Virgen con el Niño y San Bruno

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En la pintura europea del siglo XVII serán frecuentes las apariciones de la Virgen y el Niño a santos y santas. En esta ocasión se trata de San Bruno el favorecido por la visión divina. Ribera ha situado a la Virgen en la zona izquierda de la composición mientras que San Bruno aparece en la derecha, sirviendo de nexo de unión el Niño Jesús que sujeta el libro que le entrega el santo y al que bendice con su mano derecha. El rompimiento de Gloria se corona con cuatro serafines en la parte superior, mientras que otro sirve de pedestal al trono de nubes donde se sienta María. El maestro valenciano muestra las características de su estilo maduro en el que destaca la naturalidad con la que trata a los personajes, especialmente al santo, la iluminación tenebrista -tomada de Caravaggio- que sólo destaca aquello que le interesa, las tonalidades pardas y la calidad de los detalles en las ropas, recordando a los pliegues realizados por Zurbarán. La composición se organiza a través de una acentuada diagonal, estructura que se repite para dar ritmo al conjunto. Las figuras son de gran tamaño y se insertan con maestría en el reducido espacio, consiguiendo reforzar la espiritualidad del momento.

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