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Datos principales


Desarrollo


Capítulo LVI Cómo Quisquis mandó sacar a Huascar Ynga en público y de lo que con él pasó y las crueldades que empezó a hacer No faltaba, para acabar de consumir los corazones de Rahua Ocllo y Chuqui Huipa y de los demás orejones que presos estaban, sino hacer lo que en aquel instante mandó Quisquis se hiciese para más afrenta y dolor y menosprecio dellos. Y fue a los que tenían a cargo a Huascar Ynga y los demás prisioneros, ordenó los sacasen en público con las prisiones, de la manera que estaban, y así los sacaron. Salió Huascar Ynga en un lecho de soga y de Icha, atado fuertemente, y con él salieron Tito Atauchi y Topa Atao, sus hermanos, e Ynga Roca, su consejero mayor. Y, en saliendo de la casa donde estaban presos, toda la multitud del ejército de Quisquis alzó una confusa vocería por modo de burla y menosprecio, mofando dellos, y así fueron por medio de todos los orejones que sentados estaban y rodeados del ejército, diciendo: veis aquí a vuestro Señor, el que dijo que se había de convertir en fuego y agua en la batalla para destruir y acabara sus enemigos y había de hacer en ellos castigos nunca vistos. Visto y oído esto por los orejones, bajaron las cabezas con tanta pena y sentimiento de sus corazones cuanto no se podrá explicar, y con un llanto interior del alma pasaron su afrenta y trabajo. Entonces Quisquis, sentado, mandó llegar junto a sí a Tito Atauchi y Topa Atao, hermanos de Huascar, e Ynga Roca, su consejero, y otros presos de los más principales, y a Huascar Ynga mandó le bajasen del lecho de sogas donde estaba atado, y luego llamó a Rahua Ocllo, madre del dicho Huascar, y a su mujer Chuqui Huipa, y a Huanca Auqui y otros capitanes, y los sacerdotes que habían dado la borlas a Huascar Ynga, para que en presencia de todos se desdijese, y preguntó Quisquis a Huascar Ynga, con unas palabras soberbias y de menosprecio: Quién destos os hizo a vos Señor e Ynga habiendo otros hijos de Huaina Capac mucho mejores que vos, que lo fuesen y lo merecían más.

Oyendo esta pregunta Rahua Ocllo, antes que su hijo respondiese palabra, vuelta a él le dijo: esto merecéis, hijo, que se os diga y, en fin, todo este trabajo viene enviado de la mano del hacedor por las crueldades que habéis hecho con vuestros vasallos y las muertes que distes a vuestros hermanos y parientes tan sin razón, no habiéndose en nada ofendido. A estas palabras respondió Huascar Ynga a su madre, diciéndole: madre, déjanos a nosotros que somos hombres que eso que decís ya está hecho y no tiene ahora ningún remedio; y volviendo el rostro a Chalco Yupanqui, que era el sacerdote mayor de Sol, enderezó a él sus razones, diciendo: habla vos y responde a lo que me ha preguntado Quisquis, pues lo sabéis y lo vistes; y Chalco Yupanqui dijo a Quisquis: es verdad lo que me preguntas, que yo lo alcé a Huascar Ynga delante del Sol por Señor por mandado de su padre, Huaina Capac, que así lo dejó ordenado en su testamento y porque le venía de derecho ser Ynga, por ser hijo de Coya y haber sido su madre Rahua Ocllo, mujer legítima de Huaina Capac. Oyendo estas palabras Chalco Chima, que estaba presente, con grande ira y, enojo se levantó y dio una voz diciendo: mentís, que sois engañador, y con razón os tengo yo por tal, que en todo habéis mentido, que no mandó tal Huaina Capac cuando murió; y vuelto a Rahua Ocllo le dijo: si es así verdad, dad, a vuestro hijo, y aporreadle y afrentadle. Las cuales palabras dijo por menosprecio, y oyendo esto Huascar Ynga, llorándole el corazón lágrimas de sangre, dijo en alta voz: Quisquis y Chalco Chima, dejaos desas razones, que no os toca averiguar lo que decís, que vosotros solamente sois mandados de mi hermano Atao Hualpa, y esta cuestión y diferencia no es entre los Anan Cuzcos y Urin Cuzcos, sino entre mí y mi hermano, y ambos somos hijos de Huaina Capac, y yo estoy nombrado por Ynga y Señor legítimamente, por venirme a mí de derecho, como vosotros sabéis muy bien, yo lo hablaré con mi hermano, y ambos nos entenderemos en este caso, y vosotros poca cuenta tenéis que tomar de esto ni de otras cosas.

Oyendo esto Quisquis se alteró mucho viendo la libertad con que Huascar Ynga le había hablado, estando en su poder, y casi corrido dello, lo mandó volver a la prisión con los demás prisioneros, y que los guardasen con mucho recaudo no se huyesen, y levantóse en pie, juntamente con Chalco Chima, y dijeron a los orejones: ya vosotros estáis perdonados, idos al Cuzco y enviad a decir a todas partes a los que andan huidos al monte y a los que se han escondido, que pierdan el miedo y salgan en público, pues ya todos están perdonados, Las cuales palabras dijeron cautelosamente y con fraude por sosegarlos, y después coger a los que querían y matarlos. Concluido todo lo dicho por Quisquis y Chalco Chima, los orejones, tristes y afligidos, se volvieron al Cuzco con suma tristeza, diciendo: ¡oh Hacedor!¿dónde estás tú agora, que diste ser a los Yngas? ¿cómo has permitido que tantos desastres y desventuras hayan pasado y pasen por ellos? ¿porqué para tan poco tiempo los ensalzastes y distes tanto señorío? Y diciendo estas palabras, sacudían las mantas que llevaban puestas hacia do estaba el ejército contrario, en señal de maldición y desdicha que sobre los causadores de aquello viniese. Y ansí llegaron al Cuzco, juntamente con Rahua Ocllo, madre de Huascar, y su mujer, Chuqui Huipa, adonde cada uno se fue a su casa, y allí de nuevo se comenzaron los llantos y gritos, visto cual quedaba el triste de Huascar Ynga en su prisión, temiendo que lo habían de matar como a los demás que aquel día habían muerto.

Otro día por la mañana, Quisquis y Chalco Chima, queriendo hacerse tener más y que su nombre sonase en todas las provincias del reino, mediante los castigos que hiciesen, mandaron matar a todos los indios chachapoyas y cañares, que habían sido en las batallas presos, y con ellos a todos los caciques y capitanes y principales que estaban detenidos en prisión, lo cual se ejecutó luego con una crueldad nunca vista, y se vio un espectáculo temeroso y horrendo, porque unos fueron asaltados con tiraderas y varas tostadas; otros, muertos a macanazos; otros, abiertos por medio; otros, empalados con éstos, y otros mil géneros de muertes desesperadas. Todo esto mandaron hacer en esta nación porque el Cacique de los cañares, llamado Uelco Colla, había revuelto a los dos hermanos, Atao Hualpa y Huascar Ynga, metiendo entre ellos cizaña, quizás para destruirlos a entrambos en guerras que entre sí se hiciesen, como ya dijimos, pero bien lo pagó.

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