Mariana de Austria

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Los retratos de la reina Mariana de Austria realizados por Velázquez en su última década son muy similares entre sí. Posiblemente en los que la reina aparece de medio cuerpo sean bosquejos de los de cuerpo entero que guardan el Museo del Prado y el Louvre. La figura de la reina se recorta sobre un oscuro fondo neutro sobre el que destaca la claridad de sus vestiduras y su rostro, animado por los rojizos coloretes. La factura empleada por Velázquez es más rápida que en su primera etapa - véase el retrato de Felipe IV joven - anticipando el estilo impresionista. El rostro de doña Mariana es el principal foco de atención, destacando su tristeza tanto en los ojos como en el gesto; y es que esta joven alegre y jovial en su Centroeuropa natal pasó a ser una mujer triste y aburrida en la corte madrileña, donde la rigidez de la etiqueta le impedía pasear sin la compañía de sus damas de honor. Velázquez ha sabido trasmitir como pocos retratistas el "alma" de la modelo, olvidándose de los detalles de los trajes y de las pelucas para otorgar vida a la figura.

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