Retablo. Taller de Limoges

Datos principales


Material

Esmalte

Museo

Museo Arqueológico Nacional

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El temor a la herejía luterana hizo que la España abierta al Humanismo europeo se convirtiera en la España cerrada y replegada sobre sí misma de la Contrarreforma, concentrada en mantener la ortodoxia católica, en reformar las órdenes religiosas y en alentar el fervor espiritual. Este clima originaría tanto la literatura mística como las excelentes y expresivas obras de arte. La Contrarreforma alentó los aspectos emocionales de la religiosidad popular, exacerbó la sensibilidad religiosa y fomentó la devoción, representando pormenorizadamente los pasajes evangélicos y las vidas de los santos para que sirvieran de ejemplo moral. En este contexto, tendrán gran desarrollo los retablos portátiles (dípticos y trípticos) que pueden instalarse en pequeños altares situados en los propios domicilios. Tuvieron gran difusión los retablos realizados en esmalte y sobre todo las representaciones de la Virgen. La imaginería doméstica se completa con pequeñas esculturas de los santos a los que se tiene especial devoción en el seno de una familia, congregación, gremio o barrio. Cada santo se identifica con una serie de virtudes y atributos morales que sirven de ejemplo para la actitud vital del creyente. Todos ellos se convierten en intermediarios entre el fervor popular y la distante realidad divina. Entre los retablos de esmalte comienza a emplearse a mediados del siglo XVI una variante denominada grisalla, que consistía en la superposición de varias capas blancas de estaño sin ningún pigmento, sobre el fondo oscuro del metal que permite su fusión en el horno. De este modo se obtenía una variada gama de tonos grises, como vemos en la pieza procedente del taller de Limoges.

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