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La importancia de esta figura de guerrero reside en la escasez de obras que conservamos del arte itálico no etrusco de esta época. Se trata de una figura realizada por los vestinos, asentados en un territorio en la zona de Aquila. Es muestra de la existencia de un arte local, totalmente independiente de la influencia helenística. El guerrero aparece con un gran y curioso casco redondo, y armado con una espada que ciñe contra el pecho.
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Esta pequeña y graciosa figurilla hallada en el poblado de la Bastida de les Alcuses (Mogente, Valencia) destaca por la expresividad que se concentra en la descomunal cimera del casco, un estupendo contrapunto en miniatura a los que lucían los guerreros de Porcuna.
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El lecho sobre el que yacía el príncipe enterrado en Hochdorf, en la fase D de Hallstatt, estaba adornado con escenas en relieve como esta. El conjunto decorativo medía en total tres metros de largo y la técnica empleada para su realización fue el dibujo con puntillado. En este fragmento de uno de los extremos del respaldo, se representa un carro de cuatro ruedas tirado por caballos y conducido por un guerrero que porta escudo y espada
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En los primeros años de su formación encontramos un buen número de figuras masculinas desnudas pintadas por Géricault. Se trata de estudios anatómicos que los alumnos realizaban en las academias para adiestrar la mano de los jóvenes artistas y comprobar sus progresos, demostrando así su destreza. Géricault en este Guerrero realiza un acertado estudio anatómico que recuerda a los Ignudi de Miguel Angel, remarcando la postura forzada de la figura para poder apreciar su facilidad a la hora de presentar los músculos en tensión, cambiando así la morfología del cuerpo. También es destacable el estudio lumínico realizado por el joven artista, vinculado al mundo del Barroco; los tonos empleados y el claroscuro que se crea recuerdan a Rembrandt, un pintor muy admirado por el artista francés de cuyas obras Géricault realizó algunas copias.