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Este Guerrero galaico de Cabeceiras de Basto es uno de los mejores ejemplares de guerreros que conocemos. Apareció en 1890, de forma casual, en el castro de Santa Comba, parroquia de Refojos de Basto, ayuntamiento de Cabeceiras de Basto; se conserva en una colección particular del lugar. Le falta la cabeza y está fracturada a la altura de las rodillas. Viste un sagun corto y de mangas cortas ceñido por un cinturón que en su parte posterior lleva una esvástica de cinco radios curvos. Va calzado y lleva ocreas. El armamento consta de una espada, un puñal y un escudo, en el que está grabado el epígrafe ARTIFICES / CALUBRIGENS / ES.ET.ABANIS / F.C.
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En los ajuares funerarios de la dinastía Han, aparecieron gran cantidad de objetos y figurillas de terracota. El tamaño de las figuras durante estos años ha disminuido considerablemente y nos muestran todos los aspectos de la vida: desde el militar lúdico, pasando por connotaciones religiosas. Este guerrero, nos muestra la perfección técnica que alcanzó esta dinastía, así como el enriquecimiento formal que se manifiesta en el dinamismo del personaje.
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El conjunto relieves encontrados en Osuna (Sevilla), han sido reconocidos como expresión del paso de la tradición ibérica a la ya romana o iberorromana. Todos ellos eran piezas aprovechadas para la construcción o el relleno de una muralla de emergencia construida en la ciudad por los pompeyanos, para hacerse fuerte contra los partidarios de Julio César. El tema más frecuente en estos relieves eran las escenas de guerreros, como en este caso, donde el personaje aparece armado con un escudo alargado de origen céltico y falcata.
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Entre 1975 y 1979 se rescató en el lugar conocido como Cerrillo Blanco, de Porcuna (Jaén), el más importante conjunto escultórico de la cultura ibérica. Por lo que se deduce de la excavación del Cerrillo Blanco, en una fecha muy poco posterior al año 400 a. C., se procedió a enterrar allí un gran número de estatuas, que habían sido intencionadamente destruidas, y cuyos pedazos fueron cuidadosamente recogidos y depositados en un gran hoyo hecho al efecto, cubierto después con grandes losas de arenisca. Las muchas estatuas no son idénticas de estilo, pero sí bastante homogéneas, como fruto de un mismo taller en el que pueden distinguirse varias manos. Tampoco son unitarias en temática ni en tamaños, sino un conjunto que va adquiriendo orden según avanzan los estudios sobre ellas. Son en general figuras menores que el natural, que representan guerreros -aislados o en grupos-, personajes de ambos sexos con trajes ceremoniales y atributos o complementos diversos, un individuo que lucha con un grifo, una divinidad literalmente envuelta por los cuerpos de dos cabras; animales diversos -leones, toros, una esfinge, un águila-. Las anatomías de las figuras están bien modeladas, en sus proporciones y en la acertada interpretación de las musculaturas y los movimientos.