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Datos principales


Desarrollo


LOS MANUSCRITOS BASE DE ESTA EDICIÓN Quiero hacer antes una precisión. Vimos ya que Bernal escribió a lo largo de por lo menos treinta años. Hay que añadir ahora que, muerto él, otros metieron mano en sus manuscritos. De una parte, un fraile mercedario, Alonso Remón que, en España, tuvo la versión que Bernal había remitido a la corte en 1575 para su eventual publicación. De otra, principalmente su hijo Francisco que, viviendo en Guatemala, conservó otro manuscrito en el que Bernal había continuado trabajando, como se dijo, casi hasta su muerte. Tanto el mercedario como el hijo en sus respectivos manuscritos, y por diferentes causas, introdujeron cambios, añadidos o mutilaciones. El fraile quiso poner en boca de Bernal referencias y alabanzas a la actuación de los mercedarios sobre todo en Guatemala. El hijo suprimió lo que tuvo por inconveniente y añadió ciertos datos que creyó redundaban en prestigio de su padre. Por mucho tiempo se conoció tan sólo el texto con los arreglos introducidos por el fraile. Ediciones en castellano y versiones al inglés, francés, alemán, danés y húngaro, aparecidas hasta 1904, siguieron todas el dicho texto publicado en Madrid en 1632. Tan sólo en 1904 el mexicano Genaro García, con permiso del gobierno de Guatemala, poseedor del otro manuscrito, hizo la primera publicación apoyada en él, como versión la más genuina del original. A partir de entonces otras ediciones han aparecido, en las que se sigue el texto conservado en Guatemala, modernizadas ortografía y puntuación.

El texto que aquí se publica como el más cercano a lo que Bernal quiso saliera a luz al enviar su manuscrito a España, ha sido establecido como resultado de bastantes años de meticuloso trabajo. El asunto tiene su historia, que aquí con brevedad recordaré. Hacia 1932 se propusieron los gobiernos de España y México sacar, por fin, una edición crítica --puntual reconstrucción del texto original-- de la Historia de Bernal. La tarea se encomendó a un joven historiador español, Ramón Iglesia. Afortunada coincidencia fue que entonces apareciera en Murcia un tercer manuscrito de la Historia verdadera. Era éste una copia --dispuesta para la imprenta-- por encargo del ya mencionado don Francisco, hijo de Bernal. El nuevo manuscrito, conservado hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid, puede describirse como transcripción en la que se tomaron en cuenta las indicaciones que en su borrador había incluido Bernal teniendo en mente su posible publicación. La guerra civil española fue causa de que Ramón Iglesia hubiera de interrumpir su trabajo de edición crítica, apoyado en los tres textos, el publicado por el fraile, el conservado en Guatemala y ya impreso desde 1904, y el nuevo conocido como manuscrito Alegría por el nombre de su poseedor español. El propio Iglesia, que se convirtió luego en transterrado en México, explicó más tarde algo de lo que ocurrió5. Aquí me limito a decir que la tarea de la edición crítica que quedó en suspenso la retomó años después don Carmelo Sáenz de Santa María, auxiliado por alumnos suyos.

El texto que aquí se publica es precisamente el establecido como resultado de tales trabajos. En él se buscó sacar --sin añadidos como los del fraile mercedario ni las otras alteraciones debidas al hijo don Francisco-- una versión lo más cercana posible a lo que Bernal tuvo originalmente dispuesto. Los textos que aparecen en cursiva indican que no constan en el manuscrito de Guatemala. Interesante es señalar que la primera vez que apareció esta edición crítica fue en 1982 bajo el patrocinio conjunto de España (Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid), México (Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional) y Guatemala (Universidad Rafael Landívar, ciudad de Guatemala). En tanto que en dicha primera edición crítica se presentan en columnas paralelas el texto reestablecido y, por vía de comparación, el del manuscrito de Guatemala, aquí se ofrece ya sólo el que ha sido resultado de la referida y larga investigación. Para guiar al lector --que juzgo será benévolo-- notaré que al citar algún párrafo de Bernal en esta Introducción pondré entre paréntesis el número del capítulo del que procede. Dicho esto, vamos a acercarnos ya a la persona de nuestro cronista.

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