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Datos principales


Desarrollo


Dase razón de esta isla, sus gentes, comidas y embarcaciones, y de la salida della Esta isla se llama en lengua natural Taumaco; púsosele por nombre Nuestra Señora del Socorro, por el mucho que aquí se halló: está en altura de diez grados y un tercio. Tiene de boj diez leguas más o menos: es medianamente alta, y de mucha arboleda. Por esto y su forma es a la vista agradable: córrese de Leste-Oeste, tiene en rueda sus playas con muchos palmares y pueblos de pocas casas, y cantidad de embarcaciones. Dista de Lima, a buen juzgar, mil seiscientas y cincuenta leguas; tiene a la parte de Leste tres farallones que sólo abrigan de los vientos Leste y Nordeste, y entre ellos y la isla está el puerto a donde primero surgimos. Tiene de quince a veinte brazas de fondo limpio; el surgidero segundo está al Sur de la isla, y al Oeste de una baja que no se descubre; su fondo ocho y diez brazas de coral tosco, que roen cables, por lo que se aboyaron los nuestros; es sin abrigo, a cuya causa y por los grandes mares que había, se estuvo allí con sólo un ancla y con algún trabajo y peligro. El pueblo de Tumai está a la parte del Sur, un poco apartado de la isla y cercado de agua, por lo que le llamábamos Venecia. No pueden entrar ni salir dél canoas, sino cuando hay pleamar: tiene enfrente, como a tiro de arcabuz, un mediano valle con frutales y sementeras, y un arroyuelo de agua muy clara, dulce y sana, a donde se hizo la que se llevó a las naos. Las casas son de dos vertientes algo grandes y limpias, armadas sobre maderas, las techumbres de cañas dulces, cubiertas de hojas de palmas, con dos y tres puertas bajas, y los suelos con esteras; las camas son de petates, con banquetas algo curvas para poner las cabezas: hay allí mayores casas, y en ellas unas ciertas embarcaciones de un grande y bien labrado tronco, con su cubierta de tablas, y con vigas y otros palos muy fuertemente amarrados que bajan por la una banda hasta topar en el agua, como contrapeso para que escote y sufra más vela; las junturas del bajel breadas con cierta goma que allí se vio y se trujo, que pegándole fuego arde como una vela y huele bien.

Tiene el vaso un camarote, o retrete a donde cuando navegan llevan todas sus comidas; las proas engastadas con las conchas de las perlas, y junto allí a parte sus remos, jarcias, y cuerdas y grandes velas de petate. Caben en cada navío de treinta a cuarenta personas. Estaba más una placeta y ciertos palos, algunos teñidos de colorado, a los cuales los indios tenían grande respeto, colgados dellos telas, petates y cocos. Entendióse ser entierro de alguno de sus personajes, o lugar a donde el diablo los habla. Tiene esta isla raíces como ñames, cocos, plátanos, cañas dulces, y unas almendras bien grandes, cuyas pepitas se forman de hojas, son dulces y muy suaves al comer; nueces moscadas, que sólo sirven a los indios la masa dellas para teñir sus flechas. Otras frutas se vieron y se comieron, y un pequeño cochino; las gallinas no las comen; matáronse diez o doce gallos; las gallinas las escondieron. Viose un perrito; hallóse una bala de artimonia, y súpuso que allí mesmo las hacen para con ellas pelear engastadas en los remates de bastones, sirviendo de maza. Los indios en común son hombres altos, derechos, briosos, y bien agestados, color de mulato claro más, o menos: otros que no llegan del todo a ser negros. Entendióse ser algunos venidos de otras islas por vía de contrato, o que los traen cautivos. Algunos dellos se labran: cubren partes con unas telas que tejen en pequeños telares. Usan mucho el buyo, comida usada en Filipinas, del cual se dice que conserva la dentadura y fortalece el estómago.

Tienen por armas arcos y flechas; es gente, al parecer, amiga de pelear con indios de otras tierras: dos dellos estaban de poco heridos y lastimados de esto. Decían a los nuestros, que los fuesen a ayudar a vengar de los otros que los flecharon. El uno dio a entender ser cirujano. Dos leguas al Poniente está otra isla, poblada de gente como la dicha, al parecer del tamaño y vista de la de Taumaco. Llámase Temelflua. Al Nordeste della, a poco trecho, hay dos isletas algo riscosas. Ya del todo estaban prestas las naos y dada orden al almirante, que se viniese a embarcar trayendo algunos indios para los fines requeridos. En su lugar el almirante envió delante a Tumai, con achaque que lo llamaba el capitán para despedirse dél. Estaba Tumai con otros dos en una piragua hablando con el capitán, que le dio una banda y otras cosas, cuando las barcas llegaron en que venía nuestra gente con cuatro indios presos, de modo que Tumai no los viese; mas ellos que vieron a Tumai, levantaron la voz pidiendo al parecer socorro. Tumai se hizo sordo viendo no tener remedio, y por asigurar su persona se apartó de las naos. Tiró la capitana una pieza para aviso que se levase la zabra. Los dos indios compañeros de Tumai, al punto se arrojaron a la mar y fueron nadando a tierra. El Tumai estuvo quedo sin mostrar temor alguno, que era animoso este hombre y su bondad digna de ser celebrada y eternizado su nombre, y llorada su miseria. Nuestra gente se embarcó, y en cada nao dos indios, y al punto fueron zarpadas las áncoras, y dadas velas ya que estaba puesto el sol, martes diez y ocho de abril con mucho peligro de dar en el bajo.

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