Una de las obras más ambiciosas pintadas por Renoir es la titulada Grandes bañistas, expuesta en mayo de 1887 en la sexta Exposition Internationale de la galería Georges Petit. Para su ejecución buscó la inspiración en un relieve que decora una de las fuentes de Versalles, realizada por el escultor François Girardon, en el que se representa el Baño de las ninfas. Renoir realizó diversos estudios a lápiz y sanguina como éste que contemplamos, en el que ya establece las líneas básicas de la composición definitiva.Los firmes trazos recuerdan a las obras de Ingres, uno de los artistas más admirados por Renoir, empleando el dibujo y el modelado para recuperar el volumen y la forma que estaban perdiendo los impresionistas al interesarse por el efecto de la luz y la atmósfera.
Busqueda de contenidos
obra
En sus últimos años Cézanne repitió el tema de las Bañistas que había realizado 30 años antes. Las mujeres se muestran desnudas ante un fondo de paisaje en el que no hay nada definido y en el que abundan las tonalidades malvas. Estas figuras son macizas, casi escultóricas, en parte debido al empleo de una línea oscura que delimita sus contornos. Sin embargo, los rostros han desaparecido, siendo sustituidos por máscaras, como también haría Picasso. El color es aplicado con violencia, mediante largas pinceladas en las que emplea espátula. Las tonalidades claras y alegres de sus primeros años dan paso a tonos oscuros. Su proceso de recuperación de la forma a través del color ha concluido; el Impresionismo ya es algo sólido y duradero, como el arte de los museos.
obra
En su deseo de recuperar las formas casi desaparecidas durante su etapa impresionista, Renoir viaja a Italia, descubriendo a los grandes maestros del Renacimiento, especialmente Rafael. A su regreso se enzarza en una de sus obras más importantes, dedicando tres años a la ejecución de esta escena en la que varias jóvenes desnudas se bañan en un riachuelo, presentando a las figuras bajo una resplandeciente iluminación solar. Las líneas que crean esos sensuales volúmenes son las principales protagonistas, tomando como modelo a Ingres. Los brazos, las piernas o los pechos son dibujados a la perfección, sin enfrentarse al color como apreciamos claramente en el paisaje, tratado incluso con una pincelada rápida y vigorosa. La sensualidad que transmiten las modelos traen a la memoria a Rubens o a Tiziano, maestros admirados por Renoir.
contexto
Esta colección pretende dar una visión global de los grandes conflictos de la Humanidad a partir de sus batallas más relevantes, a través de mapas animados, reproducciones tridimensionales de los campos de batalla, vídeos generados en 3 dimensiones con reconstrucciones de los elementos clave, cientos de fichas ilustradas con biografías, armas y lugares así como cientos de páginas ilustradas e hipertextadas pormenorizando los principales hechos y analizando sus causas.
obra
Tanto los caballos como el paisaje están resueltos a base de formas geométricas: cubos, cuadrados, triángulos y rombos, que contribuyen a la fusión formal de unos y otro. Es un ejemplo de los llamados "precubistas", fruto del viaje de Marc a París y su visión del cubismo en la vertiente lírica de Delauny. Los colores violentos acentúan la belleza y agresividad de los animales.
contexto
<p>Grandes Civilizaciones se adentra en las principales civilizaciones de la Historia a través de sus emplazamientos, personajes, historia y costumbres. Ilustrada por más de 5000 fotografías y 75 vídeos temáticos y mapas evolutivos. Incluye desde Mesopotamia y Egipto, Grecia, Roma, el Cristianismo, el Islam y otras menos tratadas como India, China, Japón o las civilizaciones olvidadas de África y Oceania. Civilizaciones: </p><p>Alborear humano </p><p>Tierra de faraones </p><p>El esplendor griego </p><p>La china milenaria </p><p>La gloria de Roma </p><p>El poder de la cruz </p><p>La India, paraíso de los mil dioses </p><p>Revelación islámica </p><p>Los hijos de Abraham </p><p>América: un mundo nuevo entra en escena </p><p>Los olvidados: África y Oceanía </p><p>La revelación del sol naciente</p>
contexto
La vida social y política del siglo XIX se halla en buena medida condicionada por la presencia de grandes corrientes ideológicas que tienden a explicar su visión de la realidad social y a proponer mecanismos de justificación, reforma o cambio radical. Desde puntos de partida diferentes,el liberalismo, el nacionalismo o el marxismo propondrán modelos teóricos y formularán esquemas y herramientas de transformación de la realidad social. Aplicados a un ámbito más cultural o artístico, el realismo y el romanticismo serán las corrientes de pensamiento dominantes, aplicando al mundo artístico una visión particular que tendrá también su plasmación en actitudes y modelos de comportamiento. Por último, el positivismo surge como un paradigma teórico aplicado al ámbito científico y al mismo tiempo contribuye a conformar una visión optimista del mundo basada en el progreso. Ciencia y fe pugnan a partir de ahora como modelos explicativos acerca del mundo y el ser humano.La experiencia revolucionaria francesa, y su profundo impacto en la mayoría de las naciones europeas, habían suscitado un fuerte recelo hacia los excesos del liberalismo y obligaron a una adaptación de esta doctrina a las nuevas circunstancias de la Europa de la Restauración. El liberalismo podía parecer sospechoso para los sectores conservadores, pero tenía una permanente voluntad de compromiso que le llevaba a no dejarse desbordar por las exigencias de los radicalismos igualitaristas. La idea de democracia, aunque permanente en el horizonte del ideario liberal (esa preocupación es central en la obra de Alexis de Tocqueville), tenía un significado amenazador cuando se intentaba utilizar a corto plazo.En la parte occidental de Europa se consolidaron, desde los años treinta, sistemas políticos constitucionales y representativos, en los que se hacía una aplicación de los principios liberales en beneficio de una reducida oligarquía. La vida política de esos regímenes giró en torno al establecimiento de la responsabilidad de los gobiernos ante los representantes de la nación y la rebaja de las exigencias económicas establecidas para ser elector (ampliación de la franquicia). En los márgenes del sistema político quedaron quienes pretendían instituciones plenamente democráticas, que muchos veían como un peligro, si no eran atemperadas por la defensa de unos intereses materiales o por la posesión de un cierto nivel de instrucción. También quedaron al margen los sectores que añoraban el Antiguo Régimen y rechazaban el principio político de la soberanía nacional.En la Europa oriental, por el contrario, se mantuvo una estructura fuertemente autoritaria en lo político y con un carácter acusadamente aristocrático en cuanto a la organización social. Las instituciones representativas y la seguridad jurídica parecieron objetivos difícilmente alcanzables, así como la garantía de las libertades individuales.A los planteamientos del liberalismo moderado o doctrinario se enfrentaban las exigencias de los radicales, que proclamaban la soberanía popular y luchaban por el sufragio universal. Eran, por lo general, personas dedicadas a las actividades liberales o al periodismo que manifestaban, por añadidura, una cierta sensibilidad frente a los desequilibrios sociales y económicos que se venían produciendo con la implantación del sistema capitalista. Para la consecución de sus objetivos empleaban las campañas políticas y de agitación, pero tampoco descartaban el recurso a los métodos violentos, ya que las condiciones normales de la vida política tampoco permitían albergar grandes esperanzas sobre las posibilidades de conseguir cambios profundos por una vía pacífica. La revolución, por lo tanto, permaneció en el horizonte de la vida política hasta que se produjo el fracaso de los movimientos revolucionarios de 1848 y 1849.En cualquier caso, los grandes beneficiarios de los sistemas políticos eran los componentes de la oligarquía (gran burguesía y aristocracia) que nutría las filas del liberalismo moderado. Frente a ellos, los tradicionales órdenes privilegiados podían considerarse plenamente desplazados, mientras que la pequeña burguesía y las clases trabajadoras encontraban dificultades para alcanzar el nivel económico, o la capacidad profesional, que les permitiera acceder a las decisiones de la vida política.
contexto
El expresionismo abstracto había dado una nueva escala a la pintura; la imagen impresa, la planitud, y la publicidad, los temas. De este cóctel salen los Grandes desnudos de Tom Wesselmann (1931), gigantescas madonnas modernas a las que adorar enteras o por partes -eso sí, las partes principales-. Con el recuerdo de Matisse en la simplificación de colores, la planitud y la sensualidad; Wesselmann empieza por hacer una serie de collages (Pequeño gran desnudo americano, en 1961), jugando con el término gran que se aplicaba al sueño y a la novela americana. En busca de otra escala realiza los Grandes desnudos en los años sesenta, que a veces lleva a las tres dimensiones. Con telas superpuestas en varios planos, colores lisos y formas simplificadas al máximo, hace una imagen que resume las aspiraciones de la sociedad de consumo tal como las presenta la publicidad o el cine, por medio de metonimias: gruesos labios rojos, dientes blancos, melenas rubias, pechos enhiestos, un cigarrillo humeante -que, sin duda, cogerán unas manos de uñas recién pintadas-, un kleenex -de usar y tirar, como la chica y el cigarro- y una naranja, redonda, jugosa, sensual y decorativa.Wesselmann fabrica también assemblages de tamaño natural, como los Cuartos de baño, de 1963, en los que a la pintura se unen objetos de verdad: sus grandes desnudos pintados aparecen junto a botes de champú o laca de uñas, cortinas y toallas de baño de verdad, o se dejan ver por una puerta abierta, como para los ojos de un voyeur. Wesselmann, con el empleo de todos estos objetos de mal gusto, se muestra próximo a uno de los nuevos realistas, Martial Raysse y su playa: es el apoteosis -y la miseria- del mundo moderno, americano y funcional.