Compartir


Datos principales


Desarrollo


Capítulo VIII 248 De las muchas supersticiones y hechicerías que tenían los indios, y de cuán aprovechados están en la fe 249 No se contentaba el demonio con el servicio que esta gente le hacía adorándole en los ídolos, sino que también los tenía ciegos en mil maneras de hechicerías y ceremonias supersticiosas. Creían en mil agüeros y señales, y mayormente tenían gran agüero en el búho, y si le oían graznir o aullar sobre la casa que se asentaba, decían que muy presto había de morir alguno de aquella casa; y casi lo mismo tenían de las lechuzas y mochuelos y otras aves nocturnas; también si oían graznir un animalejo que ellos llaman cuzatlh cuzatli le tenían por señal de muerte de alguno. Tenían también agüero en encuentros de culebras y alacranes, y de otras muchas sabandijas que se mueven sobre la tierra. Tenían también que la mujer que paría dos de un vientre, lo cual en esta tierra acontece muchas veces, que el padre o la madre de los tales había de morir; y el remedio que el cruel demonio les daba era que mataban uno de los mielgos, y con esto creían que ni moriría el padre ni la madre, y muchas veces lo hacían. Cuando temblaba la tierra a donde había alguna mujer preñada, cubrían de presto las ollas o quebrábanlas porque no moviese, y decían que el temblor de la tierra era señal que se habían presto de gastar y acabar el maíz de las trojes. En muchas partes de esta tierra tiembla muy a menudo la tierra, como es en Tecoatepec Tehuantepec, que en medio año que allí estuve tembló muchas veces, y mucho más me dicen que tiembla en Cuautimala.

Si alguna persona enfermaba de calenturas recias, tomaban por remedio hacer un perrillo de masa de maíz, y poníanle sobre una penca de maguey y luego de mañanica sácanle a un camino; y dicen que el primero que pasa lleva el mal apegado en los zancajos, y con esto quedaba el paciente muy consolado. 250 Tenían también libros de sueños y de lo que significaban, todo puesto por figuras y caracteres, y había maestros que los interpretaban, y lo mismo tenían de los casamientos. 251 Cuando alguna persona perdía alguna cosa hacían ciertas hechicerías, con unos granos de maíz, y miraban en un lebrillo o vasija de agua, y allí decían que veían al que lo tenía, y la casa adonde estaba, y allí también decían que veían si el que estaba ausente era muerto o vivo. Para saber sí los enfermos eran de vida tomaban un puñado de maíz de lo más grueso que podían haber y echábanlo como quien echa unos dados, y si algún grano quedaba enhiesto, tenían por cierta la muerte del enfermo. Tenían otras muchas y endiabladas hechicerías e ilusiones con que el demonio los traía engañados, las cuales han ya dejado, en tanta manera, que a quien no lo viere no lo podrá creer la gran cristiandad y devoción que mora en todos estos naturales, que no parece sino que a cada uno le va la vida en procurar de ser mejor que su vecino ni conocido; y verdaderamente hay tanto que decir y tanto que contar de la buena cristiandad de estos indios, que de sólo ello se podría hacer un buen libro.

Plega a Nuestro Señor los conserve y dé gracia para que perseveren en su servicio, y en tan santas y buenas obras como han comenzado. 252 Han hecho los indios muchos hospitales adonde curan los enfermos y pobres y de su pobreza los proveen abundantemente, porque como los indios son muchos, aunque dan poco, de muchos pocos se hace mucho, y más siendo continuo, de manera que los hospitales están bien proveídos; y como ellos saben servir tan bien que parece que para ello nacieron, no les falta nada, y de cuando en cuando van por toda la provincia a buscar los enfermos. Tienen sus médicos, de los naturales experimentados, que saben aplicar muchas yerbas y medicinas, que para ello basta; y hay algunos de ellos de tanta experiencia, que muchas enfermedades viejas y graves, que han padecido españoles largos días sin hallar remedio, estos indios las han sanado. 253 En esta ciudad de Tlaxcala hicieron en el año de 1537 un solemne hospital, con su cofradía para servir y enterrar los pobres, y para celebrar las fiestas, el cual hospital se llama la Encarnación, y para aquel día estaba acabado y aderezado, y yendo a él con solemne procesión, por principio y estreno, metieron en el nuevo hospital ciento y cuarenta enfermos y pobres, y el día siguiente de pascua de flores fue muy grande la ofrenda que el pueblo hizo, así de maíz y frijoles, ají, ovejas y puercos, y gallinas de la tierra, que son tan buenas que dan tres y cuatro gallinas de las de España por una de ellas; de éstas ofrecieron ciento y cuarenta y de las de Castilla, infinitas; y ofrecieron mucha ropa, y cada día ofrecen y dan mucha limosna, tanto, que aunque no ha más de siete meses que está poblado, vale lo que tiene en tierras y ganado cerca de mil pesos de oro y crecerá mucho, porque como los indios son recién venidos a la fe hacen muchas limosnas, y entre ellas diré lo que he visto, que en el ano pasado en sola esta provincia de Tlaxcala ahorraron los indios más de veinte mil esclavos, y pusieron grandes penas que nadie hiciese esclavo, ni le comprase ni vendiese; porque la ley de Dios no lo permite.

254 Cada tercero día después de dicha la misa se dice la doctrina cristiana, y los domingos y fiestas, de manera que casi chicos y grandes saben no sólo los mandamientos, sino todo lo que son obligados a creer y guardar; y como lo traen tan por costumbre, viene de aquí el confesarse a menudo, y aun hay muchos que no se acuestan con pecado mortal, sin primero le manifestar a su confesor; y algunos hay que hacen votos de castidad, otros de religión, aunque a esto les van mucho a la mano, por ser aún muy nuevos y no les quieren dar el hábito; y esto es por quererlos probar antes de tiempo, porque el año de 1527 dieron el hábito a tres o cuatro mancebos y no pudieron prevalecer en él, y ahora son vivos y casados y viven como cristianos, y dicen que entonces no sintieron lo que hacían, que si ahora fuera que no volvieran atrás aunque supieran morir; y a este propósito contaré de uno que el año pasado hizo voto de ser fraile. 255 Un mancebo llamado don Juan, señor principal y natural de un pueblo de la provincia de Michuacán, que en aquella lengua se llama Tarecato, y en la de México, Tepeoacán; este mancebo, leyendo en la vida de San Francisco que en su lengua estaba traducida, tomó tanta devoción que prometió de ser fraile, y porque su voto no se le imputase a liviandad, perseverando en su propósito vistióse de sayal grosero, y, dio libertad a muchos esclavos que tenía y predicóles y enseñóles los mandamientos y lo que él más sabía, y díjoles que si él hubiera tenido conocimiento de Dios y de si mismo, que antes los hubiera dado libertad, y que de allí adelante supiesen que eran libres y que les rogaba que se amasen unos a otros y que fuesen buenos cristianos, y que si lo hacían así los tendría por hermanos.

Y hecho esto, repartió las joyas y muebles que tenía y renunció el señorío y demandó muchas veces el hábito en Michuacán, que son cuarenta leguas de aquella parte de México, y como allá no se le quisiesen dar, vínose a México, y allí le tornó a pedir, y como no se le quisiesen dar, fuese a el obispo de México, el cual vista su habilidad y buena intención, se le diera si pudiera, y le amaba mucho y trataba muy bien; y él perseverando con su capotillo de sayal, venida la cuaresma se tornó a su tierra, por oír los sermones en su lengua y confesarse; y después de Pascua tornó a el capítulo que se hizo en México, perseverando siempre en su demanda, y lo que se le otorgó fue, que con el mismo hábito que traía anduviese entre los frailes, y que si les pareciese tal su vida, que le diesen el hábito. Este mancebo como era señor y muy conocido ha sido gran ejemplo a toda la provincia de Michuacán, que es muy grande y muy poblada, adonde ha habido grandes minas de todos metales. 256 Algunos de estos naturales han visto a el tiempo de alzar la hostia consagrada, unos un niño muy resplandeciente; otros a Nuestro Redentor crucificado, con gran resplandor, y esto muchas veces; y cuando lo ven no pueden estar sin caer sobre su faz, y quedan muy consolados; asimismo han visto sobre un fraile que les predicaba una corona muy hermosa, que una vez parece de oro y otra vez parece de fuego; otras personas han visto en la misa, sobre el Santísimo Sacramento, un globo o llama de fuego. Una persona que venía muy de mañana a la iglesia, hallando la puerta cerrada una mañana, levantó los ojos al cielo y vio que el cielo se abría, y por aquella abertura le pareció que estaba dentro muy hermosa cosa; y esto vio dos días. Todas estas cosas supe de personas dignas de fe, y los que las vieron son de muy buen ejemplo y que frecuentan los sacramentos; no se a qué lo atribuya, sino que Dios se manifiesta a estos simplecitos porque lo buscan de corazón y con limpieza de sus ánimas, como El mismo se lo promete.

Obras relacionadas


No hay contenido actualmente en Obras relacionadas con el contexto

Contenidos relacionados