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obra
El acceso a la iglesia conventual se realiza a través de una portada de dos cuerpos, caracterizada por su sencillez. A cada uno de los lados de esta puerta aparecen dos escudos que identifican el convento con la Orden de los Carmelitas.
monumento
Este convento, construido en el siglo XVII, es una de las principales muestras del barroco toledano. La distribución del edificio gira en torno a un patio de gran sencillez. La iglesia del convento de planta rectangular se divide en tres naves. El acceso a esta se realiza a través de una portada de dos cuerpos, caracterizada por su sencillez. A cada uno de los lados de esta puerta aparecen dos escudos que identifican el convento con la Orden de los Carmelitas.
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Las fachadas del Convento son de un rigor herreriano. La occidental presenta un tetrástilo central con frontón, conectado visualmente a la cúpula que cubre la rotonda mediante las volutas con triglifos del tambor, pues las torres señalan los corredores que separan la iglesia y el colegio. El orden toscano empleado en la fachada denota que Rodríguez aplicó el estilo más severo como adecuado a una orden misionera.
obra
La planificación de una iglesia, con colegio y convento sugiere la inspiración de Rodríguez en San Lorenzo de El Escorial, aunque el rectángulo duplo en el que se inscribe refleja libertad dentro de una amplia parcela. Pero el sentido compacto se halla a la vez racionalizado. La iglesia rotonda, con atrio y retrocoro, y rodeada de dependencias, queda envuelta por el colegio y, a la vez, separada por los corredores tangentes que se prolongan en las galerías del claustro conventual. El sentido de bloque, con las partes íntimamente imbricadas, se transmite a la fachada monumentalizada mediante la introducción de un frente tetrástilo con frontón, flanqueado por los cuerpos in antis de las torres laterales, bajo las cuales están las puertas del colegio.
monumento
El Convento de Agustinos Filipinos de Valladolid es una de las obras en las que Ventura Rodríguez inicia el proceso de simplificación de las formas, cuya sobriedad se relaciona con el clasicismo de Juan de Herrera y sus seguidores, pero conservando las articulaciones espaciales barrocas y la interpenetración de las partes. Sus proyectos están firmados en la ciudad castellana durante el destierro de Rodríguez y sin duda el contacto con la obra de Juan de Herrera aceleró la desnudez de los paramentos y el despojo ornamental. Iglesia, convento y colegio se inscriben en un rectángulo duplo, con las habitaciones dispuestas exteriormente, envolviendo la iglesia con sus dependencias, y un bello claustro con doble arquería toscana y jónica rematada con la balaustrada del Palacio Nuevo. En la distribución se perciben otras soluciones barrocas, como el aislamiento de la iglesia por corredores laterales que se prolongan en las galerías del claustro, como en la Clerecía de Salamanca, los Filipenses de Roma o la Basílica de Superga, de la que los Agustinos Filipinos parecen una variación que no renuncia ni a la iglesia circular ni a su claustro trasero, aunque se inscriban en un bloque unitario, que puede parecer una reducción de El Escorial. Las fachadas son de un rigor herreriano. La occidental presenta un tetrástilo central con frontón, conectado visualmente a la cúpula que cubre la rotonda mediante las volutas con triglifos del tambor, pues las torres señalan los corredores que separan la iglesia y el colegio. El orden toscano empleado en la fachada denota que Rodríguez aplicó el estilo más severo como adecuado a una orden misionera.
monumento
Las obras del convento de los Remedios, sede de los Franciscanos Terceros, se iniciaron en 1628, siendo dirigidas por los maestros Gonzalo Yáñez y Fernando Oviedo. La fachada presenta una disposición original, estando precedida de una tapia que cierra el compás con un claro carácter manierista. La portada es bastante sencilla, con una logia o pórtico cuyo tejadillo se apoya en columnas toscanas. La hermosa espadaña está realizada toda ella en piedra y fue levantada por el maestro cantero Pedro de Arévalo. El interior se organiza en torno a una planta de cruz latina, con naves, capillas laterales y cabecera plana. La nave central es más alta que las laterales, cubierta con bóveda de medio cañón dividida en cinco tramos. El retablo mayor es uno de los más hermosos de toda Antequera, construido en el primer tercio del siglo XVIII, obra del artista Antonio Rivera. En cuanto a la decoración, pinturas al temple y esculturas decoran toda la iglesia. En este último apartado destaca la de la Patrona, la virgen de los Remedios, obra del siglo XVI pero remodelada en el año 1816.
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Situado cerca de la Puerta de Plasencia, existió una antigua ermita, la de Nuestra Señora de Gracia, lugar en el que fray Juan Bautista de la Concepción, beato de los Trinitarios, eligió el lugar donde establecer el convento de la Orden. Éste se llevó a cabo en 1686, cuya fachada principal fue encargada a Sebastián Vidal.
monumento
Situado cerca de la Puerta de Plasencia, existió una antigua ermita, la de Nuestra Señora de Gracia, lugar en el que fray Juan Bautista de la Concepción, beato de los Trinitarios, eligió el lugar donde establecer el convento de la Orden. Éste se llevó a cabo en 1686, cuya fachada principal fue encargada a Sebastián Vidal. Orientada hacia la Plaza de Olmos, actualmente Corazón de María, constituye uno de los espacios esenciales del barroco cordobés, aunque su esquema es claramente prebarroco. El interior se construyó en el siglo XVII y la decoración es la típica de la primera mitad del siglo XVIII; posee una bella imagen de la Inmaculada tallada en 1668 por Pedro Roldán, y de Jesús Rescatado (1713), de Fernando Díaz de Pacheco. El coro y el órgano son ya del siglo XVIII, y en ella se encuentra enterrado el escultor Gómez Sandoval.