impagable labor cultural, pues contribuyeron a preservar los saberes de la Antigüedad y a difundir por toda Europa los principales estilos artísticos de la época: el románico y el gótico.
Personaje
Científico
Literato
Se dedicó a la enseñanza de las Sagradas Escrituras en Toledo. Sus conocimientos en demografía y economía le convirtieron en experto de estas dos materias. De su legado literario cabe citar: "Población y aumento numeroso de la Nación española" y "Discursos". Esta última obra tuvo gran incidencia hasta el siglo XVIII. El contenido de los ocho discursos es un alegato a la economía proteccionista.
Personaje
Militar
Desde muy joven se alistó en el ejército. En tiempos de la Revolución Francesa comenzó a convertirse una de las personas más populares. Tras intervenir en varias campañas fue ascendido a general de división. A finales de la década de los noventa ya estaba al frente del ejército de las costas de Brest, pero le acusaron de realista y el Directorio le destituyó de su cargo. A comienzos de siglo XIX se adhirió a las tropas de Napoleón e intervino en la campaña de Austria. Gracias a sus méritos fue ascendido a inspector general de la gendarmería y en 1804 le nombraron mariscal del Imperio. En 1808 aparece en España, donde consiguió imponerse en Valencia y participó en la rendición de Zaragoza. Tras la abdicación de Napoleón, fue elegido par de Francia por Luis XVIII. En 1833 con Luis Felipe en la monarquía fue elegido gobernador del Hotel de Inválidos.
Personaje
Pintor
Estudia en la Academia de Amsterdam, donde pintó paisajes. Simultáneamente realizaba copias en los museos y, dibujos científicos para ganarse la vida. En 1911 marcha a París donde conoce a Toorop, cuyo simbolismo influye en su obra. Sin embargo, le interesaba especialmente el cubismo de Picasso y Braque. En 1914 regresa a Holanda, donde funda junto a Theo van Doesburg el grupo De Stijl y es, en 1917, cuando realiza las composiciones por las que es más conocido, a las que da el nombre de Neoplasticismo. Dos años después, de nuevo en París, se intrega en el grupo abstractista "Cerclé et Carré" y el movimiento Abstracción-Creation. En 1938 se traslada a Londres, ciudad que abandona tras el bombardeo que destruye su estudio en la capital inglesa. En Nueva York sus obras adquieren una mayor libertad y un ritmo más vivo. Muere en esta ciudad en 1944.
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Varios fueron los elementos confluyentes hacia la creación de una economía monetaria a lo largo de la época arcaica. La riqueza de los reyes de Frigia y Lidia, proverbial en las figuras de Midas y Creso, respectivamente, permitió el desarrollo de un sistema de tributación y de remuneración de tropas mercenarias, apoyado en la abundancia de metales preciosos existentes en sus territorios. Tanto las referencias de los autores antiguos como los datos de la arqueología permiten concluir que fueron las acuñaciones lidias las que sirvieron de modelo para las primeras monedas griegas. Sin embargo, sólo gracias a las condiciones de desarrollo de la misma economía griega, el sistema monetario pudo generalizarse a lo largo del período. De un lado, las transformaciones de la sociedad que se vinculan a los orígenes de la ciudad imponen nuevas formas de redistribución. La unidad representada por el oikos se diluye en formas más complejas, donde las clientelas se mantienen a base de una participación en beneficios que no siempre puede hacerse en especies. La moneda desempeña un papel intermediario para paliar los desequilibrios surgidos en las formas económicas, como instrumento válido para acceder a los bienes, sobre todo por quienes no intervienen directamente en la producción primaria. Ello permitiría que más tarde Aristóteles le atribuyera un valor moral, garantía de la estabilidad de la comunidad de la polis. De otro lado, del mismo modo que las transformaciones de la sociedad van vinculadas al desarrollo de los cambios, también la moneda, como instrumento polifacético, sirvió para el desarrollo y consolidación del comercio exterior que, desde luego, ya venía practicándose anteriormente sin necesidad de que existiera aquélla. En cualquier caso, su función en el comercio exterior queda siempre vinculada a la función interna, como factor de potenciación y síntoma de las transformaciones en ámbito social. Al mismo tiempo que favorecía la agilización de los intercambios exteriores, potenció los interiores y creó las condiciones para que el misthós fuera una institución permanente, tanto en el trabajo productivo como en el servicio de los ejércitos mercenarios. Las transformaciones críticas de la aristocracia efectivamente favorecían el alquiler de efectivos desarraigados de las unidades políticas en formación.