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No fue la revolución china, sino el militarismo japonés el elemento determinante de la revuelta de Asia. La razón de las agresiones japonesas contra China de 1932 y 1937 no fue sólo la ambición territorial. Muchos de los oficiales del Ejército japonés estacionado en Kuantung -que fueron quienes, a espaldas de Tokyo, provocaron los incidentes que llevaron a la ocupación de Manchuria y a la guerra- pertenecían a los sectores más ultranacionalistas del Ejército: creían fanáticamente en el destino de Japón como líder militar e ideológico de la rebelión antioccidental de Asia. El mismo gobierno títere que Japón impuso en Nankín en 1940 bajo la presidencia de Wang Jingwei- respondió en parte a esa visión. Wan Jingwei (1883-1944) fue uno de los héroes de la revolución de 1911, amigo y colaborador próximo de Sun Yat-sen y líder de la izquierda del Guomindang, y había ocupado altos cargos en el régimen de Chiang Kai-shek. Su régimen tuvo el apoyo de muchos chinos de ideología panasiática y antioccidental. El militarismo ultranacionalista japonés era ya una realidad, como vimos, antes incluso de la I Guerra Mundial. Esta reforzó sensiblemente las posiciones internacionales de Japón. Como resultado, Japón aumentó sus derechos en Manchuria del sur, se hizo con algunas de las concesiones alemanas en China y en 1920, se adueñó, como mandatos de la Sociedad de Naciones, de las islas Carolinas, Marshall y Marianas, antes alemanas. La industrialización japonesa recibió, además, un nuevo y considerable impulso. La sustitución de importaciones, impulsada por el colapso del tráfico mundial, favoreció la producción nacional. La disminución de la actividad comercial europea le permitió capturar gran parte de los mercados asiáticos. La expansión comercial japonesa fue espectacular; su marina mercante, por ejemplo, duplicó su tonelaje. Pero la guerra mundial alteró también de forma notable la estructura de la sociedad japonesa. Por lo menos, generó un nivel de diversificación de la misma muy superior a la hasta entonces conocida. Provocó un aumento notable de la población -estimado en un 6 por 100- y un gran crecimiento de la población industrial y urbana. Cuando al normalizarse la situación económica en 1919 terminó la prosperidad de los años de guerra- que había ido acompañada de un fuerte proceso inflacionista-, el malestar social, las huelgas industriales, la agitación rural (todo ello canalizado por el Partido Socialista, creado en 1901, pero también por organizaciones anarcosindicalistas y comunistas creadas en la posguerra), adquirieron considerable amplitud y dieron lugar en los años 1919-1923 a graves y violentos disturbios. El terrible terremoto que Tokyo sufrió el 1 de septiembre de 1923, que produjo unos 200.000 muertos, vino a polarizar de forma dramática la situación social. La tensión y el horror se canalizaron en actitudes xenofóbicas brutales contra inmigrantes coreanos y chinos; el gobierno desencadenó una dura represión contra todas las organizaciones de izquierda ante la situación de subversión que, en su opinión, se había creado. La estructura de la política pareció también modificarse radicalmente. Los años de la posguerra vieron la irrupción de las masas en la vida política. Significativamente, en septiembre de 1918 llegó al poder Hara Takashi, un hombre de negocios, líder desde 1914 del Seiyukai, el partido liberal, primer plebeyo en llegar a la jefatura del gobierno en toda la historia del Japón. La política japonesa de los años veinte y principios de los treinta giró en torno a los partidos Seiyukai y Kenseikai (el partido conservador dirigido hasta 1926 por Kato Takaaki), que luego se reorganizó como el Minseito, y se asimiló razonablemente a los sistemas parlamentarios de los países occidentales. Hara, por ejemplo, amplió considerablemente el electorado. El gobierno que Kato presidió entre 1924 y 1926 introdujo el sufragio universal masculino (marzo de 1925), intentó reducir la influencia del Ejército, impulsó una política de conciliación hacia China y disminuyó el poder de la Cámara Alta: fue en buena medida un gobierno democrático. El gobierno de Hamaguchi Yuko de 1929 a 1930 logró superar la grave crisis provocada por el asesinato por militares japoneses del gobernador de la Manchuria china, Chang Tsolin, introdujo importantes recortes en los gastos militares y firmó el Tratado de Londres (22 de abril de 1930) que limitaba la fuerza naval de Japón. Liberalismo, civilismo y parlamentarismo, que tuvieron su teorizador en el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Tokyo, Minobe Tatsukichi, habían hecho, por tanto, progresos notables en Japón. El último gran representante de los genró, el príncipe Saionji, que vivió hasta 1940 y murió con 91 años, asesoró siempre al Emperador (desde 1926, Hiro-Hito) a favor de soluciones liberales y parlamentarias. Pero otras fuerzas colectivas habían tomado parecida o superior vigencia social. Los partidos políticos habían ganado poder, pero sus conexiones con los intereses de las grandes corporaciones o zaibatsu (del Seiyukai con Mitsui, y del Kensekai y del Minseito con Mitsubishi) desprestigió la política a los ojos de muchos sectores de la opinión. La Ley de Preservación de la Paz, aprobada en 1925, dirigida claramente contra la izquierda socialista y comunista, limitó el alcance democrático que tuvo la extensión del sufragio. Hara fue asesinado en 1921 por un fanático ultraderechista; Hamaguchi sufrió un gravísimo atentado en noviembre de 1930 del que murió un año después. Los mismos éxitos militares que Japón había logrado durante la guerra mundial reforzaron el espíritu nacionalista de los militares. El Ejército, seducido por la idea de la misión asiática de Japón, aparecía radicalmente divorciado del poder civil y veía con creciente hostilidad la política internacional de distensión seguida por los distintos gobiernos de los años veinte (que culminó en la etapa 1924-27 en la que el barón Shidehara ocupó la cartera de Exteriores). Muchos oficiales jóvenes se dejaron ganar por las ideas del agitador y fanático ultranacionalista Kita Ikki (1883-1937), expuestas en su libro La reconstrucción de Japón, en el que abogaba por la construcción de un imperio japonés revolucionario, militar y nacionalsocialista mediante la fuerza, en el que el poder de los partidos políticos y de los grandes consorcios financieros e industriales sería "restaurado" al Emperador, como encarnación sagrada del Japón. Ya en 1927 se supo que unos doscientos oficiales ultranacionalistas habían formado una sociedad secreta y que planeaban un golpe militar. El "incidente de Mukden" - la explosión en septiembre de 1931, en aquella localidad, de un ferrocarril con tropas japonesas, que desencadenó la ocupación de Manchuria- reveló la profunda extensión que la reacción militarista e imperialista había alcanzado en el Ejército. La ocupación de Manchuria fue una decisión unilateral del Ejército de Kuantung. Las órdenes del gobierno, presidido por Wakatsuki Reijiro, del Kenseikai, que supo tarde y mal lo que se tramaba y que quiso detener la intervención militar, fueron ignoradas. Su sucesor, Inukai Tsuyoshi, que, no obstante aceptar el "fait accompli" militar, aspiraba a controlar al Ejército e incluso a detener las operaciones de guerra, fue asesinado por jóvenes ultranacionalistas el 15 de mayo de 1932. Su muerte marcó el fin del gobierno de partidos. En adelante, el Emperador nombró gobiernos presididos por personas de su confianza, hombres como el conde Saito, el almirante Okada, el diplomático Hirota, el general Hayashi, el príncipe Konoye, que no procedían de los partidos políticos, y que parecían tener suficientes autoridad y prestigio ante el Ejército y la Marina como para canalizar desde arriba las ambiciones del militarismo. De esa forma, Japón se vio arrastrado hacia una política exterior cada vez más condicionada por las exigencias de la guerra y de la expansión territorial en el continente, lo que además favoreció positivamente la rápida y notable recuperación económica que el país experimentó desde 1932, tras tres años de profunda recesión, consecuencia de la crisis mundial de 1929. Al tiempo, el país quedó gobernado por gobiernos débiles y no parlamentarios, en una situación pública progresivamente deteriorada por la violencia militar y por las luchas faccionales por el poder que surgieron en el interior del propio Ejército. El episodio más grave tuvo lugar el 20 de febrero de 1936. Al día siguiente de las elecciones generales en las que el partido constitucional Minseito resultó ganador, unos 1.500 jóvenes oficiales de la guarnición de Tokyo, identificados con el Kodo-ha (o Escuela de la Vía Imperial), una de las facciones ultranacionalistas del Ejército liderada por los generales Haraki y Mazaki, intentaron un golpe de Estado, asesinando a los ex-jefes del gobierno Sato y Takahashi y a otras conocidas figuras de la vida pública. El "putsch" no prosperó por la firme actitud del Emperador: diecisiete rebeldes -y con ellos Kita Ikki, implicado en la trama- fueron ejecutados. Pero significativamente, el fracaso del "putsch" no sirvió sino para el reforzamiento del propio Ejército como institución y de la facción Tosei-ha (o Escuela del Control), integrada por militares igualmente nacionalistas y decididamente favorables a la guerra con China, como los generales Nagata, Hayasi, Terauchi y Tojo. Aunque en las elecciones de abril de 1937 se produjo una nueva afirmación de los partidos Minseito y Seiyukai, el Emperador encargó el 3 de junio la formación de gobierno al príncipe Konoye, un hombre joven y respetado, de educación liberal y no militarista. Era inútil: el gobierno Konoye se vio arrastrado en tan sólo un mes a la guerra con China por los incidentes que el 7 de julio se produjeron en las afueras de Pekín entre tropas chinas y tropas japonesas del Ejército de Kuantung que merodeaban contra todo derecho por la zona. La guerra chino-japonesa, que se diluyó y prolongó en la II Guerra Mundial, fue una catástrofe en términos humanos y materiales para ambos países. Políticamente, para China el resultado último fue el triunfo comunista de 1949. Para Japón, supuso el principio de su locura imperialista en pos de la creación de un Nuevo Orden en Asia. En 1940 invadió Indochina. Luego, tras destruir en diciembre de 1941 la flota norteamericana del Pacífico, en 1942 ocupó Birmania, Malasia, Singapur, Filipinas, Indonesia y otras islas del Pacífico, "liberando" del poder occidental a unos 450 millones de asiáticos. China perdió entre 3 y 13 millones de personas entre 1937 y 1949; Japón, millón y medio. En su obra maestra, la novela corta El corazón de las tinieblas (1902), el escritor Joseph Conrad había escrito una historia que, cualquiera que fuese su intención, parecía una metáfora de la expansión colonial europea: como descubre Marlow, el protagonista de la narración, al penetrar en África los europeos descubren el horror de su propia ambición, encarnado en la locura de Kurtz, el capitán de navío perdido en el interior del Congo. La reacción anticolonial y antioccidental de los pueblos africanos y asiáticos produjo a su vez sus propios horrores. El Shah Reza Pahlevi y el mufti, y líder, palestino al-Husseini favorecieron a, o colaboraron con, la Alemania de Hitler. China quedó asolada por el nacionalismo, la revolución, la guerra civil y las agresiones japonesas. Japón, el país que encabezó la revuelta de Asia, derivó hacia una forma de fascismo militar desde arriba: en diciembre de 1936, se adhirió al Eje Berlín-Roma. El sueño de Gandhi, una India libre y armónica guiada por el principio de la no violencia e inspirada en las virtudes sencillas de la vida de aldea y en la verdad profunda de su espiritualidad, terminó en la violentísima partición del subcontinente en dos Estados divididos por criterios religiosos y étnicos (India y Pakistán), proceso en el que pudieron perder la vida, por unas razones u otras, unas 200.000 personas. Gandhi mismo fue asesinado por un extremista hindú, Nathuram Godse, en Delhi, el 30 de enero de 1948.
Personaje Literato
Se formó siguiendo los postulados del utilitarismo. Jeremy Bentham y Comte fueron las dos figuras que mayor influencia ejercieron sobre su pensamiento. Sus teorías se basaban en la creación de una doctrina que se encargara del estudio de los comportamientos del hombre. En su ópera prima "Sistema de lógica" ya denunciaba la teoría del silogismo como el principal impedimento para profundizar en la esencia de los hombres. Mill propuso la psicología para alcanzar el conocimiento humano. Otra de sus obras más importantes fue "Disertaciones y discursos". Su pensamiento político se caracterizó por apoyar a los liberales moderados. En materia económica hizo un compendio de los autores clásicos en su libro "Principios de la economía". También planteó el derecho a voto femenino en su obra "The subjection of Women".
Personaje Pintor
Sir John Everett Millais fue un niño prodigio ya que a los once años se matriculó en la Escuela de la Real Academia de Bellas Artes de Londres. En 1848 creó junto a Rossetti y Hunt la Hermandad Prerrafaelita trabajando en este estilo admirador de los primitivos italianos del Quattrocento, mostrando un marcado interés por renovar el arte inglés encorsetado en la temática de paisajes y en el retrato. Su Ofelia se considera una de las obras maestras del movimiento. Sin embargo, al transcurrir el tiempo Millais se ancló en el academicismo, renegando incluso de sus compañeros, llegando a ser académico y ennoblecido con el título de "Baronet".
Personaje Escultor
Su educación parece ser que discurre de la mano de Lorenzo de Mercadante de Bretaña. Su carrera profesional se desarrolla en Sevilla, donde realiza algunas figuras como la imagen de Santiago en el cimborio o la de la Virgen del Pilar. Las formas de sus obras revelan que Millán conocía las tendencias de la escultura germánica y flamenca. En su obra estas corrientes se mezclan con los primeros síntomas renacentistas, como evidencia el Santo Entierro que acoge el Museo de Bellas Artes de Sevilla. De su producción también cabe destacar por su magnífica ejecución el Cristo de la Piedad de la iglesia de El Garrobo y el de San Miguel de la Victoria.
Personaje Pintor
Sus primeros dibujos se inspiran en la naturaleza. Sus creaciones se adhieren a la corriente surrealista. Pictografías es uno de sus trabajos de juventud. En esta creación se aprecia la incidencia que tiene en su arte Miró y Klee. Ilustró la colección "Planas de Poesía" que habían publicado sus hermanos Agustín y José María. Es entonces cuando comienza a relacionarse con artistas que viven en la península, como Sartoris, Angel Ferrant y Rafael Santos, entre otros. Todos ellos eran miembros de la Escuela de Altamira. Millares fundó el grupo LADAC -Los Arqueros del Arte Contemporáneo-, que secunda las pautas de la Escuela de Altamira. En los años cincuenta su obra llega a Madrid y Barcelona. A media que pasa el tiempo sus creaciones reflejan cada vez mayor interés por la materia. Utiliza materiales como arena y madera, y realiza sus arpilleras. En esta época se instala en Madrid y visita París. De entonces datan sus primeras Perforaciones. Fue uno de los participantes en la fundación del Grupo "El Paso", con Canogar, Serrano y Saura. Sus experiencias con nuevos materiales y el interés por el espacio son dos constantes en su obra.
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Personaje Literato
Constituye la vanguardia de la novela y del teatro norteamericanos contemporáneos. El hombre ,que escribió "La muerte de un viajante", premio Pulitzer en 1949, llevada al teatro y al cine, nació en 1915. Era un adolescente durante la Depresión, un estudiante bajo el New Deal, y una joven víctima durante la caza de brujas lanzada por McCarthy. Fue una de las figuras emblemáticas de las que sufrieron las investigaciones, acosos y condenas del Comité de Actividades Antiamericanas. En los interrogatorios, fue de los pocos que no se acogieron al silencio, aduciendo la protección constitucional, y se enfrentaron valientemente a las acusaciones del Comité, lo que le valió diversas condenas. Producto de esta experiencia, escribió en 1953 una de las mejores obras del teatro norteamericano, "Las brujas de Salem" (1953), en donde rememora escenas de los interrogatorios inquisitoriales. Entre sus obras, además son de destacar, "Panorama desde el puente" (1949) y "Después de la caída" (1964).
Personaje Literato
Su educación discurre en Nueva York, donde compagina los estudios con algunos trabajos. En este tiempo entra en contacto con la producción de Nietzsche, Proudhon y otros autores. Al comienzo de la década de los años treinta se traslada a París. Allí publica "Trópico de Cáncer", la primera de las tres novelas eróticas y autobiográficas que escribe. Después publicaría "Primavera negra" y "Trópico de Capricornio". Debido a la sensualidad y erotismo de la primera fue duramente criticado por sus contemporáneos. Diez años después de haber llegado a París emprendió un nuevo viaje a Grecia. Allí conoció a Durrell. Testimonio de esta época es "El coloso de Marussi". En su país natal continúa escribiendo novelas. A esta época pertenecen "La pesadilla del aire acondicionado" y "La crucifixión rosada", una trilogía en la que recurre de nuevo a la sexualidad. Fue uno de los principales representantes de la libertad individual. El erotismo de su obra provocó duras reacciones entre los críticos de su tiempo. Ejercería gran influencia entre sus contemporáneos. Es además autor de ensayos como "El mundo de D.H. Lawrence".
Personaje Político
Su trayectoria política comienza en el entorno de Clemenceau, pero luego se inclina por la ideología socialista, llegando a ser ministro de Comercio e Industria con Waldeck Rousseau, sin embargo su política fue muy criticada. Por su tendencia hacia el centro-derecha, fue expulsado del Partido Socialista en 1904, y continuó su labor política como independiente siendo ministro de Obras Públicas (1909-1910) y de Guerra (1912-1913 y 1914-1915). Fundó el Bloque Nacional de carácter conservador, con el que llegará a presidente de la República (1920-1924). Dimitió de su cargo y ocupó un puesto como senador.
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