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Personaje Escultor
Instalado en París, en la Capital del Sena realizó numerosos bustos de personajes de la vanguardia (Poulenc, Picasso, Eluard, Cocteau, etc.) y algunos monuemntos públicos, caracterizándose sus trabajos por la elegancia de los volúmenes y la simpleza de líneas, situándose su arte al límite de la abstracción.
obra
La enorme fama como retratista conseguida por Goya motivará la ejecución de este soberbio retrato protagonizado por el Embajador de Francia en España, monsieur Ferdinand Guillemardet. El modelo aparece de cuerpo entero, sentado en una silla en una postura algo forzada al girarse sobre su cuerpo para mostrarnos su rostro. Tras la figura encontramos una mesa cubierta con dorado tapete en la que se observa el sombrero, un tintero y diversos papeles, elementos éstos habituales en los retratos de políticos o intelectuales. El fondo claro empleado contrasta con la tonalidad oscura del uniforme y las botas, recortando la excelente cabeza sobre la pared. Una vez más, Goya se interesa por conjugar los detalles de trajes, adornos y bandas con la personalidad de su modelo, resaltada gracias a la iluminación aplicada. Los rasgos del rostro están perfectamente estudiados, en un alarde de psicología pictórica que el aragonés demuestra en la mayor parte de su producción retratística. La pincelada suelta empleada no impide captar las calidades de las telas, insinuando un conjunto en el que también destacan las manos, demostrando la facilidad de Goya para pintarlas siempre que el cliente esté dispuesto a pagar.
obra
Ingres adquirió un gran renombre como retratista en la corte italiana de Carolina Bonaparte, así como en su país natal, Francia. Todos los personajes de la aristocracia y alta burguesía francesa le encargaron sus retratos y la razón está en las características dela pintura de Ingres. Este pintor se debía por completo a la línea y a la pureza del motivo elegido. Su técnica era muy minuciosa y consistía en tomar innumerables dibujos preparatorios del modelo desnudo, para conseguir una correcta construcción anatómica. Luego los vestía con detalle y los iluminaba con equilibrio. Las gamas cromáticas que suele elegir son brillantes, muy hermosas. Pero lo que realmente hacía especial un retrato de Ingres era la preparación del modelo. El pintor se pasaba horas obligando al modelo a cambiar de postura hasta que hallaba la pose perfecta. De tal modo, todos los retratos de Ingres desprenden un aire elegante y desenfadado que parecen traslucir solemne familiaridad con el propio pintor. El modelo que aparece en este lienzo es el joven hijo del emperador francés Luis Felipe, que se había convertido en amigo y cliente de Ingres. Desgraciadamente, el heredero murió en un accidente en la calle, y será el mismo Ingres el encargado de decorar su capilla funeraria con varios santos en vidrieras.
obra
Benjamín West fue uno de los principales protectores de C. H. Leslie, y quien le indujo a realizar paisajes y asuntos cotidianos como esta composición que contemplamos, en la que Leslie deseaba hacer un homenaje a Constable. La influencia del gran paisajista británico se pone de manifiesto en el cielo y en el estilo general de la composición, especialmente la aplicación del óleo que se identifica con la época final de Constable. El pintor utiliza a su familia como modelos y el niño que observamos en el centro de la escena es su propio hijo, George, futuro miembro de la Royal Academy. Diversos grupos se distribuyen por el espacio, ocupando toda la escena, situando de manera acertada las zonas de sombra y de luz, dotando así de gran naturalismo a la composición. Los diferentes vestidos de los personajes dotan de colorido al conjunto, contrastando en su mayoría con la tonalidad verdosa del césped y de la arboleda. Leslie nos presenta una imagen de la vida moderna que servirá como precedente a los prerrafaelitas.
obra
El famoso Rastro madrileño es el protagonista de este cartón que servía como modelo a un tapiz destinado a decorar el dormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo. Esta temática popular decorando las paredes de los lugares más íntimos de los monarcas nos indica el gusto por lo populachero y castizo, tan de moda entre la aristocracia del último tercio del siglo XVIII. Por eso, las majas y los majos serán los que ostentan un papel principal en los cuadros de Goya.La escena se desarrollaría, presumiblemente, en la plaza de la Cebada, al verse al fondo la iglesia de San Francisco el Grande, la última novedad arquitectónica de Madrid que el maestro también pintó en el Baile a orillas del Manzanares. Dos caballeros observan la mercancía que les ofrece un anticuario, que tiene sus mercaderías a la puerta de la tienda, entre las que destaca un retrato similar a los de Velázquez. Tras ellos, vemos dos embozados que señalan al primer grupo con desconocida intención, aunque posiblemente como víctimas de un timo. El grupo principal está muy iluminado por un fuerte haz de luz que ensombrece el resto de la imagen. El colorido está aplicado con pinceladas rápidas y sueltas, centrando el pintor su atención en los reflejos metálicos, obtenidos con un precioso gris plata que también destaca en las hebillas de los zapatos.