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monumento
En esta población se alza el monasterio de Nuestra Señora de la Asunción, de monjas cistercienses. Su origen se remonta al siglo X, siendo restaurado en el siglo XII por la infanta doña Sancha. A principios del siglo XVI fue suprimido, destinando sus rentas a financiar un colegio de la orden en Salamanca y su comunidad trasladada al cercano cenobio de Villabuena, pero la destrucción de éste por una riada obligó a unir ambas comunidades nuevamente en San Miguel. Durante los siglos XVII y XVIII fue totalmente remozado. Como otros monasterios sufrió las consecuencias de la Desamortización y sus monjas fueron exclaustradas, hasta que en 1861 se restauró la vida religiosa, integrándose en la Federación Bernarda de la Regular Observancia. Del monasterio sólo puede visitarse la iglesia, de planta de cruz latina y con los brazos apenas desarrollados. De una sola nave, dividida en seis tramos por arcos de medio punto con bóveda de lunetos y cúpula de media naranja. El resto del monasterio sólo puede visitarse con permiso. A mano izquierda del coro está la sala capitular (siglo XVIII), a la que se accede por una portada románica. Frente a la sala capitular hay una escalinata monumental, que acoge la obra más notable del monasterio, una virgen románica con el niño (siglo XII), en piedra, de 1,18 metros, sentada en un trono, con tres diablillos como escabel y unos ángeles en sus hombros que le apartan la toca para descubrir mejor su rostro. El monasterio posee, además, dos claustros: el de la Portería o del Palacio, del siglo XVII, de pequeñas dimensiones; y otro del siglo XVIII muy amplio, también de dos pisos, con balaustrada abierta en el segundo. En los ángulos del claustro bajo hay ocho capillas, con puertas de madera, y en ellos retablos con imágenes de los siglos XVI y XVII.
museo
Hay dos monasterios en estrecha relación con la vida del Santo, el de Suso o de arriba, y el de Yuso o de abajo. El monasterio de Yuso fue fundado por el rey García, y fue ampliándose en la medida en que los diferentes abades necesitaban más espacio, hasta el siglo XVII en que se concluyó definitivamente. Aquí fueron descubiertas las "Glosas Emilianensis", primeras letras del idioma castellano. En la biblioteca se conservan códices, pergaminos de los siglos X al XIV, ceremoniales miniados de gran valor y el llamado "Becerro Galiano", en el que figura el voto de San Millán del siglo XIII. En el Salón de los Reyes se pueden contemplar pinturas de fray Juan Rizzi. Son también destacables el claustro, la magnífica escalera del siglo XVII y la Sacristía, de finales del XVI. En el Museo del monasterio se guardan las célebres arcas de San Millán y san Felices, realizadas en oro y marfil. En 1992 se inauguró, dentro del recinto del monasterio, el Aula de la Lengua, dedicada a realizar actos protocolarios relacionados con el idioma castellano. El Monasterio de Suso, separado del anterior por dos kilómetros de distancia, destaca por su sencilla arquitectura mozárabe en parte excavada en la roca. En él se puede visitar el cenotafio de San Millán del siglo XII o las tumbas de los siete infantes de Lara.
monumento
El monasterio benedictino de San Pablo del Campo, el único románico existente en la ciudad de Barcelona, fue fundado antes del año 911 por el conde Gifré Borrell. Almanzor destruyó la primera construcción durante su ataque a Barcelona en 985, pero la comunidad fue restaurada en el siglo XI. La iglesia presenta planta de cruz griega, con un claustro anexo de planta cuadrada, de pequeñas dimensiones, fechado en el siglo XIII. La Sala Capitular es gótica, del siglo XIV. La iglesia se convirtió en parroquia en 1835, albergando en sus dependencias una escuela y después un cuartel. Declarado monumento histórico-artístico en 1879, fue objeto de restauraciones entre 1896 y 1907. En 1927 el arquitecto Josep Goday proyectó la destrucción de los edificios anexos. Las inundaciones, las lluvias, el desgaste provocada por el polvo y la suciedad han motivado numerosos desperfectos. En julio del año 2002 se han iniciado obras de restauración con una aportación de 330.556 euros por parte de la Fundación Caja Madrid.
monumento
Uno de los monasterios más antiguos de Santiago, fue fundado por Alfonso II en el siglo IX para guardar la tumba del Apóstol, cuya custodia estaba en aquellos tiempos encomendada a los benedictinos. Edificio de gran tamaño, fue finalizado entre los siglos XVII y XVIII, cerrando la Plaza de la Quintana por su lado oriental El monasterio está dedicado a San Paio, nombre gallego de Pelayo, nacido en las cercanías de Tuy y martirizado en Córdoba en el año 925, al que se venera en toda Galicia. Su inmensa fachada de muros de granito presenta un bello enrejado en sus 48 ventanas. Hay que apreciar también las portadas del siglo XVII, la cúpula y el Museo de Arte Sacro, entre cuyas maravillosas piezas se halla el antiguo altar de mármol del Apóstol.
obra
Entre los restos de la monumental iglesia destacan los tres ábsides semicirculares, con amplios presbiterios. También conservamos la torre, levantada a finales del siglo XII, así como parte del claustro y de la sala capitular.
obra
Este arco enmarcó la puerta de entrada ala iglesia del monasterio de San Pedro de Arlanza, que estuvo en el muro septentrional de la torre. Es uno de los primeros ejemplos de arquitectura románica en Castilla (la iglesia románica se construyó a partir de 1085 sobre una construcción prerrománica) y en ella se aprecian ya las características propias del estilo en esta zona: empleo de la piedra caliza; arquivoltas formadas por sucesivos arcos que se apoyan en sendas parejas de columnas; y desarrollo de la escultura decorativa a base de elementos geométricos y vegetales muy esquematizados: bolas, sogueados, entrelazos y palmetas. El aún escaso desarrollo de las arquivoltas es debido al poco espesor de los muros de la iglesia: si no son más gruesos es porque las cubiertas originales eran de madera y no abovedadas. La portada de la iglesia del monasterio benedictino de San Pedro de Arlanza (Burgos) fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional desde su emplazamiento original en 1895.. En las fotografías del momento se aprecia su posición original, sepultada bajo una gruesa capa de escombros, tras cincuenta años de abandono como consecuencia de la desamortización de Mendizábal. También se ve el tímpana, que no fue montado en el Museo, y la cruz con láurea que decoraba el dintel.